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Disminuir la contaminación es proteger la salud

Boina de contaminación sobre el cielo de Madrid.

El Ayuntamiento de Madrid parece que por fin se ha tomado en serio la contaminación que sufre crónicamente la ciudad y ha comenzado a limitar la circulación por el centro de la ciudad, después de más de 20 años dedicados a todo lo contrario. Las obras faraónicas que nos han endeudado a la ciudadanía han hecho todo lo posible para facilitar el acceso fácil de los vehículos particulares al centro de Madrid, consolidando una cultura de atasco, polución y despilfarro económico y energético.

Lógicamente va a costar revertir esta situación y no solo porque la señora Aguirre tenga más dificultades para dejar el coche en doble fila en la Gran Vía, o "se quede encerrada en su casa", sino sobre todo porque muchas personas han organizado su movilidad urbana en torno al vehículo privado y les va a costar adaptarse a la nueva situación. Ahí es donde hace falta mucha pedagogía e información por parte del Ayuntamiento y, por supuesto, mejorar de una manera significativa el transporte público.

Aunque los responsables municipales lo hayan obviado hasta el presente, hace tiempo que se conoce que la contaminación producida por los vehículos de motor es un serio problema de salud pública que influye negativamente sobre la morbilidad y mortalidad de la población, y las evidencias científicas no cesan de incrementarse.

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El machismo y el orden de los apellidos

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Imagen de archivo: un bebé recién nacido duerme en una cuna.

Nueve de enero de 2017. Registro Civil número uno de Palma de Mallorca. Tras esperar una breve cola, me siento delante de un funcionario con el firme propósito de registrar a mi hijo como ciudadano del Reino de España. Entrego la solicitud, los DNI y el libro de familia. Resulta curioso que en la solicitud no te pregunten por los apellidos de la criatura, tan sólo por el nombre y su filiación. Así que, como quien no quiere la cosa, comento que queremos que su primer apellido sea el de su madre. El funcionario levanta la ceja derecha y responde: "Eso es anteposición del apellido materno. Tiene que venir tu mujer a confirmar que está de acuerdo".

¿En serio? Sí. Al parecer tanto el nombre como los apellidos de un recién nacido tienen que surgir del común acuerdo entre sus dos progenitores, y si no existiese ese acuerdo, PREVALECE EL APELLIDO DEL PADRE. Así que para poner primero el de la madre, hay que demostrar que ambas partes están de acuerdo. España, 2017. ¿Por qué existe el feminismo si la igualdad ya es un hecho?

Desde el punto de vista pragmático de un ingeniero criado en una familia de matemáticos, el orden de los apellidos es sencillamente irrelevante. Tanto monta, monta tanto. Eres igual de listo, guapo y alto con los apellidos en un orden que en otro. Me parece estupendo que sean los dos progenitores de mutuo acuerdo los que decidan tanto el nombre como los dos apellidos de su hijo. Y me parece necesario legislar en el caso de que no haya acuerdo, pero creo que se podría hacer una ley ligeramente más neutral en cuanto a género que la que actualmente padecemos.

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Tres años de Podemos

"¿Seguro que vais a poder?". Tras la presentación en el Teatro del Barrio, de la que en estos días se cumplen tres años, esta pregunta se repetía habitualmente desde sectores muy distintos. Por una parte, los partidos surgidos del tablero del 78 despreciaban el potencial de una propuesta que por impugnadora y "populista", entendían, no entroncaba sino marginalmente con la realidad política. Por otra, desde sectores activistas se subestimaba la capacidad de una técnica política de carácter discursivo y voluntad patriótica que pudiera tocar la tecla social de la crisis económica con resultados emancipadores. El escepticismo era comprensible. La insolencia de afirmar desde la voluntad colectiva ese "podemos" planteaba revitalizar la pulsión utópica frente a un bloqueo histórico de la realidad política española. El resultado del desencanto respecto a las expectativas de la izquierda antifranquista se había saldado con la derrota ante un realismo acomodaticio y una huida hacia una ilusión de futuro color de rosa que justamente se había desteñido con el 15M.

