El arte de estar presentes
Estoy pensando en empezar a correr. El otro día tuve que pegar un sprint bastante intenso porque llegaba tarde a la presentación de una amiga, y claro, cuando llegué al sitio me estaba ahogando. Tuve la suerte de que, al no haber muchas personas, se notaba el fresquito del aire.
Pero mi amiga estaba un poco desanimada, preguntándose qué había hecho mal para que fueran tan pocas personas, ¿por qué las personas a las que le interesa el tema no habían ido? ¿Era la fecha? ¿El sitio? ¿El horario? ¿El tema? ¿Era ella el problema?
Me tuve que reír. Ella no sabía el porqué yo había llegado tarde: el tren se había retrasado. Honestamente, podría no haber ido, es más, no debería haberlo hecho. Venía de 10 días seguidos de viaje en diferentes ciudades por trabajo, con las fechas límites de entrega respirándome en la nuca y con las horas de sueño a deber a mi cuerpo. Aún así, fui porque quería asegurarme de que no se viera sola en la sala.
Hay algo interesante hoy en día, el éxito se mide en salas llenas. Parece que los ritmos frenéticos que habitamos, en los que pasan tantas cosas en tantos sitios a la vez, y la idea del éxito permanente como forma de vida, no nos permite apreciar en primera instancia a quien está presente.
El presente ya ha sido robado y tan sólo pensamos en que no nos quiten el futuro, pero ¿puede haber acaso futuro sin presente?
El piloto automático de las entregas, de cumplir las expectativas, de sobrevivir, en habitaciones rentadas por la mitad de tu salario, buscando algún espacio donde compartir sin que se requiera un desembolso económico, etc., ha provocado que el presente ya ha sido robado, y tan sólo pensamos en que no nos quiten el futuro, pero ¿puede haber acaso futuro sin presente? ¿Se puede pensar en el presente sin la capacidad de habitarlo?
Es como esos retos que te encuentras a veces de “leer seis libros en un mes”, lecturas voraces de las que te olvidas a los cinco minutos, cumpliendo una lista de tareas que hacer, como si leer un libro o un artículo no requiriese cierta presencialidad. Total, es sólo un texto, ¿no? Otro ejemplo es el hecho de llamarse, o quedar con amigas, para ponernos al día, pero casi por cumplir, sin tiempo de calidad de por medio, porque no nos da la vida. Y así con todo.
Fíjate cuán importante es la presencialidad, que se trata de uno de los pilares fundamentales cuando hablamos de acompañar socialmente, aunque sea una tarea genuinamente invisibilizada. Es algo tan pequeño y simple, pero tan importante, hacerle saber a una persona y demostrarle, que estás ahí, que no está sola, es profundamente transcendental para cualquier persona, especialmente para quienes se encuentran atravesando (o atravesadas por) circunstancias difíciles, complejas y/o de acoso o violencia.
Así que aprender a estar presentes, parece ser lo que está en la conversación, eso que ahora llaman las modernas JOMO (Joy Of Missing Out, el disfrute de perdértelo) en contraposición al FOMO (Fear Of Missing Out, el miedo de perdértelo), aunque me parece un poco superfluo.
Quizás algún día mi amiga vea esa tarde con la misma perspectiva que la mía, donde veo el éxito que tuvo, porque lo que expuso fue la presencialidad que le dedicó al trabajo que estaba mostrando
¿Sabes como yo lo llamaría? Estar a la fresca. Sí sí, como cuando en los barrios las oriundas podíamos sacar esas sillas de playas y jugar al parchís con las vecinas en el portal de nuestra casa. Ahora dicen que da mala imagen al turismo porque encima, es que no pueden llegar bien con la maleta a ese piso turístico en el barrio de la Trinidad donde antes vivía la Paqui.
Quizás algún día mi amiga vea esa tarde con la misma perspectiva que la mía, donde veo el éxito que tuvo, porque lo que expuso fue la presencialidad que le dedicó al trabajo que estaba mostrando. De la misma forma que ha decido estar más presente en la vida de sus hijas y sus amistades, para que no la engulla tanto el trabajo. Quizás deberíamos plantarnos con las sillas este verano en el portal otra vez para compartir las recetas del gazpacho.
No necesitamos disfrutar de perdernos los macroeventos para redes (puede que sea porque el postureo no sea mi fuerte) sino reaprender a estar presentes en nuestras propias vidas, y quizás así en cada acto y contacto que realizamos. Que no nos sigan robando lo común de nuestros tiempos.
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