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Carles Marco

Pedagogo y psicólogo

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La derecha adoctrina y vuelve la censura

En la esfera pedagógica el término adoctrinamiento tiene un significado peyorativo, asociado a la propaganda con fines o efectos de conformismo acrítico, de sectarismo político o religioso, e incluso relacionado con formas de lavado de cerebro. De hecho desde la Pedagogía Social las investigaciones sobre el adoctrinamiento, su clasificación, criterios,  ámbitos y formas más típicas comenzaron en el siglo XIX y pensadores estadounidenses de Dewey a Chomsky teorizaron al respecto. Hoy, entre la concentración de los medios de comunicación, las mentiras informativas o las consignas intoxicadoras en las redes sociales el adoctrinamiento adquiere relevancia y nuevos matices.

Viene esto a cuento de la pertinaz cantinela de la derecha valenciana de que la actual conselleria d’Educació está adoctrinando al alumnado. Esta fijación es ya patológica, pero además, paradoja de paradojas, es precisamente la derecha la que ahora está adoctrinando a la población. Como quien adoctrina no necesita argumentos, pruebas o evidencias porque no busca la racionalidad y el convencimiento, sino la imposición dogmática, emocional, rígida y cargada de prejuicios, lo hacen sin rubor, aviesamente. Ahora, con fines electoralistas, han encontrado a su chivo expiatorio: el conseller d’Educació Vicent Marzà, de Compromís. Contra él cargan una y otra vez Toni Cantó (Cs) o Isabel Bonig (PP) ofreciendo una información distorsionada y antieducativa que en Pedagogía se califica de “perversión instructiva”. Digámoslo bien alto: el profesorado valenciano no adoctrina, y así lo demuestran los estudios y filtros por los que tienen que pasar. Sin duda en estos políticos de nuestra pesada derechona hay mala fe y manipulan queriendo infantilizar a la población, sin darse cuenta que al final necesitan autojustificarse de sus imposturas y ya  padecen y proyectan a sus seguidores los rasgos paranoides de sus infundios. Lo más triste es que su propaganda y declaraciones muestran también mucha incultura, y constantes falacias que obvian la racionalidad y el método hipotético-deductivo en sus discursos. Para colmo olvidan dos cuestiones cruciales que les desmienten: los libros de texto del alumnado valenciano ya fueron considerados adecuados por la Alta Inspección Educativa; y- cuestión que muy pocos saben- el profesorado no universitario también tiene libertad de cátedra -dentro de unos lógicos límites- y nunca se les ha sancionado por incumplirlos.

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El desprecio de ‘Ciudadanos’ al valenciano

En el debate “Estrategias electorales 2019” que se celebró el pasado 30 de enero en el Convent Carmen de València y en el que participaron políticos de todos los partidos presentes en las Corts Valencianes (y que recoge este diario en noticia y vídeo) el representante de Ciudadanos, Jesús Salmerón, expuso una peligrosa tesis que va contra el Estatut de Autonomía, amén de que elimina la educación entendida como un bien público y el valenciano como práctica orgullosa y  empoderadora.

Dijo Jesús Salmerón: “Tenemos un gobierno regional que pone barreras lingüísticas en el acceso a la función pública. Ciudadanos acabará con ello. La última ocurrencia es del presidente de las Cortes Valencianas limitando el acceso a la función pública a personas que no acrediten el valenciano… debe ser que un médico opera mejor si habla valenciano que si habla castellano”. Con esta propuesta Ciudadanos está demostrando a las bravas la tirria que tiene al valenciano. Desde el punto de vista legal, en el Estatut el valenciano es en el País Valencià oficial –y se reconoce que somos una nacionalidad histórica-. Según la Constitución  merece especial protección. Desde la Pedagogía y la Psicología el partido de Albert Rivera demuestra una absoluta falta de respeto a la lengua histórica y materna de tantísimos los valencianos. Se ejerce además, con su política lingüística, una clara violencia simbólica hacia nosotros y un plus de prepotencia para que prevalezca el castellano –idioma depredador en el País Valencià desde la prohibición del valenciano por Felipe V en 1707-.

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Soler i Godes, el pedagog valencianista

