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15 de Mayo del 2021: volvemos

Decenas de personas asistieron al preestreno del documental '15M: Málaga Despierta' en La Casa Invisible.

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Me partió el corazón. Hace poco más de un mes, una mujer joven en una jornada de convivencia de la Alianza Malagueña por la Emergencia Climática y Ecológica en Rancho Limón. “Fue un fracaso” dijo en referencia al 15M. Como la gran mayoría de las personas menores de 30 años hoy, no participaron en aquella Primavera de Revolución, y por tanto asocian ‘15M’ a lo que han oído o les han contado en la prensa u otros canales intermediarios. Piensan, entre otras cosas, que se convirtió en un partido político, que las asambleas son debates eternos sentadas en el suelo durante horas para nada.

Que no te lo cuenten: el 15M nos transformó

No, el 15M fue mucho más, muchísimo más. Para todas las que lo vivimos en primera persona supuso un renacer, el mayor experimento de democracia directa del que jamás fuimos parte, el despertar de nuestra conciencia colectiva. El de toda una generación de generaciones. Aquella primavera y verano del 2011 nos transformaron para siempre. El espíritu del respeto, la inclusión y la horizontalidad nos siguen atravesando, impregnando todo lo que hacemos. Y por eso queremos volver a prender la llama, para contároslo de boca a boca a las nuevas generaciones. Para que sepáis que es posible, que es nuestro deber y placer soñar en grande, construir colectivamente el futuro y disfrutar juntas del camino.

Nos unía y sigue uniendo la frustración de ver cómo las cosas no solo no mejoran sino que empeoran drásticamente para la gran mayoría de las personas, los derechos sociales y humanos cayendo uno a uno a los pies del vil capital: la vivienda asequible, el empleo digno, el planeta habitable… La indignación frente a un sistema democrático corrompido hasta las entrañas donde políticos son marionetas de poderes fácticos, y partidos máquinas de auto-perpetuación a años luz del interés general. Normal que el 90% de los ciudadanos desconfiemos de los partidos políticos. Normal cuando cientos de miles de jóvenes votan para que se regule la burbuja inmobiliaria que les impide vivir con independencia, para luego ver como los lobbies hacen añicos el acuerdo de gobierno. "¡Lo llaman democracia y no lo es!", clamábamos y clamamos, en masa.

La espontaneidad nos hizo volar

Pero la llave del éxito del 15M radica en lo que vino justo después de la indignación: la espontaneidad, la creatividad, la propuesta radicalmente nueva de democracia directa. Por los Madriles moraba yo en aquella época, gran ciudad con sus atascos, estreses y ebullición de rebeldía joven. Corría de un lado para otro, cual emprendedor social novel en la vorágine de una crisis. El 15M me paró los pies, nos otorgó el regalo del tiempo para pensarnos y conocernos, la igualdad del círculo y de los culos en el suelo, la alegría del común. Y allí, en aquellas calles y plazas, propusimos, gestamos un mundo nuevo. Cuando el foco de los medios dejó de apuntar, nos fuimos a las grietas, cual semillas latentes esperando una nueva primavera.

Hubo algo más no obstante. En el aire, en los ojos. El amor. Se me erizan los pelos, se me esboza una sonrisa cada vez que recuerdo aquellos momentos. El amor permeaba todo lo que allí nos sucedió. Escuchábamos con admiración infinita a los yayoflautas pasándonos experiencias vitales en testigos intergeneracionales. Tuve el honor de compartir documental ‘¿La Generación Perdida?’ con el maestro Sampedro, al que despedimos con lágrimas de agradecimiento mi ex-socio Luis y yo, el día de su fallecimiento. La curiosidad fraternal por los banqueros trajeados que se sumaban a la fiesta también. ¡Claro que sí! La mirada cómplice con cada chica que cogía un altavoz para lanzar borbotones de júbilo. Madre mía, ¡qué ganas de vivir, qué explosión de amor!

Y aquí estamos de nuevo: la crisis del Capitaloceno

Volvemos al punto de partida: la crisis, pandémica en este caso, con el mismo origen sistémico en cualquier caso. Estremecedoramente más dura que la anterior. Posiblemente otro diente de la sierra del colapso. Pero volvemos también, a alzar las alas del Fénix renacido. Aquellas que despertamos en 2011 jamás volveremos a dormir. La llama de nuestro corazón encenderá ahora millones más. Y ante la necesidad de salir, ante la oportunidad de la transformación profunda, viraremos juntas de rumbo, hacia el nuevo mundo.

