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Me dan miedo las personas migrantes

Manifestación en Barcelona el Dia Internacional del Migrante

No pasa nada. Es completamente normal. Hasta a usted que se considera a favor de la migración, le ha sucedido que viendo las imágenes de nuestras fronteras le asaltan pensamientos extraños, una mezcla entre compasión (“pobres”) y temor (“¿no son demasiados?”). Pero no se preocupe, no es usted un racista. No es ni siquiera parte de una minoría. De un modo u otro esto en el fondo nos pasa a todo el mundo. Nuestro cerebro de una manera falsamente racional nos envía mensajes de advertencia hacia lo que consciente o inconscientemente consideramos una potencial amenaza.

Esto es así porque nuestro cerebro está preparado para la supervivencia. Cualquier cosa que potencialmente pudiera ponernos en peligro o amenazarnos, ya sea real o imaginada, puede generar una reacción de alerta en nosotros. Es un mecanismo completamente normal del cuerpo humano para estar preparado ante el peligro. En el pasado nos ayudaba mucho. Nos preparaba el cuerpo para salir corriendo si un león venía por nosotros con aviesas intenciones.

Hay 3 peligros muy concretos que, casi desde que somos conscientes, somos capaces de identificar claramente: el más obvio que se ponga en peligro nuestra integridad física: que nos peguen, nos violen o en última instancia hasta nos maten; otro, también muy derivado del primero, ver en peligro nuestro acceso a los recursos que necesitamos para subsistir: comida, agua, techo, salud… (hoy en día el trabajo, que nos da acceso al dinero, que  nos da acceso a todo lo demás); y por último, el que podríamos situar quizás más dentro de un rango de necesidades más aspiracionales y menos físicas, sobre el modo de vida al que estamos acostumbrados: mis costumbres, mis espacios, mis creencias.

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Los rumores no han tenido vacaciones

¿Te has sorprendido este verano con los comentarios de algunas personas en tus redes sociales? ¿Has tenido que dejar de seguir o directamente borrar a familiares, amistades o personajes a los que seguías? ¿Alguna conversación en la playa o en la terracita ha subido aún más la temperatura del ambiente? Si la respuesta es negativa, te felicitamos, nos das cierta envidia. Si has respondido que sí, bienvenida: para nosotros también ha sido un verano movidito.

Los rumores no se han ido este año de vacaciones y en los próximos meses parece que tampoco lo harán. Se han comentado una y otra vez en redes sociales, charlas y conversaciones a la fresca del verano. Y, lejos de la responsabilidad que se le presupone, los rumores han sido avivados o directamente lanzados por actuaciones o declaraciones políticas que han dedicado la temporada estival a lanzar bulos a diestro y siniestro. En muchas ocasiones, también han sido impulsados por el tratamiento informativo de algunos supuestos medios serios de comunicación, que en ocasiones han mostrado una gran falta de rigor y de ética periodística.


No creemos que sea una casualidad. Quienes los han repetido insistentemente han conseguido desdibujar la realidad para moldearla en base a sus intereses. Y la consecuencia no es únicamente el engaño a muchas personas; lo más preocupante es cómo esas falsedades y medias verdades golpean la buena convivencia en sociedad, el respeto y la empatía. Durante las vacaciones veraniegas nos han hecho creer, por ejemplo, que estábamos ante una crisis migratoria a nivel europeo, a pesar de que personas expertas, diferentes estudios y los propios datos lo han desmentido una y otra vez. Lo que también muestra la realidad es que la crisis que realmente hemos tenido es una crisis de humanidad, no humanitaria.

Los bulos sirven como mecanismo de control de determinados grupos y como herramienta de manipulación social. Permiten explicaciones sencillas (y falsas) a situaciones complejas. Dan una respuesta rápida que conecta con nuestras emociones y permite manipular situaciones concretas para convertirlas en verdades absolutas. Consiguiendo dar a la población una -también falsa- seguridad de obtener una respuesta ante algo que desconocemos. ¿Y para qué informarnos bien, analizar los datos, escuchar a expertos y expertas cuando es mucho más sencillo y directo repetir una explicación que nos han fabricado y nos haga sentirnos seguros y, además, poder echar la culpa de todo lo que ocurre a otros?

