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Málaga Acoge, 1990-2020: 30 años tendiendo puentes

El 9 de enero de 1990 se constituyó oficialmente Málaga Acoge y tenemos que sentirnos satisfechas de su labor. En el aniversario de nuestra asociación queremos dar las gracias a las personas fundadoras, que iniciaron el camino, a todas las que lo habéis hecho posible y seguís haciéndolo como personas técnicas y voluntarias. Y, por supuesto, a todas las personas que depositaron su confianza en nosotras para que las apoyáramos durante estas tres décadas.

Han sido “30 años de acogida y solidaridad, 30 años a favor de los derechos y la dignidad, 30 años tendiendo puentes”, según expresa nuestra voluntaria Carmen Espeja. Para Adela Jiménez, la asociación ha representado en este tiempo “una puerta abierta a la acogida”, como para el voluntario Rafael Molina, quien hilvana el lema: “1990-2020: acogemos a los que buscan sueños”. Por su parte, Jesús Espinosa considera que han sido “30 años nadando contra corriente”.

Celebramos tres décadas de trabajo por una sociedad más justa, pero también es cierto que lo que nos gustaría a todas es que la asociación no fuera necesaria por haber logrado, por fin, que cesaran las muertes de personas en el Mediterráneo, que todas las personas migrantes tuvieran plenos derechos y deberes como ciudadanos, que no hubiera Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) o que no existieran los discursos del odio.

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Día internacional de las personas migrantes: el derecho a buscar una vida mejor

Las deportaciones de migrantes en EE.UU. subieron 4,3 % en año fiscal 2019

Este 2019 ha sido un año especialmente complicado y muy marcado por un claro retroceso en los derechos de las personas migrantes. Sigue siendo necesario el 18 de diciembre como Día Internacional de las Personas Migrantes para ayudarnos a recordar que las migraciones son una parte imprescindible de la historia de la humanidad y especialmente de las sociedades modernas. Existen debido a que forman parte de un modelo económico mundial que obliga a que la gente se busque la vida fuera de donde ha nacido. Son una expresión valiente de la determinación individual para superar la adversidad y buscar una vida mejor. 

La actual política migratoria de la Unión Europea tiene como principal objetivo el cierre de fronteras y el bloqueo a la libre circulación de personas. Al mismo tiempo, la falta de alternativas en dichas políticas migratorias obliga a la entrada clandestina al continente y, por tanto, empuja a miles de personas a arriesgar su vida en una frontera o en el mar.  En el año 2019, han perdido la vida más de 1.200 personas en el Mediterráneo. Por lo tanto, el control de fronteras no evita que la gente se juegue la vida. Sólo un reparto más justo de la riqueza mundial y políticas enfocadas a la inclusión y convivencia conllevarán a que las personas no tengan que dejarlo todo atrás para tener un futuro. Lo que necesitamos es que haya vías seguras y legales con las que la gente pueda migrar. La única solución para salir de la pobreza y la desesperación no puede ser el jugarse la vida en el mar.

La vulneración de derechos a las personas migrantes es un ataque a los derechos de la infancia, la juventud, laborales y sociales. Tenemos la oportunidad de que el año 2020 sea el año en el que consigamos que todos y todas los/as niños/as estén protegidos/as, vean cubiertas sus necesidades, se respeten sus derechos, vengan de donde vengan, y tengan un futuro mejor gracias a una educación inclusiva de calidad.  En especial, es urgente asegurar la protección de los chicos y chicas migrantes que llegan a nuestro país, en muchas ocasiones solos; que sean tratados como menores antes que migrantes mediante una correcta política de acogida que les brinde oportunidades de futuro que fueron cercenadas en sus países de origen.

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Condenadas a la invisibilidad

Recientemente en una mañana muy tranquila, de esas que pasan desapercibidas para casi todo el mundo, tuvo lugar en la Audiencia Provincial de Granada la celebración de un juicio sobre “prostitución coactiva” como lo llamó uno de mis compañeros juristas encargado de la defensa de las víctimas. Hablo en plural porque en esta ocasión las víctimas eran varias y de distintas procedencias y nacionalidades. Varias y, sin embargo, invisibles, tomadas en bloque por el tribunal, como si se tratara de un todo sin solución, sin remedio, condenado al abismo. Y debe ser éste el motivo por el que la celebración de un juicio de esta envergadura tiene poco interés para la opinión pública, incluso cuando algunas de las víctimas son menores, o que los hechos ocurran a muy poca distancia física de donde vivimos, a veces en nuestro mismo barrio. Digo que el motivo debe ser que los sujetos pasivos del delito eran mujeres, y además extranjeras.

