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La inmigración en los medios: un relato incompleto

Dibujo hecho por un estudiante en los talleres de Stop Rumores en Málaga en la actividad que 'Dibuja otra inmigración'

La imagen pública de la inmigración y de las personas migrantes es simplificada, tópica y homogénea. Y es así, en gran parte, debido al relato incompleto trabado por los medios de comunicación. Las informaciones muestran sólo la punta del iceberg de un fenómeno de enorme complejidad hecho de distintas historias de hombres, mujeres, niños y niñas en movimiento. Sus voces diversas faltan en las noticias pese a ser sus protagonistas, al tiempo que sobran términos alarmistas y deshumanizadores como “oleada” “asalto”  o “avalancha” que sólo crean desinformación y deforman la realidad.

Entre tantas textos centrados en los rescates de pateras, donde las cifras ocultan los rostros, se echa de menos que se ponga el foco en qué pasa con las personas tras su llegada a nuestras costas, en qué ocurre antes de que decidieran emprender el camino. ¿De dónde son? ¿Por qué viajaron? Los medios de comunicación apenas cuentan el devenir de las personas migrantes con las que compartimos hace tiempo nuestro día a día en barrios y ciudades: la mujer argentina dueña de la tienda de la esquina, el hombre marroquí, padre del compañero de clase de nuestro hijo con el que coincidimos algunas tardes en el parque…No, por el contrario, la inmigración se reduce a balances frente a historias y se presenta mayormente como un problema al que hay que enfrentarse siendo pocas las noticias que abordan aspectos positivos sobre las personas en movimiento.

Estas son algunas de las conclusiones que Málaga Acoge ha extraído de dos estudios realizados en 20172018 sobre el tratamiento informativo de la migración y el refugio en la prensa local, concretamente en los periódicos La Opinión de Málaga y Diario Sur. Con estos análisis hemos querido reflejar qué publican estos medios sobre la inmigración y el refugio en Málaga y cómo lo hacen. También, propiciar la reflexión y el debate con periodistas sobre este tema dada la gran responsabilidad que tienen en la percepción social de la inmigración.

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La realidad de las migraciones y la frontera sur, a debate

Las costas andaluzas han visto en los dos últimos años un incremento significativo de llegada de personas migrantes que se juegan la vida en el Mediterráneo, en su desesperación por encontrar una futuro mejor.

Esta realidad, lejos de ser una sorpresa, era algo que podría haber sido mejor gestionado por las administraciones competentes.

La cifra de llegadas por la frontera sur de España ha alcanzado su récord en 2018 con la llegada de 65.325 personas. Siendo real este dato, no parece tan importante si lo miramos en términos relativos: no llenaríamos ni el Santiago Bernabéu ni el Camp Nou y la cifra palidece si la comparamos con la capacidad de acogida de nuestro país para más de 82 millones de turistas en 2018.

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Derribando barreras de intolerancia

“Hay que salvar a la humanidad de quienes levantan barreras”, así hablaba Charles Aznavour, francés de origen armenio, en uno de sus últimos conciertos en Madrid, en plena ofensiva de Trump contra la libre circulación de personas.

La historia se sigue repitiendo de manera incansable. Desde tiempos inmemoriales, los seres humanos siempre se han movido en busca de una condición de vida mejor para sí mismos y para sus hijos. Es evidente que el fenómeno de la migración es imparable, y que, si en el momento en que el hombre comenzó a moverse, se lo hubieran impedido, hoy en día muchos de nosotros no estaríamos aquí.

Ser una persona migrante supone tener que aprender a vivir con el miedo de ser identificada, de ser detenida, de ver reducidos los derechos y quizás algún día ser expulsada. Cada persona que deja su país para establecerse en otro, quizá vive la experiencia más fuerte de su vida: tener que dejar su tierra, sea cual sea el motivo; tiene casi siempre motivaciones dolorosas tanto para el migrante como para sus seres queridos. Emprenden un camino largo, ligero de equipaje, dejando atrás su vida, intentando alejarse del hambre y de la violencia con la esperanza de poder llegar a un destino desconocido y empezar una nueva vida. La inmensa mayoría de estas personas tienen truncadas injustamente sus posibilidades de desarrollo en sus países de origen y lo peor de todo es que su identidad se ha reducido para siempre.

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30 años de muertes: 30 años de improvisación

El 1 de noviembre se conmemoraba el 30 aniversario del primer fallecimiento de una persona migrante registrado en las costas españolas. Han pasado tres décadas desde que la opinión pública pudo hacerse una idea de la cara trágica de la inmigración. Desde entonces los políticos de turno pudieron comenzar a adoptar medidas para dar buena respuesta al fenómeno migratorio. Es un periodo suficiente para haber pensado en formas de evitar que las personas tengan que arriesgar sus vidas en el mar - como la apertura de vías legales- y así enfrentar la crisis humanitaria que empezaba a vislumbrarse. Ha habido tiempo de crear espacios de acogida dignos para atender a los sobrevivientes de los naufragios en nuestras costas.

