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Espejo de lo que somos

El ministro italiano del Interior Matteo Salvini, en un programa de televisión.

Cuando el nuevo Gobierno presidido por Pedro Sánchez anunció que acogería en el puerto de Valencia el barco que llevaba semanas a la deriva rechazado por las autoridades de Italia y Malta, no tardaron en llegar las críticas, en las redes sociales se multiplicaron los bulos y la extrema derecha más acuciante, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, se creyó con licencia para atacar a quienes obligados por el vendaval arriesgan sus vidas para alcanzar tierra firme.

Periódicos y cabeceras de cada telediario nos siguen hablando de “avalancha y efecto llamada” y es que la terminología, clave para alarmar a la sociedad de acogida, se convierte en la excusa perfecta para que racistas y xenófobos sigan aumentando su odio hacia el diferente.

“Nos quitarán el trabajo dicen, queremos las mismas ayudas para los nacionales reclaman, métanles en sus casas gritan, ensuciarán nuestros barrios se quejan, les darán la nacionalidad española proclaman”…y es que la ignorancia es muy osada y la información demasiado escasa.

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Tres minutos o la Hárraga

Fotografía publicada por la OIM en su perfil de Twitter tras el naufragio de un barco cargado de migrantes en Yemen.

La socióloga argelina Fatma Oussedik habla de Argelia como de “un Estado rico con un pueblo pobre, un lugar doloroso,…. un país no amado por desconocimiento”. 

La  presencia de este país en la escena mediática y en el imaginario colectivo europeo es escasa. Desde España, rara vez se hace referencia a Argelia como a un país  vecino, ni a nivel de pasado histórico compartido y tampoco en la actualidad… hasta hace poco… En los últimos informes de la OIM, donde se precisa el origen de las personas y embarcaciones que intentan cruzar hacía la península ibérica, se menciona con más frecuencia. “Nunca había visto tanta actividad [migratoria] de Argelia a España”, precisa Joel Millman, portavoz de la OIM en una entrevista reciente. 

¿Por qué este aumento? Obviamente, los acuerdos con Turquía y el cierre de la ruta balcánica tienen un impacto directo en la cuestión. Muchos migrantes se han visto forzados a cambiar sus trayectorias. Tal hecho nos puede llevar a interrogarnos sobre factores propios del país y sobre las migraciones argelinas en sí. 

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Protesta, propuesta y apuesta

Los 30 años de muertes en la Frontera Sur y la criminalización de la solidaridad han sido los dos ejes que han marcado el debate de nuestra XXVII Asamblea, celebrada durante este fin de semana en Málaga. Hemos echado la vista atrás para analizar qué ha ocurrido durante todo este tiempo en la realidad social y jurídica de la migración y cuáles son los retos que tenemos por delante para que no se sigan cometiendo los mismos errores.

Tras tres décadas de muertes en la Frontera Sur, un elemento común ha sido la violencia, tanto física como psicológica, ejercida contra las personas migrantes, además del olvido constante de los derechos humanos. En esta Asamblea, Andalucía Acoge ha evidenciado que son muchas personas que están perdiendo su vida en la búsqueda de un futuro mejor y nuestro esfuerzo seguirá centrado en la defensa de la dignidad y los derechos de las personas migrantes, en nuestra continua lucha contra los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs), en la exigencia de vías legales y seguras, en fortalecer nuestro trabajo de convivencia intercultural y acción comunitaria y en romper con la estrategia de criminalización de la solidaridad a la que estamos asistiendo con el endurecimiento de las políticas migratorias. La criminalización de los/as activistas y defensores de los Derechos Humanos se suma a la criminalización de las personas migrantes y se cristaliza en mensajes xenófobos y de odio. Salvar vidas y denunciar las violaciones de los Derechos Humanos es ejercer la solidaridad y no un delito.

