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Verónica Fumanal

Verónica Fumanal es máster en Marketing Político y licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad Autónoma de Barcelona. Cuenta con una dilatada experiencia en el sector de la comunicación pública, así como en la dirección de gabinetes de comunicación y campañas electorales.

Docente en varios máster de comunicación política, colabora en diversos medios de comunicación, así como en publicaciones y ponencias especializadas.

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Tua culpa

Culpa es un concepto que se usa con frecuencia en los ámbitos jurídico, psicológico y teológico. La culpa puede ser en el ámbito del derecho "la omisión de diligencia exigible a alguien, que implica que el hecho injusto o dañoso resultante motive su responsabilidad civil o penal". Si atendemos al terreno de las emociones, la culpa "es una acción u omisión que provoca un sentimiento de responsabilidad por un daño causado". En lo religioso, "un pecado o transgresión voluntaria de la ley de dios". Pero últimamente en España, culpa es un concepto tan politizado como elecciones o investidura. Tanto es así que si realizamos una búsqueda en Google utilizando las palabras "culpa + elecciones" aparecen más de 22 millones de resultados. Así que vayamos a por los culpables.

Desde que se celebraron las elecciones del 28 de abril, la incertidumbre campa a sus anchas, pero tenemos algunas cuestiones claras. En primer lugar, solo el PSOE puede formar gobierno, el resto de las formaciones no tienen la capacidad de aglutinar las fuerzas necesarias para la investidura; así que la responsabilidad de formar gobierno es fundamentalmente de los socialistas. En segundo lugar, la aritmética política ofrecía varias posibilidades de gobierno, los números sobre el papel lo aguantan todo; sin embargo, la aritmética política solo permite una suma que pasa por dos protagonistas fundamentales: PSOE y UP, más el resto de los nacionalistas e independentistas para sumar los restos necesarios. En tercer lugar, lo que en la noche electoral parecía un pacto inminente, ensayado durante un año de legislatura pos moción de censura, los siguientes días resultaron dos líneas tácticas paralelas que no han llegado a confluir en un acuerdo, un diálogo de sordos sobre quién es el culpable de la todavía no inevitable repetición electoral.

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No estoy hablando de España

El pasado fin de semana, dos hombres en EEUU con fácil acceso a armas de fuego dispararon contra la población, en lo que parte del país denomina como “terrorismo doméstico” basado en la supremacía o nacionalismo blanco en el país norteamericano. Sin embargo, desde La Casa Blanca evitan utilizar este concepto y cuando hablan de supremacía blanca, la incluyen dentro de una serie de fenómenos que desdibuja su relación directa con los atentados del fin de semana. La negativa del presidente estadounidense a hablar sobre estos episodios como terrorismo y a poner el foco sobre la importancia del control de armas es una estrategia deliberada para proteger los intereses de sus votantes, mayoritariamente blancos y pro segunda enmienda, sin límites ni registros. Los hechos no han pasado desapercibidos para los candidatos y candidatas demócratas en pleno proceso de primarias y todos han coincidido en la vincular los atentados con los discursos racistas de Trump.

Existen estudios académicos que son concluyentes sobre la capacidad de los discursos públicos para legitimar conductas violentas entre sus seguidores, del mismo modo, que no se ha demostrado que la ficción o videojuegos puedan suponer conductas legitimadoras de imitación, porque los seres humanos sabemos diferenciar entre la violencia real y la ficticia, siendo solo la primera motivo de imitación y legitimación de conductas. Sin embargo, el presidente de los EEUU continúa elaborando un relato que intencionadamente evita afrontar que los discursos violentos provocan violencia y que el acceso libre a las armas, provoca que la gente pueda llegar a utilizarlas para matar.

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