Fue la insólita combinación de fuerza social y astuta traducción política lo que permitió patear el tablero en busca de un pueblo nuevo desconocido. En ese contexto de crisis orgánica, la audacia de la apuesta hegemónica de Podemos radicaba en que no presupone posiciones fijas ya ancladas (Izquierda/Derecha), sino que busca articular desde otras interpelaciones inéditas otros bloques mayoritarios de forma que pueda aislarse al adversario. Una política que se movía siempre en la encrucijada o tensión entre lo que Íñigo Errejón llamaba los dos peligros: la "recuperación-integración" o la "marginalidad-sectarismo". En eso consistía el equilibrio inestable de Podemos. Por un lado, los relatos ideológicos de izquierda caracterizados por un mensaje de ruptura y de absoluta exterioridad y oposición al consenso dominante, por muy emocionales que fueran, corrían el riesgo de caer en una zona de confort muy digna, pero sin incidencia. La incomprensión de muchos militantes de la izquierda ante el 15M fue elocuente: no lograban traducir a su lenguaje teórico lo que ocurría y eso desesperaba a muchos, pues no contactaban con ese nuevo malestar desde sus plantillas políticas.

Por otro lado, interpelaciones muy amplias y difusas podían en principio agregar mucho, pero creaban solidaridades blandas que podían ser fácilmente integradas por el sistema político en su interés por absorber el antagonismo y el malestar. El 15M corría también este riesgo. Merece la pena recordar los intentos de cooptar el fenómeno desde ámbitos de poder. Recordemos cómo el presidente del Círculo de Empresarios trató de aprovechar la ocasión del descontento para criticar a los políticos o como algunos think-tanks, caso de la Fundación Everis, buscaron cabalgar desde arriba esa ola mediante una nueva operación hegemónica conservadora que invitaba a desideologizar la política y superar el "obsoleto" antagonismo de clase, redibujando la frontera social: el valor-país de España debía ser afirmado contra el Estado y los políticos, identificados con la ineficiencia y el enfrentamiento. Esa tensión sigue presente, y ambos peligros siguen acechando.

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Reinventar Podemos para ganarlo todo

"Nos toca seguir empujando este proceso de cambio para que no tenga marcha atrás. Un proceso de cambio que no debe agotarse en Podemos y en el necesario 'asalto institucional'. Debe ir más allá de la política electoral y comunicativa"1. Hace un año escribía estas frases con mi compañera y amiga, Teresa Rodríguez, en conmemoración del segundo aniversario de Podemos. No han perdido vigencia, los retos han aumentado, los debates siguen presentes y este febrero tenemos la segunda Asamblea Ciudadana de Podemos estatal, coloquialmente conocida como Vistalegre 2. Una oportunidad de abarcar todas aquellas discusiones latentes en la organización, potenciar los aciertos, mejorar los errores y aprovechar la pluralidad y diversidad como fortalezas, prueba de que existe un Podemos vivo y útil para ser una herramienta que ayude a conseguir la transformación social.

La semana pasada presentamos desde Podemos En Movimiento nuestros borradores con una serie de propuestas que algunos etiquetan, nominándolas como una desviación del rumbo que ha tomado Podemos durante estos últimos años, como una apuesta por un "Podemos de protesta y resistencia".

Más allá de caricaturas e inercias hay una reflexión fundamental a hacer sobre esto: claro que no necesitamos un Podemos a la defensiva ni que sirva únicamente para resistir, pero sí debemos comprender que el "cambio" no llegará solo. Nunca lo ha hecho a lo largo de la historia y no va a cambiar de opinión precisamente ahora. Ni siquiera sumando a las y los que faltan. Sino que implicará también un elevado componente de conflicto y lucha, porque quienes hoy nos gobiernan, desde dentro y fuera de las instituciones, no van a dejarse convencer por las buenas ni van a entregarnos las llaves del palacio por mucha mayoría electoral que sumemos o por muy buenos argumentos que tengamos.

