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El abandono y rescate de 14.000 pollitos

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El domingo 4 de octubre, 14.000 pollitos fueron abandonados en el Aeropuerto de Madrid-Barajas Adolfo Suárez. Las crías, recién nacidas y, en su mayoría, futuras aves ponedoras seleccionadas por la industria del huevo europea, estaban a punto de embarcar (o de ser cargadas) en un avión de mercancías con destino a África cuando fueron rechazadas por el cliente como quien se compra un jersey por internet y, en el último instante, se arrepiente.

14.000 vidas. Desechadas. Olvidadas. Sin agua. Sin comida. Y sin ayuda. Privadas de las especifiquísimas condiciones que estas delicadas criaturas precisan para superar el estrés de salir del cascarón cuando manos humanas las arrebatan de la protección de las alas de su madre, y con el sufrimiento añadido de un transporte en cajas, unas hacinadas sobre las otras, dentro de un camión que las había llevado varios kilómetros por carretera.

Nada más enterarse de lo sucedido, numerosos colectivos y asociaciones de todo el Estado, no solo de Madrid y sus alrededores, se movilizaron para organizar un macrorrescate y buscar acogidas donde se les pudieran proporcionar a las supervivientes los cuidados adecuados, al menos hasta que estuvieran fuera de peligro. Cuando llegaron al lugar del abandono, se encontraron con que más de la mitad había muerto.

Fernando Sánchez, presidente de Salvando Peludos, santuario encargado de coordinar el rescate, describe lo vivido como “sobrecogedor”. El activista cuenta cómo en un primer momento se les informó de que había un solo palé con aves pero que, ya en el aeropuerto, se dieron cuenta de que en realidad se trataba de 12: “Muchas personas de protectoras que no son veganas, con lágrimas en los ojos, decían mientras recogían los cadáveres: no sé cómo he podido comérmelas.”

Gracias a la ayuda y a la unión de todas las voluntarias, en menos de 24 horas las polluelas que habían logrado sobrevivir ya tenían casa. Alguien les había dado una oportunidad. Alguien había reconocido que su existencia, pese a tanto dolor, importa. En estos momentos, las pequeñas luchan por salir adelante. Los primeros 15 días son cruciales. Si consiguen superarlos, de los diferentes hogares de acogida en que se encuentran irán al santuario, donde podrán por fin vivir felices y en paz, lejos del sistema que asesina a sus hermanas. Se necesitan fuentes de calor para mantener su temperatura corporal, como bombillas de luz infrarroja y mantas eléctricas, así como pasta de cría y comida especial para pollitos neonatos. Desde AMA (Asociación Madrileña Antiespecista) y MALP (Mis Amigas las Palomas) están recogiendo donaciones, a las que han contribuido muchas protectoras, entre ellas Animal Rescue España, que también compartió el vídeo del llamamiento urgente para el rescate.

Rescatar a estos pollitos y sacarlos adelante es una labor delicada. En este post se detallan todos los cuidados que requieren:

“Se ha demostrado que, a la hora de la verdad, hay una gran unión. Se han dejado de lado fricciones. Hemos recibido ayuda de todas las protectoras de Madrid, así como de gente de Navarra, de Barcelona… de toda España. Si hubiera habido 1.000 pollitos más, también habrían encontrado casa”, añade Fernando.

Mientras las voluntarias tratan de sacar adelante a los animales rescatados, la empresa culpable del abandono sigue sin asumir responsabilidades: no hay nadie a quien exigirle nada porque, para una sociedad especista que explota y utiliza a seres sintientes para lucrarse a través del consumo humano, las vidas de las polluelas equivalen a un excedente de producto, a un envío que salió mal. Existe toda una cadena de traslado consolidada en torno a la exportación de crías de aves ponedoras de Europa al continente africano. En este post, titulado “El vuelo de los pollitos”, un piloto describe al detalle el proceso, imágenes, desconexión y sorna incluidas (advertencia de contenido explícito). 

Para Fernando, “la mejor ayuda para estos pollitos es que la gente se conciencie y deje de comer animales.” Porque, hasta que no haya un cambio radical del sistema, hasta que nuestra especie deje de ver a los demás animales como objetos -como comida, ropa o entretenimiento- y no como individuos que tienen derecho a existir al margen de los privilegios humanos, la historia de las crías de ave abandonados en el aeropuerto seguirá repitiéndose, no una ni dos veces, sino cientos de miles de millones de ellas, a todas horas y en todas las partes del mundo.

El domingo 4 de octubre, 14.000 pollitos fueron abandonados en el Aeropuerto de Madrid-Barajas Adolfo Suárez. Las crías, recién nacidas y, en su mayoría, futuras aves ponedoras seleccionadas por la industria del huevo europea, estaban a punto de embarcar (o de ser cargadas) en un avión de mercancías con destino a África cuando fueron rechazadas por el cliente como quien se compra un jersey por internet y, en el último instante, se arrepiente.

14.000 vidas. Desechadas. Olvidadas. Sin agua. Sin comida. Y sin ayuda. Privadas de las especifiquísimas condiciones que estas delicadas criaturas precisan para superar el estrés de salir del cascarón cuando manos humanas las arrebatan de la protección de las alas de su madre, y con el sufrimiento añadido de un transporte en cajas, unas hacinadas sobre las otras, dentro de un camión que las había llevado varios kilómetros por carretera.