Casi game over
En una sociedad tan anglizada era la frase más recurrente, la que más sonaba, el modo de la mañana, para los temerosos y para los que celebraban que, por fin, la partida terminaba, que eso significa la expresión. El día de autos, o de los autos rotos, se confirmaba lo esperado: el PSOE se financia ilegalmente.
Para los aventureros de la primera mañana eso es lo que iba a destapar un registro de la UCO en la sede del partido del Gobierno y con ello caería. En realidad, era grave la presencia de la policía judicial, pero no era por eso. Aunque la noticia trataba y quería tratar de eso.
Una filtración temprana cuando aún la mañana huele a pan nuevo llenó de esperanza a un cierto periodismo, a otro lo provocó en una carrera vergonzante por el periodismo de impacto y pobló la sesión de control del Congreso de los Diputados de conjeturas y un jolgorio inusual.
Luego vinieron los frenazos y explicaciones y también, cómo no, la triste sensación de que algo muy grave, sin embargo, pasaba en la calle Ferraz de Madrid y en todas las calles Ferraz del Estado. La agitación festiva llegó también a la oposición y a sus líderes que, facundos, lanzaron sus proclamas habituales y se prestaron para la inminente caída.
En realidad, había motivos, si ciertos, el PSOE llegaba a la línea que sus propios socios temían: la financiación ilegal. De ahí que los más madrugadores se abatieran sobre Gabriel Rufián, como encarnación de los posibles apoyos fallidos. En las redacciones, en la preparación de las escaletas de radio y televisión, el teléfono más buscado fue el del político catalán, esperanza de la izquierda pero también de una derecha que lo espera como mesías de la insurrección contra los corruptos. El equipo habitual crítico del interior socialista, igualmente, acudió presto al aquelarre insistentemente solicitado.
Desde luego, la noche —la mañana— de los autos rotos no pasará a los anales del buen periodismo pero sí del terror. Sin embargo, se ha producido, se está produciendo, una reacción que los más creídos planificadores no esperaban. La militancia, el electorado socialista, está reaccionando. Las desgracias compactan y hacen fuerte ante la adversidad. No es que no estén preocupados por la corrupción, demostrada o no, condenada o no, que lo están, eso dicen. Es que han tocado el techo de la resignación.
A ver lo que ocurre en los próximos días pero, tal vez, la rosca ya se ha pasado y muchos ven por encima de todo un programa de aniquilación del adversario político, según palabras de las notas que están circulando por una red encendida y correos privados de manera masiva.
El game over de algunos ha desaparecido de manera acelerada de ciertos historiales sociales, incluso algunos de esos mismos se secan apresuradamente tras impulsivamente tirarse al agua, dando la razón, en este caso, al presidente canario Clavijo. En esta sociedad que tanto sabe inglés conviene recordar que game significa partida pero también caza. Las palabras, incluso en inglés, las carga el diablo, ya nos lo recordaba George Orwell, y no creo que sea democrático participar en ninguna cacería. La política en democracia es otra cosa.
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