La situación ha sobrepasado a las Administraciones y se responsabilizan unas a otras de la mala gestión. Pero lo cierto es que la improvisación ha sido la regla en  la atención a personas migrantes llegadas en pateras cuando la previsión de aumento de llegadas estaba clara simplemente acudiendo a las cifras de años anteriores o comprobando lo que estaba ocurriendo en países vecinos como Grecia e Italia.

La carencia de recursos para la primera acogida de las personas migrantes no es por su número sino porque ha faltado previsión. Es cierto que llegan más, pero también lo es que no ha habido voluntad de crear espacios adecuados para recibirles. Hasta la semana pasada los hombres, mujeres, niños y niñas rescatadas del mar que llegaban al puerto de Málaga han recibido la primera atención en carpas, prácticamente a la intemperie.

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Que gane la convivencia

Manifestación en Barcelona el Dia Internacional del Migrante

Como estaba previsto Andalucía ha empezado el ciclo electoral en España. Un ciclo que acabará con unas elecciones generales que, se adelanten o no, ya marcan todo el proceso que viviremos a partir del 2 de diciembre próximo.

En este escenario que llaman de post crisis muchas cosas han cambiado. Los más de diez años de ruptura del crecimiento han traído una opinión pública menos previsible y con más opciones por las que decantarse en las urnas. Una opinión de personas que en su gran mayoría viven peor que hace diez años y que después de una década de esfuerzo constante por mantener sus proyectos, ilusiones y expectativas vitales acusan la frustración de no ver claro el final del túnel.

Esta crisis tiene sus raíces en un modelo económico que genera desajustes tan increíbles en el reparto de la riqueza como que el número de personas con grandes fortunas haya crecido significativamente durante el mismo periodo de tiempo que alcanzamos un paro histórico en el país.

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La migración también crece en el Sur

La historia de la humanidad es también la de la movilidad de las personas. Desde los primeros homínidos originarios de África que se expanden por el planeta, pasando por los imperios que dominaron territorios ultramarinos hasta la más reciente globalización que ve el planeta como una gran aldea en la que todos estamos interconectados. Gracias a ella nos comunicamos más y mejor, intercambiamos productos y servicios, compartimos producciones culturales y aspiramos a conocer, visitar y -como no– también a vivir en lugares seguros en los que poder acceder a las ventajas que ofrece el desarrollo.

A esa gran fiesta del desarrollo y el consumo no están invitados todos los habitantes del planeta. Los miembros de estos clubes de avanzada se han vuelto cada vez más selectivos y se reservan el derecho de admisión. Mientras tanto, millones miran desde la vereda del frente y no se resignan a seguir excluidos de esa celebración. En todo el mundo la presión migratoria sobre las fronteras va en aumento.La pobreza y la falta de expectativas, la inestabilidad política y los conflictos, las crisis económicas y el desplazamiento por motivos ambientales o desastres naturales han disparado el número de personas dispuestas a moverse. Ya lo han hecho 258 millones (OIM) y un estudio de Gallup indica que en 2017 unos 710 millones de adultos (el 14% de la población adulta mundial) desearían migrar a otro país si tuvieran la oportunidad, 66 millones de ese total tienen planes de hacerlo, pero sólo 23 millones están preparando su partida.

Los deseos de migrar y la intención de controlar o detener esos flujos han dado pie a un negocio muy rentable. Están las mafias que prestan dinero para el viaje, facilitan el paso de fronteras o falsifican documentos. Pero también hay constructoras de muros y alambradas, oferentes de pasaportes biométricos, empleadores beneficiados por trabajadores sin visado (temerosos de ser deportados y, por lo mismo, resignados al abuso y la explotación), arrendadores de espacios inhabitables, agencias de viajes y aerolíneas que se responsabilizan sólo del traslado, empresas que envían remesas y un largo etcétera. La movilidad genera el 9% del PIB mundial y el 15% de los ingresos se destinan a remesas según la OIM.

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Cambiar la mirada

Personas rescatadas por Salvamento Marítimo retenidas en el remolcador María Zambrano ante la falta de espacios donde trasladarles en tierra.

Mirando lo que está pasando estos días, estas semanas, estos meses, estos años, con las llegadas colectivas marítimas de personas migrantes a nuestras costas, se hace necesario repensar y cambiar el sistema de acogida. Tras treinta años de llegadas, ¿estamos ante un desborde, algo que se nos dice como un mantra? ¿No será que tras tantos años de experiencia no hemos sistematizado y capitalizado protocolos que nos permitan reaccionar ante situaciones que se repiten?

