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Que gane la convivencia

Manifestación en Barcelona el Dia Internacional del Migrante

Como estaba previsto Andalucía ha empezado el ciclo electoral en España. Un ciclo que acabará con unas elecciones generales que, se adelanten o no, ya marcan todo el proceso que viviremos a partir del 2 de diciembre próximo.

En este escenario que llaman de post crisis muchas cosas han cambiado. Los más de diez años de ruptura del crecimiento han traído una opinión pública menos previsible y con más opciones por las que decantarse en las urnas. Una opinión de personas que en su gran mayoría viven peor que hace diez años y que después de una década de esfuerzo constante por mantener sus proyectos, ilusiones y expectativas vitales acusan la frustración de no ver claro el final del túnel.

Esta crisis tiene sus raíces en un modelo económico que genera desajustes tan increíbles en el reparto de la riqueza como que el número de personas con grandes fortunas haya crecido significativamente durante el mismo periodo de tiempo que alcanzamos un paro histórico en el país.

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La migración también crece en el Sur

La historia de la humanidad es también la de la movilidad de las personas. Desde los primeros homínidos originarios de África que se expanden por el planeta, pasando por los imperios que dominaron territorios ultramarinos hasta la más reciente globalización que ve el planeta como una gran aldea en la que todos estamos interconectados. Gracias a ella nos comunicamos más y mejor, intercambiamos productos y servicios, compartimos producciones culturales y aspiramos a conocer, visitar y -como no– también a vivir en lugares seguros en los que poder acceder a las ventajas que ofrece el desarrollo.

A esa gran fiesta del desarrollo y el consumo no están invitados todos los habitantes del planeta. Los miembros de estos clubes de avanzada se han vuelto cada vez más selectivos y se reservan el derecho de admisión. Mientras tanto, millones miran desde la vereda del frente y no se resignan a seguir excluidos de esa celebración. En todo el mundo la presión migratoria sobre las fronteras va en aumento. La pobreza y la falta de expectativas, la inestabilidad política y los conflictos, las crisis económicas y el desplazamiento por motivos ambientales o desastres naturales han disparado el número de personas dispuestas a moverse. Ya lo han hecho 258 millones (OIM) y un estudio de Gallup indica que en 2017 unos 710 millones de adultos (el 14% de la población adulta mundial) desearían migrar a otro país si tuvieran la oportunidad, 66 millones de ese total tienen planes de hacerlo, pero sólo 23 millones están preparando su partida.

Los deseos de migrar y la intención de controlar o detener esos flujos han dado pie a un negocio muy rentable. Están las mafias que prestan dinero para el viaje, facilitan el paso de fronteras o falsifican documentos. Pero también hay constructoras de muros y alambradas, oferentes de pasaportes biométricos, empleadores beneficiados por trabajadores sin visado (temerosos de ser deportados y, por lo mismo, resignados al abuso y la explotación), arrendadores de espacios inhabitables, agencias de viajes y aerolíneas que se responsabilizan sólo del traslado, empresas que envían remesas y un largo etcétera. La movilidad genera el 9% del PIB mundial y el 15% de los ingresos se destinan a remesas según la OIM.

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Cambiar la mirada

Personas rescatadas por Salvamento Marítimo retenidas en el remolcador María Zambrano ante la falta de espacios donde trasladarles en tierra.

Mirando lo que está pasando estos días, estas semanas, estos meses, estos años, con las llegadas colectivas marítimas de personas migrantes a nuestras costas, se hace necesario repensar y cambiar el sistema de acogida. Tras treinta años de llegadas, ¿estamos ante un desborde, algo que se nos dice como un mantra? ¿No será que tras tantos años de experiencia no hemos sistematizado y capitalizado protocolos que nos permitan reaccionar ante situaciones que se repiten?

No se puede traspasar esa responsabilidad a las trabajadoras y voluntarias de las ONGs que hacen lo que pueden, un quiero y no puedo sin recursos y sin organización. Se ha intentado traspasar la inoperancia del Estado a la reacción de organizaciones sociales, liberándose él de la responsabilidad que tiene en trabajar en un sistema de acogida con un enfoque de derechos humanos. Lo hemos visto durante este verano con las personas que han ido llegando y cuyos derechos se han vulnerado.

Es responsabilidad de nuestro Estado que se cumpla con los Derechos Humanos,  derecho a recibir un trato digno, derecho de las madres y padres de no ser separadas de sus hijas y ser reunificadas cuando se encuentran separadas, derecho a no ser criminalizadas porque no han cometido ningún delito,  derecho a ser rescatadas cuando sus vidas corren peligro… En definitiva, Derecho a la Vida con mayúsculas.

