La otra Isabel
Seguramente sus asesores habrán pensado que si se repite mucho Isabel —la Católica— en los alrededores de otra Isabel —la de los madriles—, la gente acabará asociándolas y eso será bueno para su magnificencia y para restarle votos a Vox que tanto la mencionan (aunque expulsara a los judíos). En realidad, créanlo, de ahí no pasan algunos expertos en comunicación política, pero les funciona. Lo cierto es que, si les vale con otra Isabel, sin que lo supiera Miguel, a Ruiz Mateo le salió regular.
Lo cierto es que la Isabel castiza ha pronunciado el santo nombre en su excursión a gastos pagados a México, o días de asuntos propios o moscosos, para el caso es lo mismo, lo ha pagado el pueblo de Madrid. El error es notable, verán, sin ánimo de competir con la historiografía porque no tengo credenciales, sí consta que cuando Hernán Cortés llegó a Cozumel, isla cercana al Yucatán, huyendo de la autoridad real, Isabel levaba muerta quince años.
Luego vino lo demás que con tanto ahínco ha proclamado la Isabel del foro en tierras mexicanas. En realidad, da igual si español o mexicano, bastaría con leer la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, cuya autoría consta a favor de Bernal Díaz del Castillo, un soldado de Cortés, para tener una remota idea de la crueldad que supuso aquella conquista liderada por un señor de Medellín, que tuvo que venir a morir a Castilleja de la Cuesta, en Andalucía, más famosa por sus tortas de aceite que por el finado.
Lo curioso del caso es que investigaciones recientes, como la de Christian Duverger, sostienen que el verdadero autor de la crónica citada es el mismísimo Hernán Cortés y no su soldado. Con ello, si cierto, como parece probable, Cortés habría confesado sus propias maldades, una especie de Aldama, también merecedor de penas benévolas.
En México no tendrán dificultades en considerarla una nueva Malinche, la amante de Cortés, al servicio del Imperio, es decir, de Trump
Contra la historia, Isabel la manchega ha ido a distorsionar las relaciones, que deben ser fraternales, con México, el país que más habla español y bien, sin oficinas de mamandurrias, contra la diplomacia del Estado y contra la razón, pero a favor de otros intereses. En México no tendrán dificultades en considerarla una nueva Malinche, la amante de Cortés, al servicio del Imperio, es decir, de Trump, cuya propia política allí ha replicado. Isabel, la de los madrileños, ha ido a las misiones, en el más puro estilo evangélico, para predicar el trumpismo, aproximando México a Venezuela, invadiendo e injiriéndose en la política mexicana.
Y dice que se ha venido con explicaciones impropias de la máxima autoridad ordinaria del Estado en Madrid. Sheinbaum Pardo, la presidenta mexicana, ha sido generosa, se ha conformado con llamarla ignorante. Suponiendo que nos representara, qué bien habría venido que le diera las gracias al pueblo mexicano por acogernos con tanta generosidad en nuestra huida del régimen franquista. Y puesto a ir más lejos, darles las gracias porque hoy podemos echarle tomate al gazpacho, hacer potajes de chícharos, ponerle guindillas a las gambas al ajillo y luego, tomar un chocolate madrileño en San Ginés. Ni que decir tiene que la película de Isabel se ve mejor con unas palomitas de maíz.
Y puesto a mandar recuerdos o a recordar y a hablar de mestizajes, al que suscribe le hubiera gustado una mención a Gonzalo de Aroca.