No se puede traspasar esa responsabilidad a las trabajadoras y voluntarias de las ONGs que hacen lo que pueden, un quiero y no puedo sin recursos y sin organización. Se ha intentado traspasar la inoperancia del Estado a la reacción de organizaciones sociales, liberándose él de la responsabilidad que tiene en trabajar en un sistema de acogida con un enfoque de derechos humanos. Lo hemos visto durante este verano con las personas que han ido llegando y cuyos derechos se han vulnerado.

Es responsabilidad de nuestro Estado que se cumpla con los Derechos Humanos,  derecho a recibir un trato digno, derecho de las madres y padres de no ser separadas de sus hijas y ser reunificadas cuando se encuentran separadas, derecho a no ser criminalizadas porque no han cometido ningún delito,  derecho a ser rescatadas cuando sus vidas corren peligro… En definitiva, Derecho a la Vida con mayúsculas.

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Me dan miedo las personas migrantes

Manifestación en Barcelona el Dia Internacional del Migrante

No pasa nada. Es completamente normal. Hasta a usted que se considera a favor de la migración, le ha sucedido que viendo las imágenes de nuestras fronteras le asaltan pensamientos extraños, una mezcla entre compasión (“pobres”) y temor (“¿no son demasiados?”). Pero no se preocupe, no es usted un racista. No es ni siquiera parte de una minoría. De un modo u otro esto en el fondo nos pasa a todo el mundo. Nuestro cerebro de una manera falsamente racional nos envía mensajes de advertencia hacia lo que consciente o inconscientemente consideramos una potencial amenaza.

Esto es así porque nuestro cerebro está preparado para la supervivencia. Cualquier cosa que potencialmente pudiera ponernos en peligro o amenazarnos, ya sea real o imaginada, puede generar una reacción de alerta en nosotros. Es un mecanismo completamente normal del cuerpo humano para estar preparado ante el peligro. En el pasado nos ayudaba mucho. Nos preparaba el cuerpo para salir corriendo si un león venía por nosotros con aviesas intenciones.

Hay 3 peligros muy concretos que, casi desde que somos conscientes, somos capaces de identificar claramente: el más obvio que se ponga en peligro nuestra integridad física: que nos peguen, nos violen o en última instancia hasta nos maten; otro, también muy derivado del primero, ver en peligro nuestro acceso a los recursos que necesitamos para subsistir: comida, agua, techo, salud… (hoy en día el trabajo, que nos da acceso al dinero, que  nos da acceso a todo lo demás); y por último, el que podríamos situar quizás más dentro de un rango de necesidades más aspiracionales y menos físicas, sobre el modo de vida al que estamos acostumbrados: mis costumbres, mis espacios, mis creencias.

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Los rumores no han tenido vacaciones

¿Te has sorprendido este verano con los comentarios de algunas personas en tus redes sociales? ¿Has tenido que dejar de seguir o directamente borrar a familiares, amistades o personajes a los que seguías? ¿Alguna conversación en la playa o en la terracita ha subido aún más la temperatura del ambiente? Si la respuesta es negativa, te felicitamos, nos das cierta envidia. Si has respondido que sí, bienvenida: para nosotros también ha sido un verano movidito.

Los rumores no se han ido este año de vacaciones y en los próximos meses parece que tampoco lo harán. Se han comentado una y otra vez en redes sociales, charlas y conversaciones a la fresca del verano. Y, lejos de la responsabilidad que se le presupone, los rumores han sido avivados o directamente lanzados por actuaciones o declaraciones políticas que han dedicado la temporada estival a lanzar bulos a diestro y siniestro. En muchas ocasiones, también han sido impulsados por el tratamiento informativo de algunos supuestos medios serios de comunicación, que en ocasiones han mostrado una gran falta de rigor y de ética periodística.


No creemos que sea una casualidad. Quienes los han repetido insistentemente han conseguido desdibujar la realidad para moldearla en base a sus intereses. Y la consecuencia no es únicamente el engaño a muchas personas; lo más preocupante es cómo esas falsedades y medias verdades golpean la buena convivencia en sociedad, el respeto y la empatía. Durante las vacaciones veraniegas nos han hecho creer, por ejemplo, que estábamos ante una crisis migratoria a nivel europeo, a pesar de que personas expertas, diferentes estudios y los propios datos lo han desmentido una y otra vez. Lo que también muestra la realidad es que la crisis que realmente hemos tenido es una crisis de humanidad, no humanitaria.

