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Un hombre del común y la mañana

Abuelo fue un hombre común. Es una convicción a la que llegué cuando posé mi cuerpo y mi alma sobre sus manos; naturalmente, sin saber que podía posarme sobre alguien. Aquel día de invierno de inocencia en La Dehesa, yo ya sabía que era un hombre común; un hombre de extraordinaria belleza, un abuelo común, un ser amante y amado: una singular simpatía.

Un oboe suena en mí; todas las mañanas. Suena la melodía de su vida en mi interior, y es su sonido preferido lo que escucho. Es de una magnificencia maravillosa el poder adoptar su muerte como una forma de vida, pues he tenido la suerte de que el recuerdo sea una salvación y una resurrección. He entendido por qué no está en el desayuno de todos los días, y también he sentido por qué está en el primer sorbo de café y tostadas; pues un instrumento con caña fina y exquisita elegancia habla por él: eso sólo lo podía conseguir un hombre común.

Un ‘Pablo’ suena en mí; todas las mañanas. Suena el nombre que sale de su boca, y es la necesidad desesperada y compartida lo que escucho. Es de una simplicidad asombrosa el poder saber quién soy a su lado, pues he tenido la suerte de crecer en sus palabras, en sus ideas, en su bondad. He entendido por qué no está en nuestros ‘estar’ musicales de Wagner, Chopin y el canon de Pachelbel, aún durante la mañana, y también he sentido por qué está cuando toco en solitario ‘Mi nieto el clarinete’; pues la entrega, el dolor abierto, libre y asumido y sus partituras hablan por él: eso solo lo podía conseguir un hombre común.

Un ‘hasta luego’ suena en mí; todas las mañanas. Suena el sol brillando en su piano y es el arte inquietante lo que escucho. Es de una ternura alcanzada poder dar sentido al resto del día, pues he tenido la suerte de dar significado a la despedida, y no es más que tranquilidad y paz en forma de abrazo el que nos damos cuando la mirada contempla hacia atrás. He entendido por qué no está en ‘hasta la próxima’, ya dando paso a la tarde, y también he sentido por qué está cuando sigo diciendo ‘hasta luego’ y hay silencio; pues este alcanza el vacío lleno por sus besos en la frente, que hablan por él: eso sólo lo podía conseguir un hombre común.

Un hombre del común es aquel que profesa amor, y en ello creo mientras esté en sus mañanas, nuestras mañanas.

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Publicado el
13 de octubre de 2014 - 17:09 h

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