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Tener al enemigo dentro

Las que cobramos menos por un mismo trabajo o tenemos que demostrar el doble en según qué empleos para que nos consideren válidas somos las mujeres

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Toni Cantó escribió el sábado un artículo criticando la reacción de Alberto Fabra a la polémica creada en torno a las azafatas utilizadas por un complejo hostelero para promocionar el turismo en Gandía.

¿Es machista que una discoteca ponga a dos mujeres en bañador en mitad de un pasillo de una feria internacional para promocionarse? ¿Es sexista que las suban a tacones de 20 centímetros, que les pongan un escote hasta el ombligo, que las maquillen de forma agresiva? ¿Es sexista que elijan a dos mujeres con el pecho tres veces más grande que la media?

Creía que estas preguntas se contestaban solas. Pero al leer el artículo de Cantó y tuitearlo, tachándolo de machista, recibí una avalancha tuitera (he de decir que todos fueron hombres, una casualidad como cualquier otra) que me recriminaba cosas como estas:

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Esto es una selección de lo mejor, lo cierto es que muchos otros me preguntaron de forma educada por qué el artículo era machista, y es que de verdad querían verlo y no podían.

Bien, pongámonos en antecedentes: Toni Cantó no ha dejado de retratarse nunca como un hombre machista, orgulloso de serlo. Recordemos que hace un año hizo el alegato machista más sonado, ridículo y, por cierto, cruel que se recuerde de un político en una red social, exclamando en su cuenta de Twitter que la mayoría de las denuncias de mujeres por malos tratos eran falsas, mintiendo a la vez sobre las fuentes de esas cifras. Primero dijo que las cifras las había sacado del INE, más tarde nos enteramos de que no, que salieron directamente de la Tonicantó Factory.

Pero ¿fue Goebbels quien dijo "miente, miente, que algo siempre queda"?

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Pues bien, Cantó pertenece a la Comisión de Igualdad del Congreso. Es decir, un señor manifiestamente machista trabaja por la igualdad en un país en el que han muerto 700 mujeres en los últimos 10 años y 600.000 sufren maltrato.

Teniendo esto en mente –porque el contexto es importante para hacer un juicio más justo y menos sesgado sobre algo–, vayamos al artículo de marras.

"EU grita alarmada. A los comunistas les parece un escándalo machista. Se deben haber caído ahora del guindo. ¿Sexo como reclamo para las discotecas? ¡Que espanto!".

No entremos en las faltas ortográficas del artículo ni en la pésima redacción, o no acabamos. Vayamos al quid de la cuestión: este diputado piensa que hay que ser comunista para que el uso de dos mujeres en bañador y tacones como reclamo para algo te resulte machista, que hay que ser comunista para poner el grito en el cielo por prácticas sexistas. Y ni se plantea que debería ser él, en calidad de miembro de la Comisión de Igualdad, el que luchara contra esto mismo. Sin embargo, invierte su tiempo es escribir este artículo, dejando patente una vez más que no sabe reconocer el machismo, es más, lo niega.

Negar el machismo, reírse de quien lo denuncia y ridiculizar la reacción ciudadana contra una campaña como la de Gandía fomenta el machismo. Y fomentar el machismo es fomentar la violencia de género, señor diputado.

Pero el tipo sigue:

"¿Les horrorizará igual los calendarios ilustrados por explotados bomberos desnudos? Seguro que no. Cuestión de género".

Es curioso que los bomberos sean "explotados bomberos desnudos", y las mujeres en bañador y tacones, simplemente, "azafatas".

Es curioso también, trabajando donde trabaja, que ironice sobre si será una cuestión de género, como si no supiera que las muertas son las mujeres, las violadas son las mujeres, las víctimas de exhibicionistas, de acosadores y depredadores sexuales somos las mujeres. Las que cobramos menos por un mismo trabajo somos las mujeres, las que tenemos que demostrar el doble en según qué empleos para que nos consideren válidas somos las mujeres, a las que esta sociedad intenta vender que somos viejas e inservibles a los cincuenta mientras que los hombres se convierten en "maduritos interesantes", las víctimas de agresivas campañas publicitarias somos las mujeres, las enfermas de anorexia somos las mujeres, y las Comisiones de Igualdad se tienen que crear, precisamente, porque hay un sexo que se encuentra siempre en inferioridad: las mujeres... Y así podría seguir hasta que se le cayera la cara de vergüenza, señor Cantó, porque, efectivamente, sí, esto es una cuestión de género. Y lo seguirá siendo por gente como usted, diputado en el Congreso por UPyD y articulista de El Mundo.

Disfrute de su sueldo pagado por esta mujer.

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