Los bulos sirven como mecanismo de control de determinados grupos y como herramienta de manipulación social. Permiten explicaciones sencillas (y falsas) a situaciones complejas. Dan una respuesta rápida que conecta con nuestras emociones y permite manipular situaciones concretas para convertirlas en verdades absolutas. Consiguiendo dar a la población una -también falsa- seguridad de obtener una respuesta ante algo que desconocemos. ¿Y para qué informarnos bien, analizar los datos, escuchar a expertos y expertas cuando es mucho más sencillo y directo repetir una explicación que nos han fabricado y nos haga sentirnos seguros y, además, poder echar la culpa de todo lo que ocurre a otros?

En Stop Rumores llevamos desde 2014 intentando cambiar esa actitud que es también una tendencia creciente. La estrategia se puso en marcha por parte de Andalucía Acoge con la idea de sistematizar una serie de acciones que ya se estaban llevando a cabo en diferentes iniciativas de sensibilización y formación en la propia entidad. Conocimos la experiencia de la estrategia que nació en Barcelona y vimos que era adaptable a otro modelo de comunicación y otra forma de decir las cosas: ahora se podía trabajar tanto con personas que estaban sensibilizadas como aquellas a quien el campo de las migraciones les pillaba muy lejos. Pero quisimos ir más allá, porque si bien es cierto que Stop Rumores nació en el campo de las migraciones, su desarrollo es totalmente extrapolable a cualquier otro ámbito de la sociedad.

Las iniciativas antirrumores han sido, son y serán necesarias: los rumores son algo casi intrínseco a la condición humana. Y en la época en la que el ser humano tiene mayor facilidad para acceder y difundir información, vemos como los rumores, bulos y desinformaciones están cada vez más presentes en los medios, en nuestros entornos, en nuestro día a día y, siempre, con un fin claro de manipular la opinión de la sociedad. Y no estamos hablando de quienes mantienen una opinión diferente a la nuestra, sino de quienes carecen de una actitud crítica ante las informaciones que recibe. Se puede estar en contra de la presencia de personas migrantes, pero no se puede basar esa opinión en argumentos falsos. Oye, si eres racista, al menos ten la decencia de reconocerlo.

Los rumores permiten desviar el foco mediático de aspectos a los que no se quiere que se preste mucha atención, permiten justificar, en algunos casos, medidas que recortan derechos, sirviendo al perfecto “chivo expiatorio” como justificación de estas. Desgraciadamente estos rumores se han demostrado un excelente vehículo para la transmisión de los discursos de odio y para el auge de posiciones políticas que nos retrotraen a la época más oscura de nuestra historia reciente. Basta echar una ojeada al panorama europeo.

Por eso es importante el papel de los y las agentes antirrumor. Personas que, simple y llanamente, toman la iniciativa para no permitir que los rumores campen a sus anchas en sus entornos. Personas que se informan y se forman. Y para quienes hemos creado un amplio abanico de materiales y herramientas que puedan facilitarles su labor de poner freno a los rumores que hay en la sociedad.

Reconocemos que combatir los rumores es complicado, muy complicado. Decir lo contrario sería mentir. Sabemos que no se consigue con una conversación, una charla, un par de horas de formación... Es un proceso, un trabajo a largo plazo que nos permite poner de nuestra parte para, entre muchas personas, conseguir acabar con ese rumor que crece y crece por redes sociales, grupos de whatsapp o la televisión. Por eso seguiremos insistiendo con la creación de nuevos materiales, el desarrollo de más y mejores análisis, aumentando las formaciones en nuestro ámbito principal -Andalucía, Ceuta y Melilla- pero también más allá gracias a entidades comprometidas. Y reforzando y haciendo crecer la red de Espacios Libres de Rumores que ya supera la veintena y que son un buen comienzo para que los rumores, ahí, no tengan nada que hacer. Ojalá, así, consigamos pronto que los rumores se tomen un respiro, apuesto por una temporada de descanso. Mientras más duren sus vacaciones, mejor para toda la sociedad.

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Cal viva

¿Qué si condenamos que guardias civiles hayan sufrido quemaduras con cal viva en el último intento de entrada por la valla de Ceuta? Por supuesto. Una condena sin peros ni fisuras. Injustificable.

Esta violencia no se corresponde, ni de lejos, con el comportamiento de la inmensa mayoría de las personas que tratan de alcanzar el territorio europeo para salvar la vida o para optar por un futuro digno. Más bien sucede todo lo contrario: son muchas de estas personas migrantes quienes sufren una violencia estructural a lo largo de toda su vida.

Es la violencia de la política internacional, de la represión interna y de la desigualdad la que hace insostenible la vida en su país de origen; además sufren innumerables violaciones a sus derechos en cada frontera que cruzan y en los países de tránsito -en algunos de los cuales son incluso puestas en venta como mercancía y literalmente esclavizadas- y se ven obligadas a jugarse la vida para tratar de ganar algo de dinero que enviar a casa, aun en situaciones de total exclusión social y explotación laboral.

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