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Estructurando el debate sobre transgénicos: mitos, peligros y oportunidades

Imagen de archivo. Foto: U.S. Department of Agriculture.

El Parlamento Europeo debatía hace unos días la autorización de dos nuevos tipos de maíz transgénico, mientras la opinión pública sigue tan enfrentada como confundida. En Julio del año pasado,  Greenpeace respondía duramente a la  carta firmada por 109 Premios Nobel en favor de los transgénicos. A esta le siguió un intenso  debate con varias réplicas críticas y diversas opiniones. Como trataremos de explicar en este breve artículo, en este debate se entremezclan varios aspectos de los transgénicos que, a nuestro modo de ver, conviene analizar por separado. Creemos pues que estructurar el análisis de este controvertido tema (por lo general airado y de respuesta visceral) en sub-debates puede contribuir a aclarar malentendidos y a centrar el foco de debate en torno a las cuestiones clave.

Queremos a su vez que este artículo ayude a las personas no versadas en ciencia a formar sus propias opiniones con mayor rigor. En este sentido, intentaremos minimizar los tecnicismos, explicando aquellos cuyo uso sea necesario. Vayan pues por delante unas pequeñas explicaciones y ciertas nociones relacionadas.

Según la normativa estadounidense, un transgénico es un organismo genéticamente modificado (OGM, o GMO en su versión inglesa). Esto incluye la selección artificial e hibridación (cruces forzados entre especies) que el ser humano lleva implementando desde el Neolítico (con el desarrollo de la agricultura) a escala planetaria para domesticar y adaptar plantas y animales a los diferentes entornos, necesidades y gustos. Ejemplo de ello son los injertos de árboles frutales, los cruces entre especies animales como las mulas o la conservación selectiva de mutantes espontáneos.  Y es que llevamos más de 5000 años modificando plantas, animales y ecosistemas enteros hasta hacerlos casi irreconocibles, por lo que muchos alimentos que consideramos "naturales", en realidad dejaron de serlo hace mucho tiempo. Las zanahorias, por ejemplo, son de color naranja sólo desde el s. XVII porque los agricultores holandeses quisieron homenajear a su Casa Real.

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Mejorar la conciliación de la vida familiar y la profesional para el futuro de Europa

Imagen de archivo.

"¿Cómo conciliar mi vida privada y con la profesional?". A lo largo de su trayectoria profesional, todos los padres  y cuidadores se plantean esta pregunta más de una vez. En particular, las mujeres. Hoy en día, sigue siendo más probable que sean las mujeres las que se queden en casa cuidando de los hijos o de familiares mayores y no los hombres. En 2015, la tasa de empleo femenina se situó 11,6 puntos porcentuales por debajo de la masculina. Y esta tasa de empleabilidad descendía otros 8,8 puntos porcentuales más si se trataba de mujeres con un hijo menor de seis años. Además, una de cada tres mujeres trabajaba a tiempo parcial, mientras que, en el caso de los hombres, esta cifra era inferior a uno de cada diez.

Al mismo tiempo, las mujeres en la Unión Europea (UE) están cada vez más cualificadas y el número de ellas  con un título universitario es superior al de los hombres. Por otro lado, todos los países europeos tienen que hacer frente al envejecimiento de la población y a la reducción de la mano de obra. Por motivos de ecuanimidad y de necesidad económica, tenemos que lograr que, tanto hombres como mujeres, todos los padres y cuidadores que trabajan puedan combinar más fácilmente su carrera profesional con su vida privada. Nuestro objetivo es ofrecerles más opciones y más flexibilidad para que se organicen.

Una mayor participación femenina en el mercado de trabajo es un triunfo por partida doble. Es bueno para las empresas, que pueden atraer a empleadas con talento y motivación y lograr que se queden, y contribuye a disminuir el riesgo de pobreza de las mujeres, ya que reduce la brecha de género en materia de pensiones, que en la actualidad se sitúa en el 40% en Europa.