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Me dan miedo las personas migrantes

Manifestación en Barcelona el Dia Internacional del Migrante

No pasa nada. Es completamente normal. Hasta a usted que se considera a favor de la migración, le ha sucedido que viendo las imágenes de nuestras fronteras le asaltan pensamientos extraños, una mezcla entre compasión (“pobres”) y temor (“¿no son demasiados?”). Pero no se preocupe, no es usted un racista. No es ni siquiera parte de una minoría. De un modo u otro esto en el fondo nos pasa a todo el mundo. Nuestro cerebro de una manera falsamente racional nos envía mensajes de advertencia hacia lo que consciente o inconscientemente consideramos una potencial amenaza.

Esto es así porque nuestro cerebro está preparado para la supervivencia. Cualquier cosa que potencialmente pudiera ponernos en peligro o amenazarnos, ya sea real o imaginada, puede generar una reacción de alerta en nosotros. Es un mecanismo completamente normal del cuerpo humano para estar preparado ante el peligro. En el pasado nos ayudaba mucho. Nos preparaba el cuerpo para salir corriendo si un león venía por nosotros con aviesas intenciones.

Hay 3 peligros muy concretos que, casi desde que somos conscientes, somos capaces de identificar claramente: el más obvio que se ponga en peligro nuestra integridad física: que nos peguen, nos violen o en última instancia hasta nos maten; otro, también muy derivado del primero, ver en peligro nuestro acceso a los recursos que necesitamos para subsistir: comida, agua, techo, salud… (hoy en día el trabajo, que nos da acceso al dinero, que  nos da acceso a todo lo demás); y por último, el que podríamos situar quizás más dentro de un rango de necesidades más aspiracionales y menos físicas, sobre el modo de vida al que estamos acostumbrados: mis costumbres, mis espacios, mis creencias.

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Los rumores no han tenido vacaciones

¿Te has sorprendido este verano con los comentarios de algunas personas en tus redes sociales? ¿Has tenido que dejar de seguir o directamente borrar a familiares, amistades o personajes a los que seguías? ¿Alguna conversación en la playa o en la terracita ha subido aún más la temperatura del ambiente? Si la respuesta es negativa, te felicitamos, nos das cierta envidia. Si has respondido que sí, bienvenida: para nosotros también ha sido un verano movidito.

Los rumores no se han ido este año de vacaciones y en los próximos meses parece que tampoco lo harán. Se han comentado una y otra vez en redes sociales, charlas y conversaciones a la fresca del verano. Y, lejos de la responsabilidad que se le presupone, los rumores han sido avivados o directamente lanzados por actuaciones o declaraciones políticas que han dedicado la temporada estival a lanzar bulos a diestro y siniestro. En muchas ocasiones, también han sido impulsados por el tratamiento informativo de algunos supuestos medios serios de comunicación, que en ocasiones han mostrado una gran falta de rigor y de ética periodística.


No creemos que sea una casualidad. Quienes los han repetido insistentemente han conseguido desdibujar la realidad para moldearla en base a sus intereses. Y la consecuencia no es únicamente el engaño a muchas personas; lo más preocupante es cómo esas falsedades y medias verdades golpean la buena convivencia en sociedad, el respeto y la empatía. Durante las vacaciones veraniegas nos han hecho creer, por ejemplo, que estábamos ante una crisis migratoria a nivel europeo, a pesar de que personas expertas, diferentes estudios y los propios datos lo han desmentido una y otra vez. Lo que también muestra la realidad es que la crisis que realmente hemos tenido es una crisis de humanidad, no humanitaria.

Los bulos sirven como mecanismo de control de determinados grupos y como herramienta de manipulación social. Permiten explicaciones sencillas (y falsas) a situaciones complejas. Dan una respuesta rápida que conecta con nuestras emociones y permite manipular situaciones concretas para convertirlas en verdades absolutas. Consiguiendo dar a la población una -también falsa- seguridad de obtener una respuesta ante algo que desconocemos. ¿Y para qué informarnos bien, analizar los datos, escuchar a expertos y expertas cuando es mucho más sencillo y directo repetir una explicación que nos han fabricado y nos haga sentirnos seguros y, además, poder echar la culpa de todo lo que ocurre a otros?

En Stop Rumores llevamos desde 2014 intentando cambiar esa actitud que es también una tendencia creciente. La estrategia se puso en marcha por parte de Andalucía Acoge con la idea de sistematizar una serie de acciones que ya se estaban llevando a cabo en diferentes iniciativas de sensibilización y formación en la propia entidad. Conocimos la experiencia de la estrategia que nació en Barcelona y vimos que era adaptable a otro modelo de comunicación y otra forma de decir las cosas: ahora se podía trabajar tanto con personas que estaban sensibilizadas como aquellas a quien el campo de las migraciones les pillaba muy lejos. Pero quisimos ir más allá, porque si bien es cierto que Stop Rumores nació en el campo de las migraciones, su desarrollo es totalmente extrapolable a cualquier otro ámbito de la sociedad.

