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El Partido Demócrata, ¿y ahora qué?

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El Partido Demócrata, ¿y ahora qué?

El Partido Demócrata, ¿y ahora qué?

La debacle electoral que sufrieron los demócratas el martes con la derrota de su candidata presidencial, Hillary Clinton, ha sumido al partido en una oscura incertidumbre y en la necesidad de identificar errores y reconstruir su esencia sobre los escombros de un estrepitoso fracaso.

Se trata de la primera vez desde 1928 que los republicanos cuentan con el control de las dos cámaras del Congreso, la Presidencia, con una mayoría conservadora en la Corte Suprema y la mayoría de las legislaturas y gobernaciones estatales.

Con este panorama, para los demócratas el cambio de dirección no es una opción, es cuestión de supervivencia.

"El Partido Demócrata no puede continuar con la estrategia de esperar a que el Partido Republicano se destruya", aseguró a Efe José Parra, ex asesor del líder de la minoría demócrata en el Senado, Harry Reid, y experto en comunicaciones políticas.

Según incidió Parra, los demócratas siguen sin ser capaces de movilizar a su electorado natural, a las minorías como la latina o la afroamericana, y continúan apostando por una estructura de partido liderada por blancos, incapaces de empatizar, y por tanto, llegar a esos votantes tan necesarios para ellos.

"El famoso gigante dormido, sigue dormido", dijo el experto en relación a la comunidad hispana, ya que de los 27 millones de votantes latinos elegibles en este ciclo electoral, solo salieron a las urnas 13 millones, exactamente el mismo porcentaje de participación que en 2012, un 48 %.

Clinton partía "con falencias" conocidas para los demócratas, percibida como una mujer fría y poco cercana, a la vez que poco confiable, pero el partido no supo suplir esas carencias con un despliegue suficiente para llegar a sus votantes más necesarios.

"Espero que ahora el partido opte por una estrategia similar a la de los 60, cuando se debatían los derechos civiles, y busque a través de los medios mostrar las condiciones y las historias de vida de las minorías para protegerlas y acercarse a ellas", agregó.

Uno de los posibles rostros para liderar esa renovación es la senadora demócrata por Massachusetts, la progresista Elizabeth Warren, a quien muchos apoyaron para presentarse como aspirante presidencial demócrata antes del ciclo electoral.

Precisamente hoy, Warren alertó de que es "necesario escuchar el mensaje alto y claro de que los estadounidenses quieren un cambio en Washington".

A su juicio, "el primer trabajo de los demócratas en esta nueva era", deberá ser plantarse ante "la intolerancia y el racismo" que el ya presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, desplegó durante toda su campaña.

"Como una oposición leal, lucharemos más duro, lucharemos más fuerte, y lucharemos más apasionadamente que nunca", insistió la demócrata, quien hizo campaña para Hillary Clinton desde que se alzara como la candidata de su partido para la Casa Blanca, pero quien se abstuvo de ello durante las primarias, en las que la exsecretaria de Estado se enfrentó al senador Bernie Sanders.

A juicio de Parra, los demócratas no han fallado en la elaboración de sus propuestas políticas, mucho más progresistas con la irrupción de Sanders en el panorama político, sino en la manera de enviar su mensaje.

Trump necesitaba revolucionar el voto blanco trabajador para conseguir su victoria, algo que logró con creces, arrebatando incluso votantes de ese sector a la propia Clinton, que se quedó corta apelando a los suyos.

"La creciente mayoría demográfica aún no está ahí", explicó la estratega demócrata y ex directora de comunicaciones de la Casa Blanca, Anita Dunn, al diario The New York Times.

"La idea de que se puede llegar a una campaña presidencial, presionar un botón y hacer que la gente vaya a votar, no es posible todavía", consideró, en cuanto a la creciente presencia demográfica de las minorías que deberían ser favorables a los demócratas.

A pesar de que Clinton y los comités de acción política favorables a ella recaudaron grandísimas cantidades de dinero y contaban con sofisticados sistemas de análisis del electorado, su campaña estuvo más centrada en un rechazo a Trump que en explicar su visión positiva para el país, algo que para Dunn supuso otro de sus grandes fallos.

Tanto es así que incluso el lema de campaña de Clinton de los últimos días de campaña "Love trumps hate" (El amor triunfa sobre el odio), era un juego de palabras con el nombre de su oponente, alejándose así de una imagen inspiradora propia.

Por otra parte, los demócratas apenas lograron reducir la mayoría con la que cuentan los conservadores en el Congreso, algo sobre lo que también necesitan reflexionar desde el Legislativo, donde sus mayores victorias vinieron de la mano de sus candidatos interraciales.

Su renovación pasa, por tanto, por abrazar definitivamente a las comunidades minoritarias, unos votantes que han descuidado al dar por hecho su fidelidad.

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