Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
EEUU pone el foco en Líbano mientras Pakistán busca otra ronda de negociaciones
Las ideas 'locas' para rescatar el negocio en la montaña cuando se queda sin nieve
Opinión - 'Otro Pelicot, ahora en Suecia', por Neus Tomàs

La imagen de Israel se hunde al punto más bajo de su historia

Netanyahu visita una base militar en Asdod, Israel, en octubre de 2023.

Iñigo Sáenz de Ugarte

14 de abril de 2026 21:54 h

23

Las opiniones de toda una sociedad sobre un país extranjero no suelen experimentar grandes variaciones a lo largo de los años incluso a pesar de hechos catastróficos. Con Israel, esa idea ha cambiado. Nunca antes la imagen del Estado judío había estado en un punto más bajo en Europa y EEUU. El genocidio de Gaza y la participación en la guerra de Donald Trump contra Irán han hundido su reputación. Se ha extendido la idea de que Israel es un agente del caos en la región y que entiende que sus intereses sólo se pueden defender a través de la guerra. No cree en la diplomacia y no está dispuesta a permitir que los palestinos tengan su propio Estado.

Israel es uno de los dos aliados esenciales de EEUU en Oriente Medio –el otro es Arabia Saudí– y eso ha tenido un impacto obvio durante décadas en el nivel de ayuda militar, en los contactos políticos y en la cobertura mediática. Los palestinos, al igual que muchas otras sociedades árabes, no gozaban de gran simpatía. Los atentados del 11S contribuyeron a hundir las opiniones sobre todo lo que tuviera que ver con árabes y musulmanes, más allá de las diferencias nacionales.

El cambio ha llegado al punto de que la opinión pública norteamericana ve con más simpatía a los palestinos que a los israelíes en la situación actual de Oriente Medio, según una encuesta de Gallup de febrero. Es algo que nunca había ocurrido antes. El apoyo a los primeros es del 41% y a los segundos, del 39%. La diferencia es muy pequeña, pero lo que cuenta es la evolución de los últimos 25 años. La ventaja a favor de los israelíes era de 35 puntos en 2001. Se mantuvo en ese nivel con variaciones menores durante mucho tiempo. En esta década, ha sido cuando la simpatía hacia Israel en EEUU se ha precipitado al vacío. No deja de caer.

Evolución del apoyo de los norteamericanos a los israelíes o los palestinos desde 2001.

Los medios de comunicación de EEUU han informado de que esa caída es muy pronunciada entre los jóvenes y los votantes demócratas. Gallup indica que el cambio de tendencia es más amplio. Se justifica por los votantes registrados como independientes e implica a varios grupos de edad. Las personas de 18 a 54 años han abandonado a Israel. Sólo los mayores de 55 se mantienen fieles a ese país, aunque con los números conocidos más bajos. Cuando no se hace referencia a la situación actual, la opinión sobre Israel es más positiva, menos que en el pasado. Es la conducta del Gobierno y Ejército israelíes y cómo ha afectado a toda la región la que ha ido minando esa imagen.

Otra encuesta de Pew Research del 7 de abril confirmó estas conclusiones. El 60% de los norteamericanos tiene una opinión desfavorable de Israel, casi veinte puntos más que en 2022. Un 59% tiene poca o ninguna confianza en el primer ministro israelí Netanyahu.

“Israel ha ganado muchas batallas con un poder letal, pero ha perdido lo más valioso que puede tener un país, los corazones y las mentes de miles de millones de personas al convertirse en un Estado paria”, ha escrito Mohamed El Baradei, Premio Nobel de la Paz y ex director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica.

El FMI ha avisado de que la guerra en Irán y su repercusión en el estrecho de Ormuz han conmocionado a toda la economía mundial y aumentado el riesgo a que se produzca una recesión global. Países que sólo emitieron críticas genéricas por los 70.000 palestinos muertos en Gaza ahora están alarmados por los efectos económicos del colapso del mercado del petróleo.

Los norteamericanos nada convencidos con esta guerra –y son mayoría según las encuestas– no quedaron muy contentos al saber que Netanyahu había convencido personalmente a Trump de las ventajas del asalto sobre Irán en una reunión en la Casa Blanca el 11 de febrero. El israelí prometió una victoria segura, según The New York Times. Era posible conseguir un cambio de régimen en Irán. Su programa de misiles balísticos podía ser destruido por completo en unas pocas semanas. Irán no podría bloquear el estrecho de Ormuz. A Trump le gustan las victorias fáciles y dio luz verde. Nada de lo prometido por Netanyahu se ha cumplido.

