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Raúl Solís Galván

Raúl Solís (Mérida, 1982) es licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Está especializado en asuntos europeos, en comunicación política y en temas sociales. Ha colaborado con andalucesdiario.es con reportajes en profundidad sobre pobreza, exclusión y precariedad laboral. Ahora trabaja como periodista freelance para diferentes entidades culturales y sociales de Andalucía, y colabora con eldiario.es/andalucia y otros medios andaluces.

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“La masculinidad incide negativamente en el medioambiente”

Alicia Puleo (Buenos Aires, 1952), catedrática de Filosofía de la Universidad de Valladolid y directora de la Colección Feminismos de la editorial Cátedra, es la madre un ecofeminismo crítico y no esencialista. Su mirada se centra en la  relación que existe entre el género y la crisis ambiental y en hacer de puente entre el ecologismo y el feminismo. 

La filósofa feminista ha sido invitada a pronunciar la conferencia inaugural del XII Congreso Andaluz de Filosofía, celebrado en la capital andaluza este pasado fin de semana bajo el título ‘Filosofía, Mujeres y Naturaleza’, donde ha desgranado parte del pensamiento que la convierte en una de las figuras intelectuales claves del feminismo español.

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"Lo que los proxenetas quieren es ser bendecidos por los gobiernos para ser tratados como empresarios"

Rosa Hermoso (San Fernando, Cádiz, 1960) en 1989 era una joven psicóloga de 29 años que acababa de aprobar las oposiciones para trabajar en el Ayuntamiento de Sevilla. Nada más entrar, la destinaron a un lugar donde no quería ir nadie, a dirigir un centro recién creado por el alcalde socialista Manuel del Valle que no tenía recursos y que sólo contaba con una trabajadora social, una educadora y una conserje en la puerta de una de las zonas más degradadas entonces de la capital andaluza. En la calle Leonor Dávalos de la Alameda de Hércules, antiguo enclave de la prostitución en la capital andaluza, la ternura de esta feminista locuaz y combativa levantó el primer centro institucional de España (y uno de los primeros del mundo) de asistencia a las mujeres prostitutas, de ideología abolicionista, y situó a Andalucía en la vanguardia en lucha contra la esclavitud sexual.

La violencia extrema, la heroína, el sida, la llegada de las primeras extranjeras víctimas de trata, la pobreza de la que se nutre la industria del sexo, la sordidez de los prostíbulos donde las mujeres vivían hacinadas, entre malos olores y en condiciones de miseria y el recuerdo de las prostitutas que se le murieron en sus brazos le cortan el aliento y le provocan el llanto a esta andaluza menuda que es un referente clave del abolicionismo español. Ella ha rescatado a cientos de mujeres de la prostitución y las ha recuperado psicológica y físicamente para una vida sin violencia, sin chulos, sin proxenetas, sin prostíbulos y sin precio. 

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"Me pueden quitar mi casa pero Palestina es mi país y nunca me lo podrán arrebatar, lo llevo en el corazón"

Omar Suleiman Amir (Palestina, 1946) nació en Lista, un pueblo a cuatro kilómetros de Jerusalén, pero su pueblo ya no existe, es un conjunto de casas en ruinas, un núcleo urbano fantasma donde sólo hay destrucción, abandono y desarraigo, en él ya no vive nadie, no hay absolutamente nada, salvo el recuerdo de la huida. Lista fue declarada por Israel “zona de los ausentes” en virtud de la Ley de Propiedad de los Ausentes, promulgada en 1950 y utilizada para confiscar sus propiedades a los palestinos. 

En “un camioncito” cargó el padre de Omar la vajilla, las fotos, los cuadros, los muebles y los recuerdos que le dio tiempo a subir al camión, antes de que vinieran los ocupantes sionistas a echar de sus casas a 750.000 palestinos entre 1946 y 1948. La familia de Omar forma parte del primer gran éxodo que abandonaron sus hogares en 450 localidades palestinas que la ONU repartió a los judíos para que formaran el Estado de Israel, una ocupación que, lejos de terminar, 70 años después ha tenido su último capítulo en el traslado de la Embajada de EEUU a Jerusalén y en el uso de armas de fuego contra la población palestina que manifiesta su disconformidad con un movimiento unilateral promovido por Donald Trump, presidente de Estados Unidos, y que viene a echar más fuego a una tierra que lleva un siglo ardiendo.

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Las entidades de solidaridad con Palestina recuerdan que el “boicot” contra Sudáfrica acabó con el apartheid

"En Sudáfrica cayó el apartheid porque el boicot internacional obligó al Estado a dar su brazo a torcer; en Israel pasará igual si la ciudadanía y las instituciones actúan de la misma forma", asegura tajante Ana Sánchez, responsable en España de la campaña internacional de Boicot, Desinversión y Sanciones contra Israel (BDS), organización que ha acudido al Parlamento de Andalucía junto a otras entidades de solidaridad con Palestina a un foro, organizado por la Coordinadora Andaluza de Solidaridad con Palestina, en el que también han participado todos los partidos políticos andaluces, a excepción del Partido Popular.

