La Estiva: la escuela aragonesa que forma a los pastores del futuro
Un dicho popular asegura que “seguir a una cabra es aprender que a veces hay que subir para ver más lejos”. Así lo creyeron en la localidad de San Juan de Plan, y de esta idea nace La Estiva, la Escuela de Pastoreo de Aragón. Ubicada en el Valle de Chistau impulsa una formación orientada a la ganadería extensiva y al pastoreo multiactivo, un enfoque que trasciende el simple manejo de cabezas de ganado y combina teoría, práctica de campo y un profundo contacto con el territorio.
Allí donde los rebaños han sido durante siglos moteadores del paisaje, La Estiva es un centro de formación con una esencia muy particular y con una misión clara: generar relevo generacional en un oficio que ha sido sustento y cultura de los pueblos de montaña. Decidieron que para ver más allá de la pérdida de explotaciones ganaderas de ovino, caprino y vacuno, de la falta de jóvenes que quisieran ser pastores y pastoras, y de una sociedad que ni les entiende ni les ampara, tenían que hacer lo que hacen las cabras, subir un poco más para ver más lejos.
El 24 de febrero arrancaba la 5ª edición de la escuela, cinco años de recorrido a lo largo de los que se han formado medio centenar de nuevos pastores y pastoras, que han pasado por las 860 horas lectivas que integran el programa anual, combinando clases teóricas, prácticas en explotaciones y trabajo en montaña, acompañados siempre de pastores y ganaderos con experiencia. Este nuevo curso se suman 10 nuevos alumnos y alumnas, que han sido seleccionados entre las más de 70 solicitudes de plaza recibidas en esta convocatoria.
Una formación que combina tradición y adaptación a los nuevos tiempos
La propuesta educativa de La Estiva busca formar profesionales capaces de enfrentar los retos de la ganadería dentro de un contexto de sostenibilidad ambiental, bienestar animal y viabilidad económica. Incluye contenidos sobre reproducción y cuidados sanitarios, manejo de rebaños de ovino, vacuno y caprino, gestión de pastos, silvopastoreo y organización de explotaciones, así como aspectos empresariales como comercialización, la gestión de la ayuda PAC y transformación láctea.
Las clases se extienden desde febrero hasta septiembre, cuando el alumnado se desplaza a los puertos de montaña para practicar trashumancia —el traslado del ganado a pastos de altura— y aprende a orientar a través de mapas, gestionar los ritmos de la montaña y convivir con la naturaleza.
Desde el 24 de febrero al 12 de junio se desarrolla el programa teórico con prácticas en las explotaciones ganaderas –acciones formativas de lunes a viernes–. Además, durante este tiempo el alumnado comparte una semana con una red de explotaciones colaboradoras del valle. A partir de la última semana de junio hasta el 4 de septiembre las prácticas se realizan en montaña, con manejo de ganado en puerto durante cinco días a la semana.
Una escuela para profesionalizar la figura de pastor. El pastoreo no es solo una tradición, es fundamentalmente una actividad económica que, desde el punto de vista social, contribuye a fijar población en el medio rural, sobre todo población joven y mujeres, ya que el perfil del alumnado, 60% hombres y 40% mujeres, va desde 19 hasta 40 años, y cada vez son más las mujeres que deciden acceder al perfil técnico del pastoreo multiactivo que ofrece La Estiva. La escuela recuerda que el Diploma está avalado por el Departamento de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente del Gobierno de Aragón y “aporta todos los requisitos formativos exigidos por la administración para el acceso y la incorporación al sector”.
Formadores para formar
San Juan de Plan ha formado a 15 ganaderos para convertirlos en tutores de la primera escuela de pastores de Aragón, un proyecto que arrancaba en primavera de 2021. La formación consistió en “enseñar a los futuros enseñantes de pastor” habilidades de comunicación para saber transmitir sus conocimientos, así como criterios de evaluación de los alumnos. Un total de 15 personas, todas ellas profesionales del sector, pasaron por esta formación que tuvo una duración de 80 horas.
“Hay que saber de meteorología, nutrición, bienestar animal..., y debemos apoyarlos porque han perdido el reconocimiento social”, ha comentado en varias ocasiones la presidenta de la Fundación Monte Mediterráneo, Andrea-Ernestine Lüdeke. Además de aquellos 15 primeros formadores, “ahora tenemos una veintena más”, apunta el director de la escuela. Y la idea es seguir ampliando el profesorado con una formación específica para disponer de más tutores en puertos de montaña, “en los puertos de montaña hay alumnos con rebaños de ovino o de vacuno a los que desde la escuela les hacemos seguimiento directo, necesitamos más formadores en este ámbito”, aseguran.
