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Periodismo a pesar de todo

Enrique Meneses y la Neotribu Digital

Enrique Meneses (a la derecha) charla con Fidel Castro y Raúl Castro durante sus días de reportero en Sierra Maestra

Enrique Meneses (a la derecha), con Fidel y Raúl Castro, en Sierra Maestra.

Enrique NUNCA nos dejó que le llamáramos maestro, seguramente porque él mismo quería seguir aprendiendo. Cuando se nos escapaba el tratamiento durante alguna de las reuniones que organizábamos en torno a 1001 Medios, te cortaba y te respondía: "Si tú me llamas maestro yo te llamaré pequeño saltamontes", como en la legendaria serie de la TV en blanco y negro, Kung Fú. Enrique Meneses era así. Un tipo cuya vida fue una aventura y que en el Periodismo encontró la forma de desempeñarse.

Enrique Meneses lo ha sido todo en el Periodismo. Una vez, en El Cairo, paró un taxi y le dijo simplemente: “Lléveme a la guerra”. Acababa de estallar la Guerra del Canal de Suez (1956) y fue el primer periodista en llegar al frente, como si tal cosa. Seguramente, sin despeinarse. Con el eterno ciagarrillo en la comisura de los labios y con cierta resaca por tener que haber abandonado de golpe y porrazo los cabarets que entonces flanqueaban la carretera hacia las pirámides.

Así se construye el personaje y la leyenda, pero también hay que contar que sus trabajos fotográficos sobre Abu Simbel en Paris Match lograron movilizar a la opinión pública mundial y por ello se logró su traslado. Otro día se largó con un amigo desde El Cairo hasta El Cabo, que se dice pronto, en un viaje que plasmó en un libro que se ha convertido en una clase magistral de reporterismo para muchos periodistas de la actual generación, como recuerda siempre Ander Izagirre o los fotógrafos José Cendón o Manu Brabo, ambos secuestrados durante su trabajo, el primero en Somalia y el segundo en Libia.

Esta es una de las claves que sirven para entender lo que ha supuesto Enrique Meneses. Porque el fotoperiodista de la revolución de Fidel Castro en Sierra Maestra, el autor de las fotos de los años sesenta en Estados Unidos, el aventurero indomable realizó todo su trabajo fuera de España. Y cuando regresó a la vieja piel de toro se dedicó al Periodismo en la televisión y en la revista Los Aventureros, magníficos ejemplos ambos de lo mejor que tiene este viejo oficio.

Pero, al mismo tiempo, mientras nacía La Tribu española de corresponsales y enviados especiales con nueva sangre, tinta y whiski en las venas, Enrique se dedicaba a otros menesteres más allá de la cita con la actualidad. Hasta que llegó a Sarajevo a mitad de la década de los noventa y allí conectó con Gervasio, quien fue, digamos, su redescubridor. Es la segunda clave, cuando el gran Gervasio se pregunta cómo es posible que nadie en España conozca el trabajo de Enrique Meneses. Hoy mismo, el propio Gervasio le ha hecho justicia en su blog.

Tiene que ser, vericuetos del destino, el Congreso Nacional de Perodismo Digital de Huesca de 2008 el que, finalmente, devuelva a Enrique Meneses al lugar que le corresponde. Allí, bajo los Pirineos y con la dirección de Fernando García Mongay presentó sus memorias, ‘Hasta aquí hemos llegado’, a medio millar de periodistas de una nueva generación, una suerte de Neotribu Digital, si se me permite la expresión.

El propio director de este medio en el que hoy escribo para celebrar la memoria de Enrique Meneses y su legado, Ignacio Escolar, me lo comentó en su día: “Somos nosotros, la nueva generación del Periodismo en Internet los que hemos rescatado a Meneses. Yo mismo le ofrecí una columna en el diario Público. Y ahora mira cómo está blogueando y tuiteando y compartiendo con todos nosotros”.

Y tiene razón el director de este medio. La primera generación de periodistas, con permiso de Gervasio Sánchez, Ramón Lobo y compañía, que se han reconocido y reivindicado en la figura de Enrique Meneses es la actual. La que lacerada por el paro y por el estigma de los EREs ha visto en Enrique Meneses el paradigma del luchador, el oxígeno para vivir el Periodismo sin rendirse, combatiendo con la tecla y con la letra, con el bit y con el tuit, con todo lo que haga falta sin temor a equivocarse y con el ánimo prendido. La cabeza, siempre bien alta y la mirada fija en la noticia, en la historia que siempre tiene que ser contada.

Descansa, Enrique. Toda una generación de periodistas está preparada para seguirte. Y esto es ahora más necesario que nunca.

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