Espacio de opinión de Canarias Ahora
Feijóo y Clavijo: tal para cual
He estado impaciente todos estos días esperando la toma de posición de Clavijo (ya saben: ni de izquierdas ni de derechas, sólo canario) sobre la agresión imperialista contra Venezuela. Y nada de nada.
Vamos a ver. Canarias es un país, un territorio atlántico, con personalidad e instituciones representativas y de autogobierno propias, con unas relaciones familiares indisociables con Venezuela, que todos llevamos muy adentro y no requieren de más explicaciones.
Venezuela, gobernada por una dictadura, ha sufrido una agresión a su soberanía ordenada por el presidente norteamericano con el explícito propósito de expoliar sus riquezas naturales. Y sin que le importe lo más mínimo al agresor -a los hechos me remito, en la región del Caribe y donde quiera- el restablecimiento de la democracia.
Trump ha llevado hasta el límite los objetivos de lo que denominan Estrategia de Seguridad. Que no son nuevos. Desde que George W. Bush, en 2002, como prólogo a la invasión de Irak, también detrás del petróleo, la Estrategia de Seguridad proclamaba la intención declarada del Estado más poderoso de la historia de “mantener su hegemonía mediante la amenaza, o el empleo de su fuerza militar” (Chomsky Hegemonía o Supervivencia), que había quedado definida desde Reagan.
Bill Clinton la reiteró ante Naciones Unidas, en septiembre de 1993, reservando a los EEUU el derecho a actuar “unilateralmente cuando sea necesario”, incluyendo “el empleo unilateral del poder militar” para defender y asegurarse intereses vitales “como el acceso sin restricciones a mercados clave, a provisiones energéticas y a recursos estratégicos..” Nada nuevo por tanto en esos designios imperialistas llevados (y llevándonos) hasta el abismo por un personaje patológico y delincuencial como Trump.
No he tenido nunca la menor simpatía por el fundador del chavismo, Hugo Chávez Frías, desde que intentó un golpe militar en 1992 contra el Gobierno de Venezuela, con las mismas armas que la sociedad venezolana había puesto en sus manos para la defensa de la legalidad y de la República. Y no porque no fuera uno consciente de la corrupción de la democracia venezolana, ni el estado de abandono en que estaba sumida una parte considerable de su población. Pero en aquel entonces o en el actual régimen chavista, dictatorial y (como todas las dictaduras) corrupto, un golpe de Estado o una agresión militar contra la soberanía de un país desbordan límites infranqueables y definen para siempre a sus responsables.
Sin embargo, ni Clavijo ni su reverenciado Feijóo -ante el que no le faltaba sino genuflexionarse cada vez que pasaba, mochila al hombro y deportivos blancos, ante su escaño en el Senado- no han dicho ni esta boca es mía.
Las razones de esa “coincidencia” son evidentes: ambos saben que cualquier expectativa de ganar próximas elecciones pasa por impedir el crecimiento de Vox. El PP sólo ha ganado elecciones generales cuando ha logrado aglutinar todo el voto de derechas, hasta el del franquismo tardío y agazapado. Y lo mismo en mi Isla, en el caso de ATI. Vi cómo surgió el insularismo tinerfeño, qué sectores políticos, empresariales y sociales la respaldaron en su gran apoteosis de aquel 1987. Y qué mensajes lo sustentaron: antisocialismo visceral y “odio” a los canariones-que-quieren-“despojar”-a-Tenerife. Psicología de masas del franquismo en estado puro.
Ahora la extrema derecha tiene marca propia y -por cierto frente a la ultraderecha francesa defensora de la grandeur de La France- completamente lacaya y subsidiada por el trumpismo, de sus intereses y de sus mensajes de odio a negros y latinos.
Sin embargo, por esas mismas razones, son a la vez competidores y potenciales aliados: dónde y cuándo PP y ATI/CC les necesiten. Y esta es la clave de los obscenos silencios clavixanos: ni quiere alejarse de los potenciales votantes de Vox, por si acaso logra captar a algunos, ni puede renunciar a su apoyo en el Parlamento en el caso de que lo necesite para volver a ser presidente aunque vuelva a perder las elecciones. O para expulsar a la izquierda del gobierno de cualquier cabildo o ayuntamiento de las Islas, tal y como ha venido haciendo.
Ni, desde luego, quiere alejarse de las clases medias venezolanas desmanteladas por el chavismo (al que un día no tan lejano auparon a la presidencia de la República, hoy Bolivariana) entre las que hay tantos canarios, hermanos nuestros, que han visto desmoronarse lo que con tanto esfuerzo construyeron.
Y ambos dos, tras el mantenimiento de la nomenclatura chavista y de su régimen por parte de Trump y su desprecio a la flamante Premio Nobel, porque “esto no va de democracia stupid”- están más perdidos que el barco del arroz, como decíamos por aquí.
Por eso Clavijo y Feijóo han reaccionado -perdón: no han reaccionado- como dos almas gemelas.
Y a mí, el silencio clavixano me da vergüenza ajena. Y, como canario, vergüenza propia.
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