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Nacionalidad más allá de las normas

A grandes rasgos, se es español por nacer de progenitores españoles; o porque hemos nacido aquí, y al menos uno de esos progenitores también nació en España; o porque nacemos en este país, de inicio sin nacionalidad, y como la apatridia no puede existir, España concede la suya. Una persona también puede adquirir la nacionalidad española si su padre o madre la obtienen previamente, y ella aún es menor de edad. Además, alguien que lleve aquí cierto tiempo, con residencia legal y continuada, puede adquirir la nacionalidad española, y ser español. Se dan ciertas “ventajas” respecto al tiempo de residencia necesario a las personas de determinados países u orígenes, como las de países iberoamericanos o las sefardíes; hijas o nietas de españoles/as; las que han nacido en territorio español, o personas casadas con españoles/as.

Además, España es un país que incluye diferentes nacionalidades y diversidad lingüística en su seno, tal y como lo reconoce la Constitución en sus artículos 2 y 3. A modo de ejemplo, podemos citar los Estatutos de Autonomía andaluz, valenciano, canario, balear, catalán, aragonés, vasco y gallego, que reconocen a estas comunidades como nacionalidades dentro de España. Estos estatutos han sido aprobados tanto por sus respectivas regiones como por el Estado español.

También, en el ámbito de las creencias religiosas, y siendo España un estado aconfesional (respeta todas las confesiones religiosas), como dice el artículo 16 de la Constitución, tiene firmados convenios con las principales religiones que se profesan: la católica, la evangélica, la musulmana y la judía.

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El día a día de PROEM-AID

Proemaid Lesbos 2016

Nuestro día a día transcurre entre sirenas atendiendo a las emergencias que ocurren a lo largo y ancho de nuestro país. Nuestros camiones rojos precedidos del sonido de las sirenas y el relampaguear de las luces prioritarias son nuestras señas de identidad. La gente reconoce y valora el trabajo de los bomberos y nos sentimos realizados y orgullosos de hacer nuestro trabajo. El día 2 de septiembre de 2015 los medios de comunicación mostraron una imagen que dio la vuelta al mundo. La imagen de un pequeño de tres años que apareció ahogado en una playa turca. La fotografía impactaba por su crudeza, el niño con camiseta roja y pantalones cortos, boca abajo, conservaba aún sus dos zapatos. La cara sobre la arena, vuelta en dirección al mar y las olas sobre su cabeza. Sin chaleco salvavidas. Se llamaba Alan Kurdi. El pequeño de tres años murió ahogado cuando intentaba alcanzar las costas de la isla griega de Kos con su familia huyendo de la guerra en su país. Junto a Alan, murieron su hermano y su madre también. El mar devolvió su cuerpo para despertar a mucha gente, para remover conciencias adormecidas y para poner encima de la mesa el gran problema de lo que se llamaría crisis de los refugiados. Como respuesta a esta situación de emergencia humanitaria nace PROEM-AID (Professional Emergency Aid), un asociación española sin ánimo de lucro formada por profesionales en activo de las emergencias como bomberos, sanitarios, etc. que prestamos nuestra ayuda profesional de manera voluntaria y altruista. Utilizamos nuestros días de vacaciones o realizamos cambios de guardia para tener los días necesarios que dura cada misión.

Nuestros equipos se trasladaron a finales del año 2015 a la isla griega de Lesbos y allí en coordinación con los guarda costas y el resto de ONG en la zona participamos en el rescate de cientos de personas todos los días. Hombres, mujeres y niños de todas las edades, ancianos personas con discapacidad venían hacinados en aquellas precarias embarcaciones. A mediados de enero de 2016, Manuel, Quique y Julio, tres de los bomberos que componían el equipo que trabajaba en la isla fueron detenidos cuando acudían junto a una ONG danesa a una llamada de rescate. Puestos en libertad, fueron acusados de tráfico de personas en grado de tentativa. En 2018, se celebró el juicio y salieron absueltos y libres de todo cargo. Fueron años muy duros para ellos y sus familias. Hay que decir que desde la detención los equipos de PROEM-AID siguieron trabajando en la isla sin ningún tipo de incidente hasta el verano de 2017 en el que se cerró el proyecto de rescate en Lesbos. Conviene recordar que desde el acuerdo UE-Turquía el flujo de llegadas a las islas se redujo.