La implicación de los ganaderos de la zona ha sido fundamental
La de San Juan de Plan es la primera y única escuela de pastores en Aragón. En España hay un total de siete y la última, antes de ponerse en marcha La Estiva, se abrió en Canarias. La Fundación Monte Mediterráneo mantiene un convenio de colaboración con el Ayuntamiento desde que la escuela echó a andar. No aporta financiación al proyecto, pero como reconoce el alcalde y director del centro, este vínculo se mantiene activo y es beneficioso para ambas partes desde el punto de vista del apoyo y el compartir experiencias, sobre todo para quienes se forman.
La Estiva es un proyecto financiado por la comarca de Sobrarbe, la Diputación Provincial de Zaragoza y el Departamento de Agricultura, Ganadería y Alimentación del Gobierno de Aragón, además del Ayuntamiento de San Juan de Plan, localidad en la que está implantada la escuela.
La idea nace en 2002, cuando se llevó a cabo una primera experiencia entre Huesca y Olorón, en Francia, “funcionó muy bien, vincularon las prácticas al terreno, pero se acabó la financiación y el proyecto se dejó caer”, lamenta el alcalde de San Juan de Plan. En 2015 un grupo de vecinos con representación política y social en la zona decidió retomar esta iniciativa, trabajando en una idea similar y contando con la experiencia de Federico Fillat, el precursor de la experiencia en 2002, “para evitar que volviera la idea volviera a caer”.
La principal novedad del proyecto que se puso en marcha hace cinco años fue el carácter de la iniciativa, que va más allá de un proyecto educativo para convertirse también en un programa con implicación directa en el desarrollo rural. “No hay casa en el pueblo que no esté vinculada de alguna forma con la escuela”. San Juan de Plan parte con una ventaja, y es que sigue teniendo una importante base ganadera, y en este sentido su implicación ha sido fundamental. “La gente entró enseguida a formar parte del proyecto”, apunta el director de la escuela, que reconoce que apostar por la participación de “los ganaderos de casa” no solo ha “fortalecido” a la escuela, sino también al pueblo.
Perfiles diferentes con un mismo objetivo: no dejar morir la ganadería
En el formulario hay una pregunta para clasificar por orden de prioridades “porqué vienes aquí”. En La Estiva el perfil del alumnado no es homogéneo: desde Argentina, Colombia, Andalucía o Galicia, la formación de los alumnos también hace un recorrido interesante: pasando por arquitectos, veterinarios o una bióloga, hasta alumnos que necesitan pisar el suelo y ver el sector desde la perspectiva del medio rural. La escuela es un centro que se ha ido haciendo a sí mismo, aportando herramientas durante la formación que son útiles para mantener vivo y actualizado a un sector fundamental, el de la ganadería extensiva.
El impacto de esta escuela se deja sentir en cada uno de los que la viven. Para los que vienen, La Estiva ha sido una oportunidad de transformación personal y profesional. Para quienes ya estaban, los del mundo rural, ha sido una forma de entender, como dice Zacarías, joven pastor, que “tenemos que abrir los brazos y hacer hueco a los que vienen de fuera”. Porque como subraya Mª Isabel Bruned, ganadera y tutora, transmitir la herencia ganadera significa ayudar “a que la ganadería no se pierda y que el pueblo siga vivo”.
Un modelo que mira a la ciudad desde el Pirineo
En apenas cinco años de actividad La Estiva ha formado a más de 50 pastores y ganaderos, con una creciente presencia de mujeres y alumnado procedente de distintas partes de España. Las tasas de empleabilidad son elevadas y muchos de los egresados ya están trabajando en explotaciones propias o ajenas, tanto en Aragón como en otras regiones. En la actualidad trabajan en un nuevo certificado de profesionalidad y en ampliar su homologación a otros ámbitos relacionados con el sector.
La decisión de implicar a los dueños de las explotaciones ganaderas de la zona y, por lo tanto, a las familias de San Juan de Plan, está teniendo un resultado positivo, “muchos de los alumnos se quedan el fin de semana”, asegura Serrano, y así han empezado a formar parte de él, a conocer una forma de vida diferente, los valores propios de las zonas rurales, y eso “también forma parte del aprendizaje”, el de concienciar sobre el respeto y la necesidad de mantener vivos los pueblos, fundamentales para la subsistencia de la ganadería, el cuidado del entorno y el arraigo de las tradiciones y formas de vida más allá de lo urbano.
Por todo ello, La Estiva también se ha convertido en un símbolo de resistencia contra la despoblación y el desgaste del medio rural. Su enfoque práctico y arraigado en el territorio propone no solo enseñar un oficio, sino apostar por una economía rural viva, sostenible y conectada con las nuevas generaciones.
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