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Que tres años no es nada

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En un día como hoy de un enero que tampoco era frío llegué pronto al Teatro del Barrio. La flecha estaba en el arco y tenía que partir. Habíamos estado ultimando el documento "Mover ficha" y acariciábamos en el ambiente la sensación de que la piedra que lanzábamos al estanque de la política española iba a hacer muchas olas. El teatro del barrio había nacido como una cooperativa de gente de la cultura que recogía el espíritu desobediente del 15M. Teníamos ya en marcha en ese espacio la Universidad del Barrio. Todos los lunes llevábamos nuestro modesto saber a la gente a la que la vida no le había dado la posibilidad de estar en las aulas universitarias. Arrancamos el curso con una "Historia provisional de ¿España?". España tenía que repensar la democracia y el primer paso era reescribirse. Era un mandato que estaba en la calle. Me correspondieron un par de sesiones sobre la Transición. Cuántas ganas. Ir allí los lunes con Emilio Silva, Pablo Sánchez León, Ariel Jerez, con Noelia Adánez y Alberto Sanjuan era un lujo. Sentíamos que algo estaba cambiando. La universidad del barrio sabía al mismo aliento fresco e irreverente que Podemos, la alegría bebía esa magia, y Podemos no dejaba de mirar a las enseñanzas del 15M.

En la presentación del partido morado redacté un texto que empezaba con Quevedo: "Miré los muros de la patria mía/ si un tiempo fuertes, ya desmoronados/ de la carrera de la edad cansados/ por quien caduca ya su valentía". Andaba nervioso. Sabía que empezaba un viaje que nos iba a cambiar la vida. Una actriz del Teatro me dijo que recité a Quevedo como recitaba Fernán Gómez aquello de "Señoritooooooooooo" en "El viaje a ninguna parte". Sara Bienzobas me dijo que le había hecho llorar (pero de emoción. Menos mal). Todos nos abrazamos mucho ese día. Con Carlos Fernández Liria y con Alberto Sanjuán, con Ariel Jerez y con Jaime Pastor, con Miguel Urbán y con Rita Maestre. Y con Carolina, con Pablo, con íñigo, con Luis. Escogí a Quevedo porque la sensación era que nos estaban robando nuestro país, al que estaban convirtiendo en un reino bananero. Y queríamos hacer política sin perder la poesía.

La cola en la calle Zurita del barrio de Lavapiés llegaba hasta donde la vista se perdía. Señal de que le había interesado a la gente. Medios no había muchos. Los medios seguían pensando en clave bipartidista. Unos cuantos millones de españoles, ajenos al flow de los medios, empezaron a interesarse. En aquel lanzamiento de Podemos, los firmantes del Manifiesto Mover Ficha pedíamos a Pablo Iglesias que encabezará una candidatura a las elecciones europeas de 2014. Pablo aceptó el reto pero puso como condición recoger 50.000 firmas en un mes. Al día siguiente había casi 100.000. El proyecto de Podemos arrancaba.

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Gamonal, tres años después

Imagen de la manifestación originada el pasado día 18 tras la asamblea de vecinos de Gamonal, en Burgos.

Cuando hace tres años, el viernes 17 de enero de 2014, llegó al barrio la noticia de que el Ayuntamiento no realizaría la obra del bulevar la alegría se mezcló con una sensación de perplejidad generalizada. En una semana, se había conseguido paralizar una obra pública ya comenzada y contaba con el apoyo de todos los poderes fácticos de la ciudad. Los constructores, el Ayuntamiento, la policía, y los principales medios de comunicación locales habían perdido frente a los vecinos y las vecinas de un barrio poblado y siempre alejado de las decisiones de la ciudad.

Tras la celebración, los autores del libro Gamonal. La historia desde abajo nos propusimos entender qué había pasado y cómo había sido posible que esto ocurriera. Descubrimos que la batalla del bulevar era la punta del iceberg de una historia social y política de más de 40 años de luchas y conformación de clase en el barrio. Descubrimos, también, qué papel había jugado el urbanismo y las dinámicas culturales en la construcción de la identidad del barrio. Descubrimos, por último, el potencial de cambio que existe en los barrios, en los lugares que habitualmente no salen en los medios, donde parece que nunca pasa nada.

