Sobre este blog

Arsenio Escolar es periodista y escritor. Con sus 'Crónicas del poder' –información, análisis y opinión de primera mano–, entrará semanalmente en eldiario.es en los detalles del poder político, económico, social... y de sus protagonistas.

La pista genética se acelera en el coronavirus

Un sanitario vacuna a una mujer en Castilla-La Mancha.

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La pandemia por coronavirus baja en intensidad poco a poco en España, pero no parece que haya llegado aún el momento de darla ni mucho menos por terminada. La incidencia ha caído este lunes a cifras que no registrábamos desde hace más de un año, por debajo de los 90 contagios por cada 100.000 habitantes, sí, pero aún quedan muchas dudas e incertidumbres en el aire. 

El ritmo de vacunación se ha frenado, y ahora se avanza a poco más de dos puntos porcentuales sobre población total por semana, muchísimo más lento que hace apenas un mes. Aún no podemos descartar una sexta ola de contagios. No está aún claro el periodo de tiempo por el que los que hemos recibido las distintas vacunas hemos quedado protegidos. Está por ver si toda la población o parte de ella, y qué parte (por edad, por patologías previas, etc.), ha de recibir una nueva dosis de refuerzo suplementaria a la pauta completa hasta ahora recibida. Se baraja incluso si la vacuna habrá de ser anual y permanente en un próximo futuro. Y la enfermedad sigue matando. Mucho menos que hace poco, pero ahí sigue. Los fallecimientos oficialmente atribuidos al coronavirus se acercan a los 86.000 en España y a los 4,7 millones en el mundo.

Tampoco se ha avanzado mucho, o al menos que se sepa, en el origen de la COVID-19. Aún no sabemos qué pasó exactamente en la ciudad china de Wuhan hace ahora casi dos años. No hay pruebas sólidas del origen del virus ni las hay tampoco de los porqués de su expansión tan extraña, golpeando mucho más en el primer mundo, con unos sistemas sanitarios más sólidos, mayor disponibilidad de materiales de protección y mayor celeridad en la respuesta de los gobiernos que en el tercer mundo. Llevamos año y medio largo de pandemia y el virus no deja de sorprendernos.

En abril de 2020, cuando aún estábamos en las primeras semanas del confinamiento, un investigador español, Ángel Gómez Moreno, lanzó una hipótesis sobre la desigualdad territorial de la expansión del virus. Gómez Moreno es catedrático de Literatura Española de la Universidad Complutense, especialidad muy lejana a las ciencias de la salud, pero es también experto en Genética de Poblaciones, disciplina que ha aplicado –como otros colegas suyos– en sus investigaciones histórico-filológicas sobre la evolución y expansión de las lenguas. Analizando los datos sobre la pandemia que proporcionaba ya por entonces la Johns Hopkins University y cruzándolos con la información de Eupedia sobre haplogrupos genéticos dominantes en cada área de la geografía del mundo, Gómez Moreno llegó a la conclusión de que había una predisposición muy superior a la media al contagio por coronavirus en las poblaciones en que predomina el haplogrupo R1b, que abunda en gran parte de Europa Occidental y, por emigración histórica, en buena parte de América.

Un haplogrupo es un grupo grande de haplotipos, una serie de alelos (las formas alternativas que puede tener un mismo gen) que definen las variaciones en el ADN de un individuo y que este comparte con miembros de su misma comunidad humana. El profesor de la Complutense publicó su trabajo en una revista científica, Mirabilia, y en esta crónica nos hicimos eco en aquel mismo mes de abril del año pasado.

En este caso año y medio transcurrido, la pista genética ha crecido y ha sido explorada por muchos otros investigadores o grupos de trabajo de los más diversos países. Entre ellos, dos muy destacados. El de un equipo numerosísimo (290 investigadores de diferentes materias) liderado por los profesores Frauke Degenhard y David Ellinghaus, de la Universidad de Kiel (Alemania), que ya ha demostrado que hay una mayor predisposición a contraer coronavirus en individuos con el grupo sanguíneo A que en los del resto de grupos sanguíneos. Y el dirigido, en la universidad de Gante (Bélgica), por el profesor Joris R. Delanghe, que, tras un primer análisis clínico, ha escrito un status quaestionis en que presta especial atención a lo dicho por Gómez Moreno en torno al haplogrupo R1b y mucho más concretamente al subclado S116 o P312. Si el equipo de Kiel tiene a Gómez Moreno en su Reference List, de este hay que resaltar que, de las tres citas alusivas al haplogrupo en la pandemia, una es a su propia investigación y dos a la de Gómez Moreno.

La hipótesis que fija su atención en la ancestralidad genética, por tanto, adquiere mayor vigor con el paso del tiempo y cuenta entre las principales en los estudios sobre el origen y expansión del coronavirus. En las instituciones internacionales, mientras tanto, las indagaciones sobre el origen del virus van más lentas. Da la impresión de que China ha contado hasta ahora solo parcialmente lo que ocurrió, y es improbable que desvele más información, al menos mientras la pandemia siga entre nosotros. Y el día en que la OMS proclame que la pandemia ha terminado parece aún lejano.

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20 de septiembre de 2021 - 22:25 h

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