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Historia y memoria de la Segunda República

Proclamación de la II República en la Puerta del Sol de Madrid.

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Todos los 14 de abril tenemos que recordar la Segunda República, ya que fue la primera democracia en la historia de España. Es casi un deber de ciudadanía. La República se proclamó en un ambiente festivo y entusiasta por todo el país en la primavera de 1931. Como decía Antonio Machado: “Con las primeras hojas de los chopos y las últimas flores de los almendros, la primavera traía a nuestra República de la mano”. Llegó con un enorme respaldo social, como reflejaron los resultados de las elecciones del 12 de abril, en las que obtuvo un apoyo del 70% al 80% en ciudades como Sevilla, Málaga, Madrid, Valencia y Barcelona.

La dictadura franquista manipuló, distorsionó y falseó la historia de la democracia republicana. Todavía perviven muchos mitos y mentiras sobre este período. Para muchos no hay democracia antes de 1978, demostrando desconocimiento y negando el carácter democrático al sistema político republicano. Imagino que el hecho de que España sea ahora una monarquía tampoco ayuda mucho. Asimismo, siempre se la identificado en exceso con la guerra civil, culpándola de la misma, como si el golpe de Estado no tuviera nada que ver. Y algunos ahí siguen todavía. Por eso las leyes de concordia que están aprobando los gobiernos autonómicos del Partido Popular y Vox en contra de la memoria democrática equiparan de forma aberrante la democracia republicana con la dictadura franquista. La República la trajeron las ciudades y los sectores más avanzados del país, incluidas las derechas liberales, como ha puesto de manifiesto el reciente estudio de Francisco Sánchez Pérez, 'El germinal español. Las elecciones que trajeron la Segunda República' (Akal, 2023). 

Este sistema democrático aprobó una de las Constituciones más avanzadas de la época, con una amplia legislación social, impulsada por el socialista Luis Jiménez de Asúa. En ese texto se aprobó el sufragio femenino por primera vez gracias a Clara Campoamor y a los socialistas, encabezados por el injustamente olvidado Manuel Cordero. El sistema republicano supuso una ampliación de derechos civiles y sociales para todos los ciudadanos y, en especial, para las mujeres que alcanzaron la plena ciudadanía política y social con el reconocimiento del voto y la igualdad jurídica. Con Francisco Largo Caballero, también socialista, al frente del Ministerio de Trabajo, se aprobaron leyes sociolaborales muy relevantes, de la Ley de Contratos de Trabajo al seguro de maternidad, pasando por la jornada laboral de ocho horas en el campo entre otras muchas medidas, como estudió Julio Aróstegui en la magna biografía, 'Largo Caballero: el tesón y la quimera' (Debate, 2013). Las cuestiones educativas y culturales tuvieron un protagonismo desconocido hasta entonces en el país, llevando a cabo una ambiciosa reforma educativa, basada en una pedagogía moderna, y sacando a las sotanas de las aulas.

La coeducación, la eliminación de los castigos físicos, la práctica del ejercicio físico y el fomento del pensamiento crítico frente a los saberes memorísticos fueron algunos de sus principios. Además, en cinco años se abrieron tantas escuelas como las que había creado la monarquía de Alfonso XIII en los veintinueve años anteriores. La política bibliotecaria tuvo un enorme desarrollo gracias al Patronato de Misiones Pedagógicas y a la Junta de Intercambio y Adquisición de libros para bibliotecas públicas. Se repartieron millones de libros y se abrieron miles de bibliotecas por toda la geografía, fomentado la lectura pública con profesionales tan brillantes como María Moliner o Juan Vicéns de la Llave.

El objetivo de la política republicana queda perfectamente recogido en las siguientes declaraciones del que fuera ministro de Instrucción Pública, Marcelino Domingo, al periódico El Mercantil Valenciano en julio de 1935: “Maestros y libros. Es la gran siembra que ha de hacerse sobre la tierra de España. Lo mismo sobre el pedregal que sobre el suelo mollar. Maestros y libros como signo de un nuevo modo de sentir España; de vivir en España; de servir a España; de marchar hacia el futuro. Maestros y libros como blasones del escudo del régimen nuevo. La República, por el libro y por el maestro; por el ejemplo, además, dado desde el Poder, ha de convertir España en una escuela viva y permanente. En una escuela donde el español aprenda que lo que él sea, haga y valga, será, hará y valdrá, en definitiva, la historia de España”.

El régimen republicano apostó por el laicismo, separando el Estado de la Iglesia y afirmando el poder civil en el espacio público. Además, se reconocieron los matrimonios civiles y se aprobó el divorcio por primera vez. Se puso en marcha una reforma agraria para redistribuir la propiedad de la tierra y paliar la desigualdad y el hambre en los campos españoles, que tan bien ha estudiado Ricardo Robledo en 'La tierra es vuestra. La reforma agraria. Un problema no resuelto en España: 1900-1950' (Pasado & Presente, 2022). También se intentó modernizar el Ejército de la mano de Manuel Azaña y se estableció la Generalitat de Cataluña. Los estatutos de autonomía inauguraron una nueva organización territorial descentralizada en el país, aunque el catalán fue el que tuvo más desarrollo.

A pesar de la política de (des)memoria franquista, todavía quedan herencias republicanas como el Festival de Teatro de Mérida, la Universidad Internacional de Santander o la Feria del Libro de Madrid, aunque la gran mayoría de la ciudadanía desconozca su origen. El carácter popular de la feria madrileña que continúa celebrándose en el parque del Retiro reproduce las mismas características de la I Feria, que se abrió paso en el Paseo de Recoletos en abril de 1933 impulsada por el editor Rafael Giménez Siles.

Obviamente, como toda etapa histórica, tuvo sus luces y sombras como ya pusimos de manifiesto otros colegas y yo misma en un libro hace unos años: Eduardo González Calleja, Francisco Cobo Romero, Ana Martínez Rus, Francisco Sánchez Pérez, La Segunda República' (Pasado & Presente, 2015 y 2021). Fue una democracia de los años treinta con problemas y limitaciones, como los tuvo la III República francesa, que acabó colapsando frente a la invasión de Hitler. De hecho, la Segunda República nació en un contexto internacional muy adverso por la crisis económica de 1929 y por el retroceso de las democracias frente a regímenes fascistas y dictatoriales. Fue una etapa fascinante de construcción de un régimen democrático, de aprendizaje de la ciudadanía, al que no dejaron madurar. En resumen, la democracia republicana fue el mayor proyecto reformista y modernizador del país que trató de adecuar el marco legislativo e institucional a los cambios socioeconómicos que habían tenido lugar en España desde 1910. Respondió a la pujante sociedad de masas secularizada, participativa y urbana frente a la vieja sociedad caciquil, clientelar, tradicional y agraria. Por todo esto y mucho más merece ser recordada la Segunda República cada 14 de abril.

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