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Historia de una escalera

La escalera de Fray Luis de León 18, Arganzuela

Tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera y económica, el sector español de la construcción de viviendas ha ido reinventándose. Por un lado, las constructoras buscaron refugio en lo público, nutriéndose de la privatización y/o externalización de sectores económicos como limpieza, zonas verdes, mantenimiento e incluso otros muy sensibles, que les eran totalmente ajenos, como la educación o la atención social. Y por si las deficiencias en estos servicios y peores condiciones laborales para los profesionales que en ellos trabajan fuera poco, en el otro lado nos encontramos a los promotores o comercializadores, que han virado su negocio hacia la "rehabilitación" de edificios para seguir especulando con lo que debería ser un derecho, la vivienda, mientras vecinos y vecinas son expulsados de sus barrios.

La historia que ahora nos ocupa: todos los afectados son legítimos inquilinos que pagan religiosamente sus alquileres en un edificio de la calle Fray Luis de León del distrito de Arganzuela. Los anteriores propietarios de esta escalera, mal que bien, sí mantuvieron sus responsabilidades con el cuidado del edificio. Hasta que vendieron el edificio y los vecinos y vecinas recibieron la primera comunicación de sus nuevos caseros. No era un saludo, ni una bienvenida; eran burofaxes invitando al desalojo de los apartamentos. Burofaxes dirigidos a personas con contratos legalmente en vigor (algo ilegal). Todos los vecinos han seguido pagando sus alquileres, pero es la empresa la que rechaza los pagos y se los devuelve. Si logra echar a los que pueden plantear pelea ya será muy fácil echar a quienes tienen más protección legal pero más debilidad física y social: 6 personas de hasta 96 años y sus familiares, con contratos de alquiler de renta antigua.

Los vecinos y vecinas están sufriendo acoso inmobiliario por parte de la empresa, Urbania, que ha adquirido el edificio en el que viven, con el objetivo de reestructurar las viviendas –dividirlas, en definitiva, para que salgan más– y venderlo o alquilarlo a precios muy superiores. La propia empresa dice en su web que "el edificio se encuentra en un estupendo estado de conservación". Solo enmascaran una operación económica y de ingeniería social que termina con la expulsión de determinadas poblaciones más o menos vulnerables, y las sustituye por otras con un mayor poder adquisitivo.

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(E)lecciones francesas

El socioliberal Emmanuel Macron.

Decía Victor Hugo en el centenario de la muerte de Voltaire: "La nueva sociedad, el deseo por la igualdad, el comienzo de la fraternidad que se llama a sí misma tolerancia, recíproca benevolencia, el justo acuerdo entre personas y derechos, la razón reconocida como suprema ley, la aniquilación de los prejuicios, la serenidad del alma, el espíritu de indulgencia y el perdón, la harmonía, la paz; mirad, todo eso provenía de su gran sonrisa".

Victor Hugo y Voltaire… cuando pensamos en Francia, no solo lo hacemos en un gran territorio europeo. En palabras de Victor Hugo, Voltaire "era más que un hombre, era una época". Francia es más que un país, es una idea que ilumina la razón. Y tras los más de 7 millones de votos recibidos este domingo por el fascismo populista representado por Le Pen, es como si nos estuvieran robando nuestros sueños.

Bote pronto y después de escuchar y leer todo tipo de explicaciones sobre el resultado de la primera vuelta de las presidenciales francesas –y algunas extrapolaciones más que forzadas–, quiero aportar mi propia interpretación. Y detenerme un poco más en el resultado del Partido Socialista Francés (PSF).

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Hacia una nueva gestión pública

En torno a un mostrador pueden narrarse mil historias. Pero cuando ese mostrador es el que se interpone entre los trabajadores de las Administraciones y su público, las historias se tornan complejas. La maraña burocrática acaba ahogando el contacto entre dos partes que parecieran condenadas a no entenderse. Ponerse en el lugar del otro es difícil cuando ese otro representa el rostro de unas instituciones que, demasiadas veces, difieren, difuminan y fragmentan el acceso a los derechos más básicos.

