Pastoras del Pamir
Entre los montañeses de todo el mundo, el oficio de pastor ha estado, por lo general, monopolizado por el género masculino. El ejercicio del pastoreo, el manejo y gestión de los animales que cubrían las necesidades de leche, carne, lana y cuero de las comunidades de montaña, ha sido una tarea reservada tradicionalmente a los hombres. Sin embargo, ha habido y sigue habiendo notables excepciones a esta regla. Una de ellas la encontramos en el territorio pakistaní de Gilgit – Baltistán, en dos valles pertenecientes al distrito de Hunza que, además de ser el más septentrional de todo el país, hace frontera con la República Popular de China. Las protagonistas de esta tradición pertenecen a la minoría wakhi, wokhik o khik que debe su nombre al corredor de Wakhan, una franja de tierra situada en Afganistán que limita con Tayikistán (N), China (E) y Pakistán (S).
Nadie conoce a ciencia el origen geográfico de los wakhi, aunque algunos expertos lo sitúan en los oasis que se extienden por la mitad meridional de la provincia china de Sinkiang. Los cálculos más optimistas señalan que, en la actualidad, esta etnia cuenta con más de 60.000 integrantes repartidos por las estribaciones del Pamir, la cordillera montañosa que comparten los cuatro países que hemos citado más arriba. Su idioma pertenece a la rama oriental de la familia irania y profesan una versión minoritaria del Islam llamada ismailismo nizarí liderada por el Aga Khan. La vida a gran altura, por encima de los 3.000 metros, les ha permitido, por un lado, desarrollar una adaptación a la altitud comparable a la de los tibetanos y, por otro, obligado a adoptar el mismo modo de vida, uno basado en el pastoreo de ovejas, cabras y yaks y en el cultivo de cereales de ciclo corto (trigo y cebada), patatas y legumbres (guisantes). Este paralelismo no es fruto de la casualidad, sino que obedece a un desarrollo convergente motivado por las semejanzas del entorno en el que viven. Esta convergencia también puede hacerse extensiva a los roles atribuidos al género femenino porque la presencia de pastoras también es o era relativamente habitual en las regiones que forman parte del área cultural tibetana (Ladakh, Chang-Tang, Ngari, Kham, Dolpo, Mustang o Amdo).
Si bien la mayoría de las fuentes consultadas omiten cualquier información relacionada con la extensión y magnitud de este fenómeno (https://www.liverpooluniversitypress.co.uk/doi/10.3828/whpnp.63837646691063), es posible que su práctica entre las mujeres wakhi se extienda más allá de Shimshal y Chapursan, los valles en los que sí hay constancia de la misma.
El primero de estos dos valles forma parte del distrito de Hunza y se encuentra al E de Pasu y de la carretera del Karakorum. Shimshal, el núcleo principal, da nombre a todo el valle y se sitúa a 3.100 metros de altitud, al final de una pista sin pavimentar inaugurada en 2003. La apertura de esta vía de comunicación transformó la economía del alrededor de 2.000 habitantes que pueblan este valle. La autarquía en la que habían vivido hasta entonces fue reemplazada por la economía de mercado, la irrupción de un incipiente sector turístico y la mejora de las condiciones generales de vida. De este modo, la agricultura y, sobre todo, la ganadería quedaron relegadas a un segundo plano. La prueba está en que a comienzos de la presente década sólo había 7 pastoras, todas ellas de edad avanzada, y que de los cerca de 50 cobertizos existentes en Shuwert, el campamento situado a 4.600 metros y tres días de marcha que ocupaban durante los cinco meses de buen tiempo, sólo 17 estaban ocupados. Al parecer, la adopción de este rol por parte de las mujeres se reducía a ese período. Su jornada laboral en los pastos de altura del llamado Shimshal Pamir incluía el manejo del ganado, el cuidado de sus hijos, el ordeño y la elaboración de queso, mantequilla y yogur. Todo ello presidido por un régimen estacional y trasterminante. Según su propio testimonio, la elaboración y posterior venta de los productos anteriores no sólo mejoró sus ingresos y elevó su estatus social, sino que, además, facilitó la escolarización y formación de sus hijos.
El segundo, Chapursan o Chipurson, se localiza al S del corredor de Wakhan y al O de Sost, última población de la carretera que comunica Gilgit (Pakistán) con Kashgar (China). Las 4.000 personas de etnia wakhi que viven en este valle lo hacen en las proximidades del río al que debe su nombre, en una de las 12 aldeas que se levantan a lo largo de sus orillas. Aunque los casos de pastoreo femenino se hallan menos documentados que en Shimshal, existen varios audiovisuales que demuestran la presencia de esta actividad. El primero de ellos es un corto disponible en youtube (https://www.youtube.com/watch?v=7EDlb5QDl1o) dirigido por Zeeo Zia con el patrocinio de la Universidad de Lahore y titulado “A day in the life of a wakhi shepherdess”. El segundo, subido en la misma plataforma (https://www.youtube.com/watch?v=136SBDFjfHA), es obra de Omar Farooq, un creador de contenidos natural de Bahrein que cuenta con su propio canal. La protagonista de ambas filmaciones es Naseehat Sultan, una solitaria anciana que, tras más de 70 años de actividad, sigue cuidando y viviendo de sus animales. Junto a estas dos realizaciones, existe una tercera a punto de estrenarse. Su autora es otra mujer, Hira Sheraz. Ella es la autora de un mediometraje rodado en las mismas localizaciones que visibiliza la abnegación de estas mujeres, su dureza y la valentía de la que hacen gala a la hora de enfrentarse a los convencionalismos sociales. Su título es: “The dragons of wakhi”.
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