En Stop Rumores llevamos desde 2014 intentando cambiar esa actitud que es también una tendencia creciente. La estrategia se puso en marcha por parte de Andalucía Acoge con la idea de sistematizar una serie de acciones que ya se estaban llevando a cabo en diferentes iniciativas de sensibilización y formación en la propia entidad. Conocimos la experiencia de la estrategia que nació en Barcelona y vimos que era adaptable a otro modelo de comunicación y otra forma de decir las cosas: ahora se podía trabajar tanto con personas que estaban sensibilizadas como aquellas a quien el campo de las migraciones les pillaba muy lejos. Pero quisimos ir más allá, porque si bien es cierto que Stop Rumores nació en el campo de las migraciones, su desarrollo es totalmente extrapolable a cualquier otro ámbito de la sociedad.

Las iniciativas antirrumores han sido, son y serán necesarias: los rumores son algo casi intrínseco a la condición humana. Y en la época en la que el ser humano tiene mayor facilidad para acceder y difundir información, vemos como los rumores, bulos y desinformaciones están cada vez más presentes en los medios, en nuestros entornos, en nuestro día a día y, siempre, con un fin claro de manipular la opinión de la sociedad. Y no estamos hablando de quienes mantienen una opinión diferente a la nuestra, sino de quienes carecen de una actitud crítica ante las informaciones que recibe. Se puede estar en contra de la presencia de personas migrantes, pero no se puede basar esa opinión en argumentos falsos. Oye, si eres racista, al menos ten la decencia de reconocerlo.

Los rumores permiten desviar el foco mediático de aspectos a los que no se quiere que se preste mucha atención, permiten justificar, en algunos casos, medidas que recortan derechos, sirviendo al perfecto “chivo expiatorio” como justificación de estas. Desgraciadamente estos rumores se han demostrado un excelente vehículo para la transmisión de los discursos de odio y para el auge de posiciones políticas que nos retrotraen a la época más oscura de nuestra historia reciente. Basta echar una ojeada al panorama europeo.

Por eso es importante el papel de los y las agentes antirrumor. Personas que, simple y llanamente, toman la iniciativa para no permitir que los rumores campen a sus anchas en sus entornos. Personas que se informan y se forman. Y para quienes hemos creado un amplio abanico de materiales y herramientas que puedan facilitarles su labor de poner freno a los rumores que hay en la sociedad.

Reconocemos que combatir los rumores es complicado, muy complicado. Decir lo contrario sería mentir. Sabemos que no se consigue con una conversación, una charla, un par de horas de formación... Es un proceso, un trabajo a largo plazo que nos permite poner de nuestra parte para, entre muchas personas, conseguir acabar con ese rumor que crece y crece por redes sociales, grupos de whatsapp o la televisión. Por eso seguiremos insistiendo con la creación de nuevos materiales, el desarrollo de más y mejores análisis, aumentando las formaciones en nuestro ámbito principal -Andalucía, Ceuta y Melilla- pero también más allá gracias a entidades comprometidas. Y reforzando y haciendo crecer la red de Espacios Libres de Rumores que ya supera la veintena y que son un buen comienzo para que los rumores, ahí, no tengan nada que hacer. Ojalá, así, consigamos pronto que los rumores se tomen un respiro, apuesto por una temporada de descanso. Mientras más duren sus vacaciones, mejor para toda la sociedad.

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Cal viva

¿Qué si condenamos que guardias civiles hayan sufrido quemaduras con cal viva en el último intento de entrada por la valla de Ceuta? Por supuesto. Una condena sin peros ni fisuras. Injustificable.

