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Sobre este blog

El Ojo izquierdo nació en El País en 2010 y prolongó su vida durante diez años en la cadena SER, con vivienda propia en el Programa Hoy por Hoy, primero con Carles Francino, después con Pepa Bueno y finalmente con Àngels Barceló.

Ahora se instala con comodidad en elDiario.es, donde es de esperar que se mantenga incólume la aviesa mirada de su autor, José María Izquierdo.

Orbán, Netanyahu, Ormuz. Y un colchón

Feijóo, Rueda y Baltar en una imagen de archivo
13 de abril de 2026 22:15 h

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Qué importante la derrota de Víktor Orbán. Razones varias. Por la desaparición en la escena internacional, al menos durante algún tiempo, de un tipo despreciable y reaccionario hasta la caricatura. Por sus continuos palos en las ruedas de la Europa de Bruselas, tanto en la guerra de Ucrania como en la distribución de fondos y otras muchas actividades; por la pérdida del liderazgo en la ultraderecha global, rendida a sus pies como si se tratara de un gran líder mundial, cosa que nunca fue. Hungría, un pequeño país de menos de diez millones de habitantes; por la vergonzante sumisión a Vladímir Putin, espía rastrero; por la orfandad de apoyo y chorros de dinero en la que deja a Santiago Abascal, años viviendo de los generosos fondos del Magyar Bankholding.

Y, además, qué placer contemplar como Trump y su camarero J.D. Vance se han estrellado estrepitosamente en su apoyo escandaloso al gran perdedor y en sus ataques furibundos, qué vergüenza de aliado, a los europeos, fracaso total y absoluto, ridículo cósmico. Habrá que comprobar, además, si la caída de Orbán significa un reflujo real y significativo del tsunami ultraderechista que parecía dirigir al mundo entero hacia el abismo en una carrera delirante. ¿Péter Magyar es de derechas? Pues sí, sin duda, pero ya ven cómo andará el mundo que con qué poquito nos conformamos. 

Sigue el duro enfrentamiento de Pedro Sánchez con el Gobierno de Israel. Y viceversa. Es imposible ontológicamente, excepto si te llamas Santiago Abascal, Ester Muñoz, esa señora del PP que desprecia a los soldados españoles y a la que retrasan con molestos controles, o Itamar Ben-Gvir, el ministro ultra israelí, situarse en esta pelea a favor de Benjamín Netanyahu, el genocida. Hace bien el gobierno español en mantener una posición firme y descaradamente pública, orgullosa, en contra de la barbarie que hoy representa Israel, más de 70.000 muertos en su haber sangriento y que sigue amenazando con crear más terror y más dolor allá donde se le antoje. Con Trump, claro. Poco hay que añadir sobre esta guerra ilegal, injusta, demencial y sinsentido que no hayamos dicho ya. Hoy toca Papa -qué osado nos ha salido míster Prevost y bloqueo de Ormuz. Veremos mañana. Pero mientras tanto, presión y denuncia como hace Sánchez y el gobierno de coalición, a ver si se logra que Europa, ay, qué sufrimiento, deje de arrastrar los pies y eche a los tiburones al canalla de Mark Rutte. Y, por supuesto, No a la guerra. 

Al Ojo, siempre tan caprichoso, le ha dado hoy por repasar la hemeroteca. Ya ven, como a otros un día les apetece ver las fotos de cuando era niño: ¡ah, ese traje de marinerito de la primera comunión! No es mal entretenimiento, y buenas son las treguas, que hasta Trump -ese maldito- y los ayatolás -esos infames- están en una de ellas. Así que tomamos una pausa en el trágico acontecer diario y elegimos prota de esta rápida historia a Alberto Núñez Feijóo, Orense, 1961. Es que la frase del colchón es para escribir en piedra. Tan boba, tan estúpida, tan ridícula, tan grotesca, tan pánfila. ¿De verdad que el líder del primer partido de España, 50 millones de habitantes, en mitad de una guerra mundial y unas amenazas económicas intimidantes, reprocha al presidente del Gobierno que cambiara el colchón de su cama cuando se mudó a La Moncloa hace siete años? Llevaba escrita esa patochada en un papel - ¡qué tipo el escriba del discurso, de dónde sale tanto lelo! - y tranquilamente, incluso con un cierto aire pomposo que todavía marcaba más la bufonada, no solo lo leyó, es que, además se refociló en la faena esperando el aplauso del respetable. Para más bochorno, en el estrado lucía un cartelito: “Lo más importante”. Eso, el colchón. 

Ya, sí, chusco y estrafalario. Pero es que el personaje del que hablamos es así, y ahora vamos a verlo, que a veces es bueno echar un vistazo al pasado. Feijóo es bufón, pero es más malo que la quina, con un gusto acre por la desvergüenza y el ataque sin frenos a sus opositores. Malas artes, que llaman, ardides de bribones. Los prostíbulos de Sánchez no son una miseria nueva en el discurso del presidente del PP en su larga carrera. Esa es, precisamente esa, su manera de trabajar en política y lo bien que se mueve en el fango de la calumnia. Algunas cosillas sacadas de su campaña en Galicia para suceder al socialista Emilio Pérez Touriño, presidente de la Xunta de 2005 a 2009 en coalición con el BNG. ¿Qué dijo por entonces nuestro político moderado, un caballero, de Pérez Touriño, un exquisito profesor de Economía Aplicada en la Universidad de Santiago de Compostela? Pues que era un adicto al lujo y que quería vivir como un actor de Hollywood. Peores maneras gastó el individuo con el entonces vicepresidente, Anxo Quintana, del BNG, del que propaló por donde querían escucharle en mitad de la campaña que maltrataba a su esposa. Los jueces, claro, qué sorpresa, se pusieron de perfil ante las denuncias del político del Bloque. 

