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Coral, una asistente social sin hogar: de gestionar una residencia para indigentes a ser expulsada de un centro de acogida

Coral Fernández, en la Alameda de Hércules de Sevilla

Su historia tiene poco que ver con su nombre. No siempre ha estado sola pero nacer en la cárcel marcó su camino. La droga, antes incluso de nacer, ha sido compañera fiel y también culpable de devolverla a prisión 18 años después. Ahora, con 44, deambula por las calles de Sevilla. Ella, que ha gestionado durante tanto tiempo la Casa de la Buena Vida, en Málaga, una iniciativa en prevención de la exclusión e indigencia social, maldice estos días cómo le pueden impedir el acceso al albergue municipal que ha sido su techo desde hacía un mes, y dejarla "en la calle". "Falté una noche y ya no me dejan entrar", lamenta.

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El reglamento interno del Centro de Acogida Municipal, que data de 2010, es claro: "no comunicar ni justificar la ausencia al centro durante un período superior a 24 horas", según el artículo 24 c supone una falta leve que, según el artículo 27.2 iv significa la "baja en el centro, pudiendo solicitarse de nuevo el ingreso pasado un mes desde la fecha de baja", según detallan fuentes municipales, que desconocen el caso concreto de Coral pero se remiten al reglamento, aclarando que "en todos los casos se realiza una evaluación del expediente de cada usuario antes de tomar una decisión".

"Me salté las normas por no dormir una noche que me quedé en la casa de mi pareja porque tuvo un problema y por eso he perdido la cama. Ahora me veo sin nada. Hay mucha gente tirada durmiendo en la calle. En el centro me estaban ayudando a sacarme el DNI pero ya no puedo", relata a este periódico.

Derechos y obligaciones

A Coral le ha coincidido la sanción con el fin la llamada campaña de frío en Sevilla que arrancó a primeros de noviembre y que ha supuesto en conjunto, entre recursos municipales aportados mediante convenios con entidades sociales y religiosas y pisos tutelados, un total de 498 plazas (hubo 450 en la campaña de frío 2018-19). "Una vez acabada la campaña de frío, las plazas permanentes para personas sin hogar ascienden a 373, de ellas 323 en equipamientos municipales y entidades con convenios y 50 en pisos tutelados", explican fuentes municipales, que detallan que "cuando se inicia la campaña de calor de cara al verano, las plazas adicionales vuelven a activarse" dentro de la red de recursos municipales.

"Cuando alguien no ocupa su plaza durante la noche, se realiza una batida telefónica por hospitales y Policía Local y Nacional para tratar de confirmar el paradero por si le hubiera ocurrido algo. Hay que tener en cuenta que el CAM no es un centro de puertas abiertas ni de alta tolerancia, sino un equipamiento de pernocta que tiene unas normas, unos derechos y unas obligaciones. Una plaza no ocupada por un usuario es una plaza no ocupada por otro", explican desde el Ayuntamiento.

El pasado otoño, dos muertes de dos personas sin hogar en Sevilla volvía a poner sobre la mesa la situación de la gente que no tiene un techo en el que guarecerse. El sinhogarismo constituye una de las formas más extremas de exclusión social y asociaciones como APDHA siguen reclamando al Ayuntamiento actuaciones más eficaces y denunciando que éstas se basen en equipamientos y medidas estrictamente asistencialistas, cronificando las situaciones de dependencia y exclusión.

"No queremos ser el último objetivo de los políticos y políticas", clamaron las personas sin hogar cuando dieron lectura a un manifiesto a las puertas del Ayuntamiento de Sevilla en el que proponían una treintena de medidas, precedidas del Artículo 47 de la Constitución Española, el que pregona que "todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada" y que "los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes" para hacer efectivo este derecho.

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