El libro se ha publicado en enero de este año. Es un proyecto de autoedición, publicado en copyleft y se puede conseguir en la web http://gamonaldesdeabajo.org. El filósofo César Rendueles ha realizado el prólogo, que compartimos a continuación:

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Cuando el Estado se alía con la violencia de género: el caso de Rusia

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El presidente ruso, Vladimir Putin, en una imagen de archivo.

Lo que está sucediendo en estos momentos en Rusia testimonia cómo las conquistas sociales y, en particular, las de las mujeres se cimentan sobre terrenos arenosos que pueden ser socavados de la noche a la mañana. A iniciativa de dos diputadas y de dos senadoras del partido de Vladimir Putin, Rusia Unida, se está tramitando en el Parlamento un cambio legislativo terrorífico: se trata de que la agresión en el ámbito familiar y, en particular a la mujer, sale de la vía penal y sólo será objeto de una multa administrativa de 500 euros y 15 días de trabajos comunitarios. Solo si, en el plazo de un año, el agresor vuelve a maltratar a la mujer podrá procesársele por vía penal y, en este caso, la justicia no actuará de oficio, sino que la propia víctima debe acudir ella misma a los tribunales y reunir todas las pruebas del maltrato recibido.

Con esta reforma se pretende que la justicia no "invada" el ámbito doméstico, según declaraciones de Putin. De manera que, ya de entrada, la óptica que preside la propuesta es la de que la violencia de género es un acto privado, un asunto de la vida personal, que no compete regular y perseguir desde el ámbito político. También, como asunto individual se comprende la vía judicial que pueda emprender la propia víctima una vez haya sido objeto de agresión por segunda vez en el plazo de un año. Todo ello deja inermes a las víctimas frente al agresor y frente a la institución. La desprotección es así absoluta y, sobre todo, la medida es disuasoria para que las mujeres denuncien a sus maltratadores.

Dar vía libre a que una mujer pueda ser agredida siquiera una vez con total impunidad es ya de por sí una manifestación de la aberrante percepción de lo poco que vale una vida femenina. Pero pretender además que, si la víctima no se resigna y denuncia a su agresor una segunda vez, tiene que enfrentarse con sus solas fuerzas a toda la maquinaria judicial no es sino alargar el maltrato por vía institucional. Pretender incluso que esta denuncia sólo entre por la vía penal si se produce por segunda vez en el plazo de un año, permite suponer que el agresor estaría legitimado para ejercer su violencia impunemente una vez cada año por un módico precio.

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Achique de espacios

Pedro Sánchez hablando con Patxi López en el Congreso durante la primera jornada de investidura este miércoles 26 de octubre

El achique de espacios es una estrategia futbolística por la que se persigue acortar al contrario el terreno posible para jugar, mediante una presión asfixiante y una defensa adelantada que especula con el fuera de juego. Todavía un barcelonista como yo recuerda esa final de Atenas del 94, en la que Capello aplastó al Dream Team de Cruyff de la forma más frustrante. Bien ejecutado, el rival acaba por desesperarse en esa maraña de presión agobiante, mientras sus intentos acaban por fenecer en el fuera de juego continuo de una defensa que se adelanta y se repliega con precisión castrense.

Aparte del fútbol hay otros escenarios donde se practica el achique de espacios. Sin ir más lejos, el terreno de juego político en España se ha ido reduciendo progresivamente en los últimos años. El listón de qué está bien o mal cada vez está más bajo, el margen de maniobra ideológico de lo que se define como "correcto" cada vez es más estrecho. Existe un extraño unanimismo en la opinión publicada/retransmitida de las principales cabeceras de opinión tradicionales, mientras que paradójicamente pretenden representar vertientes editoriales diferentes. Es verdad que alguno todavía reserva espacio para la opinión diversa entre sus firmas.

Cuando alguien plantea cierta heterodoxia, cuando el acorde que se interpreta suena extraño, inmediatamente la defensa se adelanta para dejar en fuera de juego al hereje. No es que éste sea un fenómeno nuevo, o que sea un caso exclusivamente español, pero lo que sí llama la atención es lo pequeño que se ha hecho últimamente el terreno de juego. También es cierto que el histrionismo con el que estéticamente interpreta alguna formación sus propuestas, ayuda a que la sociedad acepte con más naturalidad el reproche de lo políticamente correcto. Y ayuda, por cierto, también a enterrar algunas propuestas de fondo que acaban por pasar desapercibidas entre tanto ruido.

