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The Guardian en español

¿Es el aspirante a presidente de Austria “un lobo con piel de cordero”?

El candidato austriaco a la presidencia Norbert Hofer.

Philip Oltermann

Viena —

Al hombre que este domingo puede convertirse en el primer presidente populista de derechas de Austria le gusta definirse como de centro. Hace poco, en una entrevista, Norbert Hofer dijo que el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) estaba lejos de ser un partido de derecha pero que estaba “a la izquierda de los demócratas de Estados Unidos”. También, que para Austria era una “bendición” no tener un partido extremista como el Amanecer Dorado de los griegos.

El discurso en el que Hofer se vende como un reformista que busca consensos dentro del inmóvil sistema político austríaco lo ayudó a rebatir las encuestas con una victoria (35% de los votos) en abril, la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Su triunfo dejó sin palabras a los candidatos de centro-izquierda del Partido Socialdemócrata (SPÖ), y a los de centro-derecha del Partido Popular Austríaco (ÖVP), que se alternan en la presidencia desde 1945.

Tras la renuncia del canciller Werner Faymann, la hábil retórica que Hofer ha mostrado en los debates televisivos frente a su rival, Alexander Van der Bellen, sumado a que ninguno de los dos partidos de centro se decidieron a apoyar por completo al único oponente que le quedaba, han permitido que una gran mayoría de los austríacos vea a la “amistosa cara del FPÖ” (según Der Kurier) con “ojos de corderito” (según Der Spiegel) como al próximo representante del país a nivel nacional.

Pero un grupo de comentaristas políticos advierte que la oratoria persuasiva de Hofer y su encanto natural le han permitido ocultar exitosamente un trasfondo ideológico que lo ubica en el extremo derecho del espectro político.

No hace mucho que Stefan Petzner (un antiguo protegido del fallecido líder del FPÖ Jorg Haider hoy convertido en asesor de relaciones públicas para políticos) describió a Hofer como “un lobo con piel de cordero, una bomba de tiempo”. Según Petzner, el propio Haider, bajo quien el partido de derecha creció durante los años 90, no hubiera votado al candidato de su propio partido.

Nacido en el estado de Burgenland, Hofer no era muy conocido fuera del círculo del partido hasta su nominación como candidato a presidente en enero. Él fue uno de los arquitectos que diseñó la inclinación del FPÖ hacia la derecha, tras la temporada de relativa moderación bajo el liderazgo de Haider.

Tras escalar posiciones como asesor político del sucesor de Haider, Heinz-Christian Strache, en 2011 se le asignó a Hofer la tarea de reescribir el manifiesto político del FPÖ, en el que restableció el “compromiso para un pueblo alemán y una comunidad cultural”. Hofer utilizó la frase alemana Volksgemeinschaft (comunidad nacional), que evoca vivamente la retórica de la era Nazi.

En junio de 2011, en una entrevista para la revista austríaca de ultraderecha Aula, Hofer proclamó este movimiento como un “giro a la postración de Haider”, en referencia a la decisión de moderar la retórica nacionalista que en 1999 adoptó el exlíder antes de formar gobierno. “Es extraño ver a la gente negando sus raíces”, dijo Hofer.

En las ocasiones en que le preguntaron por el compromiso formulado en el manifiesto político del FPÖ, el candidato presidencial negó haber dicho que Austria deba formar parte de una gran Alemania y dejar de ser una república autónoma. Para sorpresa de muchos (teniendo en cuenta lo poco populares que son las ideas pangermánicas en la sociedad austríaca contemporánea), Hofer no siempre lo niega de forma totalmente inequívoca. “Para mí, Austria es una nación”, dijo en el diario Die Presse el martes. “Pero no voy a condenar a nadie que lo vea de otra manera”.

Coqueteo con los símbolos nazis

Para sus críticos, las acciones de Hofer mandan un mensaje diferente. El candidato presidencial es miembro honorífico de la fraternidad estudiantil Marko-Germania zu Pinkafeld, que en su documento fundacional de 1994 rechaza la “ficción, que no se condice con la historia, de una 'nación austríaca'”.

En febrero de 2015, Hofer exigió durante un discurso que Tirol del sur (una región del norte de Italia que alguna vez fue parte del imperio austrohúngaro) furea integrada al Estado austríaco. Desde entonces ha propuesto ofrecerles doble nacionalidad a los ciudadanos de esa provincia.

El coqueteo de Hofer con la iconografía y con el lenguaje del movimiento Nacionalsocialista ha estado en varias ocasiones al descubierto. Aún en el año 2013, Hofer asistía a las reuniones del partido llevando una flor de aciano azul en la solapa: una planta popularizada como símbolo del movimiento pangermánico por el político austríaco Georg Ritter von Schöner (descrito por Hannah Arendt como el “padre espiritual” de Adolf Hitler). Para Strache, la flor de aciano representaba al “movimiento revolucionario burgués de 1848”, algo que los historiadores tachan de ficticio.

