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ENTREVISTA | Florent Marcellesi (Equo)

"La confluencia no es desaparecer, sino ser capaces de reforzarnos los unos a los otros"

El flamante eurodiputado, junto con la diputada nacional Rosa Martínez, se presentan a las primarias para liderar Equo, que tendrán lugar en noviembre

"Tenemos que reforzar la organización para que nuestras propuestas estén en el centro de las prioridades de Unidos Podemos"

"Europa va a ser en 2018 el tema de mayor importancia política para el futuro del continente y de nuestro país"

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Florent Marcellesi, eurodiputado de Podemos, en el Ateneo de Madrid

Florent Marcellesi, eurodiputado de Equo, en el Ateneo de Madrid. Marta Jara

Florent Marcellesi (Angers, Francia, 1979) afronta un otoño movido. Este martes ha recogido su acta como eurodiputado español y en noviembre competirá por asumir la codirección de Equo en unas primarias que le enfrentarán al actual líder del partido verde, Juan López de Uralde.

Tras dos años y medio como asistente del representante de Compromís, Jordi Sebastiá, con quien Equo acudió en coalición electoral en las elecciones europeas de 2014. El acuerdo entonces fue repartirse el mandato de cinco años y ha llegado el momento del relevo. Marcellesi defiende la experiencia con Sebastiá, a quien ha forjado "una suerte de amor político que prueba que se puede hacer política desde la diversidad pero con el objetivo común de defender los derechos de las personas dentro de los límites del planeta".

El ya eurodiputado dejará el grupo de la Alianza Libre Europea y se integrará en el de Los Verdes, cree fundamental traer a España el debate sobre el futuro de la UE y defiende, junto a su compañera de candidatura Rosa Martínez, que Equo debe apostar más fuerte por un discurso transversal y por imponer sus políticas en Unidos Podemos, donde está ahora mismo integrado el partido. Con un reto: que no termine disolviéndose en otro espacio más grande. Un riesgo "real" en su opinión.

¿Qué objetivos se marca para lo que queda de legislatura?

La estrategia pasa por centrarse en el futuro de Europa, que también es el de España. Por eso estuve en Berlín en el lanzamiento de DiEM25[el movimiento liderado por el exministro de Finanzas griego Yanis Varufakis], porque creo que tenemos que encontrar nuevos socios y nuevas personas y movimientos con los que construir una Europa más solidaria, más sostenible y más democrática.

Además queremos centrarnos en la política energética y climática, que va a condicionar absolutamente el resto de políticas. Tengo la convicción de que hay que tener una política muy fuerte en este sentido. Por eso también estaré en COP22, en Marruecos, con el Acuerdo de París ya firmado y en vigor.

Por último, tenemos que hacer una oposición frontal a lo que representan los acuerdos de comercio e inversiones como el TTIP y el CETA, que se va a votar dentro de poco en el Parlamento Europeo. La clave es no hacer solo una estrategia del 'no', sino una del 'sí'. Es decir, qué tipo de relaciones comerciales y de cooperación queremos con Canadá y con EEUU. Es importantísimo que desde los movimientos transformadores hagamos propuestas en positivo sobre paraísos fiscales o contra el cambio climático.

Mencionaba antes que el futuro de Europa es el futuro de España. ¿Echa de menos desde Bruselas más debate sobre la UE?

El debate sobre el futuro de Europa es un debate altamente doméstico. Si queremos cambiar España tenemos que cambiar Europa. Tenemos que ser capaces de hablar en el día a día de los asuntos europeos porque nos impactan todos los días. Por ejemplo, Bruselas pide que se apruebe un presupuesto en España. O el destino de los Fondos Estructurales. Y esto luego tiene que ver con políticas de igualdad o contra la pobreza. No podemos posponer siempre este debate. Europa tiene que ser un eje central en cualquier programa para las elecciones generales. Y ahora no es el caso. Los partidos tradicionales siempre echan la culpa a Bruselas o se cuelgan ellos la medallita, pero nunca hay un término medio de hacer política real sobre Europa.