Los que conocemos medianamente la ciencia de la emergencia climática lo sabemos bien: la reconstrucción post-pandemia es la última oportunidad de mantener un planeta habitable para la humanidad. Las que hemos pasado ya unas cuantas veces por las urnas de la decepción lo sabemos también: la democracia representativa hace aguas ante los retos civilizatorios que afrontamos. Añadir a los ejemplos citados antes la reciente Ley de Cambio Climático y Transición Energética de España. Una ley que llega en el tiempo de descuento: queda menos de una década para la acción climática efectiva según la ONU (organismo eminentemente conservador en ciencia por su naturaleza política), cuando lo sabíamos desde hace 40, ni más ni menos. Una ley completamente aguachinada, con la mitad de la ambición que exige la ciencia.

Ampliando la escala, el panorama es más patético si cabe. Hay un gráfico de la evolución temporal de la concentración media de CO2 en la atmósfera que lo dice todo: crecimiento exponencial mientras nuestros “líderes” celebraban 25 Cumbres del Clima de Naciones Unidas (COPs). Veinticinco. El intento de gobernanza global del común languidece a la sombra de la globalización depredadora. Los que hemos participado en algunas de dichas cumbres lo sabemos: los patrocinadores son la industria de los combustibles fósiles y las multinacionales dopantes del consumismo. Y a su vuelta, los políticos temerosos cavan más profundo el agujero: más crecimiento frente a más crisis. No hay salida en ese bucle cerrado.

Democracia irreal, transición injusta

Desde luego la luz al final de la pandemia ecológica y social no pasa por llenar la España vaciada, y lo poco de natural que nos queda, de mega-parques de renovables centralizadas para preservar el status quo y los beneficios multimillonarios de las eléctricas. No habrá transición justa sin equidad, sin apoyar a las PYMES, al comercio local y al medio rural. Sin soluciones basadas en la naturaleza que renaturalicen nuestras ciudades de resiliencia climática y verde alegría. Pero sobre todo y ante todo no habrá transición justa sin democracia real. 

En Málaga, lugar donde he decidió plantarme y luchar, quieren utilizar los fondos europeos de reconstrucción para pintar de verde monstruosos proyectos faraónicos que soterrarían el tráfico del eje litoral para aumentarlo sin que se vea, embovedar el río Guadalmedina (por favor, queremos un río para mirarlo con orgullo!), o llenar de torres las barriadas más densas y con menos verde de Europa. No sucederá. No pereceremos de esta triste manera. No lapidarán nuestro futuro las élites políticas y financieras en pasillos cerrados. Lo decidiremos todas en plazas abiertas.

Toca un 15M por la vida

El Informe de Felicidad Mundial de 2020 ha traído gratas sorpresas entre tanta desesperanza: las personas somos más resilientes de lo que pensamos, y hemos reencontrado la felicidad mucho más cerca de lo que pensamos, en lo cercano y sencillo. Ahora toca dar el paso para rehacer el modelo a la imagen del sueño post-pandémico. Toca un 15M por la vida. Asambleas ciudadanas, o el mecanismo de deliberación colectiva que inventemos, para dotarnos de nuevas prioridades, para salir del pozo en positivo, apostando por una economía al servicio de la vida: educación y sanidad universales y de calidad, agroalimentación de proximidad, temporada y pequeñas producciones, reducción del consumo energético, eficiencia y renovables, acceso a la vivienda para todos, igualdad de género, acogida de bienaventuradas migrantes, etc. Auto-suficiencia y soberanía en lo local. Solidaridad y cooperación en lo translocal.

Los ejemplos de las asambleas ciudadanas por el clima de Francia o Reino Unido iluminan la primera baldosa amarilla del camino: las medidas propuestas por personas elegidas por sorteo y asesorada por científicos independientes sí están a la altura de los retos y emanan de la justicia social. Decía con razón Christophe, un compañero francés de la Alianza Malagueña, que el carácter no vinculante de dichas propuestas ha permitido a Macron hacer de ellas lo que le ha venido en gana e interés. Sí, la soberanía popular aún dista. Nadie dijo que fuera fácil, tenemos a todo un sistema en contra. Pero lo conseguiremos, aprenderemos sobre la marcha, haremos camino al andar.

El 15 de mayo del 2021 es un buen día para comenzar. Tomemos de nuevo la Plaza de la (Re)Constitución en Málaga, la de la SOL(ución) en Madrid, la de tu pueblo en tu pueblo. Retomemos las riendas de nuestro futuro. Soñemos en grande de nuevo. Que vuelva el amor a nuestras calles, el brillo a tus ojos.    

¡Feliz 15 de Mayo, carajo!

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Publicado el
5 de mayo de 2021 - 19:45 h

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