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Economía a la deriva

Vivimos en un mundo cada vez más desigual. Lamentablemente, y aunque cada vez se habla más de la desigualdad incluso en entornos menos propicios a ello, la deriva económica global sigue ahondando en mayores diferencias entre una élite privilegiada y el resto de la población. Desde 2015, sólo el 1% posee más riqueza que el resto de planeta. Ya en 2010, eran tan sólo 388 personas las que concentraban riqueza; en 2014 eran 62 y en 2015 ya sólo 8 personas, todos ellos hombres, tienen lo mismo que el 50% más pobre, 3.600 millones de personas.

Pero, ¿cómo hemos llegado a esta situación? ¿Cuáles son las causas de esta galopante desigualdad y profundamente injusta? Sin duda, las claves residen en gran medida en el modelo económico imperante. Asistimos a una fase del capitalismo guiada por un cortoplacismo salvaje: las grandes empresas quieren obtener mayores rentabilidades en plazos más cortos. Y todo ello para distribuir dividendos cada vez mayores, primando la concentración de riqueza de las grandes fortunas e ignorando la posibilidad de utilizar esos beneficios para mejorar las condiciones de productores y trabajadores o invirtiendo en infraestructuras o innovación. En esta lógica de veneración del beneficio a ultranza, se sacrifican los salarios de los trabajadores de nivel bajo o medio, y todo vale para pagar menos impuestos, con niveles rampantes de evasión y elusión fiscal y una utilización vergonzosa de paraísos fiscales.

En España, las cosas no son muy diferentes. Desde que estalló la crisis, es el segundo país de la UE donde más ha crecido la desigualdad, 20 veces más que el promedio de países de nuestro entorno. Sin embargo, la desigualdad en España no es el resultado de la crisis económica. En el último año, España experimentó una de las tasas de crecimiento más altas de Europa; a pesar de ello, este crecimiento está muy lejos de ser inclusivo. Ahora mismo el 10% más rico concentra más riqueza que todo el resto de la población española. Afinando un poco más, llegamos a que únicamente tres personas, las más ricas de nuestro país, tienen lo mismo que el 30% de población con menor riqueza, esto es 14,2 millones de personas, equivalente a la población conjunta de Cataluña y Madrid. Además, en el último año estas tres personas han visto su riqueza crecer ligeramente, un 3%, mientras que la del 30% se redujo en una tercera parte.

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Los acuerdos

Pablo Iglesias e Íñigo Errejón en una imagen de archivo

Si existe alguna certeza en relación al resultado de la próxima Asamblea Ciudadana de Podemos es que nuestro segundo congreso dejará en el seno de la organización una mayoría, más o menos mayoritaria, y varias minorías. Esto será así con independencia de que las candidaturas encabezadas por Pablo Iglesias e Íñigo Errejón decidan no competir porque, tal y como aprendimos en el primer Vistalegre, la pluralidad y las diferencias no desaparecen por el hecho de que los compañeros y compañeras concurran bajo el paraguas de una única lista ni porque exista un candidato de consenso a la secretaría general. El principal reto de Podemos no puede ser superar las diferencias entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, entre otras cosas porque en una organización democrática las diferencias políticas entre compañeros y compañeras son siempre fuente de riqueza y no de problemas. Es opinión de muchas personas en Podemos que todo lo que desplace a un segundo plano los debates sobre cómo llevar a cabo los cambios políticos, económicos, institucionales y culturales que el 15M comenzó a exigir en 2011 y que han seguido reclamando desde entonces millones de personas en España es, como poco, un error que roza la irresponsabilidad. Podemos es la herramienta política más bella y poderosa que las grandes mayorías sociales de nuestro país hemos sido capaces de construir para transformar la enorme crisis económica, social, institucional y cultural que se desató en 2008, en una oportunidad histórica para la fundación de un nuevo país. Es obligación de todas y todos cuidar esa herramienta, porque Podemos es de todas y de todos.

