La gala al pie de la Giralda, el “colmo” de la “privatización” del espacio público en una Sevilla en la que “todo está en venta”
Hay acciones que implican traspasar una línea roja, una frontera invisible que es como la última gota que llena el vaso de la paciencia. Por su impacto, eso ha ocurrido con el desahucio de Maricarmen en Madrid para ponerle el foco al desgarro de la vivienda en España, y salvando las muchas distancias es lo que –a escala local– se ha vivido en Sevilla para resucitar el debate sobre el uso (y el abuso) del espacio público. El detonante ha sido la famosa cena de gala celebrada a los pies de la Giralda, en la que concurren varias polémicas y que muchas voces han puesto como el símbolo más extremo, “el colmo” del rumbo de una ciudad a la que están obligando a normalizar la ocupación por lo privado de sus calles y plazas.
La imagen de un reservado exclusivo en un espacio público y privilegiado en un entorno declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco ha reavivado el malestar vecinal que se lleva cociendo desde hace años, en un contexto social muy tensionado por la presión de las viviendas turísticas y la invasión de veladores. Un evento VIP para el que el Ayuntamiento cedió –en contra de su propia ordenanza– un enclave tan privilegiado como la plaza Virgen de los Reyes y al que asistieron como invitados el presidente de la Junta, Juanma Moreno, y el alcalde, José Luis Sanz, máximos representantes de dos administraciones gobernadas por el PP que pusieron 36.000 euros brutos (IVA incluido) para financiar los XX Premios Escaparate.
La respuesta ciudadana, al margen de la indignación, ha sido una sentada en la misma plaza en protesta contra la “privatización” de la ciudad y con el objetivo de “recuperar” este enclave. Como telón de fondo, la impotencia ante la evidencia de que el espacio público se ha convertido en un recurso para eventos, negocios y actividades privadas, lo que lleva a preguntarse qué está pasando y qué puede hacerse para ponerle freno.
Todo esto es fruto de la mercantilización del espacio público, la banalización del patrimonio y la falta tanto de cultura como de sentido común
La primera en dar la voz de alarma en redes sociales sobre lo que venía fue Amparo Graciani, catedrática de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de la Edificación de la Universidad de Sevilla y doctora en Historia del Arte. Y aunque lamenta que en relación con el patrimonio ha habido “ejemplos muy flagrantes que no han llegado a explotar”, como Icónica en la Plaza de España o Naturaleza Encendida en el Alcázar, cree que en este caso se ha dado un cóctel que puede marcar “un antes y un después”: malestar ciudadano previo por anuncios como los veladores en la Plaza Nueva, época preelectoral, el simbolismo del enclave, dinero público, un evento elitista…
“La gente está muy cansada”
Y todo, fruto de “la mercantilización del espacio público, la banalización del patrimonio y la falta tanto de cultura como de sentido común”. “Ha faltado sensibilidad”, resume, “han pensado que les valía con un papelito para dar permiso y no se han dado ni cuenta de lo que han hecho”. Y para más inri, a los pocos días el Ayuntamiento acogía un acto sobre turismo de lujo en el que se ponía sobre la mesa que por qué no cerrar la Torre del Oro si un señor quiere cenar allí. “Todo esto demuestra poca inteligencia, no es ya sólo el dinero público, sino la falta de respeto al ciudadano. Y la gente está muy cansada”, advierte.
“Una utilización abusiva de lo que es el patrimonio identitario” define por su parte lo ocurrido Víctor Fernández Salinas, catedrático de Geografía Humana en la Universidad de Sevilla y miembro de Icomos, organización asociada a la Unesco y que le asesora en cuestiones de patrimonio. Es además el símbolo de que Sevilla se está convirtiendo en una “ciudad para el monocultivo turístico, una ciudad escaparate y nunca mejor dicho, una ciudad en la que todo se puede alquilar, todo se puede vender, incluso los elementos más simbólicos, más representativos, el corazón de la ciudad”.
