VENTANA RURAL

El verano de 2025, el más cálido de la serie histórica

El verano de 2025 (del 1 de junio al 31 de agosto) tuvo un carácter extremadamente cálido, con una temperatura media en la España peninsular de 24,2 °C, valor que queda 2,1 gracos por encima de la media de esta estación (periodo de referencia 1991-2020). Fue el verano más cálido desde el comienzo de la serie en 1961, superando por 0,1 al verano de 2022, que era hasta ahora el más cálido.

Quedará en la memoria colectiva como uno de los más intensos y desafiantes de las últimas décadas. Con temperaturas récord, incendios devastadores y un impacto directo en la vida cotidiana, este verano se ha convertido en un símbolo palpable de la urgencia climática.

A lo largo del verano se registraron tres olas de calor, dos en el ámbito de la Península y Baleares, y una en Canarias. Las olas de calor peninsulares transcurrieron entre el 18 de junio y 4 de julio y entre el 3 y 18 de agosto. En el conjunto del verano se registraron 33 días bajo ola de calor. Es el segundo verano con mayor número de días, tras el de 2022, que tuvo 41 días.

De la primera ola de calor destacan su duración (17 días) y su extensión (40 provincias afectadas), lo que la convierte en la tercera ola de calor más larga y también la tercera más extensa desde, al menos, 1975. La segunda ola de calor fue una de las más importantes de las que se tiene constancia en España, pues fue la segunda más intensa, la segunda con mayor extensión y la cuarta más larga, con una anomalía de 4,2 °C, 42 provincias afectadas y 16 días de duración.

En el mes de julio se produjeron los episodios más destacados de precipitaciones durante el verano. Destacan los 59,6 mm registrados en Girona/aeropuerto el día 6. También los 57,6 mm en Castelló/Almassora el día 12 y los 39,2 mm en Guadalajara el día 3, ambos los valores más altos de su serie desde 1976 y 2012, respectivamente. También es destacable, ya en agosto, la cifra de 80,8 mm en Santander/aeropuerto el día 20, el valor diario más alto de su serie para el mencionado mes.

Para entender la magnitud del fenómeno, basta con mirar atrás. Hace apenas 40 años, los veranos en España se caracterizaban por un calor intenso en el sur, pero relativamente moderado en el norte y la meseta. En 2025, sin embargo, ciudades como Burgos o León superaron los 40 °C, algo prácticamente impensable en el siglo XX.

El turismo, motor económico en España, también se vio afectado. Algunas zonas mediterráneas experimentaron un descenso de visitantes en pleno agosto, ya que las altas temperaturas disuadieron a muchos viajeros. En contrapartida, destinos del norte, como Asturias, Galicia o Cantabria, vivieron un auge inédito.

El sector agrícola, especialmente en Andalucía y Castilla-La Mancha, se llevó la peor parte. Las olas de calor y la falta de agua redujeron la producción de cultivos como el olivo, la vid y los cereales.

El escenario más probable para el otoño meteorológico es el de temperaturas por encima del promedio normal en todo el país

El calor extremo también tuvo consecuencias sanitarias. El Ministerio de Sanidad reportó un aumento significativo de urgencias por deshidratación, golpes de calor y problemas cardiovasculares. Las residencias de mayores reforzaron protocolos de seguridad, instalando sistemas de refrigeración y aumentando el suministro de agua fría.

Los pediatras alertaron sobre la vulnerabilidad de los niños pequeños: parques vacíos en las horas centrales del día, actividades deportivas canceladas y piscinas abarrotadas fueron parte del paisaje urbano del verano de 2025.

La ola de incendios fue otra cara del calor extremo. Más de 403.171 hectáreas ardieron en la península ibérica, el mes de agosto fue especialmente devastador, con 338.300 hectáreas quemadas, una cifra muy superior a la media de los registros históricos para esta época del año, afectando parques naturales y reservas protegidas.                                                                                                                                  

“Ver cómo el fuego se llevaba por delante pinares centenarios fue desolador, hemos perdido parte de nuestra identidad natural”, contaba emocionado un agricultor de una de las zonas afectadas. Los fuegos han afectado a patrimonio y parques nacionales, entre otros. El incendio de Zamora, extendido a León, entró en Las Médulas, Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, y ha reducido a cenizas los bosques del paraje protegido. Las minas de oro romanas no han sido dañadas, pero los bosques del entorno también eran valiosos patrimonialmente: eran ejemplo de las zonas forestales autóctonas de la antigua Hispania.

Los expertos señalan que estos fenómenos no son episodios aislados, sino parte de una tendencia sostenida

El escenario más probable para el trimestre comprendido por los meses de septiembre, octubre y noviembre, que se corresponde con el otoño meteorológico, es el de temperaturas por encima del promedio normal en todo el país, con una probabilidad del 60-70 % en la Península y Baleares y del 50 % en Canarias.

La incertidumbre es más alta en cuanto a las precipitaciones. Es poco probable que se trate de un otoño especialmente lluvioso en el oeste y centro de la Península, así como en Canarias (20 % de probabilidad), mientras que en esas áreas hay un 45 % de probabilidad de que sea un otoño más seco de lo habitual. Para la vertiente mediterránea peninsular y Baleares no hay una tendencia clara.

Los expertos señalan que estos fenómenos no son episodios aislados, sino parte de una tendencia sostenida. El incremento de gases de efecto invernadero está intensificando la frecuencia e intensidad de olas de calor. Según los modelos climáticos, si no se toman medidas urgentes, los veranos como el de 2025 podrían convertirse en la norma antes de mediados de siglo.

Pese al panorama complejo, se están impulsando acciones. Diversos países europeos han acelerado la transición energética hacia fuentes renovables, al tiempo que se desarrollan planes de adaptación urbana: más zonas verdes, sistemas de refrigeración natural y redes de alerta temprana para olas de calor.

La ciudadanía también ha mostrado un cambio de actitud: el consumo responsable de agua y energía, la búsqueda de viviendas más sostenibles y la creciente conciencia sobre la importancia de reducir la huella de carbono.

Este verano nos ha dejado claro que el clima está cambiando delante de nuestros ojos. La pregunta no es si debemos actuar, sino si llegaremos a tiempo. Es un recordatorio de que el cambio climático no es un problema lejano ni abstracto: está aquí, y afecta a la vida diaria de millones de personas.

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