Tampoco es fácil estar al otro lado, sometido a tensas jerarquías internas, normativas e instrucciones confusas, recortes y reestructuraciones de las que uno no es parte, a la par que contiene la rabia de quien sufre los costos de los procedimientos institucionales. No parecen correr mejor suerte los distintos intentos de tejer puentes: mesas, consejos, foros y programas de participación se muestran la mayor de las veces incapaces de revertir dos lógicas (la del empleado de la Administración y la de un público difuso) que chocan continuamente.

Los hilos de desencuentros y tensiones cotidianos se tejen en paralelo a un importante cambio acontecido en las últimas décadas de las administraciones públicas en lo que respecta a su relación y trato con los ciudadanos. La imagen fría, indiferente y opaca que teñía de color gris a todo el aparato burocrático, parece sustituirse por una nueva puesta en escena que incluye una renovación del mobiliario, luces, cartelería y, sobre todo, un nuevo rostro de cercanía y proximidad al usuario. Los principios de calidad, eficacia, transparencia, orientación al cliente y buen trato se imponen discursiva y performativamente en una operación que dice buscar reconstruir el vínculo con los usuarios.

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Nueva alerta de "muertes masivas": las causas de las causas del hambre

Niños yemeníes recogen agua donada en Saná, Yemen, el 14 de marzo de 2017.

El ciclo se repite. Alguna agencia de Naciones Unidas o una organización no gubernamental da la señal de alerta. Una nueva hambruna. Muertes masivas en algún lugar del mundo a causa del hambre.

Si hay suerte la noticia alcanza algún medio de comunicación, incluso alguna portada si la alerta va acompañada de dramáticas imágenes. La máquina de la emergencia pisa el acelerador. Alguna agencia de desarrollo, nacional o multilateral, puede que anuncie nuevos fondos. Las ONG redoblan sus estrategias de captación de fondos. Enviarán alimentos, médicos, logistas ... si hay suerte hasta agrónomos o semillas. Si no la hay, se limitarán a enviar excedentes de comida de allí donde sobra.

Hace poco más de una semana ACNUR lanzó una de esas alarmas. 20 millones de personas bajo la amenaza del hambre en el cuerno de África. 20.000.000 de personas como tú y como yo, sólo que en Etiopía, Somalia, Nigeria, Sudán del Sur y Yemen. Desde Naciones Unidas y ONG ya avisan de que faltan fondos y que los llamamientos en este tipo de emergencias se quedan normalmente "entre un 3 y un 20% de lo que se necesita". Si la ayuda no llega, las muertes serán inevitables. Y las previsiones son peores que en la crisis de 2011, en la que murieron más de un cuarto de millón de personas en esta misma región africana.

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Los paraísos fiscales, una zanahoria para la corrupción

En la imagen, billetes de euro de banco en el departamento de cambio extranjero del Union Bank de Suiza.

Tras taparse la nariz, póngase usted en la piel de un corrupto, o de un corruptor, que tanto da. Y sienta qué vida tan dificultosa tiene, caramba. Si la cosa se limita a un sobre por aquí y otro por allá, con unos pocos billetes para alegrar el fin de semana, pues basta con tender la mano, sucia eso sí. Sin embargo la avaricia, cuando se excita, no conoce límites. Así, del "complemento salarial" se aspira pronto al millón, la mansión y a ese cuadro único que solo usted puede colgar en su pared.

Ay, entonces la cosa se lía. Usted está muy atareado, debe dirigir la economía de un país o presidir una de sus comunidades autónomas, un trabajo a tiempo completo, de interés general. Y aunque parezca fácil por lo cotidiano que se ha vuelto, no es sencillo blanquear cantidades mayores de dinero, ni vender una filial por un monto significativamente diferente de su valor real, ni realizar otras prácticas que alteran el valor de las cosas, eluden tributos y minan el bien público. Robar mucho es bien complicado. Y usted necesita ayuda, muletas, en fin alguien que le entienda antes del ron añejo y que luego se lo tome a la salud de los perdedores.