Desde que el 1 de noviembre de 1988 se produjese el primer naufragio en la playa de Los Lances de Tarifa la situación ha ido empeorando y las políticas regresivas y de blindaje han demostrado que son erróneas. En lo que llevamos de 2018, se contabilizan al menos 636 muertes en el Mediterráneo, según los datos de la Organización Internacional de las Migraciones. Desde Andalucía Acoge exigimos que la Frontera Sur deje de ser un lugar de vulneración de derechos humanos y se constituya como un espacio donde se favorezcan vías seguras y legales para el imprescindible y necesario tránsito de las personas migrantes. Así se reivindicó en el acto organizado en la Plaza de la Farola de Málaga en el que mediante la palabra y la música se hizo un llamamiento a la acción de una ciudadanía crítica para legitimar propuestas alternativas que no nos lleven a un único discurso posible. Una ciudadanía que luche por la defensa de los derechos humanos y por la construcción de una sociedad inclusiva en la que se favorezca la convivencia y se visibilice el enriquecimiento de la diversidad en nuestra sociedad.

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Diásporas: mucho que aprender

Balsa de Medusa, de Delacroix.

Día (a través de) y spora (semilla) conforman la palabra, de origen griego, diáspora. Literalmente significa “dispersión y diseminación de semillas”. Un hermoso y sugerente significado que se contradice con la realidad e historia de las diásporas.

Históricamente se atribuye la primera diáspora a la conquista del reino de Judá por Nabucodonosor en el año 586 a.E.C. Esta conquista provocó el exilio forzoso del pueblo judío hacía Babilonia. Antes y después de esta fecha han sucedido múltiples y diversas diásporas. En paralelo, se ha producido una evolución de la palabra que define los movimientos (forzados y forzosos) de grupos humanos: desplazamiento, exilio, destierro, éxodo y migraciones son términos que comparten origen y destino con las diásporas.

Vivimos un tiempo (acelerado) que muestra una aparente impotencia humana para gestionar (de forma ética y eficaz) los desplazamientos de grupos humanos que se ven forzados a abandonar su lugar de origen. El diccionario nos vuelve a facilitar la tarea de definirlos: desplazados ambientales, perseguidos, refugiados, asilados, migrantes…, son algunas de las categorías que nos permiten reconocerlos (y discriminarlos). 

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Acabar con la islamofobia: una lucha que nos concierne a todos

En Islamophobia and its consequences on Young People (Council of Europe, European Youth Centre, Budapest, 2004), el Consejo de Europa define islamofobia como «el temor o los prejuicios hacia el islam, los musulmanes y todo lo relacionado con ellos. Tome la forma de manifestaciones cotidianas de racismo y discriminación u otras formas más violentas, la islamofobia constituye una violación de derechos humanos y una amenaza para la cohesión social».

Estos prejuicios hacia el islam y los musulmanes son una forma de violencia cultural que parte del hecho de considerar que “nosotros” somos superiores a “los otros”, en este caso los musulmanes, y que legitima formas de violencia directa y estructural.

Es una forma racismo cultural, que se gesta, según el escritor y filósofo Santiago Alba Rico, como «resultado de una doble operación ideológica» que consiste, primeramente en «constituir un objeto de conocimiento manejable y adverso: el Islam con mayúsculas concebido como una unidad al mismo tiempo negativa e inasimilable que “hablaría” con una sola voz y dictaría a 1.500 millones de seres humanos, repartidos por todo el planeta, una conducta incompatible con “nuestros” valores occidentales»; y en segundo lugar, en incluir en ese falso objeto de conocimiento a «todos aquellos individuos que, de manera un poco arbitraria, se “reconoce” como musulmanes». Esta segunda operación «implica una racialización del otro, cuya diferencia -como en el caso del racismo o del machismo- aparece visible e “incrustada” en el cuerpo, donde no podemos modificarla». Es decir, convertir al otro en un objeto manejable y dominable.

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Ecos de totalitarismo en Europa

Un bebé rescatado en el Mediterráneo.

En los últimos meses se suceden noticias en las que de un modo u otro referentes claros de la defensa del derecho a la vida y a la libertad de migrar son llevados ante la justicia. Helena Maleno compareciendo ante la justicia marroquí por avisar de naufragios en el Estrecho de Gibraltar, Proactiva Open Arms bloqueada e investigada por la fiscalía de Ragusa por rescatar personas en el mar entre Italia y Libia o los bomberos de Proem-AID que serán juzgados en mayo por ayudar a los refugiados en Lesbos. Hay otros casos previos y decenas o cientos de pequeñas otras situaciones de hostigamiento a las personas y organizaciones que persiguen justicia y libertad para los migrantes, la mayoría son casos menos llamativos pero que contribuyen al clima general de oscurecer lo que hasta ahora era considerado un comportamiento ejemplar.