Enguany es compleix el 25 aniversari de la mort d'Enric Soler i Godes (Castelló, 1903 –València, 1993), possiblement el pedagog valencianista més important del segle XX. Encara que va exercir una tasca gens menyspreable d'escriptor i periodista en valencià, i va impulsar i va signar les Normes de Castelló, és sens dubte des de la Pedagogia on va deixar un impagable llegat per al País Valencià. Soler i Godes va introduir les idees de l'Escola Nova seguint la renovació que a França havia realitzat Célestin Freinet. Per a Soler i Godes, que va desenvolupar didàctiques específiques, l'escola ha de tenir com a fi “la perfecta educació de l'individu respecte a la vida social. En eixir de l'escola el xiquet ha d'estar disposat a sacrificar-se voluntàriament per la millora de la societat, a ajudar amb totes les forces, a ser un múscul més que mantinga la càrrega de la vida social, una mà que obri, un pensament que dirigeix, uns peus que aixafen esbarzers i llauren nous camins, una esperança ferma i una voluntat d'acer. Una voluntat ben educada val més que cent coneixements. Feu als vostres deixebles voluntariosos abans que savis”. La seua obstinació va ser una pedagogia popular, socialment compromesa amb els treballadors explotats pel capitalisme, i arrelada amb la cultura i la llengua del País Valencià, qüestió que va plasmar ja en 1933 en dues conferències: “Questió de principis sobre el xoc que patix el xiquet en haver d’estudiar en una llengua (el castellà) que li és aliena”; i “Necessitat d’una Associació de Mestres Valencianistes”. Soler i Godes havia obtingut la seua plaça de mestre en 1923, quan Espanya estava encara ancorada en el paradigma pedagògic tradicionalista, memorístic-irreflexiu, instruccional, transmisivista, bancari, directiu-autoritari i centrat en el mestre amb total submissió de l'alumne. En aqueix sentit va ser exemplar la seua obstinació per construir una escola activa que superara l‘escola-caserna’ i la ‘classe-temple-passiu’ en avantatge de l'‘escola-comunitat’ i de la ‘classe-laboratori’ oberta a la vida i a la naturalesa. Assumia, doncs, en la pràctica educativa, un caràcter experimental i un arsenal des de la saviesa popular i per a la saviesa popular.

A tota aquesta renovació es va llançar en 1932 després d'assistir a l’Escola d’Estiu de Barcelona., on va conèixer les tècniques Freinet que propiciaven la recerca i participació cooperativa de l'alumnat. La seua metodologia d'aprenentatge introduïa l'assemblea de classe; els plans de treball; la correspondència interescolar; el text lliure; la biblioteca de treball; la revista escolar, la impremta i les conferències (on els xiquets, després de cercar els materials idonis reefeien i redactaven un tema que acompanyaven amb il·lustracions i fotografies). Fill de propietaris d'una impremta a Castelló, Soler i Godes va ensenyar a imprimir als seus alumnes amb un complex tipogràfic simple i amb gravat linóleum: “Fidel a les idees de Freinet vaig crear en la meua classe de Moró la Impremta a l’Escola, un èxit gràcies a la col·laboració completa i entusiasmada d'aquells alumnes que van fer possible la publicació de la nostra revista ‘Sembra’, una per a cada alumne, i les sobrants les intercanviàvem amb altres escoles de Catalunya”. ‘Sembra’ es redactava en valencià i contenia també cançons, endevinalles, poesia, contes… “Si açix ho vaig poder fer jo solament, sense col·laboració oficial i burlant la llei que prohibia el valencià a l'escola, què no podreu fer vosaltres mestres joves?”, escrivia el 1986.

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Soler i Godes, el pedagogo valencianista

Este año se cumple el 25 aniversario de la muerte de Enric Soler i Godes (Castelló, 1903 –València, 1993), posiblemente el pedagogo valencianista más importante del siglo XX. Aunque ejerció una nada desdeñable labor de escritor y periodista en valenciano, e impulsó y firmó las Normes de Castelló, es sin duda desde la Pedagogía donde dejó un impagable legado para el País Valencià. Soler i Godes introdujo las ideas de la Escuela Nueva siguiendo la renovación que en Francia había realizado Célestin Freinet. Para Soler i Godes, que desarrolló didácticas específicas, la escuela debe tener como fin “la perfecta educación del individuo respecto a la vida social. Al salir de la escuela el niño tiene que estar dispuesto a sacrificarse voluntariamente por la mejora de la sociedad, a ayudar con todas las fuerzas, a ser un músculo más que mantenga la carga de la vida social, una mano que abre, un pensamiento que dirige, unos pies que aplasten zarzas y labren nuevos caminos, una esperanza firme y una voluntad de acero. Una voluntad bien educada vale más que cien conocimientos. Haced a vuestros discípulos voluntariosos antes que sabios”. Su empeño fue una pedagogía popular, socialmente comprometida con los trabajadores explotados por el capitalismo, y enraizada con la cultura y la lengua del País Valencià, cuestión que plasmó ya en 1933 en dos conferencias: “Questió de principis sobre el xoc que patix el xiquet en haver d’estudiar en una llengua (el castellà) que li és aliena”; y “Necessitat d’una Associació de Mestres Valencianistes”. Soler i Godes había obtenido su plaza de maestro en 1923, cuando España estaba todavía anclada en el paradigma pedagógico tradicionalista, memorístico-irreflexivo, instruccional, transmisivista, bancario, directivo-autoritario y centrado en el maestro con total sumisión del alumno. En ese sentido fue ejemplar su empeño por construir una escuela activa que superase la ‘escuela-cuartel’ y la ‘clase-templo-pasivo’ en ventaja de la ‘escuela-comunidad’ y de la ‘clase-laboratorio’ abierta a la vida y a la naturaleza. Asumía, pues, en la práctica educativa, un carácter experimental y un arsenal desde y para la sabiduría popular.

