Socorro, que nunca ganen ellos la batalla cultural
Ocho millones de estadounidenses, repartidos en 3.300 manifestaciones en 50 estados, gritando todos ellos contra Trump, sus maneras dictatoriales y su guerra salvaje, representa una cifra respetable de tipos hartos del gas naranja. “Esto sigue siendo América, y esta pesadilla reaccionaria no va a permitirse”, dijo Bruce Springsteen en el Centro Cívico Saint Paul, de Minnesota, tras cantar, acompañado con su guitarra, su “Streets of Minneapolis”, dedicada al asesinato a sangre fría, tiros a la cabeza, de dos ciudadanos norteamericanos por las fuerzas de choque de Trump (ICE), sus particulares SS. El cantante estaba bien acompañado: el senador progresista Bernie Sanders, la actriz Jane Fonda y los líderes de los mayores sindicatos del país, como Liz Schuler, presidenta de la Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO, en inglés). Los estadounidenses, con parsimonia, se mueven.
Y es que medio mundo está harto del personaje. Ahórrenme los calificativos, que a ustedes también les salen de corrido los improperios. Hasta la derecha europea, e incluso la ultraderecha, si es que aún existen diferencias, se han encogido ante los despropósitos de Trump y el ansia asesina de Netanyahu. ¿Todos? Ni mucho menos, que ahí tienen a Santiago Abascal y cierra España apoyando los bombardeos, impertérrito el ademán, dándose cabezazos contra el muro de la razón. Y Feijóo, ya han visto, con la boca pequeña, cogido a trasmano por su ignorancia enciclopédica –lo ignora todo- en política internacional. Abascal manda tan contento a Tertsch a saludar amigablemente a Netanyahu, pero don Alberto no se atreve a hacerlo con Tellado. No se sabe por qué, con lo mucho que se quieren. En fin, poco que decir de una guerra tan brutal como estúpida.
En esta España de sangrientas procesiones y cofradías de machirulos, tenemos un poco de tiempo para darnos un respiro de relajo y reflexión, solo un ratito, que pensar demasiado causa serios esguinces en el cerebro. Menos actividad política de la acostumbrada. Mejor. A otras cosas. Verbigracia a Noelia Castillo, 25 años, que recibió la eutanasia a las 18:00 horas del jueves pasado en su habitación del centro sociosanitario Sant Pere de Ribes, en Barcelona. Es increíble la repugnante polémica creada a su sombra por las fuerzas más reaccionarias en plaza, desde la miseria de Abascal –con ese escandaloso bulo sobre los llamados menas- a la iglesia católica, el PP y sus vociferantes portavoces, por no hablar, aunque ahora mismo lo haremos, de la prensa más reaccionaria y sucia de Occidente. Fracaso del Estado, dicen las lenguaraces víboras.
Algunas de las distinguidas perlas que acostumbra a traernos mi amigo el Catavenenos. Juan Carlos Girauta, en El Debate: “Si hoy matan a Noelia, la matamos todos. Ellos porque son asesinos y sádicos que requieren aplausos a su bonhomía, y nosotros por no haber conseguido detenerlos, por no haberles impedido llegar al poder, por no haber sido lo bastante fuertes e inteligentes para arrebatarles la hegemonía cultural”. Creerán que la prensa de papel, tan seria, tan centenaria, tan barbada, se alejará de esta barbarie. Qué risa. Juan Manuel de Prada en Abc: “El Leviatán desea corromper a nuestros hijos, desea destruir su inocencia, desea envilecer sus almas con ideaciones aberrantes y disfóricas; y en los hijos de padres conflictivos ve una ocasión pintiparada para ejecutar sus designios”. O, dejémoslo aquí, Hugues en La Gaceta: “Es el Estado Proveedor del feminismo, que es la compañera con la que se encama. ¡La hembra-bruja de este macho cabrío! El feminismo se ha dedicado a complicar la vida al español, pero vive perfectamente con la idea de que a las mujeres las violen y luego las suiciden. Pon buena cara, chata, que es un avance. El Estado le permite a la mujer matar a sus hijos, matarse ella también si quiere (Él la ayuda) y llevar a sus hijas a la inyección letal jodiendo al padre, que seguro es un españolazo”. Bien. Basta. Suficiente.
Entonces el Ojo va uniendo los puntos, y los pelos se le erizan como escarpias. Porque estas mentes privilegiadas, por cochambrosas, son las que pueden marcar la pauta de lo que ocurrirá si en un momento dado, ¿quizá 2027?, llegan las derechas al poder en este país ya macerado, ahora lo explicaremos, por un contubernio que engloba desde la un día conocida como derecha moderada –nunca lo fue Alianza Popular ni lo es ni se le espera nada del PP- hasta la ultraderecha de brazo en alto deseos mil veces expresados en redes sociales –y no solo- de ahorcar a cualquier socialista que se les cruce en el camino, preferiblemente si se llaman Pedro Sánchez. ¿Les sirve Óscar Puente? Les sirve.
¿Qué otra cosa podemos decir de los acuerdos de esos dos partidos para retirar la atención sanitaria - ¡atención sanitaria, por dios!- a hombres, mujeres y niños inmigrantes? Piadosos católicos, saetas, cristos paseantes, vírgenes emperifolladas. Pues para ellos, que luego de tanta misa y tantos golpes de pecho, venga a confesarse y comulgar, rosario va, rosario viene, dejan sufrir a esas personas con un cólico nefrítico que no dudan, eso sí, en explotarlas con sueldos humillantes. Y ahí tienen, no hace falta imaginárselo, los acuerdos de gobernabilidad entre ellos respecto al ataque feroz a la sanidad o la educación pública. O su negativa, siempre el mismo desprecio a los más humildes, de implementar cualquier ayuda que pueda prestarse para formar un escudo social que corrija las desgracias sobrevenidas, incluso las provocadas por sus socios o esos gobernantes que adoran como la guerra actual. ¿Escudos sociales? Subsidios para vagos y tramposa compra de votos, gruñen mientras se enriquecen sus avaros amigos. Miserables. Son unos auténticos miserables.
