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Economistas Sin Fronteras

Somos una Organización no Gubernamental de Desarrollo (ONGD), fundada en 1997 por un grupo de profesores y catedráticos universitarios, activamente comprometidos y preocupados por la desigualdad y la pobreza.

Nuestro objetivo principal es contribuir a generar cambios en las estructuras económicas y sociales que permitan que sean justas y solidarias.

Nuestros fines son la realización de programas y proyectos para contribuir al desarrollo de zonas y sectores de la población especialmente vulnerables, tanto en España como en los países del Sur; el fomento de una nueva cultura económica a través de la promoción de la Responsabilidad Social Corporativa y las Inversiones Socialmente Responsables y la realización de acciones de sensibilización y educación para el desarrollo de la sociedad civil.

Sin plastas no hay paraíso

Vivir a contracorriente no es fácil. Si ha participado en movimientos sociales habrá vivido en sus carnes el estrés que supone estar en permanente lucha. Cuando el estrés se mantiene durante largos periodos de tiempo y las estrategias de afrontamiento no lo reducen, uno acaba teniendo síndrome de 'burnout' y abandona. Esto es justo lo que no podemos permitir. Para sanar a un mundo herido, necesitamos a muchos imprescindibles, a esos que, como decía Brecht, luchan toda la vida. A los que son capaces de manejar el estrés.

En el  grupo de investigación E-sost hemos estudiado las estrategias que desarrollan consumidores sostenibles para no claudicar. Todos nuestros informantes sin excepción manifestaban síntomas de estrés: frustración, tristeza, ansiedad y agotamiento. Nada que sorprenda, porque estos consumidores-ciudadanos viven en permanente tensión con el demonio (el modelo neoliberal que pone por delante el crecimiento y la acumulación material caiga quien caiga), con el mundo (los otros que ni comprenden ni comparten y se burlan, critican o menosprecian) y con la carne (con mis otros gustos y mis otros proyectos que esta lucha compromete).

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“Las Autoridades Sanitarias advierten de que el Capitalismo perjudica gravemente a la salud”

Hace años que dejé de fumar, pero aún recuerdo la advertencia que aparecía en las cajetillas que decía: “Las Autoridades Sanitarias advierten que el tabaco perjudica seriamente la salud” (sic).  No sé si todavía aparece, ni si ha cambiado por otra advertencia. Si bien, se debería plantear la posibilidad de que ésta, mejorada gramaticalmente y reformulada, pudiera repetirse cada hora en cualquier medio de comunicación: “Las Autoridades Sanitarias advierten de que el Capitalismo perjudica gravemente a la salud”. 

El sistema capitalista se caracteriza por su inestabilidad cíclica, esto es, las fases de expansión económica son seguidas, inexorablemente, por crisis. Si en las primeras el aumento de la actividad económica se plasma en una disminución de la tasa de paro y un incremento en los ingresos de los hogares, las crisis provocan los efectos contrarios. La intuición nos dice que el crecimiento económico mejora el bienestar social y, en consecuencia, también, la salud. Pero los datos parecen demostrar lo contrario, al menos, a partir de cierto nivel de riqueza del país. 

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Mucho más que conocimientos: en defensa de las virtudes en el centro de la educación para la sostenibilidad

Tenemos un problema con la continuidad de nuestra existencia social. El cruce de líneas rojas para la estabilidad del funcionamiento del planeta, como las del cambio climático, la pérdida de biodiversidad o la alteración de los ciclos del fósforo y el nitrógeno, nos dicen que vivimos peligrosamente. Los estudios del Stockholm Resilience Centre sobre las fronteras planetarias dan buena evidencia de ello.

Pero se trata de un problema tan conocido y verbalizado como escurridizo. La complejidad, la incertidumbre y el riesgo que hay detrás del problema de la sostenibilidad de los procesos planetarios no nos lo ponen fácil para discernir caminos de cambio pueden abrirse y cuáles tomar en relación con nuestras estructuras y nuestros formatos de vida. Estamos, pues, ante un tipo de situación que los planificadores sociales denominan problemas “retorcidos” o “perversos” ( wicked). Y tan retorcidos. Porque no tienen una solución única que pueda ser alcanzada bajo un pensamiento lineal y parcelario, sino que están dominados por relaciones sistémicas. Es más, la propia definición del problema está íntimamente relacionada con las posibles soluciones que somos capaces de concebir. Por otro lado, las condiciones que rodean al problema (y sus soluciones concebibles) cambian con el tiempo y, para añadir más complejidad al asunto, también cambian con la diversidad de perspectivas que pueden tener los distintos agentes involucrados.

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La batalla de las pensiones

Nuestros mayores (y digo “nuestros” porque son un activo que nuestra sociedad no puede desaprovechar y del que tenemos que aprender mucho), ellos una vez más, nos han demostrado que la defensa de nuestros derechos es más que importante en esta ofensiva incesante del capitalismo actual.