Esta violencia no se corresponde, ni de lejos, con el comportamiento de la inmensa mayoría de las personas que tratan de alcanzar el territorio europeo para salvar la vida o para optar por un futuro digno. Más bien sucede todo lo contrario: son muchas de estas personas migrantes quienes sufren una violencia estructural a lo largo de toda su vida.

Es la violencia de la política internacional, de la represión interna y de la desigualdad la que hace insostenible la vida en su país de origen; además sufren innumerables violaciones a sus derechos en cada frontera que cruzan y en los países de tránsito -en algunos de los cuales son incluso puestas en venta como mercancía y literalmente esclavizadas- y se ven obligadas a jugarse la vida para tratar de ganar algo de dinero que enviar a casa, aun en situaciones de total exclusión social y explotación laboral.

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La incitación al odio: ¿debe seguir siendo delito?

Archivada la investigación a los titiriteros por incitación al odio

El rey de Prusia, Federico Guillermo IV, promulgó el 24 de diciembre de 1841 las Instrucciones para la censura como respuesta a las demandas de libertad de prensa.  Con arreglo a las mismas, por atentar contra los valores religiosos, se prohibieron obras de Kant, Fichte, Spinoza, Feuerbach, Bruno Bauer, entre otros. Tal situación condujo a Karl Marx a publicar en la Gaceta de la Tarde de Mannhein un alegato en defensa de la libertad de expresión: “La ley me autoriza a escribir pero debo hacerlo con un estilo diferente al mío. Soy un humorista pero la ley me ordena a escribir seriamente. El gris es el único color autorizado de la libertad, es el color oficial. La sombra es la única imagen que le corresponde… la censura de la tendencia y la tendencia de la censura son un regalo de las nuevas Instrucciones liberales… La auténtica cura de la censura es su abolición”.

Hoy el legislador español ha rehabilitado la censura, el nuevo censor prohíbe los textos que resultan peligrosos por su crítica corrosiva, apasionamiento, humor negro, ideología (asistimos de hecho a una nueva caza de brujas del anarquismo). En nuestros días, el escritor, el librero, el editor, está sometido a una jurisdicción de sospecha. A las leyes propias del terrorismo que no suelen castigar lo que se hace sino lo que se piensa, coartando la esencia  íntima del sujeto. Pues bien, la incitación al odio prevista en el actual 510 es uno de esos delitos que simbolizan el desprecio por la libertad de expresión, creencia e ideología, que posibilita la prisión de raperos, titiriteros, actores, tuiteros… y hubiera llevado a la hoguera el libro “Incitación al Nixonicidio y alabanza a la Revolución Chilena” y a Pablo Neruda a la cárcel.

No creo que nadie discuta la necesidad de sancionar penalmente la puesta en peligro abstracto de la igualdad (incitación directa a la discriminación) y de la seguridad de los grupos (incitación directa a la violencia), puesto que en ambas situaciones se genera el riesgo de lesión de los bienes jurídicos de determinados colectivos  (vulnerables) y lo que se pretende es preservar el derecho a no ser discriminado o sufrir violencia por móviles discriminatorios en una fase inmediatamente anterior al ejercicio efectivo de la discriminación o la práctica de  la violencia.

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Estrellas en el mar

Suhail es el nombre de una estrella. “Todas nuestras unidades tienen nombres de estrellas”, explica Francisco Modet, jefe de Salvamento Marítimo de Cádiz, que nos recibe a bordo del Salvamar Suhail, una de las embarcaciones que tienen como misión rescatar vidas en el estrecho.

“Todos los días son difíciles, la mar nunca es igual”, explica Francisco Aragón, patrón del barco. Cuando le preguntan qué es lo más duro en las tareas de salvamento responde: “Lo peor es ver que son muchas personas y que la embarcación en la que van no aguanta, que se caen al agua, algunas desaparecen... Lo peor es cuando ves que hay niños, que llevan mucho tiempo en el mar… Te das cuenta de la verdadera miseria de la vida”.

