Cantabria registró 164 muertes atribuibles al calor este verano frente a las 36 del anterior
El verano de 2026 ha registrado la cifra más elevada de mortalidad atribuible al calor en España de la última década, con un total estimado de 5.807 fallecimientos entre el 15 de mayo y el 30 de septiembre, según los cálculos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria por todas las causas (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII). En Cantabria se han contabilizado 164, que suponen un 355 por ciento más respecto a los 36 del mismo periodo del año anterior. Entre las mismas fechas de 2024 se anotaron en la región 17 muertes por altas temperaturas (+ 864%).
La cifra de este verano en todo el país supera ampliamente la registrada en los dos años anteriores. En 2025, MoMo estimó 3.832 fallecimientos atribuibles al exceso de temperatura en las mismas fechas, mientras que en 2024 calculó 2.042 muertes vinculadas al calor. Así, los 5.807 fallecimientos estimados en 2026 suponen un aumento del 51,6 por ciento respecto a 2025 y del 184,4 por ciento respecto a 2024.
En cuanto al análisis por edad, las personas mayores han sido de nuevo las más afectadas, así el 97 por ciento de las defunciones estimadas atribuibles al calor se produjeron en personas de 65 o más años, y el 62 por ciento en mayores de 85 años. Además, el 60 por ciento fueron mujeres. Además, el impacto también varió en todo el territorio, así las mayores tasas de mortalidad atribuible al calor se observaron en el norte y noreste peninsular.
Por sexo, fallecieron 3.486 mujeres y 2.321 hombres. En cuanto a la distribución temporal, el impacto más alto se registró en agosto, con 2.162 muertes, seguido de julio (2.026), junio (938), septiembre (559) y la segunda quincena de mayo (123).
El ISCIII ha subrayado que estos datos refuerzan la importancia de “mantener una vigilancia epidemiológica continua y fortalecer las medidas de prevención y adaptación frente a los efectos del calor extremo sobre la salud de la población”.
A su juicio, este impacto se ha producido “en un contexto climático excepcional, caracterizado por cuatro olas de calor identificadas por AEMET, además de otra ola adicional a principios de septiembre, sequía persistente, grandes incendios forestales y una intensa ola de calor marina en el Mediterráneo occidental”.
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