Israel es prácticamente el único país en que hay un apoyo real en las encuestas a la continuación de la guerra. Un sondeo de esta semana revela que el 61% de los israelíes se opone a la tregua de dos semanas anunciada por Donald Trump. Un 69% está a favor de continuar la ofensiva sobre Líbano para acabar con Hizbolá, un objetivo que varios gobiernos israelíes han prometido desde 2006 sin estar cerca de cumplirlo. Ahora vuelven a prometerles lo mismo y los votantes vuelven a caer en la trampa. Hay demasiados precedentes. Israel ha invadido siete veces Líbano en los últimos 50 años.

Al igual que pasó con Gaza, la opinión pública israelí muestra una total falta de comprensión hacia los derechos humanos de la población libanesa, que ha sufrido las consecuencias de los bombardeos indiscriminados en Beirut y otras zonas del país. Cuando alguien se aleja de ese discurso, paga las consecuencias. El israelí Rom Braslavski, que pasó dos años secuestrado en Gaza, recibió un diluvio de mensajes de odio simplemente por pedir que se trate a los árabes con respeto (un 20% de habitantes del Estado de Israel lo son).

El plenario de la Asamblea General de la ONU se quedó casi vacío cuando empezó el discurso de Netanyahu en septiembre de 2025.

En un patrón que se repite desde hace años, el Gobierno israelí reacciona a cualquier crítica relacionándola con el antisemitismo. El trato recibido por España y Pedro Sánchez por la denuncia del genocidio no es una excepción. Esta misma semana, el canciller Friedrich Merz ha hablado por teléfono con Netanyahu y le ha advertido de que Alemania no aceptará “la anexión de facto de Cisjordania”, un hecho que ya está ocurriendo en mitad de una oleada de violencia de los colonos judíos contra la población palestina.

Al hacer público el aviso, ha recibido la respuesta inmediata del ultraderechista Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas, que ha comparado a Merz con los nazis: “Los días en que los alemanes dictaban a los judíos dónde tenían permitido o prohibido vivir han terminado y no volverán”.

Es una extraña forma de tratar al mejor aliado de Israel en la Unión Europea, el país que siempre ha bloqueado la imposición de sanciones contra el Gobierno de Netanyahu. Otro aliado de ese país, la primera ministra italiana Meloni, anunció el martes que Italia ha congelado la prórroga automática del acuerdo militar con Israel. Es otro ejemplo de que el coste político de apoyar a Israel y sus planes belicistas en Oriente Medio ha aumentado de forma clara en Europa. Meloni es muy consciente de lo que dicen las encuestas.

Como ha explicado Ignacio Molina, del Real Instituto Elcano, la hostilidad de Netanyahu hacia España va más allá de lo que diga Sánchez. Tiene mucho que ver con la obra de su padre, Benzion Netanyahu, autor de un libro de referencia sobre la Inquisición en España con la teoría de que los judíos fueron perseguidos no por motivos religiosos sino por odio antisemita. El primer ministro siempre ha empleado el racismo contra los judíos como arma política. Sus menciones al Holocausto son constantes. No específicamente para hablar de los nazis o de la extrema derecha, sino de la Europa y el mundo árabe actuales.

En la ceremonia del Día de Recuerdo del Holocausto, Netanyahu acusó a Europa de estar “afectada por una profunda debilidad moral”. Ha perdido su identidad y “su responsabilidad de defender la civilización contra la barbarie”. Todo lo que no sea suscribir el ideario ultranacionalista de la derecha israelí es rendirse ante esa barbarie.

El Holocausto es una herramienta más para obligar a los demás a aceptar su idea de guerra permanente, ahora con Irán: “Si no hubiéramos actuado, los nombres de Natanz, Fordo, Isfahan y Parchin (relacionados con el programa nuclear iraní) serían probablemente recordados con un miedo eterno, precisamente como Auschwitz, Treblinka, Majdanek y Sobibor”. Trivializar el Holocausto nunca es un problema si beneficia a los intereses de Netanyahu.

La pérdida de imagen en el resto del mundo no parece preocupar a la derecha israelí. Está convencida de que EEUU nunca les abandonará. Algunas de las voces proisraelíes en los medios norteamericanos ya no están tan seguras. “Netanyahu ha causado un colapso generacional en el apoyo de EEUU a Israel”, ha dicho Joe Scarborough, presentador de MSNBC y antes congresista republicano. “Lo digo como partidario de siempre de Israel que ha temido desde hace tiempo que la visión maximalista y nada histórica de Netanyahu de las realidades geopolíticas de Oriente Medio causarían un revés devastador para Israel. Y así ha sido”.

Etiquetas
stats