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¡Somos ricos!

GráficoMilPalabras
14 de abril de 2026 21:54 h

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El impacto del ataque de EEUU e Israel sobre Irán el pasado 28 de febrero y sus consecuencias sobre los precios internacionales de la energía, fundamentalmente el petróleo, ha generado un intenso debate sobre qué hacer para tratar de paliar las consecuencias de este choque de oferta.

En España, dentro de un amplio paquete de medidas, en general correctas, para proteger a los más vulnerables (“escudo social”) y para compensar al sector primario y del transporte para evitar que se trasladen los costes de la energía al resto de la cadena de valor, se ha optado por una rebaja generalizada, para todos los consumidores, de los impuestos sobre los carburantes: el IVA del 21% al 10%, y la práctica eliminación del impuesto especial sobre hidrocarburos, hasta el mínimo permitido por la CE.

La consecuencia de esta medida, tal y como recoge el gráfico, es que la subida inicial del precio de la gasolina del 20% se ha quedado un mes después en apenas un aumento del 5% (para el gasóleo la subida ha sido mayor, por una serie de factores técnicos y por la evolución del mercado internacional de este producto). La rebaja fiscal, popular y populista, ha sido bien acogida por los consumidores, que incluso la consideran escasa o que tenía que haberse hecho “con efectos retroactivos”. Y se ha notado en Semana Santa, en que se ha batido el récord de desplazamientos por carretera y a una velocidad mucho mayor de la permitida (pese a que el consumo de combustible aumenta exponencialmente con la velocidad del vehículo). Es decir, que hemos viajado “como si nada hubiera pasado”.


Así ha evolucionado el precio de la gasolina en España y EEUU

Evolución del índice de precio de la gasolina desde el 27 de febrero de 2026 en Estados Unidos y España

* Índice con base 100 el 27 de febrero de 2026, la víspera del ataque de Irán
Fuente: Ministerio de Transición Ecológica, Federal Reserve Bank of St. Louis


Las críticas a la rebaja fiscal han venido por una doble vía. Por un lado, por su carácter, en general, regresivo: favorece relativamente más a los consumidores con más renta, que son los que pueden permitirse el uso habitual de los vehículos particulares, mientras que es pagada por todos los contribuyentes, usen o no el transporte privado. La otra crítica más frecuente es que estas rebajas fiscales muchas veces se las apropian los productores (distribución, transporte y comercialización) de combustible, que aprovechan la coyuntura para aumentar sus márgenes y no trasladar completamente la rebaja fiscal a los consumidores finales. Estas críticas son, en principio, correctas, aunque se necesitará tiempo su cuantificación.

Pero la mayor crítica a esta rebaja de la fiscalidad sobre los combustibles, y que es la que menos se esgrime, es que ignora una realidad inexorable: los países importadores de petróleo somos más pobres como consecuencia de esta subida de su precio. Nuestra renta nacional o, si se prefiere, nuestro PIB, se reduce en la medida en que sigamos importando la misma cantidad de petróleo a un precio más alto. La cuestión es si deben los consumidores percibir esta señal a través de los precios.

La respuesta de los liberales es que, por supuesto, deben percibirla porque se debe reducir la cantidad de energía consumida para ajustar ese choque externo. La respuesta socialdemócrata es que todo el país, salvo los vulnerables, que deben quedar protegidos, deben percibir esta señal a través de los precios.

En el gráfico también presento la evolución del precio de la gasolina en EEUU en el mismo período de tiempo, desde la víspera del ataque a Irán hasta el dato más reciente. Dado que los precios de España están en euros/litro y los de EEUU en dólares/galón, utilizo un índice temporal, que toma valor 100 la víspera del ataque sobre Irán, pues lo importante no es ver donde es más barata la gasolina, sino cuál ha sido la evolución de los precios durante la crisis. En el gráfico también utilizo una doble escala porque, al tener menos impuestos los combustibles en EEUU, el impacto del componente de la energía es relativamente mayor. En el gráfico se comprueba que la evolución de los precios fue en términos relativos parecida hasta que entraron en vigor las medidas fiscales en España el 22 de marzo, y el precio de la gasolina se desploma, mientras que el de EEUU sigue subiendo.

¿Qué tiene de especial este gráfico? Lo llamativo es que el país americano es productor y exportador de petróleo, por lo que una subida de su precio no le empobrece, sino que su economía en su conjunto recibe una transferencia de renta procedente de nosotros, de los países que le compramos ese crudo. ¿Por que EEUU deja que suba el precio de la energía?, ¿por qué no hace lo mismo que nosotros y rebaja la fiscalidad de sus carburantes o subvenciona cada galón de gasolina comprado en el surtidor? La respuesta es que ellos quieren respetar la señal de precios y no están dispuestos a que los contribuyentes subvencionen el consumo de los que utilizan los carburantes.

El mensaje, básico en cualquier economía de mercado, es que los precios reflejan la señal de escasez y los consumidores deben ahorrar combustible. Y lo harán con la subida de precios. Tratar de evitarlo con rebajas fiscales o subvenciones al consumo introduce una ineficiencia en la economía. ¿Y no hay otra forma de ahorro de combustible? Para los americanos, que siguen un modelo económico más liberal, no son necesarias otras medidas de ahorro, la señal de precios es suficiente, aunque en los años 70 limitaron fuertemente la velocidad en las autopistas.

¿Y en España? Parece que no nos hacen falta medidas de ahorro, ni las que pueda promover el sector público ni la señal de mercado a través de los precios. El mensaje es que podemos seguir consumiendo el mismo combustible, salvo que se produjera un problema de suministro. Cuando lleguen los datos de consumo de carburantes en este mes medio, veremos cómo en casi todos los países se ha ahorrado energía bien por la vía directa (medidas de ahorro impuestas por el sector público) o por la vía indirecta (la subida de los precios). Nosotros no necesitamos ahorrar. ¡Somos ricos!

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