En verano de 2016, en una vista al centro de acogida de Pikpa gestionado por la ONG griega Lesvos-Solidarity, uno lo de los voluntarios de Proem-aid descubrió con asombro unos dibujos que estaban colgados en las paredes. En ellos los niños representaban su experiencia con el mar. Lo dibujaban oscuro, con náufragos y en algunas ocasiones con cuerpos flotando. La filosofía del proyecto agua es la de la reconciliación de los niños y niñas con el mar. Todos los veranos desde 2016 hasta ahora el proyecto agua se viene desarrollando en las playas de Lesbos. Al principio, las clases iban dirigidas a los niños y niñas de Pikpa, pero después estas se fueron ampliando debido a la excelente acogida que tuvieron. Mujeres solas o con sus hijos, adolescentes, adultos con discapacidad y personas pertenecientes al colectivo LGTBI+ se han ido sumando al proyecto agua. Empezamos con 16 niños en 2016 y ahora, en 2019, atendimos a 256.

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La identidad sexual también es motivo de asilo

Imagen de archivo de una protesta en Kenia por la ley contra la comunidad LGTB de Uganda.

Cuando pensamos en las personas refugiadas se nos pasan por la cabeza millones de imágenes: cuerpos que saltan vallas, mujeres que agarran fuerte a sus bebés para no perderlos, niñas y niños descalzos en las calles destrozadas por las bombas, miles de tiendas de campaña habitadas por personas desplazadas, etc.

Pero no todas estas personas se han visto obligadas a dejar sus vidas por culpa de las guerras o de los desastres medioambientales, sino que hay muchas que tienen que huir de sus familias y del contexto social y político en el que viven para salvaguardar sus vidas, por otros motivos. Estamos hablando de las personas LGTBI+ que han sido objeto de torturas, segregación, malos tratos, discriminación y violaciones tanto dentro del ámbito privado como en el público por su condición sexual.

La Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA) en su informe denuncia que unos 70 países miembros de la ONU continúan criminalizando las actividades consensuales entre personas del mismo sexo y que en 6 de ellos (Irán, Arabia Saudita, Yemen o Sudán) se impone la pena de muerte por actos sexuales consentidos entre personas del mismo sexo. Además, en otros 7 países existen todavía leyes que limitan totalmente la libre expresión sexual como es el caso de Rusia o de Estados Unidos, donde la legislación es muy distinta dependiendo del Estado.

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Adolescentes como todos: un futuro por delante

La adolescencia se caracteriza por ser una etapa vital de cambios físicos, psíquicos y sociales en la que la persona está en búsqueda de una identidad, se empieza a cuestionar la realidad que la rodea, proyecta sus sueños hacia la adultez y en la que emerge la esperanza de un futuro prometedor.  Puesto que todos hemos vivido este proceso en primera persona –y algunos incluso lo recodamos con cariño-, nos suele resultar fácil comprender este momento de transición hacia la adultez: de alguna manera, la naturaleza nos predispone a sentir empatía hacia este grupo de edad.
Sin embargo, hay un grupo de chavales adolescentes a los que se les niega esta relación de empatía:  los chicos conocidos comúnmente como MENAs (Menores Extranjeros No Acompañados). La distancia afectiva hacia ellos puede explicarse, por un lado, por el gran desconocimiento que existe de su realidad  y, por otro, por el relato social que estigmatiza a la población migrante y, muy especialmente, a la comunidad musulmana. De hecho, esta falta de empatía -que se convierte fácilmente en puro racismo- se alimenta constantemente a través de bulos y rumores que los criminalizan, asociándolos a la delincuencia y a la violencia.

Por suerte, la mayoría de la sociedad andaluza es consciente de que estos menores se encuentran en la misma etapa vital que los adolescentes autóctonos; que tienen los mismos sueños, ambiciones o inseguridades que los jóvenes españoles y que sueñan con una vida adulta próspera en la que puedan conseguir un trabajo, ser autónomos y sentirse libres. La diferencia fundamental tiene que ver, en la mayoría de los casos, con su trayectoria vital, ya que ellos y ellas experimentan, ya a muy temprana edad, circunstancias que los marcarán por siempre: haberse jugado la vida en una patera o en los bajos de un camión, llegar a un lugar en el que apenas pueden hacerse entender, convivir con un gran número de chicos (en algunos casos tienen incluso que convivir en un mismo espacio con 100 chicos más), sentir el estrés de la incertidumbre sobre su futuro inmediato, y, al mismo tiempo, sufrir por las carencias afectivas al verse solos, anhelando el cariño de unos padres y hermanos que no saben cuándo volverán a ver y a los que, además, en muchas ocasiones sienten la obligación moral de ayudar económicamente. Y como guinda, cuando se acerca su 18º cumpleaños normalmente reciben como único regalo el quedarse en la calle y sin recursos.

