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Sobre este blog

El Ojo izquierdo nació en El País en 2010 y prolongó su vida durante diez años en la cadena SER, con vivienda propia en el Programa Hoy por Hoy, primero con Carles Francino, después con Pepa Bueno y finalmente con Àngels Barceló.

Ahora se instala con comodidad en elDiario.es, donde es de esperar que se mantenga incólume la aviesa mirada de su autor, José María Izquierdo.

Ese oscuro infierno de la Comunidad de Madrid

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, junto a la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en una concentración contra el Gobierno de Pedro Sánchez, el pasado diciembre.
23 de febrero de 2026 22:45 h

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Es tremendo, verdaderamente tremendo, el escándalo que hemos conocido de cómo y quién dirigía el destino de los 7.000 millones de euros, repitan conmigo, 7.000 millones, una fruslería, destinados al área de Educación en la Comunidad de Madrid. Se destrozaba la Universidad, se protegía a la enseñanza privada hasta la desvergüenza, se imponían criterios ultrarreligiosos. Un horror. ¿Quizá era un sesudo doctor en Pedagogía quien elaboraba esos planes? ¿Un experto en Educación diplomado en varias Universidades europeas? Quiá. Era una mezcla de gurú y saltimbanqui, sin ningún mando en plaza, metido a capón en los pliegues del Gobierno regional, enmascarado como responsable de un ballet fantasmagórico, pero que él y los niños pijos de su secta, los Pocholos, dios santo, qué rubor invade mis resecas mejillas, incluso habían nombrado al consejero de la cosa, Emilio Viciana, mero títere que como todos los demás, por otra parte, lo ignoraba todo, absolutamente todo, de la materia que dependía de sus manazas. Recuerden los miles de millones y sus destrozos durante años. El payo aprovechado, bajo el manto protector de su amiga Isabel Díaz Ayuso, más conocida como la reina del vermú, lleva de nombre Antonio Castillo Algarra, y tiene una insana y grotesca tendencia a disfrazarse del dios más ridículo y tradicional, hasta rayos y palomas le adornaban en sus montajes. Hay que ver la peste negra de estos niñatos, que el Ojo no se ha dejado las pestañas leyendo los Grundrisse para acabar hablando de los Pocholos.

Al hilo de esta historia, muy bien contada en este medio, hay alguna consideración que convendría hacer. Por ejemplo, nos gustaría saber si el caso de este chirigotero promovido a las alturas es el único en la Comunidad de Madrid. Algún ejemplo. ¿Tenemos constancia de que Fátima Matute Teresa, la consejera de Sanidad, es quien de verdad ha decidido, gran cerebro, que Quirón y Ribera se lleven la morterada de millones y se machaque a la sanidad pública? ¿Rocío Albert López-Ibor, consejera de Economía, Hacienda y Empleo es realmente la persona que decide la política salvajemente neoliberal de la Comunidad, y no algún grupo, secta o rondalla de enfebrecidos libertarios amiguetes de la presidenta? Alguien dirá que en realidad es Miguel Ángel Rodríguez quien mueve los hilos en la Puerta del Sol. No se engañen: MAR da para lo que da, una marranada por aquí, una sucia zancadilla por allá, una astracanada por acullá. Para pensar, otros. 

Una segunda consideración. ¿Qué hacía el resto de los consejeros, señores y señoras tan serias, ante le evidencia, burda, tosca, grosera, de que ese señor Viciana, allí sentado a su lado, un indocumentado de libro, incapaz de pergeñar y llevar a cabo cualquier proyecto sensato hacía añicos día tras día los moldes de algo tan fundamental para un país como la educación, sin decir ni mu ante tales desmanes? ¿Cómo un partido tan rico y poblado de grandes nombres como el PP de Madrid, burócratas apolillados la mitad de ellos, es cierto, ha permitido que un tipo tan estrafalario haya tenido en su mano un cacho de la comunidad sin que el partido se enterara de nada? ¿O es que acaso la señora presidenta tiene bula para hacer lo que se le antoje, incluso regalar 7.000 millones a una charanga juvenil para que se divirtiera, machacando, eso sí, a templos de la inteligencia como la Universidad Complutense, 65.000 alumnos, 6.826 profesores, 738 de ellos catedráticos, 1.400 investigadores? A esta señorita del pan pringao, ¿hay alguien que la vigile, que eche, aunque sea, un mínimo y rápido vistazo a su gestión? 

Y aquí llegamos a la tercera consideración. Alberto Núñez Feijóo. ¿No se enteró este gran líder de nada de lo que ocurría en un feudo de su partido tan importante como la Comunidad de Madrid? Y una vez destapada la cloaca, ¿nos ha deleitado con alguna declaración, alguna opinión al respecto, le parece acertado el proceder de la presidenta madrileña y el amparo a su gurú, tan pocholo como sus niños? Porque hablamos de Educación, de desmantelamiento de las Universidades públicas, huelgas y manifestaciones tumultuosas, una protesta que ha llenado páginas y páginas de periódicos y ocupado muchas horas en todos los foros incluido el Congreso de los Diputados, ese mismo escenario que este gran prócer ha convertido en un circo de pateos, relinchos, graznidos y cacareos, el afamado grupo de Tellado y sus gamberros. ¿Qué pinta en esta vaina Núñez Feijóo? ¿Alguien de verdad cree que tiene el menor control sobre la polímata, la frutera de Madrid, que lunes y martes le reta en campo abierto, pasando olímpicamente de lo que dice o señala su en teoría jefe de filas? Su antecesor lo intentó, corrupción de libro al descubierto y salió por la ventana a velocidad de vértigo. Miedo, tengo miedo, yo en tus palabras no creo, ni en las mías tú tampoco, cantaba desesperada Rocío Jurado. 