“Nunca se habían atrevido a tanto”
La imagen que se ha ofrecido ha sido “muy triste”. La plaza Virgen de los Reyes es objeto de una “dinámica privatizadora” en Semana Santa con sillas y vallas, “pero ya convertirlo en un restaurante es una vuelta de tuerca insoportable”, una imagen que refuerza la idea de que “en Sevilla todo es posible pagando”. Aunque sea apropiándose de un paisaje público que “no es un espacio de nadie, sino que es fundamentalmente de la gente de la ciudad que ya lo compartimos habitualmente, con mucha generosidad, con una gran cantidad de turistas, con una cantidad de usos ligados al turismo”.
La ordenanza que regula la ocupación de los espacios públicos del conjunto histórico, de 2008, recoge en su artículo 11 que “queda prohibida la ocupación de las plazas Virgen de los Reyes y del Triunfo para el desarrollo de eventos y actividades, aunque incluye el matiz de que se admiten actos que por su ”corta duración, carecer de instalaciones o precisar instalaciones de escasa entidad“ no ocupen el espacio demasiado tiempo. En este supuesto podría encajar la cena de Escaparate, una gala que para la delegada municipal de Turismo y Cultura, Angie Moreno (PP), se ajustó a un procedimiento legal y de hecho partió del propio Ayuntamiento la petición para utilizar la plaza. Vox también ha tratado de quitar importancia a que tres de sus cargos estuvieran en el evento.
"Han ocupado para intereses que no son colectivos el lugar más 'sagrado' de la ciudad, hay que poner pie en pared
Pero no le quita trascendencia a lo ocurrido Javier Escalera, catedrático de Antropología de la Universidad Pablo de Olavide, para quien lo ocurrido al pie de la Giralda es “un paso más en una trayectoria que se inició hace tiempo, no sólo con este gobierno municipal: la puesta a disposición de la ciudad y su patrimonio a los intereses privados y particulares”. Eso sí, en este caso considera que “se han traspasado todos los límites de la prudencia” derivando en un caso “extremo” porque se ha celebrado “en el lugar más simbólico de la ciudad”.
Por eso, ve positivo el revuelo social que se ha formado, porque “uno de los grandes problemas de Sevilla es que al personal parece que le resbala todo”. Pero esta vez “ha sido el colmo, nunca se habían atrevido a tanto”, porque “han ocupado para intereses que no son colectivos el lugar más sagrado de la ciudad”. En este sentido, considera que hay que “poner pie en pared” ante este rumbo.
“Obsesionados con la promoción turística”
Jaime Jover, geógrafo e investigador en el Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC), se adentra en la variable política para apuntar que “es la enésima prueba de que el Ayuntamiento de Sevilla no gestiona pensando en los residentes, sino que está obsesionado con la promoción turística de la ciudad, con atraer a más y más visitantes, como si no existiera un problema de saturación turística”. Y a eso hay que añadirle que, desde un punto de vista técnico-urbanístico, “estamos hablando de una ilegalidad: la ordenanza del propio Ayuntamiento prohíbe este tipo de eventos en la plaza Virgen de los Reyes, donde se realizó esta cena exclusiva”.
Es decir, que “el Ayuntamiento crea la norma pero no se la aplica”. Por ello, apunta a que “si hubiera alguna asociación o partido con ganas de batallar, llevaría este asunto a la Fiscalía de Medio Ambiente y Urbanismo. O si la propia Fiscalía quisiera hacer su trabajo bien, entiendo que podría abrir diligencias de oficio”. De momento, el evento de la revista Escaparate ha acabado en el juzgado de guardia, donde ha presentado una denuncia el partido Iustitia Europa.