Este proceso de ir empañando poco a poco la imagen pública de quienes ejercen la solidaridad con los migrantes es paulatino y aunque ha habido casos anteriores tiene un punto de inflexión en la reunión de ministros de interior de la UE el verano pasado. Tras la cumbre el comisario europeo de Inmigración e Interior, Dimitris Avramopoulos, avisó que las ONGs debían ser más colaboradoras con los gobiernos supeditando el compromiso ciudadano de salvar vidas a la colaboración con las autoridades libias y europeas.

Desde entonces, en estos nueve meses hemos ido viendo como el Mediterráneo sigue siendo un cementerio húmedo y silencioso. Sólo en nuestro extremo occidental han muerto más de 500 personas en lo que llevamos de 2018 y no se conoce una sola medida de Europa o el Gobierno Español para paliar esta situación que dura ya al menos 30 años. Desde la orilla norte del Mediterráneo tan solo la solidaridad de personas y organizaciones ciudadanas responde a este drama humano.

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Cateado en protección a la infancia migrante  

Conocimos a Rachid [nombre ficticio] junto al Centro de Reforma de Menores en Melilla. Estaba buscando a alguien. Buscar es un verbo, quizá, demasiado tranquilo para la desesperación y el llanto con el que envolvía Rachid su caminar nervioso y su españárabe entrecortado.

Tuvimos que pedir ayuda a uno de los árabeparlantes que pasaban por allí camino del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). Rachid buscaba a su amigo, el cual había sido llevado por la policía, tras ser pillado haciendo el risky en el puerto. Rachid estaba buscando en el lugar equivocado y así se lo contamos, con la ayuda de nuestro intérprete espontáneo.

Llaman los chavales inmigrantes en Melilla "hacer el risky" a colarse como polizones en los ferrys que salvan el Estrecho a diario. Era arriesgado en aquel momento, pero ahora que la Autoridad Portuaria ha instalado un muro alto con concertinas, a imitación de una frontera internacional, lo es mucho más.

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Daltonismo en Derechos Humanos: la invisibilidad de la trata

El Daltonismo es una enfermedad que afecta a la visión, básicamente, supone para las personas afectadas, la incapacidad de distinguir entre los colores. En la vida cotidiana tiene efectos inmediatos, por ejemplo no saber distinguir el color de las luces del semáforo. 

Cuando hablamos de la invisibilidad de la trata, de cómo es posible que miles y miles de personas sufran ante nuestros mismos ojos, una gravísima explotación, podríamos aludir a un tipo de daltonismo. El daltonismo en derechos humanos, la falta de percepción de cómo se manifiesta la violación de los derechos humanos en el siglo XXI

Nuestra cultura de valores patriarcales contribuye muy decisivamente a invisibilizar, sobre todo cuando afecta a mujeres, conductas y situaciones basadas en el abuso de poder y en la explotación.  Nuestra cultura neo-liberal contribuye igualmente a mercantilizar el mundo, como si todo fuera una cuestión de precio. En la confluencia de estos “valores” surge la normalización del abuso, la falta de percepción de la violencia, la irresponsabilidad o la indiferencia. La trata de seres humanos emerge en este terrible ecosistema.

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Los desafíos de la ruta migratoria libia

Un grupo de inmigrantes esperan en un centro de internamiento de una ciudad libia tras ser detenidos

Una de las principales rutas migratorias del Mediterráneo pasa por Libia para alcanzar las costas italianas (más de 600.000 en cuatro años) y llegar a los países nórdicos. Al igual que otras rutas migratorias, esta ruta no está exenta de riesgos y peligros para los migrantes que las siguen desde su principal origen en el África subsahariana y el Cuerno de África. Aunque existen una serie de operaciones en el Mediterráneo (la Operación Themis, de Frontex), estas no son suficientes para abordar un problema que se encuentra vinculado a otros factores estructurales en los países de origen de los migrantes, causas más profundas relacionadas con el ámbito económico (como consecuencia del funcionamiento del sistema económico nacional e internacional), demográfico, socio-cultural (corrupción, expectativas vitales y laborales) y político (interno de los Estados e internacional).