Para quienes estábamos presentes no pasó desapercibido algo que aparecía en el relato de los llamados procesalmente “testigos protegidos”, que en este caso eran todas mujeres extranjeras, rozando la ligera línea del jugársela a ser descubiertas por testificar y contar el infierno en el que habían estado metidas. Todas habían encontrado a través de internet anuncios de trabajo para prostituirse en un piso de Granada, y todas eran obligadas a permanecer en el piso de forma incondicional y estar disponibles para prestar los servicios a cualquier hora, entre ellas había menores de edad. Eran voces de mujeres, voces quebradas, pero muy claras cuando ante la pregunta del juez “¿y usted por qué se prostituye?” casi todas respondían “porque no me ha quedado otro remedio”. Algunas estaban mudas, habían perdido la palabra, tenían el miedo en el cuerpo, se palpaba la desesperación del no poder hacer otra cosa. Y consecuentemente, la normalización por parte de ellas de sentirse destinadas a la precariedad, a la explotación, al abuso. Observé rápidamente algo que percibo cuando semestralmente estudio la jurisprudencia sobre delitos contra la libertad sexual para una revista científica de Derecho Penal, y es precisamente que cuando en estos delitos las víctimas son mujeres extranjeras, sus cuerpos socialmente son despojados de valor. No valen tanto.

La estrategia jurídica de defensa por parte de mis compañeros para mí era importante, se trataba de un caso terriblemente desgarrador e interesante jurídicamente hablando, pero lo era mucho más la evidencia que subyacía como una epifanía de la realidad. Sí. La evidencia que es la desesperación en el cuerpo y la palabra de cada una de esas mujeres. La voz quebrada que viene a poner nombre a lo que desde afuera no hacemos, porque no queremos reconocer, no hay interés en hacerlo, la realidad de estas mujeres. “Porque no nos queda más remedio”, respondían al juez. No les queda más remedio que entregarse a trabajos de explotación de su cuerpo en condiciones humillantes muchas de ellas para conseguir llegar a nuestras fronteras o conseguir el sustento con el que alimentar a sus hijas e hijos. No les queda más remedio porque socialmente están condenadas al olvido, a la marginación.

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18 años, el cumpleaños más amargo

Tú ya eres mayor y tienes que empezar a buscarte la vida” - Cuántas veces hemos escuchado a nuestras madres y/o padres decirnos esta afirmación en plena adolescencia... pero nos parecería inconcebible que el mismo día de nuestro 18 cumpleaños se convirtiera en una desgarradora realidad. Eso es lo que pasa con aquellos/as niños y niñas que decidieron arriesgarlo todo para buscar un futuro mejor. Los 18 años se convierten en la cifra maldita, en la que, por falta de recursos sociales y de intenciones, muchos/as chavales/as -quede claro que con 18 años siguen siendo niños/as- se ven abocados a vivir en situación de calle o deambulando entre centros de acogida para personas sin hogar. Muchos de ellos/as, sin que tengan resuelta su situación administrativa y con el peso de vivir en una sociedad que constantemente los señala y da por hecho que van a delinquir, que son un gran problema...

En los últimos meses han sido la diana de los discursos racistas y xenófobos que ha querido normalizar el odio, atacando a una infancia y a una juventud que se encuentra en una situación de vulnerabilidad extrema, sin referentes familiares, sin nadie que la proteja en el sentido más amplio de lo que supone la protección.

Hemos visto cómo aumentan los chicos que acuden a nuestra entidad -hablo en masculino porque son la gran mayoría y, para ser más concreta, chicos marroquíes- que están en situación de calle o en recursos no adaptados a su edad y necesidades. Y no vienen más porque estén aumentando las llegadas a territorio español, sino porque los recursos para atenderlos son claramente insuficientes. En Granada Acoge nos hemos visto abocadas y abocados a ejercer un trabajo social que jamás hubiésemos imaginado en nuestros tiempo: buscar recursos de emergencia para evitar que estos chavales se queden en la calle y, si lo están, que los daños para su integridad física y mental sean lo menos graves posible. 