El artista favorito de Hofer es el pintor y escultor Odin Wiesinger, cuyas obras muestran a hombres jóvenes en uniformes de fraternidades y mapas del Gran Reich alemán. En una publicación de Facebook de mayo de 2015, Wiesinger afirmó que “desde que esta supuesta Alemania fue liberada en 1945, es el país de 'cualquiera' y lo gobiernan marionetas”. En una entrada separada, escrita en marzo de 2016, Hofer le escribió a Wiesinger: “¡Querido Odín! No te ofendas. Las encuestas dan bien y como consecuencia los ataques son cada vez más fuertes. Cuentas con mi amistad”.

En una entrevista por la televisión le preguntaron a Hofer si era antifascista. Rechazó de plano el término y respondió que estaba en contra de todo tipo de extremismo. Según la periodista del semanario Falter, Nina Horaczek (autora de la biografía de Strache), “Hofer ha terminado con el consenso antifascista que había existido en Austria y Alemania desde que terminó la Segunda Guerra Mundial”.

Durante el debate en televisión del domingo pasado, Hofer se quejó de que los activistas de izquierda intimidaran a los políticos de su partido con pintadas sobre los carteles de campaña. Pero el renacimiento del FPÖ también ha coincidido con el auge de una nueva clase de movimiento activista de derechas que, aunque no está oficialmente afiliado con el partido, comparte muchos de sus objetivos y creencias.

Poco antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, un grupo de unos 30 miembros del “movimiento identitario” causó desmanes en una función de Die Schutzbefohlenen, una obra de teatro de la Nobel Elfriede Jelinek que toca temas como la crisis de refugiados. Los activistas arrojaron sangre falsa y tiraron panfletos con la frase “el multiculturalismo mata”.

Durante la pelea con los espectadores que tuvo lugar a continuación, ocho personas resultaron heridas. Una semana después, los activistas subieron al techo del Burgtheater en Viena mientras se desarrollaba la misma obra y desplegaron una bandera que decía “hipócritas”.

Conexiones con el movimiento identitario

El movimiento paneuropeo, originalmente surgido del movimiento francés de jóvenes antiinmigración y de ultraderecha Génération Identitaire, afirma que no acepta el tipo de métodos violentos que emplean los grupos neonazis y que, en cambio, utiliza “intervenciones artísticas”, típicamente usadas por movimientos de izquierda y ecologistas.

En Austria, el país donde el estudiante Markus Willinger escribió en 2013 el manifiesto Identitario, el movimiento paneuropeo ha encontrado un terreno especialmente fértil. Desde el año 2014, los identitarios han sido vigilados por la Oficina Federal para la Protección de la Constitución de Austria por sus vínculos con grupos neonazi.

Hay quien cree que los identitarios no son más que unos “chicos con dinero que juegan a ser parte del NSDAP”. Según el centro de documentación de la Resistencia Austríaca, el movimiento identitario no tiene más de 60 o 70 miembros activos y unos 500 simpatizantes.

Pero el propio grupo afirma que su filial en Austria tiene 800 miembros que pagan cuota y unas 2.500 personas que asisten a los eventos. Durante un encuentro con the Guardian, uno de sus miembros fundadores, Patrick Lenart, dijo que los identitarios de Austria eran “el movimiento más activo después de su par francés” y que la cantidad de miembros se había multiplicado por cuatro en 2015.

Estudiante de filosofía de 28 años, con una camisa hípster a cuadros y unas gafas de sol Ray-Ban, Lenart no quiso decir a quién votará el domingo. Sí dijo que coincidía punto por punto con las propuestas de Hofer.

Lenart habló maravillas del programa de financiación del FPÖ para las tradiciones folklóricas en su Carintia natal. También dijo que a la gente de Tirol del Sur se le tenía que dar la posibilidad de elegir “si son italianos o alemanes”. Strache ha compartido vídeos del movimiento identitario en su página de Facebook; en Viena, hay un activista identitario que también es candidato por el FPÖ.

“Nuestro principal objetivo es la preservación de nuestra identidad cultural: que Austria siga siendo austríaca y que Europa siga siendo europea. Eso lo compartimos con el FPÖ”, dijo Lenart. En su opinión, es una “pena” que Hofer dijera en vísperas de las elecciones que no quería saber nada del movimiento identitario.

De cualquier forma, la visión política de la nueva derecha austríaca está puesta más allá de una victoria de Hofer en las elecciones. Cuando se le preguntó si el liberalismo era parte de la identidad europea que su movimiento quería preservar, Lenart respondió: “En esta época pensamos muy liberalmente, pero será importante tener una alternativa política al liberalismo. La forma actual y ajustada de liberalismo es un problema mayor que el Islam, porque nos priva de nuestra propia tradición y cultura”.

“El mundo se funde en uno solo. Se está desarraigando a la gente. La tarea del movimiento identitario es crear la posibilidad de que la gente pueda, una vez más, ser consciente de su lugar como eslabón en una cadena ancestral”.

Traducción de Francisco de Zárate

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