La importancia de hacer buenos programas electorales

Programas electorales

Dentro de pocos días se celebrarán elecciones al Parlamento Europeo. La cuestión que en España más ha centrado la atención de cara a estos comicios han sido los distintos mecanismos de selección de los candidatos por la disparidad de fórmulas utilizadas: desde las menos participativas (como ha sido el caso del PP y el PSOE) hasta las fórmulas más inclusivas por las que han optado la mayoría de los partidos de reciente creación. En cambio, poca atención se ha prestado a los programas y a los procesos de elaboración de los mismos.

Agenda Pública nos proponía hace unos meses reflexionar sobre los programas de los partidos como instrumento de conexión entre los partidos políticos y los ciudadanos y la experiencia en el estudio de los programas de gobierno en el ámbito de América Latina recogida en el libro de reciente publicación Selección de candidatos y elaboración de programas en los partidos políticos Latinoamericanos (Alcántara y Cabezas Eds.) nos lleva a pensar que esas conclusiones también son ciertas en otros ámbitos geográficos (las reflexiones que aquí se plasman proceden del análisis de los partidos costarricenses).

Sin embargo, los déficits en el grado de cumplimiento de los programas de gobierno y el deterioro de su función explicativa frente a los ciudadanos no impiden su utilidad en la esfera interna del partido. Existen múltiples ámbitos en los cuales un partido político puede obtener rendimientos al poner en marcha el proceso de elaboración del programa electoral, más allá del contenido del producto final, y estos beneficios pueden justificar la gran cantidad de recursos que los partidos invierten en estos procesos.

Los procesos de redacción de programas pueden ser procesos largos que involucran a muchas personas y que analizan una amplia diversidad de temas y en esta fase de pre-efervescencia electoral los partidos pueden prepararse para los retos futuros. En primer lugar, el partido pueden llevar a cabo tareas de reclutamiento. Con la organización de las diferentes áreas temáticas, las personas que en un futuro pueden convertirse en responsables de esos sectores en el gobierno asumen la dirección de esas áreas. En esta situación general, y sobre todo en partidos con posibilidades de acceder al gobierno, hay ocasiones en las que se evalúa a la persona que potencialmente se piensa puede ocupar esa “cartera” en un futuro. En otras, la participación en el procedimiento se convierte en una oportunidad para que nuevas caras puedan mostrarle al líder sus capacidades y pasen a formar parte de las quinielas de algún cargo.

Pero el proceso de elaboración no solo sirve para reclutar miembros para un potencial gobierno sino que además sirve para formar equipos cohesionados y eliminar inconsistencias del mismo. El diálogo y el trabajo prolongado es un ejercicio de prueba previo que puede aprovecharse para afinar un funcionamiento más eficiente si se accede al gobierno. La redacción del programa de gobierno también cumple una labor formativa dentro del partido. Sirve para instruir a los niveles inferiores en el pensamiento y los objetivos del partido. Esto es especialmente útil en los casos de partidos nuevos donde se necesita formar cuadros en todos sus niveles y darle cierta uniformidad. El programa sirve como elemento unificador y permite transformar en equipo lo que antes era una simple suma de individuos.

En tercer lugar los partidos pueden aprovechar ciertas sinergias que se producen en el proceso de elaboración del programa para regenerar estructuras, liderazgos o el vínculo con los electores. Esto es especialmente útil para los partidos que sufren un fuerte desgaste bien como consecuencia de una previa labor de gobierno, bien por otras causas que afecten su imagen como podría ser la corrupción. La elaboración de un nuevo programa de gobierno puede ser aprovechada como una oportunidad para reestructurar el partido y volver a generar un espacio para el diálogo. Un mecanismo para ganar presencia pública y recuperar la confianza tanto de los miembros del partido y como fuera del mismo. Solo si la regeneración del partido es exitosa y logra recuperar el apoyo ciudadano esto se traducirá en votos.

Los procesos de elaboración del programa producen también un efecto demostración: el partido muestra a la ciudadanía que es capaz de diseñar un plan de gobierno y que el partido o el candidato es capaz de desempeñar el cargo al que se presenta. Por el contrario, no tener programa hablaría de un partido sin ideas ni propuestas y la imagen que se trasladaría al electorado sería la de una formación incapaz de asumir las tareas de gobierno.

En algunos casos el programa también puede convertirse en parte del propio programa. Esto es lo que ha sucedido en algunos sistemas de partidos donde han surgido partidos nuevos que han encontrado su nicho electoral en la importancia dada al programa y a su cumplimiento. El primer mandamiento del programa es cumplir el programa de gobierno.

El programa de gobierno también es usado por el partido durante la campaña electoral. El documento final y el procedimiento de elaboración producen insumos suficientes para diseñar la campaña, los temas a tratar, los slogans, la cartelería y los discursos, si bien es cierto que en la mayoría de los casos la versión del programa que pasa a la campaña es muy ligera.

Finalmente, el programa electoral incluso podría servir para gobernar. Los políticos, sin embargo, son escépticos en el grado de cumplimiento del programa por parte de los presidentes en particular y por los partidos en general, y de la función que tiene el programa de gobierno como indicador de las acciones y políticas que implementará el ganador de las elecciones. Al menos esta es la opinión de los diputados de los países latinoamericanos incluidos en el análisis.

Algunas de las ganancias que se han listado pierden efectividad si no existe un líder claro y puede servir de poco si las ideas que se recogen en el programa del partido no son asumidas por el candidato. Es cierto que en los partidos más institucionalizados la dependencia del partido con respecto al líder es menor, mientras que en los partidos con un nivel de institucionalización más bajo se produce una asimilación entre el líder y el partido. Pero aún así, y dado el enorme esfuerzo que los partidos dedican a la elaboración del programa, parece más beneficioso que haya un líder que se comprometa con la defensa de esos proyectos.

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