El experto en Derecho Comunitario Fernando Acuña ha recordado que, con la nueva Ley de Contratación del Sector Público, "las instituciones están obligadas a no firmar contratos comerciales con empresas que vulneren los derechos humanos", por lo que ha llamado al "boicot" contra los intereses comerciales del Estado hebreo, como ya lo hacen los ayuntamientos de Cádiz y Barcelona, además de 30 consistorios andaluces y unos pocos más repartidos por el resto de España.

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El Colectivo de prostitutas de Sevilla se presenta en sociedad abogando por la "legalización"

Las prostitutas sevillanas quieren derechos sanitarios, cotizar a la seguridad social, que los asesinatos a prostitutas sean contabilizados como violencia de género en las estadísticas oficiales, que se legalicen los prostíbulos para que las puedan contratar legalmente, dejar de ser falsas huéspedes de hoteles que en realidad son clubes de alterne, que acaben las redadas contra los hombres que pagan por sexo, el fin de las pruebas obligatorias de VIH, dejar de estar estigmatizadas, tener voz en los espacios institucionales donde se tratan los problemas de las prostitutas, que el movimiento feminista no hable en su nombre a favor de abolir la prostitución y que cesen las ordenanzas municipales del Ayuntamiento de Sevilla, pioneras y referentes en España, que persiguen la compra y venta de mujeres en la vía pública y lanzan un mensaje nítido contra los puteros.

Es lo que piden las integrantes del Colectivo de Prostitutas de Sevilla, asociación recién creada que se ha presentado en sociedad en la Universidad Pablo de Olavide en medio de una fuerte polémica, debido a que la organizadora del acto ha sido Rocío Medina, profesora de Pensamiento Político Feminista en la UPO y responsable de Feminismos de Podemos Andalucía, formación política que "no tiene aún un posicionamiento político decidido sobre la prostitución", según la dirección andaluza del partido morado.

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Mis librerías, mis libros y mis libreros

En mi casa nunca hubo libros, salvo una enciclopedia con muchos tomos que los niños nacidos en los 70 y principios de los 80 usábamos para hacer trabajos de clase en los tiempos en los que no existían la Wikipedia ni el corta y pega. Mi madre compró la enciclopedia a plazos y le limpiaba el polvo con esmero cada domingo, pero nunca supo qué decían esos libros mastodónticos porque no tuvo la oportunidad de aprender a leer. La sacaron de la escuela a los nueve años para ponerla a fregar de rodillas en casa de unos señoritos. Mi madre ha hecho en su vida muchos oficios y muy duros, pero nunca la recuerdo leyendo un libro. Tampoco a mi padre, ni a mis hermanos mayores. Ya les hubiera gustado haber podido leer libros y trabajar menos y en mejores condiciones.

Los libros no formaron nunca parte del mobiliario de mi familia, una estirpe sencilla que, sin embargo, soñaba con que sus vástagos leyeran, se formaran y tuviéramos herramientas para defendernos de la inmundicia que acarrea la ignorancia, de la que se aprovechan los ‘listos’ de siempre para tiranizar a la gente sencilla. Yo podría explicar mi vida a través de mi relación con los libros, con las librerías y con mis libreros y libreras. Los libreros, la parte más débil de la cadena de distribución del libro, esos héroes que resisten como jabatos a la crisis, a los e-books y que se reinventan cada día para seguir dándole vida al libro y a nuestras ciudades introduciendo tartas y cafés en sus establecimientos para invitar a la gente a la lectura. Los libreros, esos autónomos indomables, que con sus recomendaciones nos salvan de la tristeza, de la indiferencia, de la soberbia, de la derrota, del sectarismo de las verdades absolutas y nos empujan a preguntarnos para qué vivimos y a qué sitio queremos llegar con los principios que cargamos.

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"La pornografía es la pedagogía de la prostitución"

Rosa Cobo Bedía (Cantabria, 1956), directora del Centro de Estudios de Género de la Universidad de A Coruña, llegó a defender la regulación de la prostitución pensando que así las mujeres prostituídas ganarían derechos y mejoras en sus condiciones sociales. Ese mundo de defensa de la regulación se le vino abajo hace 10 años, cuando la feminista andaluza Charo Luque, activista destacada de la Plataforma de Mujeres 8 de Marzo de Sevilla, la invitó a una charla sobre prostitución. En aquel foro, Rosa Cobo entendió la implicación directa que existe entre capitalismo neoliberal y la explotación sexual de las mujeres.

