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¿Qué dicen los gestos de los candidatos franceses cuando no hablan?

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¿Qué dicen los gestos de los candidatos franceses cuando no hablan?

¿Qué dicen los gestos de los candidatos franceses cuando no hablan?

De los hombros relajados del candidato neocomunista Jean-Luc Mélenchon al tronco inmóvil del socioliberal Emmanuel Macron, los cinco principales candidatos a las presidenciales francesas transmiten más de lo que parece por sus gestos espontáneos.

Cómo mueven la cabeza y las manos, si pestañean mucho o poco o si se refugian en el atril. Todos son detalles que cuentan a la hora de convencer a los electores franceses, que están llamados a votar el 23 de abril, en menos de dos semanas.

La psicóloga Eve Herrscher, que dirige en París una escuela del estudio de la comunicación no verbal, y Marlène Coulomb-Gully, profesora en la Universidad de Toulouse 2, analizaron para EFE los gestos de Macron, Mélenchon, la ultraderechista Marine Le Pen, el conservador François Fillon y el socialista Benoît Hamon.

Los gestos no engañan y Mélenchon es el que demuestra estar "más a gusto" en esta campaña presidencial.

"Cuando eres coherente con lo que dices, tu cuerpo fluye, se mueve naturalmente y los gestos son suaves", constató Herrscher, para referirse al aspirante de la izquierda radical.

Para Coulomb-Gully, el líder del movimiento "¡Francia Insumisa!" se postula, con su manera de moverse, como "un ciudadano entre otros" y no como un ente todopoderoso.

Los gestos naturales y seguros de Mélenchon se reflejan en los sondeos.

El político, de 65 años, había iniciado la carrera presidencial con una intención de voto en torno al 10 % y, en solo dos semanas y media -coincidentes con los dos debates televisados-, se ha situado el tercero, por delante de Fillon, según un último sondeo.

De verbo fluido y con tendencia a improvisar, el aspirante está a solo a seis puntos de los dos favoritos, Le Pen y Macron, ambos con estimaciones de voto en torno al 24 %.

La relajación de Mélenchon, de 65 años, contrasta con la rigidez de Macron, de 39.

"Se puede comparar a los dos perfectamente. Emmanuel Macron ha estado controlándose, muy preocupado con su imagen, lo que a Mélenchon le daba igual. Queriendo dar una buena imagen (Macron) perdió su fluidez (...) Se notaba que tenía más perder que ganar", analizó Herrscher.

La tensión del aspirante más joven puede entenderse. Macron, un novato en las elecciones -Mélenchon y Le Pen ya se presentaron en 2012-, es el "candidato del consenso", el de "la sonrisa amable" que está de acuerdo con todo el mundo, comentó Coulomb-Gully.

La psicóloga Herrscher dio un ejemplo del nerviosismo que el exministro de Economía vivió en el debate del 4 de abril: "Normalmente se agarraba al atril, lo que nosotros tildamos de 'macrofijación', que sirve para tranquilizarse agarrándose a algo sólido".

En una situación parecida se halla el candidato socialista Hamon, cuyas expectativas electorales rondan en un pobre 10 %.

"Su cabeza se movía ligeramente a la izquierda, lo que nosotros asociamos al control. Quiso mostrar la parte derecha de su rostro, signo de un distanciamiento. Pestañeó bastante", constató Herrscher.

La candidatura de Le Pen es una de las que más llaman la atención de los especialistas, tanto por su rompedor contenido, como por sus formas.

"Lo que más me admira es su carácter andrógino. Ella lidera un partido (Frente Nacional) históricamente dominado por los valores masculinos", analizó.

Con su voz "ronca" y gestos duros, Le Pen -explicó Coulomb-Gully- utiliza "códigos" que históricamente se asocian con el mundo masculino.

La líder ultraderechista "no tiene parangón" en las últimas décadas, ni en la comunicación gestual de Angela Merkel -canciller de Alemania-, ni en la "Dama de Hierro" Margaret Thatcher, ex primera ministra británica.

Fillon refleja un nerviosismo y una rigidez parecidas a las de Macron, aunque por motivos diferentes.

El candidato conservador, de 63 años, está imputado por atribuir empleos ficticios en el Parlamento francés a su mujer y dos de sus cinco hijos.

"Se le ve algo incómodo. Hace pocos gestos. Y en el último debate se le vio, como a Macron, agarrado a su atril" como una forma de defensa, apreció Coulomb-Gully.

Por Antonio Torres del Cerro

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