Pese al alto costo personal que suponía, decidieron –de forma más o menos meditada- arriesgar sus vidas y aventurarse a probar suerte en un país más próspero, movidos por una rebeldía adaptativa que los empujó a cuestionar el futuro al que parecían condenados en su lugar de origen, marcado por una pobreza que se recrudece, pocas perspectivas laborales, falta de servicios y un largo etcétera. Una cruda realidad a la que, aunque a algunos se les olvide, contribuimos a través de empresas que contratan por una miseria en los países emisores de inmigración o a través de grandes pesqueros que están acabando con las reservas de pesca  frente a las costas africanas.

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La 'Tercera Huelva': los asentamientos olvidados en la pobreza y la exclusión

La existencia de los asentamientos chabolistas en la provincia de Huelva se ha seguido perpetuando con el paso de los años hasta convertirse en una endemia crónica para la que las administraciones públicas no han sido capaces de aportar soluciones duraderas y efectivas. Los asentamientos se han terminado convirtiendo en parte de la identidad de Huelva. Lugares en los que cientos de personas sobreviven cada año. Y decimos sobrevivir, con todo el sentido de la palabra, pues nadie que conozca de primera mano la realidad de los mismos se aventuraría a calificar la subsistencia entre plásticos, palés y basura con la palabra “vida”. No al menos como una vida digna, y sin dignidad, uno de los Derechos Humanos más fundamentales, no podemos en ningún caso hablar de vida.

Cualquier cosa que pueda escribirse sobre las condiciones en las que habitan las personas asentadas quedaría alejada de la realidad, pues palabras como inseguridad, insalubridad, exclusión económica y social (y un largo etcétera) no podrían reflejar los sentimientos que se despiertan en el interior de uno mismo al entrar en contacto con esta realidad.

En uno de mis primeros contactos con una persona asentada durante mis prácticas como trabajador social, él sacó de una mochila un plastiquito mugriento para recibir orientación jurídica de la abogada de la entidad. Contenía numerosos papeles, muchos de ellos desgastados y hechos jirones, que manipulaba con excesivo mimo y cuidado. Allí se encontraba toda su documentación, y las ansiadas “pruebas” que iba recopilando durante años para poder solicitar algún día el arraigo social (se exige documentación acreditativa de la permanencia continuada en España durante un periodo mínimo de tres años). Yo aún no sabía muy bien que podían significar esos papeles, pero se desprendía la gran importancia que tenía para él ese plastiquito lleno de papeles desvencijados. Era su mayor tesoro, su oportunidad. Su esperanza. Poco después, leía en el diario acerca de un incendio en el asentamiento (son frecuentes, debido a la precariedad de las infraestructuras), dónde se decía que decenas de personas habían perdido su documentación. Y consternado, no podía dejar de pensar en aquel hombre, y aquel plastiquito. Es muy frágil el lugar donde se guardan los sueños.

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Hacer frente al miedo infundado

Hacer frente al miedo infundado.

El próximo 20 de junio se conmemora el Día Mundial de las Personas Refugiadas, dándonos la oportunidad a quienes trabajamos en este ámbito, de acercar este tema a la población, y de que los medios de comunicación se hagan eco de los problemas existentes para que se conozca mejor la realidad de estas personas y se exija a los gobiernos que tomen medidas.

Además, es fundamental que aprovechemos este día para romper posibles prejuicios y estereotipos basados en el desconocimiento y la desinformación y que sólo generan miedo infundado. Este miedo provoca que a estas personas se les ataque, se les criminalice y sigan aumentando los mensajes xenófobos y discursos de odio. Al escuchar la palabra refugiado, a muchas personas se les viene a la cabeza la imagen de la guerra de Siria y, según la edad, la de aquellos españoles que abandonaron España huyendo de una Guerra Civil o por motivos políticos. Pero este concepto es mucho más amplio de lo que abarca el imaginario colectivo ya que hace referencia a personas que pertenecen a minorías perseguidas en un determinado país como el colectivo LGTBI+, personas albinas, minorías étnicas e incluso, refugiados climáticos. En este último caso la Unión Europea publicó un informe en 2018 que cifraba en 258 millones de personas forzadas a migrar por razones medioambientales. 

Teniendo esto en cuenta, merece la pena preguntarse si la ciudadanía sabe quiénes son las personas refugiadas, si se usa adecuadamente el término o, por el contrario se tiende a generar confusión y a diluir sus especiales circunstancias.

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Un cambio de enfoque en nuestros municipios

Con los resultados de las elecciones municipales del pasado domingo es más necesario que nunca promover y abrir un debate sobre un nuevo modelo de sociedad, partiendo de los principios de igualdad de derechos y deberes, diversidad e inclusión, como pilares de la construcción de la sociedad española del siglo XXI.

