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Abriendo los ojos

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Hace unas semanas tuve ocasión de asistir al Congreso de Periodismo de Datos en la Universidad de Valencia. Durante su desarrollo tuvo lugar un interesante taller aplicado. Los asistentes, en su mayoría jóvenes estudiantes de periodismo, se mostraban entusiasmados ante las metodologías básicas de análisis de datos que permitían obtener jugosas conclusiones extraídas de una maraña de información.

Ese día presencié, entre divertida y preocupada, el despertar de nuestros futuros periodistas. Divertida por ver a los asistentes conectando nuevos conocimientos. Preocupada puesto que no pude evitar preguntarme qué es exactamente lo que enseñamos en la universidad. El hecho de que los contenidos con que se forma un futuro periodista no le ofrezcan una visión panorámica de su profesión y del mundo en el que la desempeñará es preocupante. No me refiero al currículo. Todos podemos consultarlo en cualquier plan de estudios. Tampoco me refiero a la metodología de análisis de datos. En realidad, esta anécdota es sólo un pretexto, un ejemplo en la superficie.

Vayamos un paso más allá: planes de estudio encorsetados, asignaturas diseñadas como compartimentos-estanco, ausencia relativa de materias transversales…Y todo ello dentro de un sistema de enseñanza igualmente oprimido.

De hecho, debemos considerar un problema anterior. En la universidad se hereda el tradicional sistema escolar basado en clases magistrales donde tiene lugar la clásica transmisión del conocimiento del profesor al alumno pasivo.

A pesar de los prometedores cambios que se comienzan a vislumbrar sobre metodologías educativas basadas en proyectos, de forma similar al modelo de aprendizaje de Finlandia, son propuestas que evolucionan de manera no generalizada. La inmensa mayoría sigue inmersa en un proceso caduco en el que priman asignaturas concebidas de manera independiente y sin relación unas con otras. Y los sucesivos cambios de planes de estudio en función del color político predominante, sin duda, agravan la situación.

Los colegios que han iniciado la enseñanza por proyectos destacan la posibilidad que se le ofrece a los alumnos de relacionar conocimientos, pensar, razonar y descubrir experiencialmente que existen múltiples opciones para resolver problemas.

En la universidad también existen iniciativas orientadas a conectar los diferentes contenidos del currículo que se imparte. Un buen ejemplo es el de la Universidad Politécnica de Valencia, en su tratamiento de las competencias transversales. Concretamente, en el grado de Comunicación Audiovisual cada cuatrimestre se lleva a cabo un proyecto transversal desarrollado por los alumnos que deben trabajar en equipo, y en el que se relacionan las materias correspondientes con ese período académico. De este modo, adquieren sentido de una forma práctica todos los conocimientos aprehendidos.

El eje vertebrador debería situarse en la perspectiva que nos ofrece el mercado de trabajo. Y la educación tradicional ya no es la mejor opción.

El Proyecto de Innovación Docente ComunicArte, desarrollado en el campus de Valencia de ESIC Business & Marketing School, asume la integración transversal de los currículos como respuesta reactiva a un mundo tan complejo como cambiante.

Precisamente, el Proyecto ComunicArte en su diseño metodológico define una secuencia que modifica la experiencia docente al objeto de que los futuros egresados sean capaces de analizar la realidad, haciendo uso de capacidades prospectivas, superado el dominio teórico de contenidos fijados por el currículo.

Sobre este eje, los alumnos logran conectar con la práctica profesional de su disciplina tomando conciencia de la vanguardia de innovación tecnológica u organizativa que se está dando en la actualidad en el sector que representará su marco natural de opciones laborales en el futuro.

A continuación, se invita a los alumnos a experimentar con todas las herramientas disponibles, incidiendo en sus competencias emprendedoras e innovadoras a partir de la conexión con el marco teórico previamente asimilado, para finalmente crear propuestas de valor que, en su caso, pudieran resultar plenamente competitivas.

Al fin y al cabo, ese será el contexto que encontrarán los alumnos en unos años, cuando lleguen al mercado de trabajo con su título bajo el brazo.

La función del docente debe asimilarse a la de un entrenador de fútbol, no a la de un policía. El profesor universitario debe enseñar a dudar y obligar a reflexionar.

En este sentido, apuntaba recientemente Benito Arruñada, catedrático en la Universidad Pompeu Fabra, que el déficit más grave de nuestro sistema universitario surge al aplicar la teoría sobre casos reales, aun cuando los estudiantes hubieran logrado aprobarla en los exámenes.

No obstante, la situación generalizada es que seguimos mirando hacia otro lado en lugar de mirar directamente al problema.

Según Arruñada, en la confrontación de conocimientos con la realidad, los alumnos acumulan en su mayoría la información de una forma acrítica y, llegado el momento de análisis, no acostumbran a emplear más recurso que su sentido común, haciendo uso de los mismos instrumentos que hubieran utilizado antes de entrar en la universidad, mostrándose incapaces de emplear instrumentos analíticos que, sin embargo, sí han demostrado dominar de forma teórica en múltiples exámenes, mecánicamente reproducidos, en un volcado literal de información con respecto al manual o los apuntes de la asignatura.

El profesor Arruñada apostaba por una intensificación del modelo de docencia socrática en que el alumno estudia los materiales antes de las clases y éstas se emplean ante todo para explorar, aplicar y discutir.

Por otro lado, una vez definidos contenidos y metodologías, además de fomentar que los estudiantes sean protagonistas de su propio aprendizaje, debemos tenderles la mano para que participen en el diseño de experiencias docentes que, desde su punto de vista, usos y costumbres, puedan resultar de más adecuada aplicabilidad, mejorando su interés y el aprendizaje participativo.

Dirk van Damme, director de Innovación e Indicadores de Progreso de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) augura que en un futuro próximo las asignaturas desaparecerán, dando paso a materias, actividades y proyectos en grupo combinados de forma creativa. Es decir, aprendizaje autónomo y competencias transversales.

En presencia de una automatización de procesos, eclosión de robots y algoritmos verdaderamente imparable, los futuros profesionales deberán ser capaces de trabajar en equipo, aprender de manera cooperativa y encontrar soluciones rápidas a problemas complejos. Precisamos mentes abiertas, flexibles y que perseveren.

El mercado laboral viene expulsando a todas aquellas personas cuyas mentes no están suficientemente abiertas. Y lo va a seguir haciendo. El proceso es inevitable. Paradójicamente,  es mucho más fácil entrar en una mente cerrada porque sólo tiene una puerta. Y esto contribuye a explicar el particular devenir del siglo XXI.

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