“Es ilegal según la normativa municipal precisamente por su simbolismo, porque se entiende que es un espacio libre especialmente sensible” como otros del casco antiguo, apostilla. Esta misma consideración se plasma en el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), lo que a su juicio “tiene sentido si pensamos que, al ser espacios patrimoniales, satisfacen una necesidad pública de índole cultural, en el entorno de monumentos clave de la ciudad, y por eso el Ayuntamiento se dota de un proceso específico para autorizar eventos en estos lugares”. Es el caso de esta plaza, que es el “epicentro de los bienes Patrimonio Mundial de la Unesco que tiene Sevilla”: Catedral, Alcázar y Archivo de Indias“.
“Tendencia de privatización” al alza
Y a propósito del PGOU, Manuel Ángel González Fustegueras, arquitecto, urbanista y padre de este plan de ordenación que se aprobó en 2006, considera que –en teoría y ante un caso de estas características– él “no debería opinar más allá de lo que dice la ordenanza municipal, pero lo cierto es que esto no está bien, ha sido privatizar un espacio público de una manera nada razonable y más para un evento de esta naturaleza”. “Ha sido lamentable, más que excesivo”, apostilla, y lo enmarca en “una tendencia cada vez mayor de privatización del espacio público”.
Han encontrado la forma de burlar la ordenanza, pero esto no es la primera vez que pasa, el riesgo es que la excepción se convierta en norma. Esto es un timo y una estafa a los ciudadanos
Con la famosa cena de gala, la ordenanza admite excepciones que en este caso poco menos que se han retorcido para ajustarlas a lo que interesaba puntualmente, “un timo y una estafa a los ciudadanos” que representa el riesgo añadido de que “esa excepción se convierta en norma”. “Han encontrado la forma de burlar la ordenanza, pero esto no es la primera vez que pasa”.
Víctor Fernández Salinas tercia para coincidir en que “se trata del espacio más complejo desde el punto de vista patrimonial, es el sancta sanctorum del patrimonio sevillano”. Así que “no es un espacio cualquiera”, y precisamente por eso “el espacio público que está entre ellos tiene que participar de ese carácter especial, hay que tener mucho cuidado cuando se mercantilizan los elementos identitarios más importantes de una ciudad”.
“A más no se puede ir ya”
Jaime Jover retoma el hilo para recordar que “Sevilla siempre ha tenido una oferta turística centrada sobre todo en el entorno de Santa Cruz, pero ahora es una ciudad turistificada y ya no sólo Santa Cruz, sino en casi todo su centro histórico”. Es decir, que hablamos “precisamente de los barrios que concentran una mayor identidad urbana” y que ahora están orientados al visitante, “se ve hasta en el idioma que utilizan, ¿quién hace un brunch en esta ciudad?”.
“Podríamos contar con los dedos de una mano las pescaderías que quedan en el centro histórico; para las ferreterías quizás nos harían falta dos, pero dudo que haya más de una decena”. Evidencias, en definitiva, que son “indicadores” claros de que “cada vez viven menos personas en el centro porque las viviendas que ocupaban hoy son hoteles o pisos turísticos”.
Javier Escalera añade por su parte que “lo de los veladores por todos lados es escandaloso, ahora van a estar hasta en la Plaza Nueva, y luego está lo que se quiere hacer en la Plaza de España”, donde el alcalde insiste en su idea de vallarla para cobrarle a los turistas. “¿Qué será lo siguiente, una terraza en la Giralda?”, se pregunta, y es que “lo de la cena no es ni casual ni excepcional, forma parte de una manera de entender la ciudad como negocio y producto al mejor postor” que se traduce en “una utilización absolutamente sin control de lo común”. “Se le está quitando espacio al ciudadano en beneficio de los intereses particulares, hay una gran insensibilidad política a nivel colectivo”, lo que ha llevado a cruzar una línea “que hasta los turistas que pasaran por allí el día de la gala verían cateto”.