Tras las elecciones de Francia y Alemania de 2017 se va a abrir de nuevo la caja de Pandora de los tratados de la UE. Y Europa va a ser en 2018 el tema de mayor importancia política para el futuro del continente y de nuestro país. Si queremos llegar preparados para llevar nuestras ideas de más democracia, más sostenibilidad y más justicia tenemos que prepararnos ahora. Qué tipo de Europa queremos, qué España queremos y con quién queremos trabajar y construirla.

¿Por dónde cree que transcurrirá ese debate que se abrirá en Europa?

Hay dos grandes orientaciones. La coalición de extrema derecha que está pidiendo el fin de la UE para volver a los Estados nación y cerrar las fronteras. Es una propuesta xenófoba e insolidaria, la misma que está detrás del Brexit. Los grandes partidos tradicionales, con la lenta muerte de la socialdemocracia, apuestan por mantener el statu quo actual, que es totalmente estéril.

Necesitamos una tercera vía que apueste por más democracia y más Europa. Esto lo representan ahora mismo por ejemplo los verdes en Austria, que son la alternativa a la extrema derecha por la muerte de la socialdemocracia. O esos movimientos alternativos, como el de Varufakis.

¿Y cuáles serían los pilares de esta tercera vía?

La solidaridad, con una renta básica de ciudadanía y una Seguridad Social a nivel europeo. Necesitamos un cambio de modelo productivo y de consumo que tenga en cuenta que hay límites en el planeta. Y un tercer pilar, que es la democracia; tenemos que dar mucho más poder al Parlamento Europeo y quitárselo a los Estados miembros.

La suya no parece ahora mismo una posición mayoritaria ni entre los partidos ni entre los países que componen la UE o los centros de decisión. ¿Con quién se podría articular un frente que defienda esta vía?

No es tanto un tema de alianza entre países, sino de la ciudadanía organizada a nivel europeo. Habrá que buscar los elementos sindicales, asociativos y políticos que sean capaces de aunar fuerzas más allá de sus fronteras. Por eso es tan importante la creación de movimientos transfronterizos como DIEM25 y que el Parlamento Europeo se crea algo tan importante como el Progressive Caucus, que debe aunar a socialistas rebeldes, gente de la izquierda unitaria y de los verdes. Por aquí vendrá la iniciativa, que debe tener como ejemplos los movimientos de confluencia que ha habido en España y que han aupado al poder a Ada Colau o Manuela Carmena.

La recogida del acta de eurodiputado coincide con el III Congreso de Equo, para el que se postula como coportavoz. ¿Qué le lleva a dar el paso?

Es una motivación política basada en el análisis que acabamos de hacer. Si planteamos que para cambiar España hay que cambiar Europa, hay que apostar orgánicamente, de forma estructural en el partido, para que los coportavoces sean capaces de representar esta dualidad que tenemos: que sean capaces de representar los intereses en España y en Europa. Y mostrar que ambos intereses son interdependientes.

Equo apostó en 2011 por cosas que ahora todo el mundo hace, desde la paridad a la rendición de cuentas o las primarias, y ahora tenemos que dar un paso para estar en primera línea y decir que somos capaces de ser los primeros de forma estructural de representar a la vez Europa y España.

Plantean ustedes un cambio hacia un discurso más transversal, que no se quede solo en "lo verde" sino que toque otros palos, algo poco común en los partidos ecologistas en España. ¿Cómo quieren hacerlo?

Lo que plantea la ecología política es que tenemos que defender los derechos de las personas dentro de los límites del planeta y respetando a los demás seres vivos. Esto lo influye todo. La ecología es el presente y el futuro. ¿Quién destruye empleo a punta pala? Las políticas neoliberales y productivistas. ¿Quién puede crear empleo? La ecología: energías renovables, rehabilitación de edificios, agricultura ecológica, transporte... Si queremos dar un futuro a nuestra gente, a los trabajadores, las pymes o los autónomos, hay que apostar por una transición ecológica de la economía. Al final, se trata de hablar del reparto de la riqueza porque esa transición se hará si es justa y para que sea justa se debe redistribuir entre capital y trabajo.

