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La negociación 'in extremis' entre PSOE y Sumar se tensa por el alquiler indefinido
¿Son las bonificaciones a los propietarios un “regalo fiscal” al especulador?
Opinión - 'El precio de no hacer nada', por Esther Palomera
Sobre este blog

El Ojo izquierdo nació en El País en 2010 y prolongó su vida durante diez años en la cadena SER, con vivienda propia en el Programa Hoy por Hoy, primero con Carles Francino, después con Pepa Bueno y finalmente con Àngels Barceló.

Ahora se instala con comodidad en elDiario.es, donde es de esperar que se mantenga incólume la aviesa mirada de su autor, José María Izquierdo.

No se juega con las cosas del vivir bajo techo. Ni de comer

El presidente de la CEE y arzobispo de Valladolid, Monseñor Luis Argüello.
28 de septiembre de 2026 22:50 h

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Mil veces, sin exagerar, habrán leído en este Ojo la palabra vivienda, siempre acompañada de la admonición al Gobierno para que se dedicara en cuerpo y alma a solucionar este dramático problema. Como el que oye llover. Y decimos el Gobierno – de izquierdas- porque de esas Comunidades y esos Ayuntamientos regidos por el PP y sus Almeidas y Ayusos variados nada podemos esperar, excepto todos los incentivos del mundo para la especulación más grosera. Es su señal de identidad, como ya demostraron con la famosa ley del Suelo del gran Aznar, luz y guía de la derecha patria, origen de gran parte de los males que se acarrean desde entonces. Sabemos, claro, de las dificultades de aprobar leyes en el Congreso con las que se enfrenta el Gobierno de Sánchez, a izquierda y a derecha, más a la derecha, pero el meteorito que se precipitaba desde el espacio era tan gigantesco que hubiera ameritado la adopción de medidas urgentes y por las bravas. Cualquier cosa antes que ver salir en camilla a Mari Carmen. 

Un problema universal de tal magnitud social, España es solo uno de los países en padecerlo, por fuerza tenía que remover la conciencia de los partidos de izquierda. Y así ha sido. Die Linke, la formación neocomunista que ha ganado las elecciones en Berlín, ha derrotado a los partidos consolidados y a la casi imparable extrema derecha con la vivienda como primera preocupación. También Zohran Mamdani, el alcalde de Nueva York, faro del más moderno progresismo, basó su programa, entre otros ítems, en los alquileres. O sea, que en todas partes la especulación miserable se ha comido la tostada, pero a eso han respondido las izquierdas -o al menos lo intentan- con el hacha en la mano. Aquí hemos hecho poco o nada, ahogados, es verdad, por el boicot de la derecha a cualquier solución, que el Perro Sanxe se cueza en su propio caldo y al déspota ni agua, y una debilidad parlamentaria obvia y más que evidente. 

¿Qué propuestas han ganado votos por ahí fuera? Variadas. Mamdani anuncia la congelación de los alquileres de un millón de viviendas. Die Linke, directamente y a pelo, ya veremos si puede hacerlo, basó su victoria en la promesa de expropiar más de 200.000 pisos en manos de grandes empresas inmobiliarias o con la toma de control de estas por parte de la Administración. Su líder, Elif Eralp lo gritó con claridad meridiana en la misma noche electoral: “Si Die Linke gobierna en Berlín, nacionalizaremos”, aseguró la candidata principal del partido. Y como nos recordaba aquí mismo Íñigo Sáenz de Ugarte, otros partidos de izquierda se decantan por la construcción de viviendas. Se supone que sociales, claro. El francés Jean-Luc Mélenchon prometió en la última campaña construir 200.000 nuevas viviendas anuales durante cinco años, y los menos radicales laboristas británicos también se comprometieron a construir un millón y medio de pisos en cinco años.