Desde hace una década, Cobos centra su labor investigadora en desgranar los entresijos de la industria del sexo como un sector transversal e internacional que no sólo hace caja en los clubes con luces de neón. Rosa Cobos ha estado en Sevilla presentando su último libro, 'La prostitución en el corazón del capitalismo', que la ha tenido varios años introduciéndose en los canales internacionales del tráfico sexual de mujeres, en los prostíbulos occidentales y hablando directamente con las víctimas de este engranaje que, según afirma, en España se nutre en un 90% de mujeres procedentes de países empobrecidos y que en Holanda, donde se legalizó la prostitución en 2001, representa el 5% del producto interior bruto.

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Tres madres para una Constitución feminista

Con la mirada puesta en una reforma constitucional de la que mucho se habla pero que no termina de llegar, el Centro de Estudios Andaluces (CEA) ha reunido, en el salón de grados de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla, a la constitucionalista Blanca Rodríguez, a la filósofa del Derecho Josefa Jiménez y a María del Mar González, profesora de Psicología y comisionada para el Polígono Sur, para debatir sobre una reforma constitucional con perspectiva de género, más allá del encaje territorial: “No sólo de la plurinacionalidad viven la sociedades”, dijo la directora del CEA, Mercedes de Pablos, al presentar el debate.

¿Será posible que en una futura reforma constitucional que España se constituya en un Estado social, paritario y democrático de derecho? ¿Será suficiente con que el texto constitucional sea feminista para que las leyes también lo sean? ¿Es una sociedad feminista únicamente por denominarse feminista o hace falta algo más? ¿Se puede ser feminista sin mirar a las mujeres más empobrecidas, a las racializadas, a las que viven en barrios abandonados o se dedican a los trabajos de cuidados, que son los más precarios?

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La revolución feminista de los 20 años

No saben quién es Simone de Beauvoir, la madre del feminismo moderno, y les suena de lejos Clara Campoamor: "¿Una diputada?, ¿una feminista, ¿una política?", responden Margarita, Marta y Paula en medio de una marabunta de gente en la que no tienen espacio nada más que para hacer fotos con su móvil. Están en la Plaza Nueva de Sevilla, el lugar de partida de la manifestación convocada este 8 de marzo en la capital andaluza por el movimiento feminista hispalense. Hora y media después del comienzo de la marcha, prevista para las 19 horas, estas tres jóvenes aún no han podido comenzar el recorrido de la que ha sido la primera manifestación a la que acuden en sus apenas veinte años de vida.

Mujeres más mayores dicen entre ellas, al lado de Marta, Paula y Margarita, que no recuerdan nada igual: “Bueno, sí, yo creo que esto se parece a la manifestación del 4 de diciembre”, dice una histórica militante feminista. A las tres jóvenes, estudiantes universitarias, la fecha les suena a chino, tanto como Simone de Beauvoir. No saben que el 4 de diciembre de 1977 es a Andalucía lo que este 8 de marzo de 2018 será para las mujeres, una fecha que marcará un antes y un después y que será señalada en el calendario como un día sagrado para sus derechos.

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Quiero ir a la huelga pero no puedo: cuatro mujeres

Ángela se ha levantado esta mañana a las 6.30 horas para "dejar recogida mi casa", en la que vive con sus tres hijos, antes de salir a limpiar oficinas, casas y escaleras por algo más de cinco euros la hora. Aunque trabaja diariamente entre diez y doce horas, sólo cotiza dos horas por jornada y al mes cobra 500 euros. A las 8 de la mañana ha entrado a limpiar una oficina durante dos horas; a las 10.30, otra por tres horas; a las 14.30, ha llegado a una vivienda en la otra punta de Sevilla para echar cuatro horas más. Entre cada lugar de trabajo hay más de tres cuartos de hora de trayecto que no le computan como tiempo de trabajo. Por supuesto, la empresa para la que trabaja no le paga tampoco el transporte público. "Me fundo los bonobuses y hay muchos meses que no me queda dinero ni para renovarlo", admite esta mujer de 37 años que cría en solitario a sus hijos en un barrio popular de la capital andaluza y a los que deja después de salir del cole con una amiga que le hace un "favorcito". 

"Sólo descanso el sábado y el domingo por las tardes", dice la víspera de la convocatoria internacional de la huelga feminista. “No me puedo quejar porque ya me he quejado dos veces y me han dicho en la empresa para la que trabajo que ahí tengo la puerta”, se lamenta mientras relata que la comida que entra en su casa es gracias a la obra social de una hermandad que le da un vale de alimentos para su prole por la noche y los fines de semana, porque los niños, de lunes a viernes, almuerzan y meriendan en el colegio.

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