El largo camino del centro histórico de Las Palmas de Gran Canaria para ser candidato a Patrimonio de la Humanidad

Plaza de Santa Ana, en Las Palmas de Gran Canaria.

Fue la primera ciudad fundada por la corona de Castilla en el Atlántico, en 1478. Catorce años después, en la denominada Real de Las Palmas, hizo escala Cristóbal Colón durante una semana antes de su primera travesía hacia América, lo que repetiría en dos ocasiones más. El enclave que había nacido como un campamento militar para la conquista de Gran Canaria, cercano a la desembocadura al mar del barranco Guiniguada y poblado de palmerales, sirvió como modelo histórico de organización y de formas arquitectónicas para ciudades hispanoamericanas. Como ejemplo ilustrativo, la Plaza de Santa Ana fue la primera plaza mayor planificada de carácter cívico-administrativo que concentró organismos políticos y religiosos de gobierno, tanto en España como en ultramar.

La Laguna, la ciudad canaria que sirvió como modelo para las urbes de América, tampoco escapa a la gentrificación

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Son solo unos pocos extractos de la voluminosa obra del historiador Alfredo Herrera Piqué, Hijo Predilecto de Las Palmas de Gran Canaria y uno de los mayores expertos y conocedores de la ciudad capitalina. Entre 2001 y 2003 elaboró, por encargo del Ayuntamiento, un proyecto para presentar la candidatura del centro histórico de la urbe a Patrimonio de la Humanidad. Aunque llegó al Gobierno de España en 2006, los cambios tras las elecciones relegaron la iniciativa al olvido. Ahora, una plataforma ciudadana ha desempolvado la aspiración de obtener el reconocimiento de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia, Cultura y Deporte (Unesco).

“Hemos perdido 16 años, porque las instituciones, en concreto el Ayuntamiento como principal responsable, no se preocuparon ni se responsabilizaron de defender el proyecto”, señala Antonio Aguado, uno de los impulsores de la de la Plataforma Ciudadana Reivindicativa para que el centro histórico Vegueta-Triana sea declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. El colectivo, al que se han adherido numerosas asociaciones vecinales y organismos como la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, pretende recabar el mayor número posible de apoyos antes de cerrar la nueva propuesta.

La plataforma ha enviado una moción a los 21 municipios de Gran Canaria para que aprueben y respalden que los barrios de Vegueta y Triana sean declarados Patrimonio de la Humanidad. El Ayuntamiento capitalino fue el primero en sumarse, por unanimidad, y ya lo ha replicado La Aldea de San Nicolás. “Se trata de que los ayuntamientos sean conscientes y se unan, exactamente como pasó con La Laguna, que es patrimonio mundial desde 1999. ¿Por qué lo lograron? Porque todo Tenerife, municipio por municipio, se unió. Fue unánime. Como canarios tenemos que estar muy satisfechos y orgullosos de que haya sido así, pero Las Palmas de Gran Canaria también lo merece”, añade Aguado.

San Cristóbal de La Laguna, una de las quince ciudades Patrimonio de la Humanidad del Estado Español, un espejos en el que se mira la plataforma. La ciudad tinerfeña se fundó en 1497, su diseño supone un ejemplo de construcción planificada y la primera ciudad-territorio colonial no fortificada, que sentó un modelo repetido en tierras americanas. “Hay una diferencia abismal en La Laguna de como era antes de ser patrimonio a lo que es actualmente, era un caos porque el tráfico estaba por todas partes y ahora es una gozada pasear”, añade Aguado.

Sin embargo, la ciudad de los Adelantados  también ha sufrido las consecuencias negativas de ser Patrimonio de la Humanidad, al igual que en otros lugares. En el municipio, sobre todo en su parte más céntrica, ha ido disminuyendo su función residencial a la par que ha experimentado el aumento de comercios y turistas que han revalorizado los precios de los alquileres, lo que ha fomentado la gentrificación: vecinos se van a las afueras y dentro conviven con turistas.

En este sentido, Aguado reconoce que en el centro histórico de Las Palmas de Gran Canaria “no cabe duda de que hay muchas cosas que mejorar”, como los edificios vacíos o abandonados que hay “en los aledaños de Vegueta o Triana, que podrían estar habitados”. Sobre el riesgo de que aumente la turistificación, agrega que “serán las instituciones las que tendrán que ponerse de acuerdo para regular la zona”; en cualquier caso, resalta que la propia Unesco “impone una serie de condiciones para que el entorno no se deteriore”.