Este intercambio de experiencias se enmarca en las Jornadas de Inmigración y Medios de Comunicación celebradas la semana pasada en Cádiz, organizadas por el Colegio Profesional de Periodistas de Andalucía.

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Espejo de lo que somos

El ministro italiano del Interior Matteo Salvini, en un programa de televisión.

Cuando el nuevo Gobierno presidido por Pedro Sánchez anunció que acogería en el puerto de Valencia el barco que llevaba semanas a la deriva rechazado por las autoridades de Italia y Malta, no tardaron en llegar las críticas, en las redes sociales se multiplicaron los bulos y la extrema derecha más acuciante, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, se creyó con licencia para atacar a quienes obligados por el vendaval arriesgan sus vidas para alcanzar tierra firme.

Periódicos y cabeceras de cada telediario nos siguen hablando de “avalancha y efecto llamada” y es que la terminología, clave para alarmar a la sociedad de acogida, se convierte en la excusa perfecta para que racistas y xenófobos sigan aumentando su odio hacia el diferente.

“Nos quitarán el trabajo dicen, queremos las mismas ayudas para los nacionales reclaman, métanles en sus casas gritan, ensuciarán nuestros barrios se quejan, les darán la nacionalidad española proclaman”…y es que la ignorancia es muy osada y la información demasiado escasa.

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Tres minutos o la Hárraga

Fotografía publicada por la OIM en su perfil de Twitter tras el naufragio de un barco cargado de migrantes en Yemen.

La socióloga argelina Fatma Oussedik habla de Argelia como de “un Estado rico con un pueblo pobre, un lugar doloroso,…. un país no amado por desconocimiento”. 

La  presencia de este país en la escena mediática y en el imaginario colectivo europeo es escasa. Desde España, rara vez se hace referencia a Argelia como a un país  vecino, ni a nivel de pasado histórico compartido y tampoco en la actualidad… hasta hace poco… En los últimos informes de la OIM, donde se precisa el origen de las personas y embarcaciones que intentan cruzar hacía la península ibérica, se menciona con más frecuencia. “Nunca había visto tanta actividad [migratoria] de Argelia a España”, precisa Joel Millman, portavoz de la OIM en una entrevista reciente. 

¿Por qué este aumento? Obviamente, los acuerdos con Turquía y el cierre de la ruta balcánica tienen un impacto directo en la cuestión. Muchos migrantes se han visto forzados a cambiar sus trayectorias. Tal hecho nos puede llevar a interrogarnos sobre factores propios del país y sobre las migraciones argelinas en sí. 

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Protesta, propuesta y apuesta

Los 30 años de muertes en la Frontera Sur y la criminalización de la solidaridad han sido los dos ejes que han marcado el debate de nuestra XXVII Asamblea, celebrada durante este fin de semana en Málaga. Hemos echado la vista atrás para analizar qué ha ocurrido durante todo este tiempo en la realidad social y jurídica de la migración y cuáles son los retos que tenemos por delante para que no se sigan cometiendo los mismos errores.

Tras tres décadas de muertes en la Frontera Sur, un elemento común ha sido la violencia, tanto física como psicológica, ejercida contra las personas migrantes, además del olvido constante de los derechos humanos. En esta Asamblea, Andalucía Acoge ha evidenciado que son muchas personas que están perdiendo su vida en la búsqueda de un futuro mejor y nuestro esfuerzo seguirá centrado en la defensa de la dignidad y los derechos de las personas migrantes, en nuestra continua lucha contra los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs), en la exigencia de vías legales y seguras, en fortalecer nuestro trabajo de convivencia intercultural y acción comunitaria y en romper con la estrategia de criminalización de la solidaridad a la que estamos asistiendo con el endurecimiento de las políticas migratorias. La criminalización de los/as activistas y defensores de los Derechos Humanos se suma a la criminalización de las personas migrantes y se cristaliza en mensajes xenófobos y de odio. Salvar vidas y denunciar las violaciones de los Derechos Humanos es ejercer la solidaridad y no un delito.

