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El jefe de inteligencia de Misrata niega que el EI se haya reorganizado en Libia

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El general Mohamad Quenida, jefe de los servicios de Inteligencia de la alianza "Buyan al Marsus", dirigida por la ciudad estado de Misrata, rebajó hoy el grado de amenaza de la organización yihadista Estado Islámico (EI) en el sur de la ciudad de Sirte y negó que se haya reorganizado.

En declaraciones a Efe, el militar aseguró que los puestos de control levantados y los ataques que los aliados del califa Abu Baqr al Bagdadi han lanzado en los últimos días son un fenómeno "aislado, irregular y sin continuidad" territorial.

"Las últimas operaciones del Daesh han sido aisladas y están mal organizadas. Tenemos bastante información sobre sus movimientos", afirmó tras quejarse de que las fuerzas de Misrata efectuaron una operación de rastreo este fin de semana, pese a carecer del apoyo de su antiguo aliado, el gobierno sostenido por la ONU en Trípoli.

Quenida aseguró que los yihadistas siguen dispersos y confinados en las zonas desérticas del sur y evitan también avanzar hacia el este de Sirte para no chocar con las fuerzas de la "Operación Dignidad", dirigida por el mariscal Jalifa Hafter, hombre fuerte del este de Libia.

Días atrás, el portavoz de "Buyan al Marsus", general de brigada Mohamad al Ghosari, aseguró que la rama libia del EI cuenta todavía con más de un millar de hombres armados de diversas nacionalidades en el interior del país, principalmente en áreas al sur de Sirte, ciudad de la que fue expulsada en diciembre.

En declaraciones a los medios, el oficial reclamó mayor apoyo al gobierno en Trípoli y descartó, asimismo, que la referida plataforma vaya a lanzar en breve una operación bélica contra el EI en las posiciones que ha recuperado.

"Esta zona queda al margen de la jurisdicción de Buyan al Marsous. Nuestra misión se limita a garantizar la seguridad en el territorio entre Sirte y Misrata", señaló.

Esas declaraciones se produjeron apenas dos días después de que la agencia Amaq, órgano de propaganda del EI, publicara un vídeo en el que se observaba cómo la rama libia había levantado nuevos puestos de control en una carretera que une el oasis de Jufra y la ciudad costera de Abuqrim, situada entre Sirte y Misrata.

Y apenas una semana después de que combatientes del EI lanzaran un ataque en el extrarradio de la propia Jufra y mataran a 14 personas, 12 de ellas milicianos del llamado Ejército Nacional Libio (LNA), que dirige el mariscal Hafter.

Responsables militares locales y analistas internacionales coinciden en advertir de que la rama libia del EI ha logrado reorganizarse de nuevo en el centro norte de Libia, apenas nueve meses después de ser expulsada de Sirte.

Este resurgir condujo a "Buyan al Marsous" a decretar a finales de julio el estado de alerta máxima y al LNA de Hafter a mover hombres, armas e impedimenta hacia los barrios del este y la carretera que parte de Sirte en dirección a las instalaciones petroleras del golfo de Sidrá, las más importantes del país.

Misrata acusa a Hafter -al que apoyan Rusia, Egipto y Emiratos Árabes Unidos- de inhibirse del problema en la zona y utilizar la amenaza del Daesh para sus propósitos políticos, como ocurrió durante el cerco de Sirte.

El general, un exmiembro de la cúpula militar que aupó al poder a Muamar al Gadafi y que años después, reclutado por la CIA, devino en su principal opositor desde el exilio en Virginia, no tomó parte en la operación de reconquista de Sirte.

Sin embargo, aprovechó los bombardeos norteamericanos y el avance de las tropas de Misrata para tomar los puertos vecinos de Sidrá y Ras Lanuf, vitales para la explotación de la industria petrolera de Libia.

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