Como para toda fechoría se necesitan cómplices, Feijóo siempre contó con varias ayudas: la primera, de esta prensa legionaria que tanto nos gusta, y de su entonces mozo de espadas, hoy presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, otro centrista educado. Abc, junto a los medios de la derecha más cutre de la región, como La Voz de Galicia, se volcaron en aquella campaña ofreciendo un altavoz permanente a todas las insidias contra Touriño. Los Audi blindados, los muebles de diseño del despacho. De los coches, la mentira pronto quedó patente la suciedad de la información. Los autos blindados eran como el que había usado Fraga, 32 coches Audi se habían comprado durante su mandato, y los muebles de diseño, de los que él iba a prescindir en cuando llegara a la Xunta, allí seguían varios años después. ¿Alfonso Rueda? Ayudando. Confirmaba que Touriño estaba comportándose “como el sultán de Brunéi” mientras “Galicia atraviesa la peor crisis de las últimas décadas”, y que esos muebles del despacho eran un “insulto a la dignidad de todos los gallegos”. Y aún más, dijo: habían sido suministrados “por empresas catalanas”. ¡Qué aberración, empresas catalanas!

Y en este recorrido por la bonhomía de nuestro héroe, siempre tan preocupado por la honestidad de la familia o los amigos de sus oponentes en política, ¿tendremos, otra vez, que sacar a colación a Marcial Dorado? Un recuerdo para los desmemoriados. En 2013, El País publicó unas fotografías tomadas en el verano de 1995 en las que Alberto Núñez Feijóo, a la sazón secretario general del Servicio Gallego de Salud, aparecía con un señor que se llamaba Marcial Dorado. No pasa nada, decía nuestro hombre, con esa cachaza de pícaro que se sabe liberado, que su acompañante “había sido contrabandista, nunca narcotraficante” o, atentos a la frase de la aguerrida Ester Muñoz, “Dorado no pagaba absolutamente todo” de esos viajes. Lo que en buen cristiano significa que don Marcial pagaba mogollón. Las palomitas corrían a cargo de Feijóo. Por supuesto que era falso lo del narco, porque entonces ya estaba implicado en tráfico de coca, como se puede comprobar simplemente hojeando los periódicos de la época, pero llama la atención, vamos, o eso le parecería a cualquier persona sensata, que un alto cargo ¡de Salud! de la Xunta se despachara en viajes de placer, por mar y tierra, Andorra, Picos de Europa, Portugal o Ibiza con un contrabandista. ¿Tiene algo que decir el señor Feijóo de las amistades de los demás? Marcial Dorado, por cierto, fue finalmente procesado en noviembre de 2003 por tráfico de drogas. El proceso judicial se prolongó hasta 2009, año en el que la Audiencia Nacional lo condenó a 10 años de cárcel por pertenencia a organización criminal que traficaba con cocaína en España. En 2005 y 2015 fue condenado por sobornar a dos Guardias Civiles y por blanquear casi 22 millones de euros procedentes del narcotráfico.

¿Ven ustedes, queridos niños, cuánto se aprende revisitando las hemerotecas patrias?

(No hay cama para tanta gente, que decía el Gran Combo de Puerto Rico. La semana próxima ya nos ocuparemos, si no estallan guerras mundiales, de las maniobras orquestales en la oscuridad del eximio juez Juan Carlos Peinado, gloria in excelsis deo mientras la pareja presidencial está en China. “Regímenes absolutistas”, dice el interfecto. Puaf. Apesta). 

Adenda. Todos esos señorones de ropas oscuras que viven tan holgadamente en El Vaticano, bello y lujoso lugar, han decidido desoír al denunciante del obispo de Cádiz, Rafael Zornoza, por un miserable tecnicismo jurídico de leguleyos de la peor calaña. No está claro, arguyen los oscuros buitres, que el joven tan vilmente ensuciado era menor en el momento de los hechos, aunque en su escrito él mismo afirmó que entonces tenía 14 años. Para que la cosa se vaya aclarando, en la investigación realizada por el Tribunal de la Rota había prestado declaración un testigo directo que afirmó que había sorprendido a Zornoza en la cama con el denunciante y recostado sobre él. Este caso de pederastia viene de cuando el Excelentísimo y Reverendísimo Monseñor Rafael Zornoza, obispo de Cádiz y Ceuta desde 2011 hasta ser echado a patadas el año pasado, era sacerdote en la diócesis madrileña de Getafe en los años noventa. ¡Cuán larga y provechosa carrera desarrollan algunos especímenes religiosos, vive dios! 

Qué asco, qué tipos más repugnantes, estos y aquellos del Dicasterio de la Doctrina de la Fe, versión dizque modernizada de la Santa Inquisición. 

Hoy es 14 de abril.

“Si los curas y frailes supieran,

la paliza que les van a dar,

subirían al coro cantando:

¡Libertad, libertad, libertad!“

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