A causa de la porosidad de las fronteras de Libia en el sur del país, resulta relativamente fácil acceder al país, siempre que se puedan sortear las duras condiciones del desierto, la presencia de organizaciones criminales y las dinámicas del conflicto interno. En cuanto al entramado delictivo de las redes de tráfico de personas, se encuentra segmentado y se solapan una serie de actores como: traficantes “autónomos”, mafias, milicias y secuestradores que luchan por sus cuotas de mercado y reputación. En el caso de Libia, una amenaza constante que afecta a los migrantes a su paso por el país magrebí es la multiplicidad de actores armados que se aprovechan del estado de necesidad de estos. La inestabilidad interna de Libia ha favorecido la aparición de un gran número de milicias que cobran por prestar “protección” a los migrantes, así como otros servicios. Asimismo, años atrás, cuando la presencia de las organizaciones yihadistas en Libia era mayor, estas encontraron en el tráfico de personas una fuente de financiación para sus acciones terroristas, que hasta el día de hoy se mantiene. No es de extrañar que durante abril de 2017 se liberaran veintiocho rehenes eritreos y siete nigerianos quienes fueron secuestrados más de 4 meses por Daesh en Sirte.

Ante esta situación, la respuesta de la Unión Europea y de los países miembros, en particular los principalmente afectados por las migraciones descontroladas, ha llegado tarde y, por desgracia, no se puede calificar de satisfactoria. Las olas de migraciones descontroladas que suelen dejar un gran número de víctimas en el mar Mediterráneo, por norma general encuentran su respuesta en acciones humanitarias y planes de gestión que pasan por evitar que las embarcaciones abandonen Libia. Por ese motivo, Italia, uno de los principales impulsores de esta estrategia, ha sido el país que más esfuerzos ha dedicado a entrenar y coordinarse con los guardacostas libios desde el verano de 2017. En este sentido, la coordinación con las autoridades locales libias se convierte en la piedra angular para realizar una correcta gestión de los migrantes. Sin embargo, ante la falta de una autoridad unificada libia y la corrupción generalizada, la gestión se convierte compleja con los diferentes actores y milicias; inclusive se han dado casos donde los propios guardacostas libios han escoltado embarcaciones a aguas internacionales. Otra tarea pendiente es la mejora de las condiciones de los centros de detención en Libia, calificables como prisiones inhumanas. Actualmente, más de 20.000 personas se encuentran actualmente detenidas en estos centros de detención libios, donde son incluso golpeados, extorsionados, torturados y sufren todo tipo de abusos.

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Salvar vidas y denunciar las violaciones de los Derechos Humanos es ejercer la solidaridad, no un delito

Las declaraciones vertidas por el secretario de Estado de Seguridad fortaleciendo los discursos de odio contra los flujos migratorios es una prueba más de cómo nuestro trabajo diario se encuentra amenazado constantemente por la criminalización de la solidaridad bajo la excusa del "buenismo en materia de inmigración" y la "defensa del territorio".

En los meses veraniegos fue el anuncio de la creación de un "código de conducta" para la actuación en el Mediterráneo de los barcos de rescate de las ONGs poniendo en tela de juicio su labor y responsabilizándolos de facilitar el trabajo de las mafias que trafican con vidas humanas. También se ha abierto un proceso judicial para criminalizar el trabajo que desarrolla desde hace años Helena Maleno como defensora de los derechos humanos, debido a las constantes vulneraciones que se producen en la Frontera Sur y la pérdida de vidas en el Mediterráneo.

En los últimos días, hemos conocido que los bomberos andaluces que fueron detenidos mientras realizaban tareas de rescate para la asociación Proemaid (Professional Emergency Aid), después de que las autoridades griegas equiparasen sus labores humanitarias con el tráfico ilegal de personas, se enfrentan a diez años de cárcel. No son hechos aislados. Como denunciábamos en el manifiesto internacional #DefenderAQuienDefiende, está en juego "el Estado social, el Estado de derecho, la propia democracia y con ello la libertad y los derechos más fundamentales de los pueblos, especialmente de aquellos que ejercen su derecho a defender derechos".

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