Juan González Quijano: el derecho a nombrar el mundo con las manos
Sobre este blog
Legado Cantabria es un proceso de construcción de la memoria oral a través de las historias de vida de las personas mayores. Tiene como objetivo poner en valor las experiencias, el éxito de la longevidad y el arraigo en el territorio. Participan personas mayores de 70 años que relatan su experiencia vital para ponerla a disposición de las generaciones actuales y venideras.
Este blog recoge en elDiario.es los testimonios audiovisuales que integran el Proyecto Legado Cantabria, impulsado por el Patronato Europeo de Mayores (PEM) y UNATE, La Universidad Permanente.
Durante décadas, la sordera fue leída como carencia, como límite individual, como algo que debía corregirse. Y es que en buena parte del siglo XX, nacer sordo en España significó crecer sin lengua reconocida, sin derecho a nombrar el mundo con las manos. En realidad, fue —y sigue siendo— una cuestión de desigualdad: de acceso al lenguaje, a la educación, a la información, a la vida compartida.
En Cantabria, como en otros muchos lugares, las asociaciones de personas sordas han funcionado durante años como espacios de refugio y de resistencia: lugares donde la lengua de signos no estaba prohibida, donde la comunicación no era un esfuerzo constante y donde la identidad podía construirse sin pedir permiso. En ese mapa de apoyos y afectos se inscribe la vida de Juan González Quijano.
Juan nació en Santander el 18 de diciembre de 1942, en una España marcada por la posguerra y el régimen franquista. Su primera infancia estuvo atravesada por la pérdida: su madre murió cuando él tenía apenas un año y medio. Creció al cuidado de su padre, funcionario de la Diputación Provincial, y de varias tías maternas que sostuvieron el día a día familiar. Fue el único de sus hermanos con sordera profunda desde nacimiento, aunque siempre ha recordado su hogar como un espacio donde la diferencia formaba parte de la vida cotidiana.
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