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Economistas Sin Fronteras

Somos una Organización no Gubernamental de Desarrollo (ONGD), fundada en 1997 por un grupo de profesores y catedráticos universitarios, activamente comprometidos y preocupados por la desigualdad y la pobreza.

Nuestro objetivo principal es contribuir a generar cambios en las estructuras económicas y sociales que permitan que sean justas y solidarias.

Nuestros fines son la realización de programas y proyectos para contribuir al desarrollo de zonas y sectores de la población especialmente vulnerables, tanto en España como en los países del Sur; el fomento de una nueva cultura económica a través de la promoción de la Responsabilidad Social Corporativa y las Inversiones Socialmente Responsables y la realización de acciones de sensibilización y educación para el desarrollo de la sociedad civil.

Dime dónde trabajas y te diré cuánto crecerá tu salario

Siguiendo la clasificación centro-periferia de la UE-20 expuesta en un artículo anterior, este artículo se centra en las diferencias existentes en la productividad y los salarios en ambos grupos de países. La productividad se refiere al valor añadido bruto por hora de trabajo y el salario es la compensación a la población asalariada (incluye el salario bruto y, en su caso, los beneficios sociales que puede proporcionar la empresa como, por ejemplo, las ayudas escolares) también por hora de trabajo.

El análisis de estas variables de forma conjunta se deriva de una serie de aportaciones teóricas, por ejemplo las del recién fallecido Samir Amin, que identificaban una dificultad en los países periféricos para traducir los incrementos de productividad en incrementos salariales. En cambio, los países centrales sí eran capaces de que las mejoras productivas redundaran en progresos en las condiciones de vida de la población trabajadora. La importancia de la comparativa de estos datos se debe a que los salarios son la fuente principal de ingresos del 91% de la población activa de estos países, es decir, de la población asalariada (Fuente: Ameco). Por tanto, más allá de las importantes diferencias salariales en función del sector o del nivel de cualificación, ésta es una cuestión que afecta a la gran mayoría de la población.

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¿Qué significa pertenecer a la “periferia europea”?

Periferia es un término cada vez más común en el lenguaje relacionado con la Unión Europea (UE) por lo que entender su significado tiene actualmente una relevancia especial. Desde el estallido de la última gran crisis, la intensificación de las diferencias económicas y sociales entre los países europeos contribuyó a su división en distintos grupos. Inicialmente, el acrónimo peyorativo “PIGS” –referente a Portugal, Italia, Grecia y España– o el término “sur de Europa” fueron utilizados para agrupar a aquellos países que más estaban sufriendo las consecuencias de la mencionada crisis o, incluso, para identificar a los causantes de la misma. Junto a dichos términos, también se acuñó el de “periferia europea”, el cual arrastra un contenido teórico mucho más potente desarrollado desde la mitad del siglo XX por el Estructuralismo latinoamericano y la Teoría de la Dependencia, corrientes entre las que destacó el recién fallecido Samir Amin.

El reconocimiento de la valía de dichas aportaciones, alejándose de perspectivas eurocéntricas, permite reconocer y valorar en mayor medida la riqueza del contenido de la propia categoría “periferia europea”. En este sentido, a continuación se exponen una serie de implicaciones derivadas de la pertenencia a ese grupo de países periféricos. En primer lugar, el proceso de desarrollo de dichos países queda expuesto a los intereses de los países centrales, los cuales ocupan la posición de privilegio en la UE. Esto supone que la periferia europea experimenta un proceso de desarrollo dependiente. Por tanto, para comprender el significado de la periferia europea es imprescindible analizar sus relaciones económicas con los países que ocupen la posición central, o de dominio, en el marco de análisis que se esté abordando.

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Crónica de una década en quiebra anunciada

15 de septiembre de 2008, el día cero:

El cuarto banco de inversión de Estados Unidos y una de las entidades con más solera de Wall Street se declara en bancarrota. Quiebra Lehman Brothers. Nadie acude a su rescate. La Reserva Federal y el Tesoro de Estados Unidos miran hacia otro lado. Es lunes, el día cero. El último en la prolija historia del decano de la banca americana. Su mala praxis, las conductas reprobables de algunos de sus directivos y su idea de hacer negocio con las hipotecas subprime precipitan, entre otras razones, el cierre de la entidad. Se inicia, como se demostrará a la postre, uno de los capítulos más oscuros de la economía norteamericana cuyos efectos se dejaron sentir, casi como por efecto dominó, en el resto de economías del mundo.