Al tiempo, machacarán derechos sociales, meros derechos humanos, derechos marranos en palabras del fascista Aquilino Duque, como nos recordaba hace poco un joven gacetillero. Ojo con el aborto, por ejemplo, ya ven cómo este asunto, tan difícil, tan humano, lo tratan en las Comunidades regidas por el PP, con la reina del vermú a la cabeza, la insensata y polímata Díaz Ayuso, al tiempo les decíamos, que habremos de contemplar, espantados, cómo trata Feijóo el gasto militar, un aumento hasta el 5%, que exigen Trump y su mimoso siervo Rutte. ¿Quizá se enfrente a uno y otro y se mantenga en el 2%? Ni harto de vino se atreverá a tal cosa. Porque ya saben de dónde van a sacar esos dineros si además, o eso proclaman, piensan bajar los impuestos. Lo harán, seguro, pero para los ricos. Como siempre, Montoro, o quizá Rato, ya les enseñarán el camino. ¡Saben tanto!
Ese contubernio del que antes hablábamos es el que ha ido machacando la mentalidad de la ciudadanía durante años. Antonio Gramsci lo vio desde la cárcel y la nueva derecha francesa, bisabuela de Marie Le Pen y precursora de la ola mundial ultra que vivimos se apropió de la idea. Claro que hay lucha de clases, pero hay algo más. Se trata de llevar a cabo una batalla intelectual, cultural y moral que dé forma a la concepción del mundo en el que respira y se mueve la conocida como gente normal, aquello del sentido común y la gente de bien de Núñez Feijóo. Hay que hacerlo poco a poco, ganando posiciones, avanzando de trinchera en trinchera para finalmente hacerse ideológicamente con toda la sociedad. Es importante actuar en todos los frentes, de la literatura, de la propaganda, de los contenidos de la radio, del periodismo, las radios, las televisiones, el cine, sus canciones y, por supuesto, sus universidades. No basta con dar la batalla económica y de las injusticias sociales. Hay que ir a la guerra cultural.
Y la derecha está camino de vencer en ese campo de batalla. ¿Cómo es posible, nos preguntamos, que tantos españoles, pero también tantos franceses, tantos italianos, tantos estadounidenses, gusten de revolcarse en la ignorancia o la injusticia, en el machismo y por tanto odio al feminismo, en el desprecio a los pobres, en el desprecio a la lucha contra el cambio climático, en la mediocridad de un atávico sentido común viejo y caduco? ¿También los jóvenes? También, más reaccionarios que sus padres o sus abuelos. Buscan y encuentran agarraderos en la familia –la de siempre, la tradicional-, en la Iglesia, en el respeto a los uniformes o de las togas, en el puro folklore, en el ya está bien de homosexuales, de trans, de mujeres rebeldes, de músicas estridentes, mucho mejor la copla, dónde va a parar. Así que es posible que esos logros se sustancien en que avanzan por eso, porque están dando la vuelta a una concepción del mundo que muchos creíamos ya instalada con clavos inoxidables en la mentalidad de los ciudadanos pero que en realidad tenía bases muchos menos sólidas de lo que confiábamos.
Seguramente porque no hemos sido capaces, y aún no lo somos, de defender nuestros principios con uñas y dientes.
Gritaría el Ojo que no demos ni un paso atrás, Que siempre estemos vigilantes, linterna en mano, para descubrir al canalla que trata de robarnos nuestros derechos y nuestras vidas.
Dicho lo dicho, bombas y ultraderecha, todos a la playa. Qué carajo.
Adenda. Ya saben ustedes, cuánto aguantan, que el Ojo es incansable en sus manías. En la necesaria movilización ante el salvajismo. Israel, por ejemplo. Hay que crear un auténtico cordón sanitario frente a Benjamin Netanyahu, ese tipo despreciable que arrasa con la vida de niños, mujeres y hombres, animado por sus huestes enfervorizadas, esos israelís que votan a su gobierno una y otra vez, así quede demostrado que se comen a los lactantes crudos. ¿Cómo es posible que no podamos echarles de todas las competiciones deportivas, artísticas, en las que intenten equipararse a seres humanos decentes? No, ustedes no juegan al baloncesto conmigo porque son unos asesinos; ustedes no cantan conmigo en Eurovisión porque es usted un o una canalla; ustedes no acuden a la Bienal de Venecia a mostrar sus cuadros, sus esculturas, porque no quiero contaminar con su sangre pútrida las creaciones de autores dignos, como han denunciado más de 200 artistas de todo el mundo para impedir que semejantes personajes puedan pavonearse de su actividad artística mientras aplauden el genocidio de Gaza, Cisjordania o el Líbano.
Advirtió el Ojo lo mismo hace semanas del Mundial de fútbol en campos estadounidenses que comienza en junio. Tras la invasión de Ucrania, en 2022, la FIFA y la UEFA, fieles lamezapatos de este Trump que tanto nos acongoja, se dieron buena prisa en expulsar a los equipos soviéticos. Hoy, naturalmente, la vara de medir es como es, y todos tan contentos con ir a jugar a Estados Unidos. Ruines e indecentes. Esos dirigentes y nosotros, que les bailamos el agua.
Venga, venga, que les espera la subida de la gasolina y la playa.
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