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Txato y Txetxu: de matar para ETA a la libertad condicional

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Son los primeros etarras que han conseguido la libertad provisional. Uno mató a dos hombres y otro participó en la muerte de un tercero. Lo hacen tras años de gestos, desde renunciar expresamente a la violencia, abandonar las organizaciones vinculadas a ETA y pedir perdón a las víctimas. Son la punta de lanza de los terroristas en vías de reinserción, los miembros de la llamada 'vía Nanclares', un grupo de presos que cumplen condena en la cárcel alavesa del mismo nombre. La hoja de ruta empezó con el Gobierno de Zapatero y ahora el Ejecutivo de Rajoy da los últimos pasos. Éste fue el camino que siguieron desde que empuñaban armas hasta hoy.

Txato era un tipo duro. Moreno, gesto adusto, abundante pelo negro, rasgos marcados. Cuando entró en la cárcel no existían las televisiones privadas en España. Aquí nunca se habían celebrado unos Juegos Olímpicos, ni una Exposición Universal. Desde luego no había ganado una Eurocopa, ni un Mundial. Pero a él lo que fuera a pasar en España le daba francamente igual. A Txato le detuvieron en 1987 y sólo le importaba lo que sentía como su tierra, que para él no era España. Le detuvieron porque mató a tiros al peluquero Agapito Sánchez en Portugalete y al taxista José Uriarte en Bermeo. La excusa era la droga, pero la verdad era otra. Txato era de ETA. Cuando le cazaron estaba en Francia, escondiéndose de la 'txakurra'.

Ahora Txato es un hombre casi libre. Le quedan seis años de condena, pero no los cumplirá en la cárcel. Es el primer etarra que consigue la libertad condicional. Tenía una pena de decenas de años de cárcel por esos dos asesinatos y varios atentados, pero hizo lo que otros terroristas han empezado a hacer en los últimos años: se arrepintió, pidió perdón, se comprometió a responder ante las víctimas y ha dado muestras de que sus intenciones son sinceras. Txato, que en realidad se llama Fernando de Luis Astarloa, seguramente ya no llame 'perros' a los policías. La cárcel y los años han cambiado muchas cosas.

"Deseo manifestar mi total desvinculación con la organización ETA por entender que la violencia no representa camino alguno para la obtención de objetivos políticos. Deseo igualmente manifestar mi arrepentimiento por el daño causado y pido disculpas a cuantos resultaron afectados por mis actuaciones".

Eso lo escribió Txato en 2007, cuando cumplía condena en la cárcel de El Dueso, en Cantabria. Antes había pasado por una prisión francesa. En total ha estado un cuarto de siglo entre rejas, aunque su pena ascendía a varias décadas gracias a que le aplicaron la Doctrina Parot. ¿Qué ha cambiado? ¿Cuál es el camino que ha hecho aquel Txato que mató a dos personas a sangre fría para acabar siendo el primer etarra al que el Estado concede la condicional?

El proceso es más o menos el mismo para todos los disidentes de ETA. Primero distanciarse de la banda en la cárcel mediante gestos. Segundo, formalizar esa distancia verbalmente. Tercero, formalizarlo por escrito. Cuarto, arrepentimiento, reconocimiento y asunción de lo hecho. Parece poca cosa, pero no lo es. En las cárceles han actuado durante décadas los guardianes de la ortodoxia de ETA a través del colectivo de presos. Por una parte prestan apoyo a las familias, les ayudan con los viajes, les ponen abogados, les dan dinero y buscan trabajo cuando salen, les reciben como héroes... Pero por la otra se encargan de que nadie saque los pies del tiesto. Y hacerlo no sólo supone perder toda la primera parte, también convertirte en un marginado, en un objetivo. Supone salirse del 'frente de makos', algo que es todo lo que algunos etarras han conocido.

Ese camino que va de las armas a la reinserción tiene vigilantes, que supervisan cada caso de forma estrecha y durante años. Desde los funcionarios de prisiones hasta el magistrado de la Audiencia Nacional. Saben que no seguir una protesta convocada por ETA o participar en las actividades de la prisión es algo imperdonable para un 'preso político'. Aceptar beneficios penitenciarios o integrarse en la banda carcelaria es, a su modo de ver, una forma de legitimar la condena. Pero los informes de los funcionarios son claros:

"Se trata de un penado que viene denotando una evolución positiva, que ha roto sus lazos con la banda terrorista en cuyo seno cometió los graves delitos por los que cumple condena y con los grupos u organizaciones del entorno de la misma y que su actitud, conducta y comportamiento están mostrando que esta desvinculación es real".

