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El 8 de febrero tenemos elecciones en Aragón. Son autonómicas, pero convocadas, no porque fuesen necesarias en nuestra Comunidad, sino, siguiendo la estrategia de Feijoó para desgastar al gobierno de coalición, como el movimiento de una pieza en un tablero político más amplio en el que está en juego el modelo de sociedad del futuro. Está en juego en España la sanidad y la enseñanza públicas, la accesibilidad a una vivienda digna, el respeto a la diversidad, el trabajo digno…
Además, estas elecciones van a celebrarse en un contexto internacional impensable hace solo unos meses. Las reglas de convivencia nacidas después de la segunda Guerra Mundial, han saltado por los aires. Ya no existe el multilateralismo ni el respeto a las instituciones y al derecho internacionales. No es que anteriormente estos instrumentos regulasen adecuadamente las relaciones internacionales, pero servían de freno a determinadas ambiciones, sabemos que las leyes no resuelven todos los problemas, pero su ausencia deja todo el campo libre a los poderosos. Y Trump se considera tan poderoso que ya nos ha demostrado que no acepta ninguna ley, que lo único que puede detenerle es “su propia moral, su propia mente”. Si los únicos frenos son su moral y su mente, lo tenemos crudo.
Los objetivos imperialistas de Trump y Putin -y en parte Xi Jinping, aunque éste tenga una estrategia menos agresiva, al menos con Europa-, que desprecian las normas de relaciones internacionales, la soberanía de los estados, la democracia y el Estado Social, necesitan la desintegración de la Unión Europea y tienen en las derechas españolas sus fieles seguidores. Son buenos ejemplos Abascal, el “patriota” que para resolver los problemas de la ciudadanía solo sabe destruir y lanzar mensajes de odio - aliado de Trump y Putin a la vez-, incapaz de criticar ni una de las medidas tomadas por el presidente de EEUU, y Ayuso, la presidenta de la Comunidad de Madrid, para la que respetar las leyes internacionales es ponerse cursi y considera que Julio Iglesias, como es un español muy famoso y poderoso, tiene derecho a agredir de múltiples formas a sus trabajadoras. Esa es la libertad de Ayuso.
Pero, afortunadamente, Trump está equivocado, no solo son su moral y su mente lo que pueden detenerle. Como buen matón de barrio agrede a quien considera débil, amenaza, tantea y, si ve que no hay respuesta, sigue con sus extorsiones, lo vimos con su política arancelaria. La UE parece que todavía no se ha enterado de que, con este presidente, los EEUU son nuestro principal enemigo y que reírle las gracias, contemporizar o ir a su campo de golf a firmar un tratado, solo merece su desprecio. Cuando se impone la diplomacia de los portaviones, las razones solo valen si van acompañadas de la fuerza.
Sin embargo, parece que buena parte de los dirigentes europeos todavía no son conscientes de esto e intentan no enfadar al ogro, quizás con la idea de que así se salvaran. Pero solo se “salvarán” quienes se sometan a sus intereses o caprichos, quienes muestren sumisión permanente. Europa tienen posibilidades de hacer frente a las amenazas de Trump -ya lo han hecho China, Brasil o Canadá- pero para eso es necesario que cada país deje de mirarse el ombligo, que contribuya a diseñar proyectos comunes -económicos, industriales, de defensa-, buscar mercados y alianzas en otras partes del mundo… Es necesaria la voluntad política de avanzar en la unidad para conseguir autonomía y respeto de los demás países. O nos salvamos juntos o iremos cayendo uno a uno.
Tengo una amiga ecologista que siempre dice que hay que actuar en lo local, pero pensando en lo global, de eso van estas elecciones. Son elecciones autonómicas y nuestro voto determinará la composición de las Cortes, el futuro gobierno de Aragón y las políticas a implementar en nuestra Comunidad, pero con nuestro voto también apoyamos a las diferentes opciones políticas y de poco vale lo que hagamos en Aragón si en instituciones superiores lo deshacen.
Nuestro voto tiene que tener en cuenta los programas para Aragón: la defensa de la sanidad y educación públicas de calidad; la consideración de la vivienda como un derecho, no como un bien de mercado; el compromiso con el desarrollo económico, ecológica y socialmente sostenible, lo que incluye el desarrollo en el medio rural; la inclusividad de la diversidad social existente, la lucha contra la desigualdad… Pero también debemos tener en cuenta la práctica anterior en las instituciones, el papel lo aguanta todo; la capacidad de intervenir en el gobierno del Estado, el salario mínimo, la jornada de trabajo o las pensiones no son competencia de las CCAA; la política en relación con la UE, y la respuesta ante posibles chantajes y violaciones del derecho internacional.
No estamos en una coyuntura de programas máximos, la radicalidad se debe centrar en la consolidación de la democracia y el Estado Social que están en peligro en el mundo. Y la única manera de conseguirlo es apostando por la multilateralidad, por buscar estrategias y espacios de intervención comunes.
Estamos en una coyuntura especialmente compleja, cunde la inseguridad, la confusión, el desánimo… pero esta es la mejor baza que tienen los enemigos de la democracia. Las cosas empiezan a cambiar, se ve en la tímida respuesta de la UE y, especialmente, en el discurso en Davos del primer ministro canadiense Mark Carney:
Dejemos la apatía, sumémonos al deseo de cambio, votemos el día 8 por Aragón pero pensando en lo global, demostrando nuestro compromiso con la defensa de la democracia y el Estado Social.