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Mujeres ‘circulando’ con lanza por La Caldera

Esos saltos, ayudados de lanza o regatón, de bajada y subida, esta última para mí tan espectacular o más que la bajada, realizados por hombres y mujeres continúan siendo un preciado patrimonio de los usos y costumbres de nuestros antepasados.

Una relectura y otras y más lecturas nos pueden dar una grata sorpresa. Son datos e información de dos líneas que se esconde ante la lectura generalizada de una obra y que uno no los ve, ni le llama la atención. Ahora resulta que me he llevado una grata sorpresa por desconocía, al menos, por mí. Quizás algún otro investigador los ha utilizado y hace mención en la abundante biografía que existe hoy sobre la utilización de lanza para desplazarse o ayuda al caminar por la geografía de las islas. Confieso que me he quedado boquiabierta y es mi intención divulgar y compartir con ustedes. Este es el caso que nos ocupa. 

En 1990 el Centro de la Cultura Popular Canaria publicó, en la sesión Taller de Historia, la obra del aridanense Benigno Carballo Wangüemert (Aridane 1826/ Madrid 1864) Las Afortunadas, Viaje Descriptivo de las islas Canarias. En 1862 se había publicado la primera edición en Madrid. 

Lanza de saltos, patio de Magdalenita.

Lanza de saltos, patio de Magdalenita.

El célebre catedrático de economía política, economista liberal y destacado articulista el aridanense Carballo Wangüemert había regresado a Canarias en 1861 y de ese viaje surgió el escribir este espléndido trabajo que es un relato, en esa época llamados de “viajes” y tan en boga en esa centuria romántica, de sus apreciaciones personales sobre Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro, después de décadas de ausencia de las islas. La obra se desarrolla entre la historia, las costumbres, la economía y la viva cultura popular de esos años. Su proyecto era un segundo tomo dedicado a Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura, pero, su fallecimiento repentino en 1864 lo impidió. 

En el apartado que dedica a La Caldera Taburiente el autor admiraba y le sorprendió la “extraordinaria agilidad y sangre fría” de sus acompañantes arrieros y guías “pues con su lanza” con ambas manos y hacía ambos lados “hacen verdaderos prodigios” en los desplazamientos entre rocas y barrancos. En un siguiente párrafo, página 133, dice: “Hay palmeras, es decir, mujeres de La Palma, que circulan por La Caldera con la misma envidiable facilidad, manejando su lanza a guisa de hombres”. De la misma manera y modos que los varones “circulaban”, con “envidiable facilidad”, las mujeres por los agrestes parajes del hoy parque nacional de La Caldera de Taburiente, en el término municipal de El Paso en la isla canaria de La Palma y por ende en toda la isla. 

Parece lógico el hecho, pero hasta ahora para mí era impensable que las mujeres se ayudaran de una lanza para circular por la isla. La misma necesidad de caminar, por diferentes motivos y labores campesinas o clases acomodadas, tenían tanto hombres como mujeres. Lo exigía la geografía de La Palma y al parecer y en pluma de Benigno Carballo Wangüemert así debió ser. 

El aridanense Carballo Wangüemert continúa en el mismo párrafo dando consejos al futuro visitante a La Caldera, diciendo: “Si el viajero consulta a estas palmeras o a estos palmeros, encontrará, que no hay montaña, llanura, precipicio, barranco, arroyo, árbol o cueva en todo este vasto recinto, de que no le sapan dar explicación, pues unos y otras lo han recorrido una y mil veces hasta en sus más ocultos escondrijos”. Insiste el autor, a mediados del siglo XIX, el consultar a “palmeras” o “palmeros”, lenguaje que en las últimas décadas se ha convertido en usual y reivindicativo de la igualdad entre varón y mujer. 

Esos saltos, ayudados de lanza o regatón, de bajada y subida, esta última para mí tan espectacular o más que la bajada, realizados por hombres y mujeres continúan siendo un preciado patrimonio de los usos y costumbres de nuestros antepasados. 

NOTA: La foto que ilustra este trabajo, evidentemente, no corresponde al tiempo que ocupa este trabajo. Debe ser de los años 20 en Aridane y curiosamente algunas de las mujeres que portan las preciosas lanzas son familia de Benigno por los Carballos y también por los Wangüemert.

María Victoria Hernández

Cronista Oficial de Los Llanos de Aridane

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