En el próximo Vistalegre tendremos que decidir democráticamente cuál debería ser la agenda que queremos para España y cuáles serán nuestras propuestas para afrontarla. A nuestro juicio, la preparación para el proceso de cambio constitucional que se viene, la transformación del modelo productivo español y la lucha contra el machismo debieran conformar la columna vertebral del debate congresual. Pero existe un nivel cero, un punto anterior que debemos resolver y que condiciona todo lo demás: las reglas democráticas con las que Podemos se va a organizar y con las que trabajará cotidianamente. Los acuerdos del primer Vistalegre construyeron una estructura asombrosamente ágil, capaz de moverse a gran velocidad en escenarios muy complejos. Entonces lo definimos como máquina de guerra electoral. Sin embargo, ese Podemos tuvo una organización laxa, con atribuciones competenciales imprecisas, a menudo centralistas, disfuncionales y confusas, sin reglas claras sobre dónde y de qué manera se tomaban las decisiones y qué ocurría cuando los dirigentes o los órganos las ignoraban. Poner fin a la laxitud organizativa y competencial en Podemos es la tarea inaplazable que debiera presidir todas las negociaciones en curso entre los principales competidores en esta Asamblea. Porque si no se produce un acuerdo sobre la reglas, de nada servirán los procesos electorales o las negociaciones que definan quiénes serán mayoría y quienes minorías dentro de la organización. Es imprescindible que en estos debates precongresuales, el mayor número de compañeros y compañeras nos pongamos de acuerdo sobre qué decisiones corresponden a los círculos, a los consejos ciudadanos, a las ejecutivas y a las secretarías generales. Es imprescindible que nos pongamos de acuerdo sobre cómo y cuándo vamos a decidir el tipo de relación organizativa que queremos tener con nuestros aliados. Que acordemos qué órgano y en qué momento va a decidir el espacio político y jurídico desde el que queremos ganar los gobiernos municipales y autonómicos en 2019. Es imprescindible que decidamos los aspectos que deben ser votados en cada uno de los órganos de Podemos y qué mayorías –simples, absolutas, cualificadas- son necesarias para sacar adelante las principales decisiones a adoptar en cada uno de ellos. Es imprescindible que definamos un sistema electoral común a todos los procesos electorales internos y clarifiquemos cuáles son los órganos y los tiempos en los que pueden ser modificados. Es imprescindible también un consenso sobre la estructura organizativa interna, sobre los objetivos que guiarán la conformación de las nuevas áreas y secretarías de Podemos. Deberíamos ponernos de acuerdo sobre cuál debería ser el uso que los responsables políticos y cargos orgánicos de Podemos hacen de los medios de comunicación y de las redes sociales como Twitter. Es urgente, en definitiva, que acordemos el alcance efectivo de las decisiones orgánicas, cuáles son sus límites y qué hará la organización si una dirigente o un órgano decide ignorarlas o contravenirlas.

Desde el Colectivo Mayo-2011 queremos ayudar a construir acuerdos políticos y organizativos entre todas las personas que formamos esta organización y estamos tratando de hacer todo lo que está en nuestra mano para facilitarlos. Pero si en el correr de los días no fuera posible alcanzar esos grandes acuerdos políticos, promoveremos al menos la formación de acuerdos sobre las reglas del juego, sobre qué órganos y con qué reglas se tomarán las decisiones dentro de la organización después de Vistalegre, sobre qué instancias se ocuparán de qué cosas, sobre qué mayorías harán falta para tomar qué decisiones. Y estamos convencidas y convencidos de que para que Vistalegre sea el éxito que todas y todos queremos es casi necesario que seamos capaces de ponernos de acuerdo en el ‘cómo se hacen las cosas’ antes de que las inscritas y los inscritos decidan quiénes conformarán las próximas mayorías y minorías dentro de la organización. Sólo así, con ese acuerdo previo a Vistalegre, podremos tener la certeza de que, decidamos lo que decidamos con nuestros votos, el Podemos de Marzo 2017 será capaz de transformar, cooperativa y funcionalmente, la diversidad de análisis y propuestas en motores para la multiplicación de las fuerzas para el cambio.

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