Desde que el 1 de noviembre de 1988 se produjese el primer naufragio en la playa de Los Lances de Tarifa la situación ha ido empeorando y las políticas regresivas y de blindaje han demostrado que son erróneas. En lo que llevamos de 2018, se contabilizan al menos 636 muertes en el Mediterráneo, según los datos de la Organización Internacional de las Migraciones. Desde Andalucía Acoge exigimos que la Frontera Sur deje de ser un lugar de vulneración de derechos humanos y se constituya como un espacio donde se favorezcan vías seguras y legales para el imprescindible y necesario tránsito de las personas migrantes. Así se reivindicó en el acto organizado en la Plaza de la Farola de Málaga en el que mediante la palabra y la música se hizo un llamamiento a la acción de una ciudadanía crítica para legitimar propuestas alternativas que no nos lleven a un único discurso posible. Una ciudadanía que luche por la defensa de los derechos humanos y por la construcción de una sociedad inclusiva en la que se favorezca la convivencia y se visibilice el enriquecimiento de la diversidad en nuestra sociedad.

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Diásporas: mucho que aprender

Balsa de Medusa, de Delacroix.

Día (a través de) y spora (semilla) conforman la palabra, de origen griego, diáspora. Literalmente significa “dispersión y diseminación de semillas”. Un hermoso y sugerente significado que se contradice con la realidad e historia de las diásporas.

Históricamente se atribuye la primera diáspora a la conquista del reino de Judá por Nabucodonosor en el año 586 a.E.C. Esta conquista provocó el exilio forzoso del pueblo judío hacía Babilonia. Antes y después de esta fecha han sucedido múltiples y diversas diásporas. En paralelo, se ha producido una evolución de la palabra que define los movimientos (forzados y forzosos) de grupos humanos: desplazamiento, exilio, destierro, éxodo y migraciones son términos que comparten origen y destino con las diásporas.

Vivimos un tiempo (acelerado) que muestra una aparente impotencia humana para gestionar (de forma ética y eficaz) los desplazamientos de grupos humanos que se ven forzados a abandonar su lugar de origen. El diccionario nos vuelve a facilitar la tarea de definirlos: desplazados ambientales, perseguidos, refugiados, asilados, migrantes…, son algunas de las categorías que nos permiten reconocerlos (y discriminarlos). 

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Acabar con la islamofobia: una lucha que nos concierne a todos

En Islamophobia and its consequences on Young People (Council of Europe, European Youth Centre, Budapest, 2004), el Consejo de Europa define islamofobia como «el temor o los prejuicios hacia el islam, los musulmanes y todo lo relacionado con ellos. Tome la forma de manifestaciones cotidianas de racismo y discriminación u otras formas más violentas, la islamofobia constituye una violación de derechos humanos y una amenaza para la cohesión social».

Estos prejuicios hacia el islam y los musulmanes son una forma de violencia cultural que parte del hecho de considerar que “nosotros” somos superiores a “los otros”, en este caso los musulmanes, y que legitima formas de violencia directa y estructural.

Es una forma racismo cultural, que se gesta, según el escritor y filósofo Santiago Alba Rico, como «resultado de una doble operación ideológica» que consiste, primeramente en «constituir un objeto de conocimiento manejable y adverso: el Islam con mayúsculas concebido como una unidad al mismo tiempo negativa e inasimilable que “hablaría” con una sola voz y dictaría a 1.500 millones de seres humanos, repartidos por todo el planeta, una conducta incompatible con “nuestros” valores occidentales»; y en segundo lugar, en incluir en ese falso objeto de conocimiento a «todos aquellos individuos que, de manera un poco arbitraria, se “reconoce” como musulmanes». Esta segunda operación «implica una racialización del otro, cuya diferencia -como en el caso del racismo o del machismo- aparece visible e “incrustada” en el cuerpo, donde no podemos modificarla». Es decir, convertir al otro en un objeto manejable y dominable.

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