Las iniciativas antirrumores han sido, son y serán necesarias: los rumores son algo casi intrínseco a la condición humana. Y en la época en la que el ser humano tiene mayor facilidad para acceder y difundir información, vemos como los rumores, bulos y desinformaciones están cada vez más presentes en los medios, en nuestros entornos, en nuestro día a día y, siempre, con un fin claro de manipular la opinión de la sociedad. Y no estamos hablando de quienes mantienen una opinión diferente a la nuestra, sino de quienes carecen de una actitud crítica ante las informaciones que recibe. Se puede estar en contra de la presencia de personas migrantes, pero no se puede basar esa opinión en argumentos falsos. Oye, si eres racista, al menos ten la decencia de reconocerlo.

Los rumores permiten desviar el foco mediático de aspectos a los que no se quiere que se preste mucha atención, permiten justificar, en algunos casos, medidas que recortan derechos, sirviendo al perfecto “chivo expiatorio” como justificación de estas. Desgraciadamente estos rumores se han demostrado un excelente vehículo para la transmisión de los discursos de odio y para el auge de posiciones políticas que nos retrotraen a la época más oscura de nuestra historia reciente. Basta echar una ojeada al panorama europeo.

Por eso es importante el papel de los y las agentes antirrumor. Personas que, simple y llanamente, toman la iniciativa para no permitir que los rumores campen a sus anchas en sus entornos. Personas que se informan y se forman. Y para quienes hemos creado un amplio abanico de materiales y herramientas que puedan facilitarles su labor de poner freno a los rumores que hay en la sociedad.

Reconocemos que combatir los rumores es complicado, muy complicado. Decir lo contrario sería mentir. Sabemos que no se consigue con una conversación, una charla, un par de horas de formación... Es un proceso, un trabajo a largo plazo que nos permite poner de nuestra parte para, entre muchas personas, conseguir acabar con ese rumor que crece y crece por redes sociales, grupos de whatsapp o la televisión. Por eso seguiremos insistiendo con la creación de nuevos materiales, el desarrollo de más y mejores análisis, aumentando las formaciones en nuestro ámbito principal -Andalucía, Ceuta y Melilla- pero también más allá gracias a entidades comprometidas. Y reforzando y haciendo crecer la red de Espacios Libres de Rumores que ya supera la veintena y que son un buen comienzo para que los rumores, ahí, no tengan nada que hacer. Ojalá, así, consigamos pronto que los rumores se tomen un respiro, apuesto por una temporada de descanso. Mientras más duren sus vacaciones, mejor para toda la sociedad.

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Cal viva

¿Qué si condenamos que guardias civiles hayan sufrido quemaduras con cal viva en el último intento de entrada por la valla de Ceuta? Por supuesto. Una condena sin peros ni fisuras. Injustificable.

Esta violencia no se corresponde, ni de lejos, con el comportamiento de la inmensa mayoría de las personas que tratan de alcanzar el territorio europeo para salvar la vida o para optar por un futuro digno. Más bien sucede todo lo contrario: son muchas de estas personas migrantes quienes sufren una violencia estructural a lo largo de toda su vida.

Es la violencia de la política internacional, de la represión interna y de la desigualdad la que hace insostenible la vida en su país de origen; además sufren innumerables violaciones a sus derechos en cada frontera que cruzan y en los países de tránsito -en algunos de los cuales son incluso puestas en venta como mercancía y literalmente esclavizadas- y se ven obligadas a jugarse la vida para tratar de ganar algo de dinero que enviar a casa, aun en situaciones de total exclusión social y explotación laboral.

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La incitación al odio: ¿debe seguir siendo delito?

Archivada la investigación a los titiriteros por incitación al odio

El rey de Prusia, Federico Guillermo IV, promulgó el 24 de diciembre de 1841 las Instrucciones para la censura como respuesta a las demandas de libertad de prensa.  Con arreglo a las mismas, por atentar contra los valores religiosos, se prohibieron obras de Kant, Fichte, Spinoza, Feuerbach, Bruno Bauer, entre otros. Tal situación condujo a Karl Marx a publicar en la Gaceta de la Tarde de Mannhein un alegato en defensa de la libertad de expresión: “La ley me autoriza a escribir pero debo hacerlo con un estilo diferente al mío. Soy un humorista pero la ley me ordena a escribir seriamente. El gris es el único color autorizado de la libertad, es el color oficial. La sombra es la única imagen que le corresponde… la censura de la tendencia y la tendencia de la censura son un regalo de las nuevas Instrucciones liberales… La auténtica cura de la censura es su abolición”.