Aquí aparecen los paraísos fiscales. Al igual que las islas caribeñas de antaño, reductos protectores para piratas y corsarios, los paraísos permiten tributar poco o nada por actividad económica realizada en otros lugares. Esto a través de filiales de mucha facturación y escaso personal y de empresas pantalla que solo son papeles para ocultar dinero. Al tiempo estos territorios offshore suelen ser jurisdicciones opacas donde impera el secreto protector de cualquier blanqueo, más o menos criminal. Y es que el mejor incentivo del mal es la impunidad: da mucha seguridad al ladrón.

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Los días felices

Cuando la ciudadanía francesa vote este domingo en las urnas, habrá ejercido algo más que la libre elección de dotarse de un nuevo presidente de la República. Asistiremos, con toda probabilidad, a una mutación profunda del sistema de partidos propio de la V República. Y lo va a decidir, lejos de las previsiones de sondeos, analistas y tertulianos, en la confrontación más reñida que se recuerda en primera vuelta.

Lejos quedan los días en que el duelo derechista Le Pen-Fillon parecía el escenario fácil de alternancia previsible y controlada por los de siempre. Hasta que llegó Mélenchon y convocó el 18 de marzo (apenas han pasado unos días!) la marcha por la sexta república. Cuando los más de 130 000 manifestantes comenzaron a gritar " Mélenchon, président!" los hizo callar y les dijo: "no gritéis mas mi nombre, gritad: Résistance"). Lograba con ello todo un imaginario, además de un eslogan de campaña. Comenzaba la marcha que ha dinamitado el mapa político francés.

Cierto que, paralelamente, unas primarias en el partido socialista (PS) habían encumbrado a Hamon desde la izquierda del partido, derrotando a Valls contra toda previsión. A los barones del PS les faltó poco tiempo para dejar de lado al legítimo ganador de las primarias y apostar por la operación marketing de Macron: el espacio socialista saltaba dinamitado. Por otra parte, los escándalos por corrupción de Fillon, dejaron a la derecha sin un candidato seguro.

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España: carne corrupta y huesos olvidados

Francesc Boix fotografiado en Mauthausen / MHC (Fons Amical de Mauthausen)

Yo no saco cadáveres de fosas comunes. Los esqueletos que he desenterrado, limpiado de décadas de olvido, desidia y abandono, examinado y restaurado, son de otro tipo. Yo me encargo de la historia de su vida. Escribo biografías. Y, por aquello de ser optimista, siempre digo que es un trabajo más agradecido que el otro.

He ido a México dos veces, siempre por trabajo. Una parte de lo que hago consiste en localizar tumbas que nadie sabe dónde están. La primera que descubrí estaba bastante cuidada. La viuda, una señora de origen y nacionalidad mexicana, se encargaba de pagar la cuota de mantenimiento con el dinero de sus arcas privadas, más vacías que llenas. La segunda, ni eso. Una tumba dejada de la mano de dios, porque fueron las mías y las de un amigo mexicano las que tuvieron que limpiarla, para poder sacarle unas fotos que mostrasen un mínimo de decencia.

Pero hay que ser agradecido, así que podemos darnos con un canto en los dientes de que la ley mexicana las respete y no reclame las parcelas que llevan tiempo sin pagarse. Aunque eso, según me contó el encargado y con los tiempos que corren, no va a durar mucho. La tumba a la que me estoy refiriendo es la de una mujer política catalana, una feminista republicana de una notable trayectoria, que murió soltera y sin hijos, en el exilio. Se llamaba Maria Dolors Bargalló*.

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Carlos Slepoy, estés donde estés

Carlos Slepoy

'Llorar'. (Eduardo Galeano, El libro de los abrazos).

Fue en la selva, en la amazonia ecuatoriana. Los indios shuar estaban llorando a una abuela moribunda. Lloraban sentados, a la orilla de su agonía. Un testigo, venido de otros mundos, preguntó:

—¿Por qué lloran delante de ella, si todavía está viva?

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