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INTERNACIONAL

Indonesia, ese país que sigue luchando contra el comunismo

En el aniversario del fallido golpe de Estado de 1965, la obsesión nacional con el comunismo resurge con lenguaje de la Guerra Fría 

Estas semanas el gobierno proyecta antiguas películas anti-comunistas y se suceden los mensajes de alerta ante una invisible 'amenaza roja'

Entre 1965 y 1966 la juventud islámica y grupos paramilitares apoyados por el ejército mataron entre 500.000 y un millón de sospechosos de ser comunistas

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Fotograma de 'La Mirada del Silencio' de Joshua Oppenheimer

Fotograma de 'La Mirada del Silencio' de Joshua Oppenheimer

“Ten cuidado con los malvados comunistas”, advierten mensajes falsos que se extienden por WhatsApp. Si acude gente a tu pueblo ofreciendo análisis de sangre gratuitos, en realidad están intentando infectarte con VIH.

En algunos círculos de  Indonesia es como si nunca hubiese terminado la Guerra Fría. Incluso el ejército está de acuerdo con una campaña paranoica contra la antes llamada amenaza roja.

El ejército de Indonesia ha anunciado que este mes se proyectará por todo el país Pengkhianatan G30S/PKI o La traición de los comunistas, una película propagandística de la era del general Suharto.

En los días previos al 30 de septiembre, el aniversario del fallido golpe de Estado  de 1965 del que fue culpado el entonces partido Comunista de Indonesia, el ejército anunció que la proyección de la película era crucial para que la gente entendiese la versión “correcta” de la historia.

La película, de 1984, y que muestra a los comunistas como salvajes violentos, está siendo proyectada en pueblos, mezquitas y en el ejército. El visionado de la cinta era obligatorio durante la era Suharto. De hecho, se emitía en televisión cada 30 de septiembre hasta 1998, año en el que Suharto se vio obligado a dimitir.

El ejército ha emitido una circular entre sus tropas como parte de su última ofensiva, dando instrucciones para restringir las proyecciones del documental La mirada del silencio, de 2014, de Joshua Oppenheimer. La película muestra una versión de los eventos un tanto distinta, ya que explora la violencia del estado indonesio.

Exterminio sistemático de comunistas

Según historiadores, entre 1965 y 1966 la juventud islámica y grupos paramilitares apoyados por el ejército masacraron en todo el país a entre 500.000 y un millón de sospechosos de comunismo.

Esta sangrienta purga sigue siendo un tema sensible después de más de medio siglo. Nadie ha rendido cuentas. Esta es la razón por la que el ejército está intentando poner límites a la proyección de la película de Oppenheimer, y por lo que siguen desenterrando los fantasmas del comunismo, ideología que lleva siendo ilegal en Indonesia desde 1966.

“Es una situación peculiar ya que el comunismo se exterminó, lleva extinto desde 1965, y aún así es un país en el que nunca ha llegado morir del todo”, dice Oppenheimer sobre lo que está ocurriendo. “Siguen evocando y conjurando el espectro del comunismo para mantener a la gente callada y asustada”.

En 1965, tiempo en el que la teoría “del efecto dominó” sobre la expansión global del comunismo parecía aproximarse, el partido Comunista de Indonesia (PKI) era el tercero más grande del mundo. Hace 52 años, un grupo autodenominado el Movimiento 30 de Septiembre secuestró y asesinó a seis generales. Se culpó a los comunistas, y el crimen desembocó en el ascenso al poder del dirigente Suharto y al posterior derramamiento de sangre.

La politización del ejército

En Indonesia, cada año tienen lugar incidentes que exponen la fobia comunista del país, como el arresto de turistas que ignoran la prohibición del comunismo por llevar camisetas con la hoz y el martillo.

Sin embargo, la paranoia anti-comunista ha aumentado especialmente durante el último mes. Analistas señalan que el ejército se encuentra detrás de todo, como una estrategia para adquirir poder político de cara a las elecciones presidenciales de 2019.

“El ejército siempre se pinta como neutral a nivel político”, explica Yohanes Sulaiman, profesor en la Universidad General Achmad Yani en Bandung, en relación con la decisión de llevar a cabo proyecciones públicas. “Pero ahora tenemos a los dirigentes del ejército politizando absolutamente todo”.

Ataques recientes

Las proyecciones públicas de este año han coincidido con ataques contra comunistas declarados. El mes pasado, un seminario sobre 1965 en el Instituto de Ayuda Legal de Yakarta fue recibido con protestas violentas de radicales y con matones a sueldo. Esta semana se tachó de comunista en las redes sociales a un grupo establecido para recopilar y compartir historias de 1965. Y hace unos días se reunieron miles de manifestantes en un mitin en la capital a las puertas del parlamento para denunciar un “resurgimiento comunista”.

En el pasado, evocar el peligro del comunismo para inculcar miedo ha resultado ser muy efectivo en Indonesia, señala Yosef Djakababa, profesor de historia y director del Centro de Estudios del Sureste de Asia en Indonesia.

“Esto obliga a los ciudadanos a buscar protección por parte de una institución que parezca capaz de protegerlos”, argumenta Djakababa. “En el pasado ha sido el ejército el que, mediante su narrativa, ha demostrado ser capaz de defender al país del comunismo”.

Cualquier tipo de relación con el comunismo es un tipo de sentencia de muerte política en Indonesia. Una campaña de difamación que acusó de comunista y de tener ascendencia china al entonces candidato Joko Widodo, casi le cuesta las elecciones presidenciales de 2014.

Un oscuro pasado

El año pasado, un simposio organizado por el gobierno sobre los acontecimientos de 1965 dio esperanzas de que Indonesia podía enfrentarse de una vez a su turbio pasado. Pero parece que el impulso por reconocer oficialmente aquellas violaciones a derechos humanos ha perdido toda su fuerza.

Incluso cuando el presidente sugirió la semana pasada que la propaganda de la era Suharto debía ser "actualizada" para los millenials, fue rápidamente desmentido. El ministro de Seguridad se apresuró a puntualizar que el presidente no se refería a que hubiera que cambiar el mensaje de la película, la narrativa anti-comunista.

De todas formas, parece que la mayoría de los millenials indonesios –que no han sido obligados a ver la película cada año– no piensan mucho en el comunismo. El profesor Djakababa dice que, a juzgar por sus estudiantes, muchos dicen no comprender por qué la gente “se mataría los unos a los otros por ideas”.

“Pueden entender que la gente se mate por recursos, como petróleo por ejemplo, o por energía... –dice Djakababa– pero por ideología, por comunismo... ¿Qué es el comunismo?”

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