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Fronteras como no-lugares

Las fronteras son barómetros del estado del mundo. En las fronteras se muestra un catálogo de las contradicciones de las sociedades del bienestar y cómo estas construyen los procesos de segregación y las desigualdades según la etnia, la clase, el género o la edad. En la frontera Sur de Europa y la frontera Norte de Marruecos se cristaliza la hipermovilidad del capital o la facilidad del movimiento para todo lo que se consume: sean mercancías deslocalizadas, fuerza de trabajo precarizada o cuerpos explotados sexualmente. Todo lo que es objeto de consumo circula sin impedimento.

A la par se establece un control fronterizo para todas las personas que puedan ser rentables, desde las que pueden pagar un visado a las que se ven sobornadas por un pasador. Para establecer estos filtros fronterizos, toda una industria de guerra se ha instalado en las fronteras (sistema de visados, vallas, concertinas, radares, cuerpos policiales o procedimientos administrativos vacíos de derechos).

A la par, la industria de la compasión ha despersonalizado a los sujetos que objetan las leyes que limitan el derecho humano a la libre circulación, consagrado en el artículo 13 de la declaración de los derechos humanos. Además de lugares de “no derechos”, las fronteras son ya “no lugares”, recuperando el concepto de Marc Augé. Son espacios de anonimato. Nuestro Mediterráneo es un “no –lugar” donde la muerte se está convirtiendo en anónima por antonomasia.

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Frente al odio, convivencia

En este mundo inmerso en las nuevas tecnologías y en las redes sociales donde se debaten los temas más complejos a base de tuits y videos virales es urgente apelar a la necesidad de que volvamos a la reflexión de que se deje de lado la rapidez a la que nos condenan las redes sociales, al menos en algunos asuntos que requieren un mayor esfuerzo de compresión y análisis. Simplificar realidades complejas puede ser tremendamente peligroso e irresponsable y, lamentablemente, nos encontramos en un momento en el cuál nuestros políticos entran en este arriesgado juego.

A los días siguientes de las últimas elecciones andaluzas, me percaté de que los contactos de mis redes sociales echaban espuma por la boca con los resultados. Venían a decir algo así: “Si has votado a X ya me puedes quitar de tus contactos, no quiero saber nada más de ti”. Precisamente, de estas reacciones se nutren las redes sociales, de los calentones del momento, de nuestras respuestas más viscerales ante declaraciones bárbaras que buscan justamente eso: sacarnos de nuestras casillas.
Ante este tipo de respuestas, totalmente legítimas y entendibles propiciadas por las barbaridades y mentiras que en muchos casos nuestros políticos sueltan en sus mítines y que hacen que se nos revuelvan las tripas a la vez que provocan impotencia de no saber cómo reaccionar, una se pregunta si realmente la estrategia más efectiva es la de darle la espalda y caminar por otro lado como si no existieran.

Desde luego que es la más cómoda. Relacionarte solo con ese entorno social que refuerza tus valores y te hace sentir cómodo/a hasta el punto de creer que defendemos siempre la verdad absoluta. Durante esos días reflexioné sobre el papel que debía desempeñar como ciudadana que quiere vivir en un mundo más justo. Un mundo que no se construye solo, que cada acción por muy ínfima que sea, cuenta. Por lo tanto, me pregunté ¿y si los afrontamos de cara? ¿Y si hacemos un trabajo de hormiguitas y vamos abriendo grietas en algunas personas por donde puedan fluir ideas o datos que rompan esquemas e incluso mentes?. Pensar que una sola persona puede cambiar el mundo es utópico e incluso ridículo, pero ¿y si este trabajo lo hacen otras muchas más?

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Nacionalidad más allá de las normas

A grandes rasgos, se es español por nacer de progenitores españoles; o porque hemos nacido aquí, y al menos uno de esos progenitores también nació en España; o porque nacemos en este país, de inicio sin nacionalidad, y como la apatridia no puede existir, España concede la suya. Una persona también puede adquirir la nacionalidad española si su padre o madre la obtienen previamente, y ella aún es menor de edad. Además, alguien que lleve aquí cierto tiempo, con residencia legal y continuada, puede adquirir la nacionalidad española, y ser español. Se dan ciertas “ventajas” respecto al tiempo de residencia necesario a las personas de determinados países u orígenes, como las de países iberoamericanos o las sefardíes; hijas o nietas de españoles/as; las que han nacido en territorio español, o personas casadas con españoles/as.