“Cuando un bien es inscrito en la lista de Patrimonio Mundial, se establece un compromiso para preservar el bien”, señala Elena Pérez González, profesora e investigadora en Gestión del Patrimonio Arqueológico y Turismo en la Universidad Europea de Canarias (UEC) y también miembro del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS). Pero añade que también “lleva aparejada una promoción que lo sitúa en la esfera del turismo internacional y puede convertirse en un atractivo para la llegada de más turistas”, añade.

Por otro lado, que un lugar sea declarado Patrimonio de la Humanidad, a priori, lleva intrincado que se divulgue un mayor conocimiento sobre el entorno y su importancia. Sin embargo, una investigación en la que participó González en diferentes ciudades como La Laguna o Leipzig constató que el grado de conocimiento por parte de los locales y turistas de sus entornos eran escasos. Mediante observación cualitativa realizada a través de entrevistas, se registró que la población no conocía el nombre de la plaza o la catedral por la que pasaban en ese momento.

“Los agentes que promueven y aspiran a que un lugar sea Patrimonio Mundial deben integrar ese proyecto en las estrategias sociales en las que vive la comunidad que alberga ese bien, en buscar la mejora de la calidad de vida de las personas que van a convivir con ese patrimonio. Y para ello, deben pensar en una gestión integral que incluya la sostenibilidad y la participación plena de todas las partes interesadas, que se imponga la corresponsabilidad en las decisiones para la gestión del sitio patrimonial y no solo de quienes inician el proceso”, detalla González.

Para ello, la docente considera fundamental la elaboración de estudios de impacto y viabilidad económica, social, cultural y medioambiental previamente a la inscripción en la lista para aspirar a ser Patrimonio Mundial. “Es una gran responsabilidad iniciar un proceso como este, por todo lo que implica, y se deberían crear espacios de debate donde todos los agentes interesados pudiesen informarse y formarse, compartir, aportar y colaborar en la planificación de este largo camino que significa ser Patrimonio Mundial”, ahonda González.

El hecho de que sea una plataforma ciudadana la que impulsa el reconocimiento del centro histórico de Las Palmas de Gran Canaria como Patrimonio y que trate de aglutinar todos los apoyos posibles influye porque “las propuestas de participación y gestión compartidas son muy importantes en la actualidad”, subraya González, aunque matiza que también es determinante la forma en la que se represente a la sociedad civil, es decir, si incluye debates colectivos, tanto presenciales como telemáticos, por ejemplo, que implique participación.

El recorrido desde Canarias hasta a la Unesco

“Los requisitos para que un bien sea inscrito en la lista de Patrimonio Mundial son varios y, sobre todo, deben ser únicos para ese bien; así, por ejemplo, para un bien cultural, para ser inscrito en la lista debe ser una representación de la genialidad creativa del ser humano; ser un edificio o un paisaje ejemplo de una etapa significativa de la historia humana o aportar un testimonio excepcional de una tradición cultural, entre otros criterios”, relata González.

Una vez consiga todos los parabienes en el ámbito local, insular y regional que desemboque en una propuesta ampliamente justificada y documentada, podrá optar a ser incluida en la denominada Lista Indicativa Española del Ministerio de Cultura, es decir, un inventario de los bienes susceptibles de ser enviados a la Unesco, donde debe permanecer un año al entrar.

En la actualidad, la lista está conformada por 31 enclaves, principalmente de categoría cultural. Entre ellos, hay uno que permanece desde 1996 sin que aún haya obtenido el reconocimiento de la Unesco, la Ribeira Sacra en Lugo y Orense. De esa lista, el Gobierno central elige una cada año para presentarla ante el Centro de Patrimonio Mundial, donde es evaluada por los órganos consultivos.

El último reconocimiento como Patrimonio Mundial en Canarias fue Risco Caído y el paisaje cultural de las montañas sagradas de Gran Canaria, el primero que obtuvo la isla. El recorrido empezó en diciembre de 2014, cuando el Cabildo decidió promover la candidatura, y culminó en julio de 2019, cuando en la 43 reunión del Comité de Patrimonio Mundial celebrado en Bakú (Azerbayán), consiguió entrar en la lista de la Unesco.

Aún está pendiente de celebrarse la 45 edición de la reunión del Comité de Patrimonio Mundial de la Unesco correspondientes a 2022, que se suspendió y aplazó porque estaba prevista en Rusia antes de la guerra a Ucrania. Para 2023, España tiene previsto presentar Menorca Talayótica, que está en la Lista Indicativa desde 2013. Y, de celebrarse de forma conjunta con la edición número 46 correspondiente a este año, el Gobierno central también enviaría los Paisajes del Olivar en Andalucía, inscrita desde 2017.

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