El símbolo de la ciudad es la Giralda, esto es atreverse a vender lo mejor, al final las propias instituciones terminan banalizando los elementos más identitarios
“¿Qué necesidad hay de que haya veladores en la Plaza Nueva, en qué beneficia eso a Sevilla?”, cuestiona Manuel Ángel González Fustegueras, al tiempo que pone el acento en que “la hostelería ocupa toda la ciudad”. “El espacio público es lo más democrático que existe”, de ahí que considere “muy grave” su privatización porque es “subvertir” su fin. Y el caso de esta gala lo considera especialmente “raro” porque no sólo se le ha permitido, sino que también se le ha pagado con dinero público: “Es como si a un bar le pagamos por poner veladores, a más no se puede ir ya”.
“Una forma frívola de usar los recursos de la ciudad”
Víctor Fernández Salinas subraya que el acto al pie de la Giralda es “muy grave” y se enmarca dentro del “modelo de desarrollo de nuestra ciudad”, que despoja a los barrios de sus habitantes y que tiene que ver con la expansión de los veladores por todos lados, incluso en enclaves donde no había como en la Plaza Nueva. “Es peligrosísimo, es una forma frívola de usar los recursos más importantes de la ciudad porque desde las instituciones públicas, que deberían ser ejemplares, se nos demuestra a la población que eso no es nuestro”.
“El símbolo de la ciudad es la Giralda, esto es atreverse a vender lo mejor”, continúa. Al final, las propias administraciones “terminan banalizando los elementos más identitarios”, de ahí que entienda perfectamente el revuelo social que se ha formado, “por lo simbólico, por lo que trasciende y por lo que atenta contra los elementos identitarios más importantes de Sevilla”. “Es la sobreexplotación y el abuso del patrimonio”, remacha.
Cumplir las ordenanzas ya existentes
Jaime Jover apunta a otro símbolo, la Plaza de España, un enclave patrimonial que durante un par de meses en verano cierra varias de sus zonas “para el lucro de una empresa privada, no tiene ningún sentido”. Esto lo enmarca en poco menos que una tradición, y es que “no es algo nuevo que el Ayuntamiento no proteja los espacios públicos de la ciudad”, y aquí asoma el recuerdo de 1992, cuando el Cabildo de la Catedral “privatizó el patio de los Naranjos, que había sido siempre un espacio público, y nadie dijo nada”. “En cualquier otro lugar con unas instituciones decentes que defendieran el interés general no se habría permitido o, como mínimo, ya se habría revertido”.
El actual modelo de ciudad es que no hay modelo, aquí se hace lo que manda el mercado, es decir, el que tiene más dinero, y el sevillano que se vaya a vivir a la periferia
“Sevilla es cada vez más insoportable para vivir en ella, es un proceso triste y muy denunciable”, insiste Víctor Fernández Salinas, que lamenta el modelo de ciudad que se está imponiendo, “si a las plazas más importantes se las trata así, al resto se le puede hacer cualquier cosa”. “Diría más bien –añade Jaime Jover– que el modelo es que no hay modelo, aquí se hace lo que manda el mercado, es decir, el que tiene más dinero, y el sevillano que se vaya a vivir a la periferia”.
“El alcalde llegó al poder hace más de tres años diciendo que contendría los pisos turísticos y no ha hecho absolutamente nada”, continúa, y resalta que “ahora dice que va a hacer un plan para repoblar el centro y, por lo que se ha publicado en prensa, es solamente humo”. Ante ello, explica que más que nuevas ordenanzas que regulen estas situaciones, lo que hay que hacer es cumplir con las que ya existen.
¿Y qué futuro aguarda a las ciudades que siguen esta tendencia? “Los urbanistas no hacemos milagros”, apunta Manuel Ángel González Fustegueras, porque en última instancia “el urbanismo depende de un ayuntamiento, de su pleno, de los partidos políticos…”. Eso sí, postula que “el ciudadano es el protagonista de la ciudad”, y que tiene en sus manos la herramienta más poderosa para cambiar las cosas: su voto.
27