Hoy el legislador español ha rehabilitado la censura, el nuevo censor prohíbe los textos que resultan peligrosos por su crítica corrosiva, apasionamiento, humor negro, ideología (asistimos de hecho a una nueva caza de brujas del anarquismo). En nuestros días, el escritor, el librero, el editor, está sometido a una jurisdicción de sospecha. A las leyes propias del terrorismo que no suelen castigar lo que se hace sino lo que se piensa, coartando la esencia  íntima del sujeto. Pues bien, la incitación al odio prevista en el actual 510 es uno de esos delitos que simbolizan el desprecio por la libertad de expresión, creencia e ideología, que posibilita la prisión de raperos, titiriteros, actores, tuiteros… y hubiera llevado a la hoguera el libro “Incitación al Nixonicidio y alabanza a la Revolución Chilena” y a Pablo Neruda a la cárcel.

No creo que nadie discuta la necesidad de sancionar penalmente la puesta en peligro abstracto de la igualdad (incitación directa a la discriminación) y de la seguridad de los grupos (incitación directa a la violencia), puesto que en ambas situaciones se genera el riesgo de lesión de los bienes jurídicos de determinados colectivos  (vulnerables) y lo que se pretende es preservar el derecho a no ser discriminado o sufrir violencia por móviles discriminatorios en una fase inmediatamente anterior al ejercicio efectivo de la discriminación o la práctica de  la violencia.

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Estrellas en el mar

Suhail es el nombre de una estrella. “Todas nuestras unidades tienen nombres de estrellas”, explica Francisco Modet, jefe de Salvamento Marítimo de Cádiz, que nos recibe a bordo del Salvamar Suhail, una de las embarcaciones que tienen como misión rescatar vidas en el estrecho.

“Todos los días son difíciles, la mar nunca es igual”, explica Francisco Aragón, patrón del barco. Cuando le preguntan qué es lo más duro en las tareas de salvamento responde: “Lo peor es ver que son muchas personas y que la embarcación en la que van no aguanta, que se caen al agua, algunas desaparecen... Lo peor es cuando ves que hay niños, que llevan mucho tiempo en el mar… Te das cuenta de la verdadera miseria de la vida”.

Este intercambio de experiencias se enmarca en las Jornadas de Inmigración y Medios de Comunicación celebradas la semana pasada en Cádiz, organizadas por el Colegio Profesional de Periodistas de Andalucía.

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Espejo de lo que somos

El ministro italiano del Interior Matteo Salvini, en un programa de televisión.

Cuando el nuevo Gobierno presidido por Pedro Sánchez anunció que acogería en el puerto de Valencia el barco que llevaba semanas a la deriva rechazado por las autoridades de Italia y Malta, no tardaron en llegar las críticas, en las redes sociales se multiplicaron los bulos y la extrema derecha más acuciante, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, se creyó con licencia para atacar a quienes obligados por el vendaval arriesgan sus vidas para alcanzar tierra firme.

Periódicos y cabeceras de cada telediario nos siguen hablando de “avalancha y efecto llamada” y es que la terminología, clave para alarmar a la sociedad de acogida, se convierte en la excusa perfecta para que racistas y xenófobos sigan aumentando su odio hacia el diferente.

“Nos quitarán el trabajo dicen, queremos las mismas ayudas para los nacionales reclaman, métanles en sus casas gritan, ensuciarán nuestros barrios se quejan, les darán la nacionalidad española proclaman”…y es que la ignorancia es muy osada y la información demasiado escasa.

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Tres minutos o la Hárraga

Fotografía publicada por la OIM en su perfil de Twitter tras el naufragio de un barco cargado de migrantes en Yemen.

La socióloga argelina Fatma Oussedik habla de Argelia como de “un Estado rico con un pueblo pobre, un lugar doloroso,…. un país no amado por desconocimiento”. 

La  presencia de este país en la escena mediática y en el imaginario colectivo europeo es escasa. Desde España, rara vez se hace referencia a Argelia como a un país  vecino, ni a nivel de pasado histórico compartido y tampoco en la actualidad… hasta hace poco… En los últimos informes de la OIM, donde se precisa el origen de las personas y embarcaciones que intentan cruzar hacía la península ibérica, se menciona con más frecuencia. “Nunca había visto tanta actividad [migratoria] de Argelia a España”, precisa Joel Millman, portavoz de la OIM en una entrevista reciente. 

¿Por qué este aumento? Obviamente, los acuerdos con Turquía y el cierre de la ruta balcánica tienen un impacto directo en la cuestión. Muchos migrantes se han visto forzados a cambiar sus trayectorias. Tal hecho nos puede llevar a interrogarnos sobre factores propios del país y sobre las migraciones argelinas en sí. 

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