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Siete evidencias que alientan el pesimismo político

El frustrado intento de investidura de Pedro Sánchez y el clima de bloqueo y de tensión entre los partidos agravan la situación política 

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Pedro Sánchez durante su intervención en el segundo día del debate de investidura.

Pedro Sánchez durante su intervención en el segundo día del debate de investidura. Marta Jara

Si los esfuerzos inútiles generan melancolía, el de PSOE y Unidas Podemos de finales de julio para lograr un acuerdo que pusiera en marcha un Gobierno estable y de izquierdas ha generado no solo melancolía, sino también una cierta tristeza en gran parte de la opinión pública, especialmente entre la de la izquierda. No solo por el fracaso en el intento de investidura sino también y sobre todo por algunas evidencias que parecen difícilmente cambiables a medio plazo y que auguran que el bloqueo político va a ser difícil de superar. Entre ellas estas:

1. La mala relación entre PSOE y Podemos. Se creía coyuntural, pero ahora parece estructural. Ambas formaciones llevan ya cinco años -desde la eclosión de la formación morada, en las elecciones europeas de mayo de 2014- en dura pugna por la hegemonía en la izquierda. Hubo un momento en que el pequeño y recién nacido parecía que iba a acabar de dos zarpazos electorales con el grande y más que centenario. Ahora las tornas han cambiado. Podemos mengua, tanto que corre riesgo de convertirse en un satélite de los socialistas, y PSOE ha vuelto casi a sus números electorales de los tiempos del bipartidismo. Pero la desconfianza mutua y la tensión entre ellos no sólo no remite sino que se acrecienta. Especialmente cuando les toca hablar de gobernar juntos o apoyándose uno en otro.

2. La horrorosa relación entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Llegaron ambos al liderazgo político a la vez, en 2014. En aquellos primeros meses, Sánchez ignoraba a Iglesias y este despreciaba intelectual y políticamente a aquel. Tras el no de Iglesias y de Podemos a la investidura de Sánchez, a principios de 2016, todo fue a peor. Apenas si se hablaban. Se daban recados políticos -a veces de gran calado- a través de terceros. Tras la moción de censura exitosa y la llegada de Sánchez al Gobierno, se dieron una tregua, quizás más de cortesía que de realidad, pero lo cierto es que la relación mejoró. Los últimos meses de elecciones, negociaciones e investidura y Gobierno de coalición frustrados todo ha ido a peor. La relación pasa por su peor momento. Cuesta verlos pactando algo en pocas semanas.

3. Los bloques esquinados y el desierto del centro. El último Barómetro del CIS trazaba un mapa demoledor. En la pregunta en la que se les pide a los encuestados que sitúen a los partidos entre 1 (izquierda) y 10 (derecha), en la izquierda salen tres partidos separados por poco más de dos puntos -IU, 2,0; Podemos, 2,2; PSOE, 4,1-, en la derecha otros tres partidos también separados por poco más de dos puntos -Ciudadanos, 7,1; PP, 8,0; Vox, 9,4- y un vacío clamoroso en el centro: nadie en los tres puntos que van del 4,1 del PSOE a los 7,1 de Ciudadanos. Hace apenas cuatro años, en esas posiciones centrales, entre el 5 y el 6, estaban Ciudadanos y UPyD.

4. La deriva derechista de Ciudadanos y de Rivera. El desierto del centro lo crea el reposicionamiento del PSOE con Sánchez, para cerrar el paso a Podemos -antes, la formación socialista basculaba casi siempre entre el 4,5 y el 5-, y sobre todo el súbito viraje hacia la derecha de Ciudadanos y de su líder, Albert Rivera. El partido naranja y su máximo dirigente han renunciado en muy poco tiempo a su papel de partido centrista, bisagra, reformador, trasversal, capaz de pactar a izquierda y a derecha, y se está reposicionando ahora como el aspirante a sustituir al PP e incluso a parar a Vox en la lucha por la hegemonía de la derecha. El viraje ha sido tan brusco que se han caído de la nave naranja varios pesos pesados y se han roto la mayoría de los últimos puentes entre derecha e izquierda. Además, la relación personal entre Rivera y Sánchez, que hasta hace poco más de un año era buena, se ha convertido en pésima.

5. La debilidad del PP. Aunque los pactos tras las recientes elecciones autonómicas y municipales lo han paliado algo, el Partido Popular ha caído en apoyos electorales populares en la derecha mucho más de lo que lo hizo el PSOE en la izquierda en el anterior ciclo electoral de 2015-2016. Sus posibilidades de recuperación se ven amenazadas tanto por la pugna por sus votantes por parte de Ciudadanos y de Vox como por el lastre que aún tiene con los casos de corrupción en investigación o en los tribunales. La debilidad del hasta hace nada gran partido dominante de la derecha dificulta los rasgos de papel institucional que su líder, Pablo Casado, juega ocasionalmente.

6. El blanqueo de Vox. En Andalucía en diciembre pasado y en muchas otras comunidades y ayuntamientos ahora, PP y Ciudadanos han roto un pacto no escrito de la política en toda Europa: el de no llegar al poder apoyándose en partidos de ultraderecha. El blanqueo, además, se ha hecho en ocasiones asumiendo los partidos de Casado y de Rivera posiciones extremas de Vox en asuntos muy delicados: violencia machista, inmigración, educación...

7. El independentismo catalán sigue en el monte. Los indicios de hace unos meses de que, especialmente en ERC, se iba a optar por una política más posibilista a la hora de buscar una salida al conflicto no se han confirmado. La sentencia del procés, sea dura o blanda, previsiblemente reforzará las posiciones maximalistas, al menos hasta las siguientes elecciones catalanas.

Como en todos los Barómetros, el CIS preguntaba en el último por la situación política. El 28,7% decía que la veía regular, el 34,7% la calificaba de mala y el 29,5% de muy mala. Y eso que algunos de estos siete puntos repasados arriba no eran tan evidentes, pues las encuestas se hicieron antes de la negociación de PSOE con Unidas Podemos y de la frustrada investidura de Sánchez.

El pesimismo político, por tanto, se ha instalado en la opinión pública. Irá a más o a menos en función de lo que pase en las próximas siete semanas, las que faltan hasta el 23 de septiembre, en las que si no hay acuerdo para una investidura iremos a unas nuevas elecciones generales el 10 de noviembre. Serían las cuartas en menos de cuatro años.

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