Ya, todo es difícil y cuesta arriba, pero nos ha golpeado Mari Carmen y nos interpelan las tiendas de campaña en la Puerta del Sol. Y algunas decisiones, como las de frenar los desahucios a gentes vulnerables no parece tan compleja de administrar. O topar los alquileres, o forzar una salida para las viviendas desocupadas. El Ojo no es experto en esta cuestión, ni en cualquier otra, por cierto, pero ellos están llenos de técnicos, se supone que los mejores del país. Hoy mismo, cuando ya esté en el éter este articulillo, debe tomar medidas urgentes el Gobierno y luego, chirriando todos los ejes de la maltrecha carreta, sacar adelante las medidas en el Parlamento. Decíamos la semana pasada que al Gobierno le queda poco tiempo para demostrar a los españoles por qué merece la pena votarles. Y si aquí opinan de política los expertos en ovnis y fantasmas, los señoros del bar de la esquina acodados en la barra o sentados en el sofá del elegante club, las señoras de familia bien en la matiné o donde sea, y hasta diserta, aún más ignara que todos los citados, la reina del vermú madrileña, Isabel Díaz Ayuso, ya me dirán por qué el Ojo tendría que callarse sus recomendaciones al Gobierno. Ahí van, en breve y por derecho: mantenga sus señas de identidad, por supuesto, incluida su crítica firme y decidida al tándem despreciable y criminal formado por Trump y Netanyahu, defienda a capa y espada la defensa de las minorías y el respeto a los derechos humanos, entre ellos los de los inmigrantes y marquen límites firmes a la Inteligencia Artificial y a sus multimillonarios lunáticos, entre otras cosas igual de importantes. Pero al tiempo, ya casi agotado, gire los cañones y emplee toda la artillería para los menesteres cotidianos. 

O sea, ¡a las cosas!, que ya hemos recordado en alguna ocasión la conocida frase de Ortega y Gasset, que siempre luce echar mano de una cita de categoría. Vamos, que concentren fuerzas para demostrar que son eficaces en puntos clave para el bienestar de la ciudadanía, y el primero, la vivienda. Hay más, claro. Como el coste de la vida, que esa es otra, que la gente está harta de que las peras, un decir, haya que pagarlas a precio de trufa. Y, también preocupa, y mucho, la educación de nuestros hijos, como se pudo comprobar, también el domingo, en una multitudinaria manifestación. Las cosas, que decía Ortega. Y sí, por caridad, líbrennos de ese espectáculo insufrible de ver a ánimas sin nombre, niños, niñas, mujeres y hombres pulular por tierras ceutíes como puros desechos de la historia.  

Dirán que en el tema de la vivienda hay problemas estructurales muy difíciles de solventar en unos cuantos meses. Pero no lloren por el vino derramado. ¿No pretende este gobierno tan progresista acelerar las devoluciones de migrantes a Marruecos con un decreto ley, empujados por la dura realidad? Pues nada, habrá que gobernar a golpe de martillo, que ya da igual lo que se haga porque lo que hay enfrente es inasequible al desaliento, y tanto da lo que decida el Gobierno porque con Núñez Feijóo y Abascal ejerciendo de cabras, sonrisa de oreja a oreja, los bizarros tercios de ultras furiosos van a seguir llamando a Sánchez sátrapa, dictador y, sobre todo, hijo de puta, como bien se oía en la manifestación un tanto escuálida del sábado pasado. Más, insulten más, arengaban a sus huestes. En la cárcel y con grilletes ese traidor de Sánchez, qué bueno el potro, la cuna de Judas o, más sencillo, el arrancamiento de uñas, véase El crimen de Cuenca. 

Están locos de odio. Y de rabia. Con casos como el de Mari Carmen, hasta los más duros del lugar se han echado alguna lagrimita y los partidos de la izquierda, al menos, han entendido el drama para concluir que hay que ponerse a trabajar como esforzados para acabar con esas lacras. Al PP, tan cristianos, tan educados, tan nobles, no se les ha movido una ceja. Ni un gesto de empatía de sus dirigentes hacia esa pobre mujer. Es más, ya han anunciado que con ellos no cuenten para encontrar soluciones a la crisis.