La defensa de unas pensiones dignas es mucho más que la defensa de un derecho individual de cada uno de los pensionistas. Representa la reivindicación de lo público. Contra el individualismo que ataca nuestra sociedad, esta reivindicación apuesta por lo colectivo, por una ciudadanía que se apoya en las distintas generaciones que la integran. En definitiva, lo que está reclamando es el cumplimiento de un derecho fundamental, el derecho a la dignidad de todos y todas y particularmente el derecho a la dignidad de las personas mayores. Un derecho reconocido en la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, que desde el Tratado de Lisboa tiene el mismo valor que los Tratados Fundamentales y que la Comisión Europea tiene la obligación de defender. Es el artículo 25 de la Carta en el que La Unión reconoce y respeta el derecho de las personas mayores a llevar una vida digna e independiente y a participar en la vida social y cultural. Me gustaría preguntar cómo esto es posible para una viuda en Ourense con una pensión de 486,23€, pensión de viudedad para esta provincia en vigor a 1 de marzo de este año.

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Precariedad, qué bonito nombre tienes

Primero fue el co-working, luego llegaron los minijobs, las trabacaciones… y, más tarde, cuando la tasa de desempleo marcó un nuevo máximo histórico, allá por julio de 2012, el trabajo se convirtió en un bien tan escaso que hubo de compartirse. Así es la vida en los tiempos del jobsharing. Más suerte parecieron correr, en cambio, los entrepreneurs que, a la sombra de la ‘nueva economía digital’ y su giro discursivo, sortearon el crack, con start-ups llamadas a introducir innovadores modelos de negocio sostenible y sostenido, eso sí, a hombros de los así llamados “trabajadores pobres”. Cosas de millennials…

De millennials, de treinteenagers, de doers y de riders que ven cómo últimamente la precariedad les adelanta en bicicleta, abanderando una nueva forma de autoempleo part-time, flexible y autónomo, al que el lenguaje periodístico se ha encargado de dar un toque de distinción, vistiéndolo de hipster. ¡Ay!, precariedad, qué bonito nombre tienes. Así, neologismos,  blendings y todo tipo de anglicismos se suceden desde hace tiempo en el discurso mediático, con permiso de la economía ‘colaborativa’, invocando como novedosos fenómenos que en realidad no lo son tanto.

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Economía Social y Solidaria: ni entramado ni clientelismo

Algunos medios de comunicación convencionales se lanzaron hace poco más de un mes a la generación de una falsa polémica en torno a la relación que desde el Ayuntamiento de Madrid se mantiene con el tejido cooperativo de la ciudad. Las secciones dedicadas a información de Madrid en El País y El Mundo consideraron que la tormenta que terminó forzando la dimisión de Cifuentes era el mejor momento para hablar del volumen de la contratación menor en el Ayuntamiento de Madrid y, en concreto, la facturación que a través de este mecanismo de contratación pública había recaído sobre entidades de la Economía Social.

Bajando a lo concreto, para El País las informaciones ofrecidas entraban dentro del marco de “una investigación (…) que los lectores tienen derecho a conocer, gobierne quien gobierne” y se escudó en la veracidad de los datos publicados. Además a través de Lola Galán, la defensora del lector, el diario recordaba que “en un país democrático la prensa tiene una misión fiscalizadora de enorme importancia que no debe ser torpedeada bajo ningún concepto”. Hasta aquí es fácil estar de acuerdo con la defensa de los contenidos vertidos sobre la Economía Social y Solidaria (ESS). Sin embargo, este postulado no justifica bajo ningún concepto el uso tendencioso, el maltrato informativo y la parcialización con el que estas empresas periodísticas han intentado machacar durante un mes al tejido organizado que en esta ciudad trabaja por la consolidación de formas de economía ajenas a la lógica capitalista. Economías sociales, solidarias, feministas, sostenibles y que se basan en la cooperación y no en la competencia o el lucro.

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Crecimiento por cercamiento: otra vuelta de tuerca de la economía colaborativa

Ya tenemos bastantes datos que ponen en cuestión que las pujantes plataformas de economía colaborativa nos vayan a llevar a la tierra prometida. Más bien tiene pinta que, de seguir así, el tiempo en el desierto va a ser largo y duro.

La charla que dio Juliet Schor en diciembre sobre el lado oscuro de la economía colaborativa nos dejó el corazón en un puño. En la charla presentó las principales conclusiones del proyecto de investigación que ha dirigido durante siete años, estudiando diferentes plataformas y modelos de economía colaborativa. En dos líneas dijo que la promesa de más eficacia, más sostenibilidad, más lazos sociales y más prosperidad y oportunidades para los que están siendo excluidos del mercado convencional está muy lejos de realizarse. Y peor: esa promesa les está dando un capital moral a las plataformas sobre el que construyen una legitimidad social (y de forma preocupante, política) que las evidencias no sostienen.