Desde su fundación Equo siempre ha planteado un modelo más amplio que el clásico "verde". ¿Qué diferencia hay entre su proyecto y el de la dirección saliente y el resto de candidaturas?

Equo nace en 2011, a la vez que el 15M. En estos cinco años se ha producido el paso de la indignación en la calle a las instituciones. Ahora llega el momento de renovarnos para un nuevo ciclo político. Tenemos que adaptarnos. Adaptar el discurso, la estrategia y el relato en los medios de comunicación para convertir el cambio de modelo productivo en un pilar de la nueva política. Tenemos que actualizar el sistema operativo de Equo. Hemos tenido un Equo 1.0 que ha dado buenos resultados y tenemos que pasar a un Equo 2.0.

Defendía antes que la confluencia con Jordi Sebastiá había funcionado muy bien y que el acuerdo con Compromís se demostraba útil. Pero firma un artículo con Rosa Martínez [diputada de Unidos Podemos y candidata a la coportavocía de Equo] en el que avisan del riesgo de convertirse "en la corriente sectorial de un espacio político mayor". ¿Cuál creen que debe ser la relación entre Equo y ese espacio político que se está construyendo alrededor de Podemos?

Tierna y subversiva. Crítica y leal. Tenemos que ser capaces de polinizar, que nuestras ideas sean pilares de otros partidos. No queremos un partido que hable de derechos sociales, otro de democracia y otro de ecología. Queremos que el espacio transformador incluya de forma transversal las diferentes propuestas y que seamos capaces de que todos tengamos por ejemplo la transición ecológica de la economía como bandera. Lo más importante no es que Equo sea el centro de atención sino que la ecología irrigue al resto de partidos para que cuando lleguemos a las instituciones se pongan en marcha estas políticas.

La confluencia no es desaparecer, sino ser capaces de reforzarnos los unos a los otros y de aportar lo que sabemos hacer. Por eso insistimos en que tenemos que reforzar la organización para ser más relevantes fuera y que nuestras propuestas estén en el centro de las prioridades del espacio transformador que se está creando en España ahora mismo.

¿Cree que Equo está en riesgo de desaparecer o de diluirse en Unidos Podemos?

El riesgo es real. Hemos conseguido algo muy novedoso en la historia de la ecología española. Estamos representados en todos los niveles institucionales: Europa, Congreso, parlamentos autonómicos y en las principales capitales. Existe la posibilidad de ir más allá o de caer, que es algo que ya ha ocurrido en la ecología española. Tenemos que ser capaces de entender dónde nos encontramos, las fortalezas que tenemos y las debilidades para poder dar un salto cualitativo.

¿Y eso cómo se hace?

Hay que reforzar nuestra base militante, nuestra base electoral y nuestra base social. Debemos articular la presencia institucional para tener más voz en la calle y en los medios.

Hay un debate vivo en Podemos y en IU sobre Unidos Podemos. ¿Cómo creen que debería articularse el espacio político?

Es un debate que tienen que tener los afiliados y simpatizantes de Equo de cara a la asamblea federal. Ahí decidiremos en común cuál va a ser nuestra posición dentro de estos nuevos espacios políticos. Yo creo que tenemos que plantear que la confluencia tiene que ser una cooperativa política. Hay espacio para todos y lo más importante es ver cómo somos capaces de trabajar desde la confianza, la cooperación y la empatía.

Otro de los grandes debates de este espacio es cómo utilizar la presencia institucional como palanca y cómo articular esa presencia con la organización y sin perder el pulso de la calle. ¿Cuál es su posición?

Siempre existe el riesgo de convertirse en un partido de cargos electos. Es algo que ha pasado en muchos movimiento de izquierdas y en los verdes de otros países. Tenemos que aprender de la historia para no volver a caer en esto. Yo creo que hay que reforzar la organización para que no pasen estas cosas, que el partido sea mucho más que sus cargos. Además, los cargos electos deben tener un pie en la calle y otro en las instituciones.

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