Muérase, ya, Sánchez, y luego vendremos a rematar con medidas vergonzantes a esos inquilinos gorrones y esas viejecitas que viven del sudor de los sufrientes propietarios, incluso esos fondos de aves carroñeras de derechos tan consolidados. Que no se les toque ni un pelo, que son ellos quienes traen riqueza. Para los de siempre, claro. Y ya que hablamos de cristianos, nos gustaría saber qué hace la Iglesia en Ceuta –no ha cedido un palmo del terreno que posee, ni hemos oído una sola oferta de prestar suelo sagrado del mucho del que disfruta para paliar la crisis humanitaria- ni por supuesto se ha manifestado con energía frente a los desahucios, que quizá ocurra que Mari Carmen no iba a misa todos los domingos. O será que a estos obispos que disfrutamos, les parece mejor apoyar a los ricos que ayudar a los más desfavorecidos. Pero qué dice el Ojo. Los obispos sí han hablado del asunto, aunque con retraso. ¿Y qué ha dicho don Luis Argüello, presidente que es de la Conferencia Episcopal y por tanto jefe de los jefes de los asotanados? Pues el buen hombre ha aprovechado que el Pisuerga pasa por Valladolid, de donde el susodicho es arzobispo, para decirnos que “el aborto es un desahucio de consecuencias irreversibles”. O sea, que como sé que te gusta el arroz con leche, por debajo de la puerta te paso un ladrillo.

Ay, el PP. Hay que ver ese espectáculo bochornoso que protagoniza todos los miércoles en el Congreso, con graznidos como buitres y zapateados como auténticos équidos, espoleados en sus panzas por los Tellados, arre, burro, arre, o las Álvarez de Toledo, galopa, corcel, galopa. A ese circo degradante, indigno y despreciable se ha sumado esta semana la muy vociferante Ana Vázquez, tertuliana prodigiosa del PP, con ese ridículo envase de gas pimienta, tan vitoreada por los suyos. ¡Qué desfachatez, qué vergüenza! ¿Nadie con dos dedos de frente en esos establos, mayormente sería labor de los jefes, va a poner freno a esa degradación de la política, similar a la de esos jueces que hacen lo propio con la institución judicial? Porque lo siguiente será el revólver, la escopeta de cañones recortados o, ya puestos, el kalashnikov o la granada de mano. 

Decíamos de empatía en la derecha. ¿Qué me cuentan de la frutera y pescadera de Madrid, esa señora que se ha dedicado a hacer cuchufletas con la situación de una anciana con minusvalía que se ha quedado en la calle? Asómese la pinturera Díaz Ayuso al balcón de sus oficinas, esas en las que torturaban los esbirros policiales de Franco, y grite a los acampados a sus pies en la madrileña Puerta del Sol: “¡Pobres, harapientos, miserables, perroflautas, cómprense con el dinero de todos un ático de seis millones, 100 metros de terraza, y dejen de dar la tabarra!” Qué días tan lindos nos esperan con el ínclito Miguel Ángel Rodríguez intentando montar el cristo al Gobierno con la acampada. A ver cuánto dura la protesta.  

Aún quedan meses para las elecciones y ustedes, hacen bien, exigen mucho a este Gobierno. Pero piensen que la alternativa es este PP. ¿En solitario? Quiá, muy mejorado con el Vox de Santiago Abascal y cierra España.

Ahí lo deja el Ojo.

Adenda. Y ya que hablamos de armas, solo un minuto para las porras de los policías, esas de acero endurecido, de caucho o de polímeros. Llevamos viendo cargas desmesuradas desde hace bastante tiempo. Y la porra, duele. Se lo dice un perjudicado. Es bochornoso ver la carga del otro día en la casa de Mari Carmen. ¿Era necesaria esa brutalidad de golpes indiscriminados? Y no lo hemos visto una vez ni dos. Son ya demasiadas. Por no hablar de las denuncias que este diario ha expuesto con datos e imágenes irrebatibles de militares en Ceuta comportándose como bestias inhumanas con jóvenes marroquíes. Unos y otros tienen directores generales y luego ministros. Marlaska y Robles están obligados a abrir expedientes a los culpables y echarlos a la calle sin honores y con el cartel de bestias en la frente. ¿Son los mismos, quizá, que se ciscan en el Gobierno en bares y cuarteles?

Un país democrático no puede permitir semejantes barbaridades. Y un gobierno que presume de progresista, que aboga por la paz y el diálogo, no puede tener en nómina a tipos y tipas que apalizan a ciudadanos indefensos. Fuera salvajes, fuera.   

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El Ojo izquierdo nació en El País en 2010 y prolongó su vida durante diez años en la cadena SER, con vivienda propia en el Programa Hoy por Hoy, primero con Carles Francino, después con Pepa Bueno y finalmente con Àngels Barceló.

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