Además, España es un país que incluye diferentes nacionalidades y diversidad lingüística en su seno, tal y como lo reconoce la Constitución en sus artículos 2 y 3. A modo de ejemplo, podemos citar los Estatutos de Autonomía andaluz, valenciano, canario, balear, catalán, aragonés, vasco y gallego, que reconocen a estas comunidades como nacionalidades dentro de España. Estos estatutos han sido aprobados tanto por sus respectivas regiones como por el Estado español.

También, en el ámbito de las creencias religiosas, y siendo España un estado aconfesional (respeta todas las confesiones religiosas), como dice el artículo 16 de la Constitución, tiene firmados convenios con las principales religiones que se profesan: la católica, la evangélica, la musulmana y la judía.

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El día a día de PROEM-AID

Proemaid Lesbos 2016

Nuestro día a día transcurre entre sirenas atendiendo a las emergencias que ocurren a lo largo y ancho de nuestro país. Nuestros camiones rojos precedidos del sonido de las sirenas y el relampaguear de las luces prioritarias son nuestras señas de identidad. La gente reconoce y valora el trabajo de los bomberos y nos sentimos realizados y orgullosos de hacer nuestro trabajo. El día 2 de septiembre de 2015 los medios de comunicación mostraron una imagen que dio la vuelta al mundo. La imagen de un pequeño de tres años que apareció ahogado en una playa turca. La fotografía impactaba por su crudeza, el niño con camiseta roja y pantalones cortos, boca abajo, conservaba aún sus dos zapatos. La cara sobre la arena, vuelta en dirección al mar y las olas sobre su cabeza. Sin chaleco salvavidas. Se llamaba Alan Kurdi. El pequeño de tres años murió ahogado cuando intentaba alcanzar las costas de la isla griega de Kos con su familia huyendo de la guerra en su país. Junto a Alan, murieron su hermano y su madre también. El mar devolvió su cuerpo para despertar a mucha gente, para remover conciencias adormecidas y para poner encima de la mesa el gran problema de lo que se llamaría crisis de los refugiados. Como respuesta a esta situación de emergencia humanitaria nace PROEM-AID (Professional Emergency Aid), un asociación española sin ánimo de lucro formada por profesionales en activo de las emergencias como bomberos, sanitarios, etc. que prestamos nuestra ayuda profesional de manera voluntaria y altruista. Utilizamos nuestros días de vacaciones o realizamos cambios de guardia para tener los días necesarios que dura cada misión.

Nuestros equipos se trasladaron a finales del año 2015 a la isla griega de Lesbos y allí en coordinación con los guarda costas y el resto de ONG en la zona participamos en el rescate de cientos de personas todos los días. Hombres, mujeres y niños de todas las edades, ancianos personas con discapacidad venían hacinados en aquellas precarias embarcaciones. A mediados de enero de 2016, Manuel, Quique y Julio, tres de los bomberos que componían el equipo que trabajaba en la isla fueron detenidos cuando acudían junto a una ONG danesa a una llamada de rescate. Puestos en libertad, fueron acusados de tráfico de personas en grado de tentativa. En 2018, se celebró el juicio y salieron absueltos y libres de todo cargo. Fueron años muy duros para ellos y sus familias. Hay que decir que desde la detención los equipos de PROEM-AID siguieron trabajando en la isla sin ningún tipo de incidente hasta el verano de 2017 en el que se cerró el proyecto de rescate en Lesbos. Conviene recordar que desde el acuerdo UE-Turquía el flujo de llegadas a las islas se redujo.

En verano de 2016, en una vista al centro de acogida de Pikpa gestionado por la ONG griega Lesvos-Solidarity, uno lo de los voluntarios de Proem-aid descubrió con asombro unos dibujos que estaban colgados en las paredes. En ellos los niños representaban su experiencia con el mar. Lo dibujaban oscuro, con náufragos y en algunas ocasiones con cuerpos flotando. La filosofía del proyecto agua es la de la reconciliación de los niños y niñas con el mar. Todos los veranos desde 2016 hasta ahora el proyecto agua se viene desarrollando en las playas de Lesbos. Al principio, las clases iban dirigidas a los niños y niñas de Pikpa, pero después estas se fueron ampliando debido a la excelente acogida que tuvieron. Mujeres solas o con sus hijos, adolescentes, adultos con discapacidad y personas pertenecientes al colectivo LGTBI+ se han ido sumando al proyecto agua. Empezamos con 16 niños en 2016 y ahora, en 2019, atendimos a 256.

