A los pies de la Giralda, los vecinos de Sevilla se apropian de la plaza tras la polémica cena privada: “Esto es de todos”
Los turistas se acercaban a los grupos, grababan, preguntaban qué ocurría, mientras los vecinos se sentaban, paseaban y hablaban, de pie, separados o en un círculo en el que se compartían aperitivos, se jugaba a las cartas o hasta traían los juguetes para entretener a los más pequeños. La plaza Virgen de los Reyes fue una estampa viva, colectiva, completamente opuesta a la protagonizada hace una semana cuando se cerró el entorno de la Giralda a causa de la celebración de un evento privado. Esta tarde, los ciudadanos de a pie reivindicaron el espacio público y, entre palmas y lecturas improvisadas, María Isabel Rodríguez lo dice alto: “La calle es de todos y de todas, tenemos derecho a transitar por ella libremente y a sentarnos de manera pacífica”.
La vecina se suma a la organización espontánea que se hizo a través de las redes sociales en respuesta a la gala privada con motivo del aniversario de la revista Escaparate, que levantó ampollas en la opinión pública por el cierre de la plaza del Triunfo y la Virgen de los Reyes en contra de lo estipulado por la ordenanza municipal. Un encuentro al que acudió el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, y el alcalde del Ayuntamiento de Sevilla, José Luis Sanz, desde cuyas instituciones públicas organizaron y promocionaron el espectáculo con 36.000 euros públicos.
Ante la indignación popular, los vecinos llamaron a reunirse, a celebrar la vida un momento, a las siete de la tarde, antes de que la excepción se convierta en norma: “Apenas quedan vecinos y vecinas en las grandes ciudades, los pisos son para empresas tipo Airbnb, alquileres desorbitados, para la especulación, y nos tenemos que ir a la periferia o a los pueblos dormitorios, como es nuestro caso, y esto es imposible”. Frente a ella y sus dos acompañantes están Carmen y sus hermanas, de 9, 10 y 6 años, que están entretenidas encima de una alfombra, aprendiendo con el ejemplo a ser parte activa de las protestas.
“Estoy indignado”
Poco a poco, aumentan las silla de playa y no hay apenas significación política ni banderas en un acto que no responde a ningún partido ni organización social. Tampoco hay presencia policial, menos tras la polémica que arrastró a la concejalía de Turismo y Cultura a dar explicaciones sobre el contrato menor por casi 15.000 euros más IVA que se concedió a la empresa 'Sevilla por la gracia de dios, S.L.', al que luego se sumaría unos 18.000 euros por parte de la Empresa Pública para la Gestión del Turismo de la Junta, que ahora dirige Vox en el Gobierno andaluz, con el fin de que se celebraran la XX edición de los premios. Es decir, un montante que supuso el 20% de los 150.000 euros que finalmente costó la gala, según el promotor y director de la revista Mario Niebla.
Bernardo Santos saca la botella de vino y monta una pequeña mesa junto a sus amigos, que dejan queso y algunos picos. “Estoy indignado”, comparte claramente, tanto a título propio como en representación de la Asociación de vecinos de La Revuelta, del Pumarejo, “ha sido una desfachatez, casi que reírse en nuestra cara, porque además de ocupar el espacio público, estos señores han ocupado el imaginario colectivo haciendo creer que las plazas son de un sector elitista de la ciudad”. Con su camisa vistosa y las bermudas, recuerda que el verano acabó hace apenas unos días y, retoma, “es una vergüenza que se cierre esta plaza para una empresa privada con dinero público”.
Una opinión que no comparte el vicepresidente segundo y líder andaluz de Vox, Manuel Gavira, que en unas declaraciones recogidas por El Correo, mantuvo en la Comisión de Turismo, Justicia, Desregulación y Administración Local que con la aportación desde el su área quería pensar que habían “pagado a los trabajadores de la cena”, defendiendo que se trataba de una publicación que “vende Sevilla” y que la petición de patrocinio “se había hecho en años anteriores”, cuando la consejería que ahora ostenta la dirigía el PP en solitario de Juanma Moreno.
“Por Maricarmen”
Preguntándole a Santos por la organización de esta protesta ciudadana, sonríe abiertamente y añade: “No hay que pedir permiso para merendar en la plaza de nuestra ciudad”. Al igual que tampoco lo hace Cati, que se sienta con su libro, que era el menos que pesaba de su biblioteca, ríe. Esta mañana le llegó la convocatoria por whatsapp y no se lo pensó dos veces, a sus 78 años está aquí, sola, pero rodeada de gente comprometida con la causa. “Mi marido está muy mayor, tiene 88 años, pero siempre ha sido el más guerrero”, asiente, y, lejos de amilanarse, señala “los abusos de PP y Vox, concretamente”: “Celebraron una fiesta privada para la gente de bien de Sevilla”.
¿Qué es la gente de bien? ¿Qué es la élite? ¿Cómo ha impactado esta imagen entre la ciudadanía sevillana, que recorrió las redes como la pólvora? ¿Qué mecanismo alteró para que, en vez de observar sin inmutarse, se reactivaran? Cati, que vive por la zona del parque de María Luisa, siente la Giralda como parte de su historia, tanto como Pepe y Araceli, que viven en un entorno que, desde hace algún tiempo, también pierde los tintes de barrio: la Alfalfa.
“Son unos impresentables”, manifiestan, “y hemos llegado a las siete y nos iremos cuando la gente se vaya”, porque aún queda en la retina la foto de “los señoritos andaluces” que llenaron con mesas estos metros. En sus palabras, también están presentes los desahucios. Unos desahucios que movilizaron ayer a todo el país tras el desalojo de Maricarmen, la pensionista madrileña de 87 años que, tras toda una vida, tuvo que abandonar su piso después de que un fondo buitre comprara la propiedad y se negara a negociar con ella ningún tipo de acuerdo, pese a que le habían subido el alquiler de un año a otro en un más de 200%.
Su nombre está presente entre Irene y Cristina. Las letras violetas de su cartel reivindican su memoria. “Teníamos claro que íbamos a venir, pero con lo que le ha sucedido a Maricarmen, nos decidimos”, comentan, conmovidas por los sucesos de la pasada noche. Enarboladas con sus abanicos, pipas y botellas de agua, sostienen que “nos ha dolido mucho que un espacio público sobre el cual hay una ordenanza municipal que se utilice para eventos y sí haya habido un dinero público para esto”.
Sevillanas de adopción, viven en la periferia y ven cómo “la ciudad se está deteriorando muchísimo”, como ocurre en La Macarena, de donde son vecinas. “El deterioro, la suciedad, la falta de recursos, clama al cielo. En muy poco tiempo se ha visto el deterioro rápido... ¡Que se hubiesen ido a La Barzola a celebrar la gala!”. Hoy permanecerán hasta que los ánimos aguanten, disfrutando de una tarde otoñal con sabor estival, admirándose con el esplendor de la Giralda, disfrutando, como hicieron los invitados de la gala, pero esta vez de forma abierta y en comunión con los vecinos.
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