El modelo gallego para blindar la pesca artesanal que sobrevivió al ''cataclismo ambiental'' del Prestige
Antonio García Allut (Noia, 1955) se crio en una aldea de Galicia con el océano siempre de fondo. El cabo Finisterre, la playa de Carnota -la más larga de la comunidad- y los dos pueblos pesqueros de Lira y O Pindo son los puntos cardinales del paisaje que marcó su juventud. Otros dos “hitos” explican la estrecha relación del antropólogo y filósofo con el mar: haber visto todos los capítulos de la serie de Cousteau sobre el mundo marino y sus años practicando el buceo. “Me enamoré de lo que estaba viendo y experimentando”, cuenta.
Ya inmerso en el sector académico, decidió hacer su tesis sobre la cultura pesquera en Galicia. Durante cuatro años trabajó mano a mano con los pescadores, compartiendo barco, comida y, sobre todo, mucho tiempo. “Quería rescatar toda aquella información para entender a los hombres y a las mujeres vinculados al mar y dependientes del mar”, explica en una entrevista concedida a Canarias Ahora. De esos años compartidos nacieron una empresa pionera en Europa y la primera reserva marina de interés pesquero del país cogestionada por los pescadores y no solo por la administración.
Tratamos de incorporar al pescador en los espacios de decisión y que forme parte de la gestión junto con la administración a partes iguales
García Allut es profesor de la Cátedra UNESCO de Desarrollo Costero Sostenible y viajará a Canarias este jueves en el marco del Ocean Film Tour, el mayor festival sobre los océanos de Europa y que este fin de semana cierra su gira en Lanzarote después de pasar por más de una veintena de ciudades de España y llegar a más de 220 destinos del continente. Este 6 de noviembre, el profesor participará en el coloquio “El océano: un mar de posibilidades''. La mesa tendrá lugar en el Islote de Fermina a las 17.00 horas y, además de García Allut, participarán el investigador y profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria José Juan Castro Hernández; el patrón mayor de la Cofradía de Pescadores de La Tiñosa, Hipólito Cuadrado; y el documentalista y divulgador científico Felipe Ravina.
Un ''pesimismo generalizado'' golpeaba al sector de la pesca artesanal en la década de los 90. Los recursos pesqueros eran escasos y la distribución de las cuotas de pesca por parte de Bruselas premiaba siempre a las flotas industriales frente a los pequeños pescadores. Para poder tener un sueldo digno, los trabajadores debían salir más al mar y esforzarse el doble, pero sin garantías de éxito. La pesca artesanal se fue convirtiendo ''en una actividad marginal que generaba incertidumbre en cuanto a ingresos y seguridad física'', alejando a las nuevas generaciones, explica García Allut.
A todos estos elementos se sumaba la pérdida de dinero con la venta del pescado. ''Los intermediarios se lo llevaban todo. Eran especuladores de la cadena de intermediación'', explica el antropólogo. Fue en 1999, en medio del torbellino que causó la revolución digital, cuando García Allut empezó a darle vueltas a cómo la pesca artesanal podría sobreponerse a esta regresión, y así nació en 2001 la Fundación Lonxanet.
“Creamos una página web donde cualquier consumidor de España podía comprar. El objetivo era que los pescadores pudieran vender sus productos directamente al consumidor final”, resume García Allut. Los socios principales eran las cofradías de pescadores y una empresa asociada de logística se encargaba de dejar el pescado en cualquier punto del país en menos de 24 horas. “Fue realmente revolucionario en aquel momento”, sostiene.
El éxito de este proyecto sin precedentes en el continente dio lugar a muchos planes más que tenían como fin último “blindar a la pesca artesanal como sistema productivo frente a las amenazas ambientales e institucionales”. Entre ellos destaca una iniciativa turística que acercaba a los visitantes a los valores de la cultura de la pesca artesanal. Sin embargo, en 2002, la catástrofe ambiental del Prestige lo congeló todo.
El 19 de noviembre se hundió el Prestige, un buque cargado con 77.000 toneladas de fuel que derramó más de 60.000 de aquellas toneladas por la costa gallega. “La gente vivió un impás. Fue como si el tiempo se paralizase. Mucha gente lo vivió como un cataclismo ambiental”, recuerda García Allut. La actividad de Lonxanet también se suspendió, pero la fundación siguió trabajando, organizándose para apoyar al voluntariado que se desplazó a la zona cero a limpiar el litoral.
Los pescadores de Lonxanet pasaron un año entero sin vender nada. Los restaurantes cambiaron de proveedor y los clientes se perdieron. No fue hasta 2004 cuando la empresa pudo retomar su actividad. “Los impactos del Prestige sobre las comunidades locales fueron desastrosos. Algunos abandonaron la pesca y emigraron. Ojalá eso no se borre de la memoria de la gente, para que vean cómo el modelo de desarrollo que hemos creado, basado en ahorrar costes, motivó una marea negra con impactos sociales, ambientales, culturales y económicos muy grandes”, insiste el antropólogo.
La reserva marina Os Miñarzos
La marea negra no arrebató a los pescadores ni a García Allut su lucha por proteger la actividad, y en 2007 se aprobó la primera reserva marina de interés pesquero cogestionada de España: Os Miñarzos. “No era una reserva tradicional, sino una construida y diseñada de forma participativa por todos los pescadores de la comunidad”, cuenta el antropólogo. Los pescadores se igualaron a la administración y compartían con ella el poder de tomar decisiones sobre la reserva.
En la actualidad, Canarias solo cuenta con tres reservas marinas de interés pesquero: una en El Hierro y dos en La Graciosa. “Todas son gestionadas por la administración y no por los pescadores. Nosotros queríamos salvar este punto. El pescador es expulsado en cierto modo de todo el conocimiento que pudiera tener y se pone en manos de los técnicos”, añade García Allut. “Tratamos de incorporar al pescador en los espacios de decisión y que forme parte de la gestión, que tome decisiones junto con la administración a partes iguales”, concluye.
Los impactos del Prestige sobre las comunidades locales fueron desastrosos. Algunos abandonaron la pesca y emigraron
Aunque el modelo se ha replicado en Catalunya y en Andalucía, el experto lamenta que sea la propia administración la que “quita a los pescadores del mapa”. “Ese espacio lo terminará ocupando otro actor que tenga una visión más desarrollista que los pescadores. Por ejemplo, una amenaza que va a expulsar a un montón de pescadores del mar es la eólica marina”, dice Allut.
En esta línea, el antropólogo recuerda que en el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número 14 la pesca artesanal aparece como una herramienta estratégica para “recuperar la vida submarina y el equilibrio ecológico”. “El futuro sin pescadores artesanales es un futuro que debilita enormemente la calidad ambiental de nuestras costas”, concluye.
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