La contaminación del aire sigue al acecho de los niños cuando van al colegio
Cada vez que se encienden los medidores, la evidencia se impone: el aire que respiran los alumnos y alumnas al entrar, salir o estar en sus escuelas es nocivo para su salud. En esta ocasión, los datos recopilados por Ecologistas en Acción dicen que, de los más de 400 centros escolares analizados en 54 localidades, el 96% tienen niveles de dióxido de nitrógeno (NO2) por encima de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Las mediciones culminadas en 2026 se unen a las otras cuatro campañas coordinadas por la organización. La cinco oleadas reflejan que solo 20 escuelas de las 985 en las que se analizó el aire de sus entornos cumplen las recomendaciones de la OMS. El NO2 provoca en los niños y niñas problemas respiratorios y perjudica la capacidad de atención, según han constatado diversos estudios.
Para este año, solo 17 escuelas se quedan por debajo de los 10 microgramos/m3 de aire que es la concentración máxima indicada por la OMS. Y 163 (un 39% del total) respetan el umbral revisado por la Unión Europea de 20 microgramos que será obligatorio a partir de 2030.
En la misma línea, el 60% de los centros analizados superan ese tope e, incluso, el 2% se fue por encima de los 40 microgramos que es el nivel máximo legal actual.
A las lecturas del aire exterior en los alrededores de edificios, se les ha añadido algunas catas del interior en 34 escuelas. Ahí, el 80% tenían una concentración de contaminación más allá del umbral OMS. “Es un reflejo de los elevados niveles de NO2 en el entorno que llegan a entrar al interior”, exponen las conclusiones de este trabajo de ciencia ciudadana.
Los núcleos urbanos analizados en esta campaña –y en las anteriores– pueden verse en el mapa creado por Ecologistas en Acción. Para 2026, los voluntarios han pasado por centros de Barcelona, Bilbao, Donostia, Logroño, Murcia, Valencia, Sevilla, Zaragoza, Santander, Salamanca o Palma, entre otros.
Los resultados agregados de estas cinco campañas muestran una situación que obliga a una “urgente acción local para reducir la contaminación que respiran niñas y niños”, afirman los ecologistas.
Cuando se mira el panorama general dibujado por la acumulación de datos desde 2022, solo el 22 % de los centros analizados en todas las campañas cumplen los límites de la nueva directiva europea y en uno de cada diez centros escolares no se cumple la actual normativa vigente.
Lo que ocurre en los entornos escolares no deja de ser una prolongación de lo que pasa en el resto de ámbitos. La contaminación del aire en España conlleva “uno de los principales riesgos ambientales para la salud”, como recuerda el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII).
“La evidencia científica demuestra que incluso niveles bajos de exposición conllevan impactos perjudiciales”, ha apuntado el ISCIII en su monografía específica sobre polución del aire. Entre los impactos generales se cuentan “el aumento de la morbimortalidad por causas circulatorias, respiratorias, endocrinas, mentales y del sistema nervioso”.
Su conclusión es que “cada año se producen 62.000 ingresos anuales urgentes a corto plazo atribuibles a la contaminación, lo que representa el 2,5% de todos los ingresos urgentes que se producen en España”.
¿Qué está detrás?
El principal foco de dióxido de nitrógeno en las ciudades es el tráfico. Por eso, Ecologistas reitera que “para preservar la salud infantil” debería “pacificarse el 100% de los entornos escolares mediante la restricción del tráfico motorizado”.
En este sentido cabría limitar la velocidad a 20 km/h, crear caminos escolares y carriles bici “seguros” para poder llegar a la escuela, limitar el aparcamiento además de “monitorizar los niveles de contaminación atmosférica y acústica”.
Y, lógicamente, esto implica “priorizar el transporte público, el compartido, en bicicleta y peatonal”, insiste la organización, para facilitar el acceso a los centros escolares con menos necesidad de utilizar el coche privado de combustión de cuyos tubos de escape salen los gases contaminantes.
La cuestión del aire contaminado por el tráfico en los colegios es una preocupación, al menos de las familias, desde hace años. En 2021 saltó la revuelta escolar en Barcelona que cada dos semanas sacaba a las calles a escolares y progenitores para reclamar la reducción del tráfico y unos accesos al centro más seguros, con más espacio y menos ruido.
De hecho, los expertos del ISCIII han estudiado que el ruido cerca de los colegios en ciudades como Madrid, puede llegar a ser un factor todavía más perjudicial que la contaminación en menores de 14 años y eso que el NO2 y las micropartículas (PM) ya “tienen una afectación importante”.
Con todo, desde Barcelona, la revuelta escolar saltó también a Madrid donde consiguió algunos logros como la ampliación de aceras en algún centro educativo. A la luz de los datos recogidos en este trabajo, queda mucho aire por limpiar.
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