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Sin plastas no hay paraíso

Vivir a contracorriente no es fácil. Si ha participado en movimientos sociales habrá vivido en sus carnes el estrés que supone estar en permanente lucha. Cuando el estrés se mantiene durante largos periodos de tiempo y las estrategias de afrontamiento no lo reducen, uno acaba teniendo síndrome de 'burnout' y abandona. Esto es justo lo que no podemos permitir. Para sanar a un mundo herido, necesitamos a muchos imprescindibles, a esos que, como decía Brecht, luchan toda la vida. A los que son capaces de manejar el estrés.

En el  grupo de investigación E-sost hemos estudiado las estrategias que desarrollan consumidores sostenibles para no claudicar. Todos nuestros informantes sin excepción manifestaban síntomas de estrés: frustración, tristeza, ansiedad y agotamiento. Nada que sorprenda, porque estos consumidores-ciudadanos viven en permanente tensión con el demonio (el modelo neoliberal que pone por delante el crecimiento y la acumulación material caiga quien caiga), con el mundo (los otros que ni comprenden ni comparten y se burlan, critican o menosprecian) y con la carne (con mis otros gustos y mis otros proyectos que esta lucha compromete).

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“Las Autoridades Sanitarias advierten de que el Capitalismo perjudica gravemente a la salud”

Hace años que dejé de fumar, pero aún recuerdo la advertencia que aparecía en las cajetillas que decía: “Las Autoridades Sanitarias advierten que el tabaco perjudica seriamente la salud” (sic).  No sé si todavía aparece, ni si ha cambiado por otra advertencia. Si bien, se debería plantear la posibilidad de que ésta, mejorada gramaticalmente y reformulada, pudiera repetirse cada hora en cualquier medio de comunicación: “Las Autoridades Sanitarias advierten de que el Capitalismo perjudica gravemente a la salud”. 

El sistema capitalista se caracteriza por su inestabilidad cíclica, esto es, las fases de expansión económica son seguidas, inexorablemente, por crisis. Si en las primeras el aumento de la actividad económica se plasma en una disminución de la tasa de paro y un incremento en los ingresos de los hogares, las crisis provocan los efectos contrarios. La intuición nos dice que el crecimiento económico mejora el bienestar social y, en consecuencia, también, la salud. Pero los datos parecen demostrar lo contrario, al menos, a partir de cierto nivel de riqueza del país. 

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Mucho más que conocimientos: en defensa de las virtudes en el centro de la educación para la sostenibilidad

Tenemos un problema con la continuidad de nuestra existencia social. El cruce de líneas rojas para la estabilidad del funcionamiento del planeta, como las del cambio climático, la pérdida de biodiversidad o la alteración de los ciclos del fósforo y el nitrógeno, nos dicen que vivimos peligrosamente. Los estudios del Stockholm Resilience Centre sobre las fronteras planetarias dan buena evidencia de ello.

Pero se trata de un problema tan conocido y verbalizado como escurridizo. La complejidad, la incertidumbre y el riesgo que hay detrás del problema de la sostenibilidad de los procesos planetarios no nos lo ponen fácil para discernir caminos de cambio pueden abrirse y cuáles tomar en relación con nuestras estructuras y nuestros formatos de vida. Estamos, pues, ante un tipo de situación que los planificadores sociales denominan problemas “retorcidos” o “perversos” ( wicked). Y tan retorcidos. Porque no tienen una solución única que pueda ser alcanzada bajo un pensamiento lineal y parcelario, sino que están dominados por relaciones sistémicas. Es más, la propia definición del problema está íntimamente relacionada con las posibles soluciones que somos capaces de concebir. Por otro lado, las condiciones que rodean al problema (y sus soluciones concebibles) cambian con el tiempo y, para añadir más complejidad al asunto, también cambian con la diversidad de perspectivas que pueden tener los distintos agentes involucrados.

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La batalla de las pensiones

Nuestros mayores (y digo “nuestros” porque son un activo que nuestra sociedad no puede desaprovechar y del que tenemos que aprender mucho), ellos una vez más, nos han demostrado que la defensa de nuestros derechos es más que importante en esta ofensiva incesante del capitalismo actual.