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La identidad sexual también es motivo de asilo

Imagen de archivo de una protesta en Kenia por la ley contra la comunidad LGTB de Uganda.

Cuando pensamos en las personas refugiadas se nos pasan por la cabeza millones de imágenes: cuerpos que saltan vallas, mujeres que agarran fuerte a sus bebés para no perderlos, niñas y niños descalzos en las calles destrozadas por las bombas, miles de tiendas de campaña habitadas por personas desplazadas, etc.

Pero no todas estas personas se han visto obligadas a dejar sus vidas por culpa de las guerras o de los desastres medioambientales, sino que hay muchas que tienen que huir de sus familias y del contexto social y político en el que viven para salvaguardar sus vidas, por otros motivos. Estamos hablando de las personas LGTBI+ que han sido objeto de torturas, segregación, malos tratos, discriminación y violaciones tanto dentro del ámbito privado como en el público por su condición sexual.

La Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA) en su informe denuncia que unos 70 países miembros de la ONU continúan criminalizando las actividades consensuales entre personas del mismo sexo y que en 6 de ellos (Irán, Arabia Saudita, Yemen o Sudán) se impone la pena de muerte por actos sexuales consentidos entre personas del mismo sexo. Además, en otros 7 países existen todavía leyes que limitan totalmente la libre expresión sexual como es el caso de Rusia o de Estados Unidos, donde la legislación es muy distinta dependiendo del Estado.

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Adolescentes como todos: un futuro por delante

La adolescencia se caracteriza por ser una etapa vital de cambios físicos, psíquicos y sociales en la que la persona está en búsqueda de una identidad, se empieza a cuestionar la realidad que la rodea, proyecta sus sueños hacia la adultez y en la que emerge la esperanza de un futuro prometedor.  Puesto que todos hemos vivido este proceso en primera persona –y algunos incluso lo recodamos con cariño-, nos suele resultar fácil comprender este momento de transición hacia la adultez: de alguna manera, la naturaleza nos predispone a sentir empatía hacia este grupo de edad.
Sin embargo, hay un grupo de chavales adolescentes a los que se les niega esta relación de empatía:  los chicos conocidos comúnmente como MENAs (Menores Extranjeros No Acompañados). La distancia afectiva hacia ellos puede explicarse, por un lado, por el gran desconocimiento que existe de su realidad  y, por otro, por el relato social que estigmatiza a la población migrante y, muy especialmente, a la comunidad musulmana. De hecho, esta falta de empatía -que se convierte fácilmente en puro racismo- se alimenta constantemente a través de bulos y rumores que los criminalizan, asociándolos a la delincuencia y a la violencia.

Por suerte, la mayoría de la sociedad andaluza es consciente de que estos menores se encuentran en la misma etapa vital que los adolescentes autóctonos; que tienen los mismos sueños, ambiciones o inseguridades que los jóvenes españoles y que sueñan con una vida adulta próspera en la que puedan conseguir un trabajo, ser autónomos y sentirse libres. La diferencia fundamental tiene que ver, en la mayoría de los casos, con su trayectoria vital, ya que ellos y ellas experimentan, ya a muy temprana edad, circunstancias que los marcarán por siempre: haberse jugado la vida en una patera o en los bajos de un camión, llegar a un lugar en el que apenas pueden hacerse entender, convivir con un gran número de chicos (en algunos casos tienen incluso que convivir en un mismo espacio con 100 chicos más), sentir el estrés de la incertidumbre sobre su futuro inmediato, y, al mismo tiempo, sufrir por las carencias afectivas al verse solos, anhelando el cariño de unos padres y hermanos que no saben cuándo volverán a ver y a los que, además, en muchas ocasiones sienten la obligación moral de ayudar económicamente. Y como guinda, cuando se acerca su 18º cumpleaños normalmente reciben como único regalo el quedarse en la calle y sin recursos.

Pese al alto costo personal que suponía, decidieron –de forma más o menos meditada- arriesgar sus vidas y aventurarse a probar suerte en un país más próspero, movidos por una rebeldía adaptativa que los empujó a cuestionar el futuro al que parecían condenados en su lugar de origen, marcado por una pobreza que se recrudece, pocas perspectivas laborales, falta de servicios y un largo etcétera. Una cruda realidad a la que, aunque a algunos se les olvide, contribuimos a través de empresas que contratan por una miseria en los países emisores de inmigración o a través de grandes pesqueros que están acabando con las reservas de pesca  frente a las costas africanas.

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