Ese informe llegó cuando ya estaba en el penal alavés de Nanclares de Oca, donde le trasladaron en enero de 2010. Allí se juntó con otros que, como él, pensaban que la violencia no tenía sentido. Ese año los hechos se precipitaron. Primero renunció a pertenecer al colectivo de presos y en respuesta, apenas mes y medio después, el juez aprobaba la concesión de un permiso penitenciario de tres días.

En mayo firmó con históricos como Urrusolo Sistiaga, Gisasola, Kepa Pikabea, Rafael Caride y Txelis una carta instando a otros presos a caminar hacia "el reconocimiento y la reparación" de las víctimas tras abandonar el colectivo de presos. Semanas después pasó a estar en prisión atenuada.

Finalmente, el 20 de octubre de 2011 se convirtió de forma definitiva en uno de los siete presos de ETA que conseguía un tercer grado penitenciario. Sólo un día después de que ETA anunciara que dejaba la violencia. Aquello levantó polvareda por una noticia aparecida en el diario El Mundo, lo que obligó a interior a lanzar un comunicado aclaratorio:

La Administración Penitenciaria cumple estrictamente la ley que otorga una serie de consecuencias a los penados que reúnen los requisitos, estrictamente reglados, que exige el Código Penal. Es la Autoridad Judicial la que, tras el expediente preceptivo, comprobados los requisitos exigibles y con audiencia de las víctimas si así lo desean, concede o deniega la libertad condicional. La resolución judicial solo puede ser recurrida por el Ministerio Fiscal o por el interno afectado y en ningún caso por la AdministraciónPenitenciaria.

Txato no está sólo en este nuevo camino. Junto a él sale en libertad provisional Txetxu. Él sí llegó a ver las televisiones privadas, y a enterarse en libertad de lo de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Pero, por ejemplo, nunca ha conocido en libertad un Gobierno del PP. Colaboró en el asesinato del guardia civil José San Martín Bretón en febrero de 1992. Le detuvieron y, en 1995, le condenaron a 18 años de cárcel. Txetxu se llama José Manuel Fernández Pérez de Nanclares y también era miembro de ETA.

En los años posteriores a su detención se vio beneficiado por los acercamientos masivos de presos que el Ejecutivo de Aznar puso en marcha y pasó de Zaragoza a Logroño primero y de Logroño a Martutene después. Pero no todo fue suerte para Txetxu. Años después le aplicaron la Doctrina Parot y su condena se vio alargada hasta los 41 años. Txetxu, algo mayor que Txato, empezó su camino más tarde, pero en el mismo lugar, la cárcel de Burgos. Había pasado casi una década entre rejas. Allí dejó de seguir los plantes de sus compañeros y dijo a los funcionarios de prisiones que quería dar el paso y ellos dieron fe. Destacaron en él "factores de adaptación" como "la correcta participación en actividades ocupacionales", "el apoyo familiar", el hecho de que fuera respetuoso "tanto con los compañeros como con la normativa" o su participación en talleres ocupacionales.

Finalmente fue trasladado a Nanclares de Oca, donde plantó cara a su pasado como terrorista con una carta al director del penal. Era el 26 de enero de 2010:

"Que al día de hoy los objetivos políticos que venía defendiendo por medio de la lucha armada, se pueden conseguir por vías políticas, reconociendo el daño causado a las víctimas y comprometiéndome al pago de la parte correspondiente a mi responsabilidad civil, me doy de baja en el colectivo al que pertenezco".

De nuevo los mismos elementos. Renuncia, arrepentimiento, reparación y distanciamiento. La respuesta le llegó dos meses después, el 24 de marzo de 2010, cuando se le concedió el permiso de tres días al que pertenece la imagen de arriba. No se detuvo ahí. Tras aquella experiencia, y tras ir encadenando gestos, el Ministerio del Interior  le concedió el tercer grado, que le permitió "un régimen de salidas diario, en fines de semana y una ampliación de permisos". Apenas tres meses después, y ya bajo Gobierno de Rajoy, se le ha concedido la libertad provisional junto a Txato.

La decisión adoptada por Interior asegura que, a pesar del cambio de Ejecutivo, la hoja de ruta de Zapatero y Rubalcaba en materia antiterrorista ha sido aceptada por sus sustitutos. Esa continuidad abre la puerta a que otros etarras arrepentidos puedan abandonar las cárceles. Txato y Txetxu han sido los primeros, pero ya hay otros candidatos en lista de espera.

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