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La gran crisis de los sistemas centralizados

¿No tiene la sensación de que en los últimos años las personas ni creen ni confían en lo colectivo? La crisis ha hecho estragos en los pilares sociales, una crisis financiera que, como un virus, comenzó a expandirse desde lo financiero a lo económico, de lo económico a lo político, y de lo político a lo social. Y dentro de este nuevo escenario de descrédito de las instituciones así como de prácticamente cualquier tipo de organización y herramienta de lo social -sindicatos, ONGs, etc.-, han surgido respuestas paradójicas por parte de las sociedades occidentales: la elección de Trump, la salida de Reino Unido de la UE o el auge de la extrema derecha -ya gobernando países centroeuropeos- a lo largo y ancho del viejo continente. Vistos estos resultados, increíble pero cierto es que la derecha ha sabido articular una respuesta rápida y efectiva sobre las ruinas que dejó la crisis, así como tomar la iniciativa con un discurso que, nos parezca acertado o no, está movilizando el voto de gran parte de nuestras sociedades ante la atónita mirada de la izquierda.

¡Ah! ¡La izquierda! La crisis financiera te dio la razón tras tantas décadas de protesta contra los fundamentos del sistema económico vigente, pero ¿por qué no estás recogiendo esos frutos hoy? ¿Quién se ha llevado tu queso? La crisis actual en la izquierda es un hecho a nivel global. En primer lugar, existe una ausencia de referentes teóricos y académicos que pasen del mero diagnóstico a formular marcos metodológicos que puedan tener eco en la política real. En segundo, hay una preocupante carencia de casos reales de éxito-país que den razones y motivación a las sociedades para creer que sus propuestas son positivas, pero sobre todo realistas. En los últimos años, aquellos gobiernos de izquierda que se han posicionado como estos casos de éxito -la Uruguay de Múgica o el Brasil de Lula, principalmente- tienen poco o ningún eco en Europa por la lejanía de sus realidades con las sociedades y problemas europeos, muy diferentes. Y, además, durante sus gobiernos ambos presidentes firmaron un pacto tácito de no injerencia con el sistema económico liberal, sin siquiera plantear alternativas o avanzar hacia otros modelos económicos más justos. En resumen, sin referentes teóricos ilusionantes ni ejemplos reales de una alternativa exitosa, comienza a ser frustrante ver a la izquierda manteniendo discusiones de los retos del siglo XXI con argumentos del siglo XX, rechazando ya casi de manera patológica cualquier novedad social o tecnológica, añorando un pasado al que ya parece imposible volver desde el punto en el que el mundo nos ha colocado.

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La insoportable levedad de la regulación española en pro del derecho de acceso a los servicios financieros

Al igual que sucede en la novela de Milan Kundera, la inutilidad de la existencia y la sensación del eterno retorno son dos elementos que parecen consustanciales al avance del derecho universal de acceso a los servicios financieros en España. Parece que hay más interés y contundencia en promover el ‘deber de uso’ por parte de una mayoría rentable de la población- como sucede en el ámbito de las pensiones privadas - que en garantizar el derecho de acceso a la minoría no rentable – y cada vez menos minoritaria. Ojo, debe diferenciarse bien entre el ‘derecho de acceso’ y el ‘deber de uso’ de los servicios financieros, dos conceptos muy distintos si no antagónicos. Nos centraremos básicamente en el primero, puesto que considerar el segundo implicaría una extensión ilimitada de estas reflexiones.

Podemos decir que la senda ha sido positiva en los últimos años: la Directiva Europea de Cuentas de Pago (Unión Europea, 2014) recoge el derecho de acceso “a cuentas de pago básicas con independencia de las circunstancias financieras del consumidor, como su situación laboral, nivel de renta, historial crediticio o insolvencia”. Incluye a personas que, aún sin disponer de residencia legal, no pueden ser expulsadas del territorio europeo. Este ha sido el gran hito del camino en Europa: reconocer que los servicios bancarios y los medios de pago son tan necesarios ya en nuestra sociedad como el acceso a la electricidad, por ejemplo, máxime cuando se pretende digitalizar lo más posible la economía y en algunos países el comercio sin pagos en efectivo se vislumbra en el horizonte [ 1]. Europa ha hecho sus cálculos en cuanto a la contribución de la inclusión financiera a la inclusión social y, de hecho, la Comisión Europea ha compensado económicamente a La Banque Postale francesa por mantener desde 2012 la Libreta A. Esta cuenta básica gratuita, adecuada para el mantenimiento de pequeños montos, ha contribuido a la inclusión financiera en Francia, complementándose con la presencia de la entidad en zonas suburbanas deprimidas y abandonadas por el resto del sector bancario. La Comisión Europea ha justificado esta compensación en base a la descarga de costes que ha supuesto para los servicios públicos.

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De cómo el 3% del crecimiento deviene en más pobreza y desigualdad

Como ni la riqueza, ni la producción, ni el consumo de un país se mide en bienes materiales y servicios a disposición de las personas, sino en magnitudes monetarias, es fácil inducir a la gente al engaño permanente al equiparar el discurso del crecimiento con la igualdad social y económica.

El gobierno saca pecho por el alza anual del 3% del PIB y deja entender como ese porcentaje de subida supondrá una mejora para la vida de los ciudadanos. Todo el tiempo oímos machaconamente la virtud del crecimiento económico como condición para nuestro bienestar.

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