Por qué el pelo se cae más en primavera, según un cirujano capilar: “Debe valorarse clínicamente si se asocia a otros síntomas”
Siempre se ha dicho que la primavera la sangre altera y, para muchos, esa alteración se ve en el cepillo del pelo por las mañanas. Mientras los días se alargan y florecen las plantas, el cabello parece que va en la dirección contraria y decide abandonar el cuero cabelludo en lugar de brotar. El fenómeno es bien conocido: la caída estacional del cabello, y tiene explicación.
“Puede observarse un aumento de la caída en determinadas épocas del año, incluida la primavera. En la mayoría de los casos corresponde a un efluvio telógeno estacional, un proceso fisiológico y autolimitado en el que un mayor número de folículos entra simultáneamente en fase de reposo y caída”, explica el doctor Ignacio Sevilla, director médico y cirujano capilar en la clínica Svenson.
El ciclo del cabello y las estaciones
El pelo no es estático. Cada pelo de nuestro cuerpo tiene un ciclo de vida en el que nace, crece y finalmente se cae. Estas son las tres fases principales del ciclo del pelo: la fase anágena, o de crecimiento activo, puede durar entre dos y siete años, y determina la máxima longitud que puede alcanzar el cabello. La fase catágena es una breve etapa de transición que apenas dura unas semanas, para llegar finalmente a la fase telógena o de reposo, en la que el folículo piloso se toma un descanso antes de que el pelo se desprenda de forma natural para dar paso a uno nuevo.
En condiciones normales, aproximadamente entre el 85% y el 90% de nuestro cabello se encuentra en la fase de crecimiento, mientras que un pequeño porcentaje está en reposo y se cae de manera imperceptible a diario. Sin embargo, los estudios científicos han confirmado que este ciclo se ve afectado por las estaciones.
“El folículo piloso está influido por factores neuroendocrinos y ambientales”, afirma el doctor Sevilla. “Entre los principales mecanismos implicados destacan los cambios en el fotoperiodo, que modulan ritmos circadianos y secreción de melatonina, las variaciones hormonales leves, con posible impacto en la sincronización del ciclo folicular, y los factores ambientales y conductuales, como radiación ultravioleta, temperatura, estrés o cambios en hábitos. Estos elementos pueden inducir un desplazamiento transitorio de folículos hacia la fase telógena”, aclara.
Una investigación con mujeres sanas durante seis años descubrió que la proporción máxima de cabellos en fase telógena (los que están listos para caer) se producía en verano, con un segundo pico, aunque menos pronunciado, en primavera. En otro estudio que analizó las consultas sobre “pérdida de cabello” en Google a lo largo de más de una década, los investigadores observaron un patrón similar, con picos máximos durante el verano y el otoño.
La principal hipótesis con la que trabajan los investigadores tiene que ver con las hormonas. La melatonina, la hormona que regula nuestros ciclos de sueño, está directamente influenciada por la luz solar. Se cree que la melatonina promueve la fase anágena de crecimiento, y cuando aumenta la luz solar y hay menos melatonina, podría precipitar el paso a la fase telógena de caída. Los estudios indican que la suplementación con melatonina podría ayudar a los hombres con alopecia. Las variaciones de temperatura, presión atmosférica y horas de luz en primavera pueden actuar como un factor de estrés para el organismo, contribuyendo a una caída de cabello reactiva.
Cómo prevenir la caída
La pregunta es cómo distinguir la caída normal de la primavera de un problema que requiere atención médica. La clave está en la cantidad y la duración. Según el doctor Sevilla, en la caída estacional, el aumento de cabellos que se desprenden es moderado. “Se considera fisiológica cuando es difusa, sin áreas despobladas. Tiene una duración limitada (habitualmente 4–8 semanas), y no se acompaña de pérdida evidente de densidad”, afirma.
Cuando la caída del pelo es excesiva y persistente, superando los tres meses, o cuando se empiezan a ver claros, entradas pronunciadas o una reducción del volumen, entonces es el momento de consultar con un especialista. Además, el picor, descamación, dolor en el cuero cabelludo o el patrón de caída es irregular (en placas), puede indicar otros trastornos dermatológicos que también requieren atención.
Para el doctor Sevilla, la pérdida excesiva también “debe valorarse clínicamente cuando se asocia a otros síntomas o a contextos clínicos relevantes (déficits nutricionales, alteraciones hormonales o fármacos)”.
La prevención de una caída excesiva en primavera se centra en fortalecer el cabello que está por nacer y crear un entorno saludable en el cuero cabelludo. Dado que la caída que vemos ahora es el reflejo de lo que ocurrió en el folículo hace meses, la mejor estrategia es actuar con antelación y ser constantes. “Al tratarse de un proceso fisiológico, no siempre requiere tratamiento. Se recomiendan medidas generales”, aclara el doctor Sevilla. Estas son sus recomendaciones:
- Cuidar la nutrición: las carencias de nutrientes como vitaminas o minerales pueden afectar al cabello. La biotina, el zinc, el hierro y las vitaminas del grupo B, especialmente la B12, son nutrientes esenciales para el crecimiento capilar. Además, una dieta rica en frutas, verduras, proteínas magras y legumbres nos aportará antioxidantes y mantendrá el sistema inmunitario estable.
- Higiene adecuada del cabello. Es recomendable evitar peinados muy tirantes que ejerzan tracción, reducir el uso de secadores y planchas, y usar cepillos de cerdas suaves que no dañen el cuero cabelludo.
- Control del estrés y hábitos saludables.
Por último, el especialista advierte de que el uso de suplementos o tratamientos debe individualizarse y ajustarse a la normativa vigente, evitando indicaciones y productos no respaldados por evidencia. Como siempre, ante la duda, la evaluación médica es la mejor opción.
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