Los ayuntamientos tienen por delante todo un reto cuyo punto de partida es que la residencia debe ser la base de la ciudadanía, abandonando políticas que sólo ponen el foco en la inmigración como fenómeno puntual, sin entender que se trata de una característica propia de nuestra sociedad vinculada a la imagen actual de nuestros barrios, pueblos y ciudades. Este cambio de enfoque permitiría a nuestros municipios aprovechar el potencial de toda su población para el desarrollo de los territorios.

La inmigración es un rasgo de nuestra sociedad, independientemente de la valoración individual que se haga de la misma. La única gestión municipal sostenible es la que lleve a la inclusión ciudadana de toda la población, ya que la alternativa es la generación de la exclusión social y con ella la devaluación de las condiciones de vida para el conjunto de los vecinos y vecinas del territorio.

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Ocho recomendaciones para sobrevivir a la desinformación en campañas electorales

Aún a riesgo de que el spoiler te haga dejar de leer, me gustaría compartirte una de las conclusiones finales de este artículo, “tus acciones te sitúan como parte de la solución o del problema”, eres una pieza clave en la difusión o la lucha contra las mentiras, así que te toca decidir.

Algunas personas que hemos decidido pasar a la acción y que pertenecemos a estrategias antirrumores de toda España, nos reunimos el pasado mes de enero en Madrid. En ese encuentro se crearon una serie de recomendaciones básicas para los partidos políticos y para la ciudadanía, que buscaban mejorar la forma de hacer frente a los rumores y las desinformaciones que están minando la convivencia en nuestro país.

De ese trabajo inicial nacen los dos decálogos de los que consta la campaña #cuidaesaboquita. El primero, que es el que da nombre a la campaña, va dirigido a los grupos políticos apelando a su responsabilidad a la hora de trasladar sus mensajes en los diferentes procesos electorales que se van a vivir en España.

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La inmigración en los medios: un relato incompleto

Dibujo hecho por un estudiante en los talleres de Stop Rumores en Málaga en la actividad que 'Dibuja otra inmigración'

La imagen pública de la inmigración y de las personas migrantes es simplificada, tópica y homogénea. Y es así, en gran parte, debido al relato incompleto trabado por los medios de comunicación. Las informaciones muestran sólo la punta del iceberg de un fenómeno de enorme complejidad hecho de distintas historias de hombres, mujeres, niños y niñas en movimiento. Sus voces diversas faltan en las noticias pese a ser sus protagonistas, al tiempo que sobran términos alarmistas y deshumanizadores como “oleada” “asalto”  o “avalancha” que sólo crean desinformación y deforman la realidad.

Entre tantas textos centrados en los rescates de pateras, donde las cifras ocultan los rostros, se echa de menos que se ponga el foco en qué pasa con las personas tras su llegada a nuestras costas, en qué ocurre antes de que decidieran emprender el camino. ¿De dónde son? ¿Por qué viajaron? Los medios de comunicación apenas cuentan el devenir de las personas migrantes con las que compartimos hace tiempo nuestro día a día en barrios y ciudades: la mujer argentina dueña de la tienda de la esquina, el hombre marroquí, padre del compañero de clase de nuestro hijo con el que coincidimos algunas tardes en el parque…No, por el contrario, la inmigración se reduce a balances frente a historias y se presenta mayormente como un problema al que hay que enfrentarse siendo pocas las noticias que abordan aspectos positivos sobre las personas en movimiento.

Estas son algunas de las conclusiones que Málaga Acoge ha extraído de dos estudios realizados en 20172018 sobre el tratamiento informativo de la migración y el refugio en la prensa local, concretamente en los periódicos La Opinión de Málaga y Diario Sur. Con estos análisis hemos querido reflejar qué publican estos medios sobre la inmigración y el refugio en Málaga y cómo lo hacen. También, propiciar la reflexión y el debate con periodistas sobre este tema dada la gran responsabilidad que tienen en la percepción social de la inmigración.

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La realidad de las migraciones y la frontera sur, a debate

Las costas andaluzas han visto en los dos últimos años un incremento significativo de llegada de personas migrantes que se juegan la vida en el Mediterráneo, en su desesperación por encontrar una futuro mejor.

Esta realidad, lejos de ser una sorpresa, era algo que podría haber sido mejor gestionado por las administraciones competentes.

La cifra de llegadas por la frontera sur de España ha alcanzado su récord en 2018 con la llegada de 65.325 personas. Siendo real este dato, no parece tan importante si lo miramos en términos relativos: no llenaríamos ni el Santiago Bernabéu ni el Camp Nou y la cifra palidece si la comparamos con la capacidad de acogida de nuestro país para más de 82 millones de turistas en 2018.

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