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El profesor de los edificios republicanos de Madrid

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El profesor de los edificios republicanos de Madrid

El profesor de los edificios republicanos de Madrid

De la curiosidad de un profesor que después de visitar el Museo del Prado se llevaba a sus alumnos a la Gran Vía para contarles el origen de sus edificios ha surgido una ruta, también con la arquitectura como protagonista, que visita a los últimos supervivientes del Madrid de la Segunda República.

A ojos del paseante, la mayoría de edificios no son más que eso, edificios que están siempre en el mismo sitio y que se ha acostumbrado a ver día tras día; sin embargo Feliciano Páez-Camino, doctor en Historia e ideólogo de la ruta, extrae la historia de esos guardianes de Madrid que no se mueven y a los que pocos hacen caso.

Más conocido como "ese edificio de la Gran Vía con el cartelito de Schweppes", el Edificio Carrión -o del cine Capitol- es uno de estos proyectos que se construyeron durante la Segunda República (1931-1936) y que todos conocen pero nadie sabe cuándo apareció ahí ni por qué, respuestas que aborda este historiador especializado en el siglo XX que sabe, como pocos, los secretos arquitectónicos de esa época en la capital.

La ruta de este fin de semana, organizada por el Ateneo Republicano de Las Rozas, se extiende a lo largo de la mañana del sábado y se ha divido en cuatro grandes secciones: Gran Vía y Cibeles; los barrios de Ibiza y Goya; colonias y expansión hacia el oeste de la capital y la última, que recorre Chamberí y Ciudad Universitaria.

Sorprende la cantidad de construcciones que se hicieron en aquella época, previa a la Guerra Civil, que destruyó numerosos exponentes de la corriente arquitectónica que aún hoy guardan edificios como el propio Carrión o el Madrid-París, también en la Gran Vía y que hace unas semanas alquiló una de sus estancias a Primark.

"Son edificios que se pueden acoger a la etiqueta del racionalismo", aclara Páez-Camino, quien especifica que estos inmuebles, huérfanos de adornos exteriores -algo que por entonces chocó contra las convenciones estéticas-, se construyeron "de dentro a fuera".

"Pretenden acomodarse lo más posible a su función, tienen una fuerte dimensión funcionalista", describe el profesor, quien sin embargo sostiene que poseen poca decoración pero "mucha fuerza expresiva".

Son muchos -y más que podrían haber sido de no ser por los bombardeos de la guerra-, están muy repartidos por Madrid y tienen en común el espíritu vanguardista con el que los diseñaron sus arquitectos, haciendo suyo el estilo asociado al sobrenombre de Le Corbusier, algo por lo que muchos pagaron un precio alto, en ciertos casos, el exilio.

"Es que muchos de estos arquitectos, no todos, pero los vinculados a corrientes vanguardistas, eran gentes progresistas y les pasó lo que les pasó a tantas otras personas vinculadas al mundo de la cultura", confirma Páez-Camino, quien se aventura a ponerse en la cabeza de arquitectos como Martí Martín, Sert o Bergamín a la hora de imaginar qué pensarían hoy en día del Madrid que ayudaron a construir.

"Cada uno pensaría cosas distintas", exclama entre una tímida carcajada el experto, quien sin embargo señala que, aunque varias décadas después, el tiempo les ha dado la razón.

"Muchas de las corrientes que esta gente representó se han asentado. Lo que ellos defendieron finalmente se impuso, aunque muy tarde y después del sufrimiento que hubo", afirma Páez-Camino.

Junto a los edificios ya citados, el recorrido de este profesor también visita puntos habituales en el día a día de Madrid, como los Nuevos Ministerios, o un edificio que a buen seguro recordó el poeta Federico García Lorca cuando se marchó de Madrid.

Se trata del edificio que se divisa en la conjunción entre las calles Goya y Alcalá, terminado en 1935 justo frente al lugar donde vivió el poeta de Fuente Vaqueros.

"Me gusta mucho, es discreto y me resulta emocionante que Lorca viviera enfrente de este edificio desde 1933 y lo viera construir", confiesa Páez-Camino sobre "el último edificio que Lorca tuvo delante antes de marcharse a Granada en 1936".

Historias como éstas seguro que hay más, pero tendrá que ser este profesor que se metió en esto de las rutas "enredándose, como surgen tantas otras cosas", según admite, quien las dosifique a los alumnos.

Los edificios, hasta entonces y salvo que sean objetivo de operaciones urbanísticas -ahora que están de moda-, no se van a mover de su sitio. Enrique Delgado Sanz

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