Mi buen amigo Ángel, mente racional y analítica, me sorprendió el miércoles pasado con una pregunta: “Oye, Ojo, ¿tú crees que Feijóo llegará como candidato del PP a las elecciones del año próximo?”. La cosa tiene lo suyo y requirió una larga pensada. Porque ya saben ustedes la humorada de Groucho sobre cierto personaje relevante: “De la nada a la más absoluta de las miserias”. Todo el mundo sabe, y se supone que también en el PP y sus poblados alrededores, repletos de grandes genios, prohombres riquísimos y estrategas de postín, que el hombre no levanta de un escaso vuelo gallináceo. Hace, grita, gesticula y todos sus esfuerzos, ay, acaban en engordar a su gran rival, Santiago Abascal. Debe ser doloroso contemplar cómo le aguanta el tipo Pedro Sánchez, ese psicópata deleznable, al tiempo que Santiago y cierra España se le come por las patas. ¿Isabelita en sus filas? Ya hemos visto, ya. No, la derecha se rompe el alma jurando a todas horas que Sánchez no resiste. Bien. ¿lo hará Feijóo? O, mejor aún, ¿le aguantarán a Feijóo? 

Otra semana de agitación en la izquierda. ¡Qué bien, qué sano y qué necesario este baile de san Vito, esta convulsión parecida a aquellos bailes tremendos que iluminaban los cabarés alemanes entre guerras! Si usted quiere rehacer el puzle, tira las mil piezas en la mesa y luego, con paciencia y buena letra, va montando ese maldito cielo en el que todos los pedacitos azules son iguales. Ya, se blasfema, claro. Pero cuando se ha completado el paisaje japonés se le sube el orgullo hasta las orejas. Es obvia la necesidad de unidad de la izquierda. Seguro que lo ve hasta la mismísima Cayetana Álvarez de Toledo. ¿La propuesta de Rufián? Bien. Se estudia, se mira del derecho y del revés, se habla, sobre todo se habla y si al final resulta que es mejor la propuesta de menganito se escoge la de menganito. Pero no convendría que el subidón de un día se nos suba a la cabeza. Porque cualquier salida a este atasco monumental que paraliza y penaliza a la izquierda solo puede pasar por la unidad de Sumar y Podemos, sea cual sea la fórmula que se decida. 

Se empeñan los hunos y los hotros, que decía Unamuno, en que lo importante no es hallar una fórmula electoral, qué poca ambición, dicen, sino llegar a una confluencia ideológica que pergeñe un planteamiento político atractivo para el votante de izquierdas. Bonito, ¿verdad? Pues hala, pónganse a ello, pero el Ojo ya se daría con un canto en los dientes si al menos se lograra una fórmula electoral, tan denostada por los que más cielos asaltan, pero que a lo mejor impide que nos gobiernen los émulos de Trump. Casi ná. 

Y ya que hemos citado a Trump, ¿cómo puede el mundo girar alrededor de un loco peligroso al que le anulan decisiones su propio Tribunal Supremo, con mayoría de muy de derechas, los insulta y luego vuelve a poner y retocar al día siguiente, tipo chalado, esos aranceles que afectan a todo el mundo, obligados a estar pendientes del humor del orate? ¿Empiezan en Estados Unidos a ver desnudo al rey? 

Por cierto, ¿sería el ínclito Algarra, historiador risible, el gurú susurrador de la medalla de Ayuso a Trump y del exabrupto a la presidenta mexicana? Con ese combo, cualquier majadería es posible. Tiene toda la pinta, que dice Feijóo.

(Mañana conoceremos informaciones inéditas sobre el 23-F. Está muy bien. A lo mejor podemos profundizar un poco en la trama civil del golpe y echar algo de luz sobre las maniobras en la oscuridad del emérito trincón en aquel día tan señalado.)

Adenda. Diez mujeres y dos niños asesinados en lo que llevamos de año. Qué horror. Sumemos las acusaciones de violación y abusos de personajes poderosos con sus subordinadas, sea alcalde de Móstoles o jefe policial. ¿Qué nos pasa a los hombres? ¿Cómo podemos ayudar a frenar esta escalada de salvajismo? ¿Qué se puede hacer? Es insoportable contemplar este comportamiento salvaje de nuestros compañeros de sexo, los hombres, acuchillando o ahogando a sus parejas o a sus hijos pequeños con una saña bestial, una violencia atroz. Es evidente que se necesita mejorar la protección de las mujeres amenazadas, pero el Ojo habla de cómo podemos echar una mano a las gentes digamos normales, de qué hacer, de qué decir, de cómo actuar. No ayuda, claro que no, el desdén de la extrema derecha contra el feminismo o la violencia de género. María Guardiola, qué ignominia, debería saberlo. 

Decía la historiadora y escritora Anne Sebba esta misma semana en La Vanguardia que “puedes ser muy culto y una bestia al mismo tiempo”. 

¡Qué despiadados, qué bárbaros, qué gente brutal e inhumana! 

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