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El juguete roto de la Cátedra Memoria Histórica del Siglo XX

Sergio Gálvez Biesca

Doctor en Historia Contemporánea y ex–Co-Director del "Plan Integral Memoria Madrid" —

Hasta diciembre de 2015 la Cátedra Complutense Memoria Histórica del siglo XX (CCMHSXX) llegó a acaparar un considerable reconocimiento nacional e internacional dentro de la profesión pero también de puertas para afuera. Ninguno de sus casi 200 integrantes entre historiadores, sociólogos, antropólogos, archiveros… hubiera imaginado que en unas semanas en torno a la Cátedra se iba a construir toda una leyenda negra. La razón: atreverse a asesorar al Gobierno de la Ciudad de Madrid para la elaboración del Plan Integral Memoria Madrid. 

No hubo tregua desde el principio. ¿Cuáles fueron las razones? Probablemente se puede especular en torno a las siguientes hipótesis: primero, el decidido compromiso de llevar hasta el final y con todas sus consecuencias el citado Plan, a partir de las recomendaciones que Naciones Unidas hace desde el Consejo de Derechos Humanos, el Alto Comisionado de Derechos Humanos o sus relatores especiales sobre el derecho a la verdad, el deber de recordar y la lucha contra la impunidad así como en base a lo establecido en la Ley 52/2007. Una segunda razón no se puede escapar: la impecable trayectoria de los integrantes de aquel Equipo Interdisciplinar –con reconocidos expertos en cada una de las materias– habituados a este tipo de “batallas por la memoria” en terrenos tan poco propicios para el cumplimiento de los Derechos Humanos. Y, en tercer lugar, el decidido apoyo a tal Equipo por parte de los movimientos sociales por la memoria.  

Fue el Ayuntamiento de Madrid quien se dirigió a la Cátedra. Y fue también el Ayuntamiento el que planteó la famosa y difundida propuesta del contrato menor de 18.000€. La razón nos pareció obvia: en tanto el Ayuntamiento se había comprometido ante el Pleno a tener en poco más de cuatro meses el citado Plan, no había tiempo para otro tipo de trámites administrativos. Más allá de toda la retahíla de demagogia y populismo que se lanzó contra aquella propuesta, ninguno de los integrantes de aquel Equipo cobró un solo céntimo en el momento preciso en que renunciábamos a mantener la colaboración con el Ayuntamiento. En cualquier caso, nuestro compromiso era y es otro: se colaboraba por convencimiento democrático no por dinero.  

Pronto, demasiado pronto, empezamos a observar como la CCMHSXX se convertía en un simple juguete en manos del Ayuntamiento, la oposición (de izquierda a derecha) y la prensa de derecha, con la colaboración inesperada de El País hasta encabezar dicha campaña. Al respecto, resulta más que ilustrador la diferencia de trato periodístico que recibió la Cátedra y el actual Comisionado de Memoria Histórica de Madrid en sus correspondientes presentaciones públicas. A lo anterior, se sumó al significativo silencio del Rectorado de la UCM quien en aquellas semanas no es que no emitiera un Comunicado mostrando el mínimo apoyo a su directora así como al resto de los miembros del Equipo de Trabajo ante los furibundos ataques lanzados, sino es que no se puso en contacto con los integrantes de la Cátedra hasta prácticamente el final y cuando cualquier tipo de solución se antojaba imposible. 

El primer golpe a la credibilidad del juguete de la CCMHSXX llegó con la elaboración del primer listado de las 30 calles que se presentó en el Pleno Municipal del 22 de diciembre de 2015. Un listado para que el que, en principio, se dio de plazo entre 10 días y/o una semana y que quedó reducido a menos de 72 horas. Cuando ni siquiera se había terminado de constituir el Equipo de Trabajo, se presionó para tener el listado para el citado Pleno. Finalmente se presentó pero también se advirtió por escrito que el Equipo no podía dar por válido tal informe al 100% hasta que se revisara calle por calle con los expedientes depositados en el Archivo de Villa de Madrid. Se solicitaron por activa y por pasiva aquellos expedientes y la contestación fue negativa por falta de tiempo. ¿Se podía aplazar la presentación? La contestación fue que no. Empezamos a estar atrapados en una lógica político-periodística en donde cualquier solución se presentaba complicada. 

Es cierto que aquel listado contuvo un error: el de la Plaza Juan Pujol. Producto de las prisas tan ajenas al trabajo del historiador. Se asumió tal error y se subsanó en menos de 20 minutos en cuanto se detectó. No conozco a un solo historiador que no cometa un solo error en sus investigaciones. Yo el primero. Sobre el resto de los “supuestos” errores atribuidos a la CCMHSXX –desde la calle del Comandante Zorita o la calle Francisco Iglesias– valga decir lo siguiente: las fuentes disponibles hasta entonces –en tanto los expedientes del callejero madrileño custodiados en el Archivo de Villa no estaban disponibles para los investigadores y, por tanto, se había de acudir casi en exclusiva al conocido trabajo de Luis Miguel Aparisi– nos permitían situar a aquellas primeras 30 calles dentro del marco del cumplimiento del artículo 15 de la denominada Ley de Memoria Histórica. 

