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Planificar la compra y la cocina de aprovechamiento, claves contra la crisis climática

Planificar la compra y la cocina de aprovechamiento, claves contra la crisis climática
Madrid —

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Madrid, 28 sep (EFE).- Hacer la lista de la compra, cocinar una tortilla con mondas de pepino o rehidratar las zanahorias pochas ayudan a combatir la crisis climática. Son acciones sencillas para evitar que la comida acabe en la basura que se recomiendan a la población en la víspera del Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos.

Solo en España se tiran cada año 7,7 millones de toneladas de alimentos -250 kilos cada segundo- y con ellos todos los recursos invertidos en generarlos como agua, explotación de la tierra, energía o trabajo humano.

Su descomposición en los vertederos produce además emisiones de metano; de ahí que luchar contra el desperdicio alimentario sea clave para combatir la crisis climática, según los datos ofrecidos este martes por Too Good To Go.

Esta compañía, que lucha para evitarlo mediante una aplicación por la que sus 45 millones de usuarios compran a bajo coste los excedentes de productores, establecimientos de alimentación o restaurantes, tiene aliados como los cocineros Joan Roca, del triestrellado El Celler de Can Roca (Girona), o Pepa Muñoz, de El Qüenco de Pepa (Madrid), que ofrecen recetas de aprovechamiento.

El desperdicio de alimentos causa el diez por ciento global de los gases de efecto invernadero, según ha expuesto este martes la responsable de Proyectos de Concienciación de Too Good to Go, Helena Calvo, pero es fácil evitar que seis de cada diez españoles sigan tirando comida a la basura.

Lo ejemplifica en su restaurante Pepa Muñoz, quien además cuenta con una huerta en Ávila con la que abastece El Qüenco de Pepa y la tienda Colmao de Pepa: “Uno de nuestros pilares es, por educación y por valores, que no se puede tirar la comida”, ha defendido hoy.

Colaboradora de la ONG World Central Kitchen, con la que el cocinero asturiano afincado en Estados Unidos José Andrés alimenta a las víctimas de catástrofes en todo el mundo, ha subrayado que la lucha contra el desperdicio alimentario se debe enseñar en las escuelas y aplicar en las casas.

Para ello ofrece consejos como rehidratar verduras que se han puesto pochas en el fondo del cajón de la nevera simplemente metiéndolas en agua y dejándolas en el frigorífico. Espárragos, zanahorias, acelgas, espinacas o lechuga recuperan la turgencia.

Las mondas de verduras sirven no solo para caldos que se pueden congelar, sino que recurriendo a la cocina de aprovechamiento que tanto nutrió en la Guerra Civil y en la posguerra, son la alegría de tortillas como la que le enseñó su abuela María: de cáscara de pepino hervidas durante diez minutos, “que sabe igual que los espárragos trigueros”.

El pan de ayer, tostado, se convierte en la base de una coca con las verduras horneadas que no luzcan su mejor aspecto; un mango muy maduro se puede transformar en un puré que se acompaña con frutos rojos y yogur a punto de caducar y los restos de esas cuñas de queso que nunca se terminaron se pueden rallar y congelar.

Para Pepa Muñoz, es fundamental dedicar tiempo a hacer la lista de la compra en función de las necesidades de cada casa para no acabar llenando el carrito “a lo loco” y, antes de cocinar, “mirar en la despensa y la nevera y echarle imaginación”, dando toques de sabor con esas especias o semillas compradas en un alarde de cocinillas y nunca empleadas.

Organizar los cajones de la nevera, separar verduras y frutas, pelar solo la parte que se vaya a consumir “porque la piel sirve de protección en su almacenamiento en el frigorífico cubierta con papel film”, son también medidas útiles contra el desperdicio alimentario.

También hacer conservas, desde tomate frito a mermeladas, e incluso secar al sol. “No estamos descubriendo nada nuevo. Las matanzas del cerdo servían para alimentar a pueblos todo el año; del cocido salían las croquetas, del pan duro las sopas de ajo o el salmorejo. La cocina tradicional siempre ha dado su sitio al aprovechamiento y es tan digna como cualquier otra”, ha recordado.

En España, los alimentos más desperdiciados son frutas, verduras, pan, lácteos, pasta, arroz, patatas, carne y pescado, y el despilfarro mayor se da en personas entre los 18 y 34 años; evitar que el esfuerzo de la tierra y de quienes la trabajan acabe en un contenedor es una cuestión doblemente ética, tanto por el planeta como porque 870 millones de personas no tienen un acceso seguro a la alimentación.

Pilar Salas

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