La defensa de unas pensiones dignas es mucho más que la defensa de un derecho individual de cada uno de los pensionistas. Representa la reivindicación de lo público. Contra el individualismo que ataca nuestra sociedad, esta reivindicación apuesta por lo colectivo, por una ciudadanía que se apoya en las distintas generaciones que la integran. En definitiva, lo que está reclamando es el cumplimiento de un derecho fundamental, el derecho a la dignidad de todos y todas y particularmente el derecho a la dignidad de las personas mayores. Un derecho reconocido en la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, que desde el Tratado de Lisboa tiene el mismo valor que los Tratados Fundamentales y que la Comisión Europea tiene la obligación de defender. Es el artículo 25 de la Carta en el que La Unión reconoce y respeta el derecho de las personas mayores a llevar una vida digna e independiente y a participar en la vida social y cultural. Me gustaría preguntar cómo esto es posible para una viuda en Ourense con una pensión de 486,23€, pensión de viudedad para esta provincia en vigor a 1 de marzo de este año.

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Precariedad, qué bonito nombre tienes

Primero fue el co-working, luego llegaron los minijobs, las trabacaciones… y, más tarde, cuando la tasa de desempleo marcó un nuevo máximo histórico, allá por julio de 2012, el trabajo se convirtió en un bien tan escaso que hubo de compartirse. Así es la vida en los tiempos del jobsharing. Más suerte parecieron correr, en cambio, los entrepreneurs que, a la sombra de la ‘nueva economía digital’ y su giro discursivo, sortearon el crack, con start-ups llamadas a introducir innovadores modelos de negocio sostenible y sostenido, eso sí, a hombros de los así llamados “trabajadores pobres”. Cosas de millennials…

De millennials, de treinteenagers, de doers y de riders que ven cómo últimamente la precariedad les adelanta en bicicleta, abanderando una nueva forma de autoempleo part-time, flexible y autónomo, al que el lenguaje periodístico se ha encargado de dar un toque de distinción, vistiéndolo de hipster. ¡Ay!, precariedad, qué bonito nombre tienes. Así, neologismos,  blendings y todo tipo de anglicismos se suceden desde hace tiempo en el discurso mediático, con permiso de la economía ‘colaborativa’, invocando como novedosos fenómenos que en realidad no lo son tanto.

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Economía Social y Solidaria: ni entramado ni clientelismo

Algunos medios de comunicación convencionales se lanzaron hace poco más de un mes a la generación de una falsa polémica en torno a la relación que desde el Ayuntamiento de Madrid se mantiene con el tejido cooperativo de la ciudad. Las secciones dedicadas a información de Madrid en El País y El Mundo consideraron que la tormenta que terminó forzando la dimisión de Cifuentes era el mejor momento para hablar del volumen de la contratación menor en el Ayuntamiento de Madrid y, en concreto, la facturación que a través de este mecanismo de contratación pública había recaído sobre entidades de la Economía Social.

Bajando a lo concreto, para El País las informaciones ofrecidas entraban dentro del marco de “una investigación (…) que los lectores tienen derecho a conocer, gobierne quien gobierne” y se escudó en la veracidad de los datos publicados. Además a través de Lola Galán, la defensora del lector, el diario recordaba que “en un país democrático la prensa tiene una misión fiscalizadora de enorme importancia que no debe ser torpedeada bajo ningún concepto”. Hasta aquí es fácil estar de acuerdo con la defensa de los contenidos vertidos sobre la Economía Social y Solidaria (ESS). Sin embargo, este postulado no justifica bajo ningún concepto el uso tendencioso, el maltrato informativo y la parcialización con el que estas empresas periodísticas han intentado machacar durante un mes al tejido organizado que en esta ciudad trabaja por la consolidación de formas de economía ajenas a la lógica capitalista. Economías sociales, solidarias, feministas, sostenibles y que se basan en la cooperación y no en la competencia o el lucro.

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Crecimiento por cercamiento: otra vuelta de tuerca de la economía colaborativa

Ya tenemos bastantes datos que ponen en cuestión que las pujantes plataformas de economía colaborativa nos vayan a llevar a la tierra prometida. Más bien tiene pinta que, de seguir así, el tiempo en el desierto va a ser largo y duro.

La charla que dio Juliet Schor en diciembre sobre el lado oscuro de la economía colaborativa nos dejó el corazón en un puño. En la charla presentó las principales conclusiones del proyecto de investigación que ha dirigido durante siete años, estudiando diferentes plataformas y modelos de economía colaborativa. En dos líneas dijo que la promesa de más eficacia, más sostenibilidad, más lazos sociales y más prosperidad y oportunidades para los que están siendo excluidos del mercado convencional está muy lejos de realizarse. Y peor: esa promesa les está dando un capital moral a las plataformas sobre el que construyen una legitimidad social (y de forma preocupante, política) que las evidencias no sostienen.

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