Este fue el primero de los dos únicos documentos que hizo público la CCMHSXX. El otro fue el Comunicado de Prensa, fechado un 10 de febrero, en el que se renunció a mantener la colaboración con el Ayuntamiento, “dada la incapacidad de la institución para garantizar las condiciones mínimas para el desarrollo de un trabajo profesional y sosegado, como requiere toda investigación científica”. No obstante, mucho antes junto con la construcción de la “Leyenda Negra”, la Cátedra se había convertido en un juguete en manos de políticos y determinados periodistas (con muy escasas excepciones). Nuestro error fue tan sencillo como el siguiente: acordar con el Ayuntamiento de Madrid mantener una “política de silencio a nivel comunicativo”. Nos equivocamos esperando que la tormenta pasara. Nunca pasó. Tuvimos entonces que salir al paso de muchas de las barbaridades que se dijeron aquellas semanas. Barbaridades que comprometieron nuestro prestigio profesional, académico y personal. 

Por ejemplo, a la CCMHSXX se le adjudicaron errores que no sólo fueron no suyos sino que se trataron de evitar. Y citaremos dos casos sin más detalles. El primero, la elaboración, tras la entrega del informe justificativo más el listado de las 30 calles franquistas, de un Power Point, por parte de Ahora Madrid con numerosos errores historiográficos y documentales para ilustrar la presentación de aquel primer listado en el Pleno del mes de diciembre. El segundo, no haber conseguido evitar –a pesar de nuestro consejo de que tales acciones se incluyeran en el Plan que la CCMHSXX debía presentar a finales de abril– la retirada de la placa de los carmelitas entre otros monumentos y símbolos, a principios de febrero. 

El juguete se rompió con la famosa publicación del “listado” atribuido a la Cátedra por parte de El País. Pero no por la publicación en sí misma, sino por las declaraciones de la propia Alcaldesa en donde daba por buena aquella información. De nada valió que a primera hora de aquel 10 de febrero se desmintiera rotundamente por parte de la CCMHSXX la fabricación de tal noticia a los diferentes Gabinetes del Ayuntamiento y de la UCM. Y mientras que dichos gabinetes nos solicitaron mantener silencio, leímos atónitos, horas después, las declaraciones de la Alcaldesa Manuela Carmena. A estas se sumaron otras declaraciones todavía más gruesas e inventivas por parte de otros portavoces municipales achacando a la Cátedra la responsabilidad por la ruptura del aquel acuerdo de colaboración. Una “noticia” que en contra de las numerosas evidencias y desmentidos sigue dando por válida El País esta misma semana. Y no es menor lo expuesto, pues El País ha contribuido, y de qué forma, a mantener uno de los pilares centrales del “modelo español de impunidad” en el enésimo ejemplo de la ausencia del mínimo respecto a la deontología y ética periodística. 

Pero la “guerra sucia” no finalizó ahí. Incluso una vez acabada la relación con el Ayuntamiento de Madrid, el Grupo Municipal del PP no conforme con el escarnio al que se sometió a la Concejal de Cultura, Celia Mayer –quien con sus errores y aciertos siempre apoyó la colaboración con la CCMHSXX– consiguió una copia del Expediente Investigador que personalmente remití al Archivo de Villa, para el acceso a la Agrupación Documental relativa a la concesión de la nomenclatura de calles en la Ciudad de Madrid. Esta información fue utilizada, posteriormente, en una Comisión Municipal de Cultura. Se solicitó que se abriera una investigación para averiguar quien o quienes habían filtrado dicho expediente –un posible delito en base a la LO 15/1999 y RD-L 1/1996–. No se accedió a tal petición. En cualquier caso, ya daba igual el juguete de la CCMHSXX estaba roto pero más que amortizado. 

Nos ofrecieron en aquellos días y semanas todo tipo de entrevistas, artículos… Y no es este el terreno en el que nos movemos los historiadores y demás científicos sociales.  Pero duraba ya demasiado el silencio y en parte la humillación de ver cómo habían tratado a una institución de reconocido prestigio como la CCMHSSX. Un proyecto inédito y único a nivel nacional e internacional que desapareció tras la dimisión de su directora, la profesora Mirta Núñez Díaz-Balart. Y en donde pese a los esfuerzos de sus entidades patronas, la Universidad Complutense de Madrid no hizo ni lo necesario ni lo suficiente para salvar la Cátedra quien había sobrevivido, tras no pocas adversidades, más de 12 años. Esperamos que haya vuelta atrás. 

Queda la amarga sensación de haber perdido una oportunidad histórica. Y esto pese a que el Comisionado de Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid nos has puesto un “sobresaliente alto” al avalar 27 de las 30 calles que presentamos en diciembre –pues nos han revisado nuestro trabajo como si alumnos de licenciatura fuéramos– en su reciente informe. Todo un consuelo académico. Eso sí, ellos han tenido la oportunidad de acceder a los expedientes así como han disfrutado de todo tipo de facilidades que no tuvimos ni nos posibilitaron. Empezando por la más evidente de todas: el mantenimiento de la presunción de inocencia que a la CCMHSXX no se le concedió y probablemente al Comisionado se le acaba de terminar.  

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