A toda esta renovación se lanzó en 1932 tras asistir a l’Escola d’Estiu de Barcelona., donde conoció las técnicas Freinet que propiciaban la investigación y participación cooperativa del alumnado. Su metodología de aprendizaje introducía la asamblea de clase; los planes de trabajo; la correspondencia interescolar; el texto libre; la biblioteca de trabajo; la revista escolar, la imprenta y las conferencias (donde los niños, tras buscar los materiales idóneos reelaboraban y redactaban un tema que acompañaban con ilustraciones y fotografías). Hijo de propietarios de una imprenta en Castelló, Soler i Godes enseñó a imprimir  a sus alumnos con un complejo tipográfico simple y con grabado linóleum: “Fiel a las ideas de Freinet creé en mi clase de Moró la imprenta a l’Escola, un éxito gracias a la colaboración completa y entusiasmada de aquellos alumnos que hicieron posible la publicación de nuestra revista ‘Sembra’, una para cada alumno, y las sobrantes las intercambiábamos con otras escuelas de Catalunya”. ‘Sembra’ se redactaba en valencià y contenía también canciones, acertijos, poesía, cuentos… “Si eso lo pude hacer yo solo, sin colaboración oficial y burlando la ley que prohibía el valenciano en la escuela, qué no podréis hacer vosotros maestros jóvenes?”, escribía en 1986.

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Propuesta anti-homofobia a los directores de educación

La Pedagogía tiene asentadas una serie de reglas educativas insoslayables. Una de ellas, y que colapsa la tarea educadora, es que los profesores no deben desautorizarse mutuamente. Esto es extensible a las normas morales que se inculquen. Estas deben siempre cumplir con los Derechos Humanos, la ciencia y la defensa de la dignidad de todos los colectivos por minoritarios que sean. Las recientes declaraciones del Papa sobre los homosexuales aconsejando a los padres de estos que los lleven a un psiquiatra, o la noticia de que en el IES Marcos Zaragozá de la Vila Joiosa una profesora de religión enseñaba a los adolescentes que “la homosexualidad  es antinatural” y que “constituye un grave desorden moral” no pueden sorprender, pues reflejan la doctrina del actual Catecismo oficial de la Iglesia católica.

Ante esta situación, y ante el acoso, la marginación y las burlas que en muchos centros de enseñanza padece el alumnado homosexual por culpa  del adoctrinamiento religioso con una anticientífica papilla ideológica en temas de sexualidad, y por culpa de su sempiterno machismo (recordemos que ha habido suicidios), propongo que especialistas impartan al alumnado charlas científicas al respecto. Que desde la Medicina, la Psicología, la Judicatura, la Pedagogía y la Psiquiatría informen profesionales en los institutos. Veo esto necesario para dar a la problemática la importancia y credibilidad que merece. Educar en la diversidad afectivo-sexual, en la construcción de las identidades de género y en el homoerotismo adquiere la seriedad y el respeto que merece si son llamados a los centros de enseñanza expertos de la sociedad civil. Ellos lo harán científica y empáticamente desde su especialidad. Ellos explicarán que la ciencia ha dejado claro que la homosexualidad no es enfermedad ni trastorno y no hay nada que curar, diga lo que diga el Catecismo (veasé los dos manuales internacionales oficiales al respecto: el CIE-10 y el DSM-V).

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Actualidad pedagógica de Marx

Doscientos años después de su nacimiento, llama la atención que algunas de las propuestas pedagógicas de Karl Marx cobran inusitada actualidad. Marx, no realizó ningún libro o artículo sobre teoría de la educación. No obstante, aunque de manera fragmentada, a lo largo de su extensa obra dejó una serie coherente de ideas sobre qué educación sería la idónea para transformar la sociedad y que el hombre fuese más libre. Lo primero que llama la atención es cómo corta de raíz que la educación implique adoctrinamiento. La enseñanza debe ser universal, gratuita y laica: no puede estar bajo el control de ninguna iglesia o empresa privada, ni la religión puede ser una materia del currículum.  Hasta ahí, era previsible y ya lo habían propuesto los socialistas utópicos. Lo sorprendente en Marx es que defiende la educación estatal, pero fuera del control y la injerencia del gobierno, pues la tarea de este debe ser exclusivamente velar por el cumplimiento de las normas legales mediante inspectores y proveer de los recursos necesarios a las escuelas públicas. Nunca el Estado puede inmiscuirse como educador del pueblo -como ocurrió en los países de ‘socialismo real’ totalitario-: son los profesores quienes deben tener plena libertad de cátedra.

Pero Marx va más allá: el currículum oficial, tanto para estudios primarios como secundarios, solo puede estar conformado por disciplinas que no sean susceptibles de ser manipuladas o admitan conclusiones diversas si se es conservador o se es librepensador. Es decir, materias como las ciencias exactas y las naturales, el aprendizaje de lenguas y las normas gramaticales. Añádase a ellas la educación física y la estética adecuada al desarrollo cognitivo del alumnado. Así de tajante se muestra contra la posibilidad de adoctrinamiento venga de donde venga. Naturalmente esto es discutible, pues asignaturas como la historia, la ética y la filosofía creo que, enseñadas con rigor y exponiendo visiones contrastadas, son imprescindibles para una buena formación (Marx deja estos conocimientos para la educación universitaria).

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